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En marzo de 2014, Siruela publicó La noche que nunca acaba (Daylight Saving en inglés), de Edward Hogan, una novela juvenil de esas que llegan a jóvenes y adultos; una novela que ahonda en la culpa, los crímenes o el desprecio, pero también en las relaciones humanas.

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ARGUMENTO:

Daniel está a punto de entrar en lo que, para él, es el equivalente al Infierno: Mundo Ocio, una especie de complejo turístico dedicado a los deportes para que las familias pasen sus vacaciones disfrutando de los mejores ingredientes de una vida sana y equilibrada. Primer problema: Daniel odia los deportes. Segundo problema: su familia ya no existe. Sus padres se han separado y su padre ha decidido que sus mejores amigos son el alcohol y una tomatera de la que nunca se separa. Y es precisamente con él y con su tomatera con quien tendrá que soportar Mundo Ocio.

Sin embargo, al llegar al complejo, Daniel descubre a una misteriosa chica: Lexi. Consigue pasar desapercibida, siempre alejada del resto de chicos y chicas de su edad. Pero, en cambio, decide hablar con él. ¿Por qué será?, se pregunta Daniel, acostumbrado a ser el hazmerreír de todo el mundo por su gordura y su pequeñas crisis nerviosas. ¿Y por qué el reloj de Lexi va hacia atrás, en lugar de hacia delante, como el resto? ¿Qué oculta esa chica enamorada del agua?

Desvelar su secreto será la misión de Daniel durante las vacaciones, aunque lo que descubrirá será mucho más grande y peligroso de lo que él pensaba.

OPINIÓN:

Si todo el mundo te dice que estás loco, al final te lo acabas creyendo. Si te dicen que eres feo, gordo y un inútil, te lo acabas creyendo y no haces nada para cambiar esa realidad en la que te han encasillado. Si además de eso, te maltratan, te desprecian y te insultan por ser como eres, acabas hundido en la miseria. Y si encima te sientes culpable por la separación de tus padres, el caos emocional está servido.

Este es el caso de Daniel. No es el típico protagonista guapo, seguro ni intrépido, admirado por todos y con poderes extraordinarios, aunque a su manera es bello y tiene un poder desconocido que irá descubriendo poco a poco. No se trata de ningún poder sobrenatural. Simplemente, es sensible, en el buen sentido de la palabra. Y es capaz de perseverar cuando algo le importa. El problema es que se considera a sí mismo un desastre, una verdadera vergüenza. ¿Cómo cambiar eso? ¿Cómo conseguir que una persona deje ese círculo vicioso? Consiguiendo que se dé cuenta de que lo que los demás opinen sobre él no tiene por qué ser cierto. Y que si quiere cambiar algo, está en sus manos. Entonces, ¿el libro trata sobre la superación? Sí y no. Habla de superación personal, pero también de superar el sentimiento de culpa, esa losa que nos persigue y que nos condena a repetir una y otra vez los mismos errores para demostrar que somos culpables y que no podemos remediarlo.

Tanto Daniel como Lexi tienen el peso de la culpa en su cabeza. Como si se tratara del mito de Sísifo, ambos repiten, aunque cada uno a su manera, el acto del que se sienten culpables. Quizás por eso el destino los une: para que puedan ayudar al otro a romper ese círculo vicioso. ¿Cómo? Eso tendrán que descubrirlo los lectores al adentrarse en sus páginas, porque decir más sería desvelar el secreto de Lexi, y es mejor hacerlo de la mano de Daniel.

Lo cierto es que La noche que nunca acaba es una de esas novelas que te deja un buen sabor de boca. Es bonita en todos los sentidos, a pesar de tratar temas tan duros como el maltrato, el alcohol o la violencia. Y eso lo consigue gracias al protagonista. La voz de Daniel es magnífica, sincera y creíble. Sus miedos, sus pensamientos y sus experiencias son reales: le podría pasar a muchos chicos de su edad. De hecho, probablemente les pase. Lo que pasa es que no todos pueden encontrar a una Lexi… O sí, eso depende de si saben mirar bien. Lo que hace de Lexi un personaje fascinante es que, a pesar de intuir qué oculta desde el principio, nos dejamos engañar y seducir por el misterio que, poco a poco, va descubriendo Daniel. ¿Por qué? Porque es una historia hermosa. Podría buscar otros adjetivos, pero ninguno que englobara todo lo que despierta esta novela. Edward Hogan consigue que nos enamoremos de esta pareja, que sigamos su historia sin necesidad de generar infartos literarios ni necesidad de pasar las páginas corriendo. Se puede degustar y te hace sonreír. Es amable, como un cuento escrito para hacerte soñar. Porque, a pesar de la maldad que se oculta en la sombra, siempre hay luz; de hecho, sin la una no existiría la otra. Pero eso ya es otra historia.

Por supuesto, a Daniel y a Lexi los acompañan personajes magníficos que, a pesar de tener ciertos rasgos tópicos, regalan algunos momentos muy cómicos. Porque, a pesar de estar ante una historia en cierto sentido muy dramática, los guiños humorísticos están. El padre de Daniel es el principal culpable de la parte cómica: a pesar del problema de alcohol y su mal humor, tiene frases y situaciones memorables. También es el caso de Tash y Chrissy, unas hermanas que viven junto a su bungalow y que representan ciertos tópicos sobre las prácticas new age muy bien conseguidos. También está Ryan, el socorrista, que desprende un halo de buen rollo obligado, o Evans, un tipo que controla la seguridad de Mundo Ocio a un nivel enfermizo y que resulta repulsivo en el minuto en el que aparece. Un elenco de secundarios bien perfilados que enmarcan a la joven pareja en su aventura para descubrirse a sí mismos y para conseguir perdonarse.

Escrita de forma sencilla y amena, con una voz narrativa creíble y entrañable, La noche que nunca acaba sabe mezclar lo real con lo sobrenatural sin necesidad de recurrir a lo fantástico, y lo hace con precisión. Una novela juvenil que puede ser leída tanto por jóvenes como por adultos con ganas de soñar un rato y recordar aquella parte de la adolescencia que todos queremos olvidar: cuando nos mirábamos en el espejo y no sabíamos quiénes éramos. Por suerte, siempre acabamos reconociéndonos. Y gracias a Lexi, Daniel también lo consigue.

INÉS MACPHERSON
FUENTE: Anika entre libros (http://www.anikaentrelibros.com/)