Volver a casa, de Yaa Gyasi (Salamandra)

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Hay novelas que llaman la atención por la portada. Volver a casa, de Yaa Gyasi (Salamandra, marzo 2017) es uno de esos libros. La llamativa combinación de naranja, rojo, blanco y negro hace que uno se quede con la imagen. Y es una imagen que en sí misma quizás no transmita de qué va la historia, pero ¿es necesario que lo haga una portada? ¿No es mejor sugerir, invitar a abrir el libro y descubrirlo por uno mismo? Siempre podemos leer la contraportada, o un comentario como el que viene a continuación, pero que un libro te llame, te invite, es parte de la magia.

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Esta novela empieza con las historias de Effia y Esi, ambas hijas de la misma madre pero de padres de dos etnias distintas, que nunca se llegarán a conocer. Aunque ambas proceden de la misma sangre, están destinadas a seguir caminos totalmente distintos. Mientras Effia es obligada a casarse con un gobernador inglés y residir en el castillo de Costa del Cabo, Esi es una de las mujeres capturadas y encerradas en las mazmorras de dicho castillo para ser enviada como esclava a Estados Unidos.

La narración dibuja el camino que siguen estas mujeres y sus descendientes, repasando los acontecimientos históricos que marcaron el devenir de más de una nación y de muchas personas que tuvieron que luchar por una libertad y por una igualdad por la que siguen luchando hoy en día. Repasa las guerras tribales, el negocio del cacao, el trabajo de los misioneros, la Ley de Esclavos Fugitivos, la lucha por los derechos civiles… y llega a nuestros días, pasando por la manera en que fue construyéndose el Harlem, la epidemia de heroína de los años setenta y mucho más. De la mano de los hijos, nietos y biznietos de Effia y Esi vamos descubriendo pedazos de historia y horror, pero también de amor, esa fuerza que parece capaz de soportar lo insoportable.

Opinión

«¿Quieres saber lo que es la debilidad? Ser débil es tratar a los demás como si te perteneciesen. Ser fuerte es saber que cada uno se pertenece a sí mismo», dice Maame a Esi tras un incidente en que la hija defiende la actitud de Gran Hombre al darle una paliza a una joven por haber hecho mal una tarea. Quizás si esa sabiduría hubiese pertenecido a todos los hombres en ese momento, lo que ocurrió en el continente africano no hubiese acontecido. Pero sucedió. Fue permitido, tolerado, incluso cuando se prohibió. Un horror que es necesario seguir recordando porque, por desgracia, ciertos individuos siguen mirando por encima del hombro a aquel que es distinto.

Lo que hace Yaa Gyasi en este libro es algo remarcable. Por un lado, por el trabajo histórico que destilan sus páginas, llenas de acontecimientos que sirven de marco para las historias de estas dos familias cuyos caminos nacen separados. Por otro, porque sabe captar una esencia humana magnífica en cada uno de los personajes, plasmando los miedos, las convicciones y las dudas, la corruptora tentación del poder y el dinero, y la lucha constante por defenderse a uno mismo como ser humano. Con cada generación, descubrimos matices nuevos; también horrores nuevos que, a pesar de ser conocidos, es bueno poder recordar, porque el pasado nunca debiera ser relegado al olvido, como algunos insisten, porque es lo que marca a las personas, a los países. Y aunque no lo hayamos vivido en nuestra propia carne, algo de eso se queda adherido, fluye por nuestra sangre, por nuestra memoria y nuestros actos.

Volver a casa tiene un inicio hermoso, con una narración que parece casi hermana de los cuentos, las leyendas, quizás porque nos habla de un mundo, de una cultura y una historia que, para los blancos, nos es desconocida. Como Yaw comenta en algún momento del libro, la historia suele relatarse desde un único punto de vista, normalmente, el del vencedor, el del más fuerte. Por eso anima a sus alumnos a buscar la otra parte de la historia, la que nadie te ha contado porque no le interesa. Rodeados de dioses, rituales y rutinas, la narración poco a poco va yendo hacia otros lugares, hacia otras vivencias y otros horrores. Horrores que fueron cambiando de forma, pero no de contenido, siempre basados en esa idea de superioridad, de pertenencia, de que la vida humana podía ser vendida al mejor postor simplemente porque se podía y porque así se ganaría más dinero; simplemente porque, por desgracia, el ser humano tiene tendencia a creer que es mejor que el otro, sea porque pertenece a otra tribu, a otra religión o tiene otro color de piel.

La manera en que poco a poco se van hilando las vidas de los personajes y la historia de sus países; la manera en que se ven los paralelismos, las diferencias, y se van tejiendo las escenas en las que se ve la incomprensión, la injusticia, pero también la pasión y las ansias de ser, hacen que la lectura sea de una intensidad hermosa y fluida. Vas cogiendo cariño a todos los personajes, a esos finales que quedan medio abiertos hasta que llegamos al hijo, que acaba de narrar la historia de sus antepasados, creando una red de relaciones y sucesos que poco a poco se hace tupida, como una manta repleta de vidas, distintas pero unidas. Unidas precisamente por una piedra que forma parte de Maame, la primera madre, y que aparecerá al final de una manera maravillosa, dándole sentido al título de la novela.

Esta es la primera novela de Yaa Gyasi, pero espero que no sea la última y que conserve esta prosa fresca y llena de una fuerza extraña, porque a pesar de los dolorosos acontecimientos que va narrando, sigue destilando una especie de poesía, como si guardara un poco del alma de esas mujeres y hombres que ha ido creando sobre el papel y que cobran vida al ser leídos.

Inés Macpherson
(reseña realizada para Anika Entre Libros)

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El arte de conversar, de Oscar Wilde (Atalanta)

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En una época como la actual, en la que el diálogo está en boca de todos pero nadie lo practica, me parece interesante recuperar un libro que, con su título, nos recuerda la importancia de un arte que tiene ya muchos siglos. Se trata de El arte de conversar, de Oscar Wilde, publicado por la editorial Atalanta y que ya va por su quinta edición.

El arte de conversar

Ante todo, hay que decir que no estamos ante un libro en el que se nos den las claves para dominar dicho arte ni tampoco una alabanza del mismo como manera de llegar a adquirir un conocimiento o un entendimiento entre partes. Se trata más bien de una constatación de la capacidad de Wilde como conversador y, curiosamente, como narrador oral. Acostumbrados como estamos ahora a que se discuta en pantalla, tanto en la televisión como en las redes sociales, la idea de una conversación privada, de ese arte efímero que se comparte en un espacio reducido y con un número reducido de personas empieza a ser algo extraño. No es que no hablemos, pero de hecho, quizás sí que hemos perdido la capacidad de hablar y de escuchar realmente.

Roberto Frías ha realizado la traducción y la edición de esta obra para Atalanta, añadiendo a los textos de Wilde una introducción y un epílogo (casi autobiografía) maravilloso que acompañan los relatos, los aforismos y escritos de Wilde, ese hombre que da la sensación que aunó literatura y vida de una forma peculiar. Se ha dicho mucho de Oscar Wilde y planea sobre su figura una serie de epítetos, tópicos y etiquetas que, a menudo, lo coartan, pues es más amplio que todo eso.

Como narradora oral, debo reconocer que me fascinó descubrir esta faceta en Wilde, a quien siempre imaginé pluma en mano. Pero las palabras tienen muchas formas de fluir, y si tienes quien escuche realmente y recuerde o anote lo que has dicho, siempre puedes acabar condensando sobre el papel lo que se ha pronunciado en una sala, en una mesa, entre amigos. Como Frías recuerda en la introducción, donde explica las circunstancias en las que se narraron algunas de las historias que se reúnen en este libro, Wilde sabía escuchar y, gracias a esa escucha, también sabía hablar, contar, narrar. En relación a uno de dichos relatos, «El poeta», cuenta que el autor explicó varias versiones del mismo. Y que cuando lo hizo con André Gide, antes de narrarlo dejó que éste explicara lo que había hecho aquel día. Al acabar de escuchar, Wilde le dijo que todo aquello le parecía común y corriente, falto de interés para ser narrado. Y cita: «Usted mismo debe entender que carece de interés. Sólo hay dos mundos: uno que existe sin necesidad de nombrarlo, llamado el mundo real, y el otro, el mundo del arte, del que hay que hablar porque sin nuestras palabras no existiría».

Ahora nuestras palabras quedan grabadas en internet, en las redes sociales, en blogs como este, pero a menudo son palabras que forman parte de un monólogo, de un espejo de uno mismo que busca una respuesta que a menudo no llega, porque en el fondo no estamos conversando con el otro, sino con una inmensidad silenciosa desde el teclado de un ordenador. ¿Qué tipo de diálogo tenemos si lo que hacemos es lanzar las palabras al vuelo, contra la nada, a veces en forma de consigna, a veces en forma de carta abierta que quizás tampoco llegue nunca a quien la necesita leer? ¿Qué tipo de conversación, qué tipo de comunicación tenemos si no sabemos si realmente hay alguien al otro lado y, si lo hay, no sabemos si realmente nos escucha?

El poder de la palabra, de la tradición oral, de la conversación, es algo que no tendríamos que olvidar, y este pequeño libro cargado de historias, de aforismos y acompañado de las introducciones y explicaciones magníficas de Roberto Frías, es una buena manera de recordarlo.

Inés Macpherson

Trenes rigurosamente vigilados, de Bohumil Hrabal (Seix Barral)

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En enero de 2017, Seix Barral publicó la memorable Trenes rigurosamente vigilados, de Bohumil Hrabal, una novela corta, de apenas 150 páginas, pero cargada de Literatura en mayúsculas.

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Argumento

En una estación ferroviaria, Miloš, un joven aprendiz, nos relata su historia, la de su familia, y la que transcurre en la estación, rodeado de personajes como el factor Hubiča, la telegrafista Zdenka Svatá o el jefe de estación, un hombre que criaba palomas de Nuremberg, pero que tras la invasión alemana de Polonia, decide empezar a criar palomas polacas.

Escrito con una gran dosis de humor y toques casi surrealistas, esta entrañable novela muestra el despertar de un joven al deseo, a la edad adulta y a la realidad, a la espantosa realidad que los rodea y que rodea a media Europa. Pero también muestra que, a veces, la resistencia puede existir en los lugares menos pensados, como en las vías de una estación de tren.

Opinión

Con una presentación a cargo de Monika Zgustova, Seix Barral nos trae un clásico de la literatura del siglo XX. La primera vez que me acerqué a la obra de Hrabal fue con su Yo serví al rey de Inglaterra, una obra extraordinaria difícil de clasificar, con un personaje principal inolvidable. Como en esa novela, Trenes rigurosamente vigilados plantea una realidad brutal envuelta en una atmósfera desenfadada, divertida e incluso, en ocasiones, un tanto surrealista, con unos personajes para enmarcar.

Una de las primeras imágenes que nos regala el joven Miloš es la de su familia, en especial la de su abuelo, un hipnotizador que decide enfrentarse personalmente con el ejército alemán: se colocó en la carretera, viendo los tanques llegar, mientras en su mente iba repitiendo la idea que quería colar en la cabeza de los soldados. Pero a pesar de repetir mentalmente «volved a casa», los tanques no pararon y el padre de Miloš tuvo que ir a buscar la cabeza de su padre, aplastada por el peso del metal. El horror y el humor unidos en una simple imagen.

Lo fascinante de esta novela corta es que, con sus escasas 150 páginas, consigue trasladarte a un lugar en el que nunca has estado y visualizar a cada uno de los hombres y mujeres que circulan por esa estación. Desde los ojos de Miloš y desde sus pensamientos vamos conociéndolos, creándonos un cuadro de ese lugar y de cierta locura transitoria y necesaria para sobrevivir el horror.

Con novelas tan poco extensas como esta es difícil no adentrarse en el argumento. Sólo diré que Bohumil Hrabal supo demostrar que la resistencia puede existir en cualquier lugar, y que, a veces, la fuerza aparece donde menos te lo esperas, incluso en las personas que han sucumbido a la tentación de acabar con todo por algo que, comparado con una guerra, podría parecer superficial.

Como Monika Zgustova explica, la vida de Hrabal fue peculiar, como la de los personajes de casi todos sus libros. Y también es peculiar su manera de escribir, de unir las frases como si las fuera cosiendo de manera brillante y a la vez un tanto caótica, demostrando que se pueden hilvanar pensamientos de forma magistral saltando de un lado a otro, como lo hace nuestra cabeza.

Salvando las distancias, uno se adentra en este libro y recuerda la película El tren de la vida, dirigida por Radu Mihaileanu en 1998, donde un grupo de judíos cogen un tren y simulan que es uno de prisioneros para escapar del horror de la guerra y los nazis. Esos trenes que pasaban, arriba y abajo, unos llevando a cientos de personas al horror, otras transportando el horror a otros lugares. Trenes secuestrados por judíos que intentan huir; trenes acribillados como muestra de rebeldía; trenes rigurosamente vigilados que un día pueden encontrarse con la estación equivocada. Pequeñas resistencias, fantasiosas, un poco locas y con un humor al que aferrarse en tiempos de oscuridad. Pequeñas resistencias literarias que demuestran que, a veces, con muy pocas páginas, con pocas palabras, se puede decir mucho.

Inés Macpherson
Fuente: Anika Entre Libros

De la estupidez a la locura, de Umberto Eco (Lumen)

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Hace un año, en octubre de 2016, Lumen publicó De la estupidez a la locura. Crónicas para el futuro que nos espera,una recopilación de artículos que Umberto Eco publicó en prensa a lo largo de quince años y que seleccionó personalmente poco tiempo antes de morir. ¿Por qué comparto ahora este libro, cuando redacté esta reseña para Anika Entre Libros hace ya un año? Quizás porque, viendo el panorama actual, los adjetivos que aparecen en el título parecen casi premonitorios. En un momento donde se están perdiendo las formas, se alimenta el odio, los extremos y el desprecio al prójimo, me parecen dos maneras de definir a la humanidad bastante acertadas. O quizás porque ya en su momento, Eco hablaba del peligro de las verdades que no son verdad, de esa post-verdad que ahora se ha puesto tan de moda y que demuestra lo fácil que es engañar, manipular y alimentar las no-ideas, los hooliganismos, si se me permite el término.

De la estupidez a la locura

Entre estas páginas, el lector podrá encontrar reflexiones filosóficas sobre la sociedad, Internet o el futuro de la educación o la escritura; análisis de la actualidad del momento, tanto desde la perspectiva de los acontecimientos en sí como desde el comportamiento de los protagonistas. Repasa acciones políticas, noticias y programas televisivos y muchos otros temas en un espacio condensado que le permite afilar su pluma y disparar de forma certera.

Existe cierta tendencia a considerar que Umberto Eco es un autor sesudo, denso y complejo. Pues bien, en este recopilatorio de artículos encontramos a un Eco que lleva la contraria a esa afirmación: mordaz, directo, crítico, reflexivo y, sobre todo, dispuesto a mostrar unas dosis de humor que sorprenden y enamoran, pues las utiliza en los temas más diversos, provocando que el lector sonría cuando no era de esperar.

Desde la sociedad líquida de Bauman al análisis del comportamiento político de Berlusconi o Bush, los artículos navegan por una diversidad de temas que se han englobado en distintos apartados. Uno de ellos, titulado A paso de cangrejo, hace referencia a esta extraña dualidad contradictoria a la que nos ha arrastrado un progreso que, a veces, nos lleva precisamente contra dirección. Señala las bondades, pero sobre todo los problemas, de esta sociedad adicta a la visibilidad, a un concepto de notoriedad que nada tiene que ver con el hacer, con el saber, sino con la simple imagen, la velocidad, la banalidad… Reflexiona sobre el peligro de la información no contrastada y la facilidad con la que se afirman y se publican, no sólo artículos, sino libros, donde se defienden ideas y conceptos, incluso científicos, sin que haya alguien que realmente lo respalde. «Los periódicos y los horarios de trenes suscriben con los usuarios un pacto de veracidad […]. ¿Qué sucederá si el instrumento principal de la comunicación del nuevo milenio no es capaz de establecer y hacer observar este pacto?». ¿Cómo enseñar a los jóvenes de hoy en día a discernir, a pensar de forma crítica en vez de absorber todo lo que las pantallas ofrecen?

Hace especial hincapié en los cambios sociales, políticos y culturales, cómo han afectado a la educación, al comportamiento y las relaciones humanas. En estos campos, así como en los artículos en los que analiza la actualidad política del momento, hace reflexiones con un toque ácido, casi radical, que llama la atención y convierte a ese autor que parecía tan distante, tan mental, en un hombre cercano, con una capacidad de relacionar temas y hacer juegos de palabras maravillosos.

Es cierto que, en ocasiones, las referencias a la actualidad y a los programas de televisión son de ámbito italiano (sobre todo en el apartado de La Cuarta Roma), pero tenemos la suerte de que, en muchos casos, nos parecemos mucho a ellos. Además, casi siempre son excusas para reflexionar sobre otros temas que nos tocan a todos de cerca y que resuenan en nuestra actualidad política.

El apartado que da título al libro, De la estupidez a la locura, merece un párrafo propio, porque en pocas páginas se condensan reflexiones para enmarcar, llenas de un humor que, a menudo, es cáustico, pero que regala artículos como «El prodigioso Mortalc», o el que presenta una retahíla de frases del ex-presidente Bush que no tienen desperdicio.

De la estupidez a la locura es un libro interesante, ideal para aquellos que quieran leer unas páginas en el metro o antes de ir a dormir, porque al estar compuesto por artículos cortos, uno puede tomarse una píldora de Eco al día y saborearla sin temor a perderse en la siguiente página, porque cada artículo es sólido y tiene una consistencia propia.

Una buena manera de despedirse del gran Umberto Eco mientras se engrasa el engranaje del cerebro con crítica y humor.

Inés Macpherson
Fuente: Anika Entre Libros

Mother!, de Darren Aronofsky

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Cuando el miércoles pasado fui a ver Mother!, de Darren Aronofsky, no había leído nada al respecto. Sabía que había quien salía del cine indignado, pensando que le habían tomado el pelo, y quien salía fascinado. En ocasiones, las películas que nos explican mucho más de lo que se puede ver a simple vista molestan, incomodan. A menudo queremos que lo que vemos sea lo único que hay, pero al señor Aronofsky siempre le ha gustado jugar con los símbolos, y en Mother! lo hace desde el minuto uno y durante toda la película. Debo reconocer que yo soy de las que ha salido fascinada ante esta cinta que es brutal en su crítica a la humanidad en todos y cada uno de sus aspectos. Es difícil hablar de esta obra sin hablar de lo que ocurre en ella, de las imágenes que se suceden, por lo que hace un comentario libre de spoilers es casi imposible. Haré lo que pueda, pero lo veo complicado.

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Ante todo, debo reconocer que, durante una parte de la película, el espectador puede pensar que está ante una cinta de terror: la tensión de la visita de unos extraños, esas sombras que a veces tiñen las paredes, el sótano… Y sí, podría ser de terror, porque es el terror que siente ella ante esa intrusión, ante esas personas que rompen ese paraíso que tienen Él y Madre (una gran Jennifer Lawrence que va in crescendo a lo largo de la película). Pero, ¿es un paraíso? ¿O lo es sólo para ella, que intenta cuidarlo, tenerlo todo perfecto, restaurar la casa quemada? Él casi ni la mira, obsesionado por ese bloqueo creativo que lo vuelve arisco e incluso despreciativo, únicamente pendiente de sí mismo, de su creación, de ser valorado, querido, seguido (como ocurre ahora en las redes sociales). La forma en que Él (un contundente Bardem) la mira es brutal. No hay amor, sino algo extraño. Sí, ella es su hogar, pero parece que nada más.

Sólo con ese juego de miradas que dicen tanto sobre la relación entre hombre y mujer, sobre ese machismo recalcitrante que sigue salpicando nuestra sociedad, ya podríamos hablar largo y tendido. Podríamos pensar que estamos ante una cinta que nos habla de la sumisión, una sumisión que le duele tanto a ella que la casa lo siente, y por eso, de vez en cuando, tiembla, muestra su corazón que poco a poco va sufriendo, se va rompiendo, se va quemando.

Pero Aronofsky nos da mucho más. Hay un relato bíblico y la evolución del ser humano en relación a Dios, desde la veneración sutil al fanatismo más peligroso. Hay momentos de ese relato bíblico que son brutales, simbólicamente extraordinarios, como esa sangre que se cuela por las paredes, que siguen temblando, que siguen sintiendo que la están rompiendo…. Y relacionada con esas paredes, con esa simbiosis entre Madre y la casa, pues son lo mismo, nos encontramos, para mí, con el mensaje más importante de toda la película. Habrá quien se moleste por ciertos acontecimientos que se narran hacia la parte final porque quizás consideren que es una visión muy salvaje de algo que teóricamente es también un símbolo religioso. Pero es una muestra más de algo que el ser humano está haciendo. Es una concreción de la destrucción y el egoísmo salvaje de una humanidad que ha olvidado demasiadas cosas, centrado en su propio ombligo, pendiente de que lo admiren en Internet como Él está pendiente de que lo admiren y por eso invita a extraños a su hogar. Ese mensaje entronca con un relato de la mitología más pagana y clásica, donde Ella, la Diosa Madre, la Madre Naturaleza, lo es todo, pues ella nos da la vida. Es nuestro hogar, nos cuida, nos alimenta… En algunos mitos, la agricultura nace después de la muerte y destrucción de un dios al que se entierra y, de él, nace el grano. La vida y la muerte relacionadas en un círculo que nunca se rompe, que siempre gira, que siempre se repite… El problema es que, en esos mitos, se venera a la Madre Naturaleza, se cuida de la Tierra. Y eso nosotros no lo hacemos. Hace siglos que no lo hacemos, pero últimamente se nos está yendo de las manos. Despreciamos, explotamos, maltratamos y ninguneamos nuestro hogar, el único que tenemos, como si fuera algo que podemos cambiar. Señores, no podemos comprar un planeta nuevo. Si destruimos este, adiós muy buenas. Y lo estamos haciendo. Este es otro de los mensajes que podemos leer a través de las imágenes brutales que nos muestra Aronofsky en uno de los momentos más salvajes, crueles y humanos de la película. Estoy intentando no explicar lo que ocurre en la cinta, pero es complicado, porque en esa espiral de locura que muestra en muy pocos minutos, hace un retrato preciso de la estupidez humana, de nuestra crueldad, egoísmo y violencia, algo que se está viviendo hoy en día en demasiados lugares del mundo, vestido de bandera, patria o religión. Da igual lo que enarbolemos sobre nuestras cabezas. Si seguimos así, no habrá nada… pero nada bajo nuestros pies, porque habremos matado a nuestra Madre.

Creo que Aronofsky ha hecho una obra preciosa. A nivel estético y visual es extraordinaria. Y a nivel simbólico es impresionante, impecable y brutal. Imprescindible, no sólo por su belleza y por las interpretaciones, sino porque de vez en cuando va bien que nos muestren una parte de lo que somos, dónde estamos y que nos recuerden la importancia de empezar utilizar un poco ese cerebro que teóricamente tenemos porque no vivimos en un mito, y de las cenizas probablemente no podamos volver a nacer.

¡Feliz lunes y felices lecturas o visitas al cine!

Inés Macpherson

El gran retroceso, VV. AA. (Seix Barral)

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En los tiempos convulsos que corren, aquí y en tantos otros rincones del mundo, hay libros que son necesarios. Lo son porque nos abren la mirada a otros lugares, a otros conceptos que debiéramos mirar de forma más amplia y otros que quizás tendríamos que aprender a acotar mejor. Nos llenamos la boca de palabras a las que damos el significado que muchas veces preferimos, sin saber lo que realmente llevan dentro, lo que acarrean.

En mayo de 2017, Seix Barral publicó El gran retroceso, una serie de ensayos, artículos y reflexiones de diversos pensadores que hablan de la actualidad política y social que estamos viviendo. Un libro altamente recomendable para encender un poco más el cerebro y recordar que a menudo, las reflexiones necesitan más espacio que el que ofrece Twitter.

El gran retroceso

La premisa

La crisis financiera de los últimos años ha llevado a Europa a una política de recortes y austeridad que ha ido hiriendo a los ciudadanos poco a poco. La indignación ante esa realidad hizo que algunos países se levantaran para pedir una nueva democracia.

Mientras eso ocurría, los analistas políticos predecían un futuro político que, tras las elecciones de Estados Unidos y el sí al brexit, ha quedado en entredicho. La fatiga democrática, el cansancio ante unas políticas que no escuchan ni piensan en la gente están teniendo consecuencias insospechables. El crecimiento del odio, la desconfianza y unos nacionalismos cada vez más cerrados están en alza. Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Se puede hacer algo para cambiar este rumbo?

El editor Heinrich Geiselberger decidió pedir a una serie de pensadores que analizaran el momento político y social actual. Todos ellos, desde su punto de vista y desde una perspectiva distinta, intentan exponer un contexto histórico que nos ayude a comprender la situación, mientras reflexionan sobre posibles futuros y plantean posibles estrategias para contrarrestar esta regresión global que no sólo afecta a la política, sino a la sociedad en general, sus valores, sus expectativas. El inicio de un debate que parece que va para largo.

Opinión

Con el título y subtítulo que tiene este libro, El gran retroceso. Un debate internacional sobre el reto urgente de reconducir el rumbo de la democracia, uno ya puede imaginar lo que va a encontrar en estas páginas. Advierto, desde el principio, que no es una lectura amable. Ya no sólo por la densidad de alguno de los artículos, sino porque es un retrato que desgrana y disecciona el momento político y social en el que estamos sumergidos, del que formamos parte y en el que tendríamos que empezar a actuar si queremos frenar este giro regresivo en el que ha caído la sociedad.

La recopilación de ensayos, o artículos, que el editor y prologuista Heinrich Geiselberger reúne aquí es digna de ser leída con pausa, absorbiendo las reflexiones, los análisis históricos y las peticiones que muchos de estos pensadores lanzan al lector, pero sobre todo a esa clase política que parece haberse quedado anclada en un extraño estado de stand by. A la edición original en alemán se han añadido dos artículos, los de Santiago Alba Rico y Marina Garcés, que aumentan así el número de visiones que nos aporta el libro. Antes de entrar en materia, debo decir que este tipo de trabajos, en los que se cuenta con la participación de tantas personas, ya no sólo a la hora de escribir, sino a la hora de traducir, me parecen encomiables de por sí. Hay que tener en cuenta que se han traducido textos del inglés, del alemán, del francés… por lo que el trabajo de los traductores en este caso es imprescindible.

Por sí solos, cada uno de estos pequeños ensayos ya merecería no sólo una reseña, sino un análisis en profundidad que aquí no haré, básicamente porque no hay espacio y tampoco sabría por dónde empezar. Porque la sensación que uno tiene tras una primera lectura de esta gran regresión es de estar ante algo sobrecogedor: tanto por la cantidad de información como por todo lo que implica a nivel de reflexión. Por eso recomiendo que, aquellos que se acerquen a este título, lo hagan con calma, paciencia y con los sentidos bien abiertos. Encontrarán pensadores como Zygmunt Bauman o Slavoj Žižek, dos filósofos de renombre mundial, acompañados de otros muchos pensadores, profesores, sociólogos y expertos en otras materias relacionadas que hacen un análisis minucioso de la actualidad partiendo de distintos conceptos. En algunos casos hay un acercamiento más histórico, pero en otros casos nos encontramos ante una reflexión social, de clase, de conciencia medioambiental o de planteamiento económico.

Para no convertir esto en un resumen de cada artículo, señalaré los dos ensayos que me han llamado más la atención. El primero de todos es el de Nancy Fraser, quien centra su análisis en el caso de Estados Unidos y analiza cómo el neoliberalismo progresista que unió en su sino los movimientos sociales más “progres” con los sectores relacionados con los negocios, como Wall Street, ha fracasado para dar paso a ese populismo reaccionario capitaneado por Trump. El británico Paul Mason también centra su análisis en su país, poniendo como ejemplo su ciudad natal, Leigh. En su «Superar el miedo a la libertad» hace un extraordinario recorrido por la historia reciente de su país, analizando cada década, los cambios políticos y sociales, intentando mostrar por qué se ha podido llegar al brexit. Personalmente, éste ha sido uno de los escritos que más me ha calado, quizás porque, más allá del análisis político y social, hay algo personal, algo que realmente resuena a una realidad más palpable que teórica.

Palabras como neoliberalismo, populismo o postverdad son conceptos que cada vez resuenan más en los medios de comunicación. Pero hablar de ello y pensar realmente sobre ello son cosas distintas. Este libro, del que se podría hablar mucho más, intenta prender la mecha para que apaguemos un poco la tele y las redes sociales y empecemos a pensar, a analizar y observar lo que ocurre a nuestro alrededor, recordando que la democracia, teóricamente, es un tipo de gobierno en el que el pueblo, la gente, tendría que estar presente (como dice David Van Reybrouck al final de su artículo, «La democracia no es sólo el gobierno del pueblo para el pueblo, sino también por el pueblo»). Hace tiempo que no es así. Quizás el primer paso tendría que ser reclamar que no sólo somos un nombre en la lista del censo a quien llamar cada cuatro años. Quizás tendríamos que recordar que somos más que individuos, que no estamos solos y que somos más importantes que la financiarización o esos mercados a los que llevamos un tiempo dando el papel de personas, cuando no lo son.

Inés Macpherson
Fuente: Anika Entre Libros

Cuento con labios

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Ya que el mundo está patas arriba, habrá que ir aprendiendo a caminar con las manos… Pero mientras tanto, os dejo un micro cuento, que viendo tantos cascos y malas caras, al final se nos olvidarán las historias, las manos y los besos:

Al hombre morado le dolían tanto los besos que no daba, que le crecían los mordiscos por el cuerpo, llenándole la piel de cardenales de labios“.

Inés Macpherson

Clarissa, de Stefan Zweig (Acantilado)

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A veces, las pequeñas historias son enormes y guardan entre sus páginas una visión del mundo fascinante. Si a eso le añadimos la pluma de Stefan Zweig, uno se encuentra ante maravillas como su Clarissa, publicado por Acantilado en febrero de 2017.

Clarissa

Argumento

Tras pasar diez años estudiando en un internado, Clarissa, hija de un militar austriaco, con dieciocho años, se encuentra ante un mundo abierto de posibilidades. Consciente de que no sabe qué estudiar realmente, va ampliando conocimientos hasta que encuentra un trabajo que le interesa: ayudante de un doctor especializado en las enfermedades mentales. Animada por el propio doctor, acude a un seminario en Lucerna. Allí conoce a Léonard, un joven socialista francés, del que se enamora.

Tras un idilio extraordinario, estalla la Gran Guerra, y los amantes deben separarse. Poco tiempo después, Clarissa descubre que está embarazada. No tiene manera de contactar con Léonard. De hecho, se supone que es su enemigo. Dividida entre lo que le dice el corazón y el honor que debe defender, sobre todo por su padre, tendrá que tomar una decisión complicada en una Europa que empezaba a romperse.

Opinión

Clarissa es una obra inconclusa y tardía de Stefan Zweig. Pero, a pesar de no tener un cierre al estilo habitual, encierra en su interior un sinfín de elementos que la hacen fascinante. Es un retrato de los dilemas y los silencios impuestos en la Europa de inicios del siglo XX, encarnados en la piel de una joven austriaca, huérfana de madre e hija de militar.

A simple vista, el argumento podría parecer sencillo. Y lo es. Pero lo interesante de este libro no es tanto la historia en sí, sino todo lo que Zweig sabe entrelazar en ella. Se puede leer entre líneas una crítica, pero también un espejo de una sociedad, de una realidad y del papel de las mujeres, esos seres atados todavía al honor, al deber y a la vergüenza por tener sentimientos e ideas propias. Por eso mismo estamos ante una obra moderna, atrevida y arriesgada, tanto para su época como ahora, pues trata algunos temas peliagudos como el aborto de forma abierta y sincera, exponiendo toda una serie de reflexiones que actualmente pocos se atreven a exponer. Cuando se plantea la posibilidad de seguir adelante con el embarazo o acabar con él no se hace un juicio de valor sobre ese tema, sino que se plantea lo que ella querría hacer si las circunstancias fueran otras. Si eso ya es sorprendente, lo es aún más la reflexión que encierran estas pocas palabras: «sólo pensó en cómo traerlo al mundo… pero no se preguntó cómo viviría en este mundo».

Por supuesto, también hay apuntes políticos e ideológicos, charlas y discursos, sobre todo en boca de Léonard. Pero cuando llega la guerra, al tener una protagonista femenina, no retrata la guerra desde el frente, sino que plantea lo que se vive desde fuera, desde los que se quedan al otro lado y, sobre todo, desde los que saben que, en el fondo, tras esa guerra lo que hay son intereses, unos odios construidos y alimentados por unos cuantos, para conseguir algo a cambio. Sólo hay una posibilidad de conservar la cordura cuando estalla una guerra, dice el doctor Silberstein: «verla por ti mismo y no dejar que te la expliquen sus instigadores, que jamás pisarán el frente». Porque ellos nunca están allí. Ni ahora ni nunca. Los que instigan, los que invaden, realmente ni invaden ni luchan: están en un despacho, ajenos, lejanos, sin importarles que la gente se rompa, se siembre el odio y haya un montón de jóvenes dando la vida por una causa que, si se rasca un poco, quizás no sea la que se vende.

Una obra corta pero intensa, bella y escrita con ese estilo limpio de Zweig, que hace que parezca sencillo escribir. Una novela que muestra la red de sentimientos, emociones y pensamientos que intentan sobrevivir a las obligaciones y las tradiciones impuestas y autoimpuestas por las normas sociales y las patrias, siempre las patrias.

Inés Macpherson
Fuente: Anika Entre Libros

Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Butler (Libros del Asteroide)

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Hay libros que encierran en sí varias historias, no sólo por la que cuentan sus páginas, sino por la forma en que has llegado a él. Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Butler (Libros del Asteroide, octubre de 2014) es uno de esos libros. ¿Por qué? Bueno… Dejad que os explique una historia…

Tengo cierta tendencia a entrar en las librerías, tanto en las de mi ciudad como en las que encuentro en ciudades que visito. Hace un tiempo, paseando por San Sebastián, descubrimos la Librería Donosti, en la plaza de Bilbao.

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Llamaba la atención su puerta verde, pero sobre todo lo hacía su escaparate, no porque fuera llamativo en sí mismo o porque tuviera grandes carteles o dibujos, sino porque tenía una muestra magnífica de algunas de las editoriales más interesantes que hay en el panorama español en estos momentos. Entre ellas, una de esas editoriales que se identifican al instante por su diseño: Libros del Asteroide. Compartía espacio con Impedimenta, con Blackie Books… Y cómo no, entramos. La librera era una mujer magnífica, entusiasta, que destilaba pasión por los libros por los poros. Como casi siempre que entro en una librería, acabé comprando algún libro. Pero esta vez, además, me llevé un montón de recomendaciones. Reconozco que no me hubiese importado comprar alguno de esos otros títulos, pero ni la economía ni la maleta lo permitían. Además, sabía que uno de esos libros tenía que estar en otra de mis librerías preferidas, a la que puedo ir siempre que quiero y puedo coger los libros casi sin pedir permiso. Me refiero a la casa de mis padres. Y es que mis padres, desde hace años, son unos enamorados de Libros del Asteroide. Mercedes y Celia, las libreras de La Gabia de Paper, hicieron muy bien su trabajo, porque nos enseñaron a apreciar esas pequeñas editoriales que ahora empiezan a ser, no sé si grandes en volumen de publicaciones, pero sí en todos los otros sentidos.

canciones de amor a quemarropa

Y como era de esperar, encontré en las estanterías del salón de mis padres estas Canciones de amor a quemarropa. La librera de la Donosti no mentía: es un libro bonito, por la manera en que está escrito y por la sencillez de lo que narra. Y es que, a veces, lo más cercano al mundo, a la realidad, puede convertirse en una gran historia. Quizás es demasiado bonito, pero eso va a gustos. Reconozco que prefiero los retratos de películas como Comanchería, de David Mackenzie, pero a veces también es agradable un retrato amable de la vida. Y este es un canto a la vida, a la amistad, con ese regusto a nostalgia de la infancia y la adolescencia a la que algunos se aferran para no enfrentarse al mundo adulto, al mundo real. Y también es un canto a la vida en el campo, sin olvidar lo duro que puede ser sentirse esclavo de una granja, pero recordando también lo bueno que puede tener sentirse parte de un lugar. Porque, en el fondo, Butler narra una historia sobre le necesidad de pertenecer. Hay quienes prefieren pertenecer al lugar que los ha visto nacer y hay quienes, en el fondo, saben que siempre van a tener que estar buscando otro lugar al que poder llamar casa.

Focalizado en diferentes narradores en primera persona que nos permite ir conociendo no solo los hechos, sino el pasado y el carácter de cada personaje, Canciones de amor a quemarropa propone un cuadro donde encontrar distintas maneras de encarar la vida: el músico que triunfa pero que, a su vez, siente que nunca estará tan bien como en casa; el joven que sueña con ser grande, pero sobre todo con que todo el pueblo lo reconozca como tal; el chico que ha tenido siempre claro lo que quería y ha seguido en su sitio, sin soñar con nada más porque ese es su sueño, o el que a pesar de darse de bruces contra la realidad, consigue encontrar un sitio donde sentirse en casa.

Y aunque es cierto que se podría considerar que esta novela a veces se deja llevar por ciertas imágenes estereotipadas de la vida, de las relaciones entre amigos y los problemas de pareja y de la edad adulta, no es menos cierto que, a menudo, nosotros también podemos encontrarnos ante esas mismas imágenes y vivirlas como reales. Hay quien considera que una novela debe utilizar la ficción para mostrar lo que nosotros no podríamos vivir, unos personajes que llevan las cosas de una forma distinta, casi heroica. Hay quienes prefieren sentirse identificados con las dudas y las miserias de los personajes sobre los que lee. Los amigos creados por Butler tienen un poco de ambos, pues acaban solucionando sus problemas de una manera que tal vez no sea heroica, pero que quizás sea difícil de encontrar en la vida real.

Más allá de esa sensación de estar ante un canto a esa vida de campo, a la amistad y a la familia por encima de todo, lo cierto es que uno se deja llevar por esa prosa sencilla, con algunas imágenes maravillosas, sobre todo a la hora de describir el paisaje, y con el regusto familiar que dejan las historias que, sin ser novedosas, nos hacen vivir otras vidas. Y al final, ¿qué es un libro sino una ventana a otro universo, a otra ciudad… a otra vida?

¡Feliz martes y felices lecturas!

Inés Macpherson

Eres una bestia, Viskovitz, de Alessandro Boffa (Círculo de Lectores)

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La narración oral tiene algo fascinante y es que, cuando vas a escuchar a un narrador, no sólo te dejas llevar por las historias que explica, disfrutando de los universos que crea con las manos y la voz, sino que puedes descubrir autores que no conocías. Hace un tiempo, en junio de 2016, José Luís Guerrero realizó una sesión de cuentos en el antiguo Bar L’Astrolabi, del barrio de Gracia (Barcelona), y nos contó algunas historias de un tal Viskovitz. Me enamoré al instante de ese nombre y decidí buscar el libro en el que se escondían esos relatos de animales que José Luís Guerrero supo plasmar con tanta soltura y gracia que, una vez adquirido el libro fue difícil no leerlo e imaginar a su vez cómo lo habría narrado él. Se trataba de Eres una bestia, Viskovitz, escrito por Alessandro Boffa.

Eres una bestia

Estos relatos de animales no son los que uno podría encontrar en una película de Disney, aunque todas y cada una de las especies que aparecen hablan. Estamos ante un personaje, Viskovitz, que va tomando las distintas formas que requiere cada relato, pasando por esponja de mar, escorpiones, pájaros, mantis religiosas, camaleones y un montón de otros animales. Adopta diferentes cuerpos para representar, en sus reflexiones y comportamientos, muchos de los aspectos de la extraña y, en el fondo un poco bestial, condición humana. Lo acompaña la encantadora Lujba, quien hace que a veces vaya perdido, a veces sueñe despierto y en ocasiones incluso pierda la cabeza.

Algunos relatos tienen más gracia que otros, como ocurre en casi todas las recopilaciones de cuentos, pero hay que reconocer que la frescura y locura que desprenden por norma general hacen que se te escape la risa sin importar que estés en el sofá de casa o en el asiento del metro. Y es que llevada al absurdo, la condición humana tiene algo de ridículo que nos vuelve entrañables, pero, sobre todo, muy peculiares.

Para que podáis disfrutar de una forma diferente de estos relatos, aquí os dejo dos enlaces a esa sesión de cuentos de José Luís Guerrero que hizo que Viskovitz pasara a formar parte de mis estanterías:

Historia sexual de una mantis religiosa: https://youtu.be/TM0f6waBZlQ
Soy una esponja de mar: https://youtu.be/aqT-PoiFKfI

Y ya que hablamos de narración oral… En octubre vuelve el Festival Munt de Mots a Barcelona. Estad atentos, que la ciudad se llenará de cuentos.

Hasta entonces, ¡felices cuentos y felices lecturas!

Inés Macpherson