Kentukis, de Samanta Schweblin (Literatura Random House)

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Cuando llega septiembre los quioscos siguen llenándose de fascículos, y se anuncian los títulos de películas, series y libros que ocuparán los meses que quedan hasta que se acabe el año. Yo también me sumo a esa rentrée literaria, pero con un poco de retraso y quizás a destiempo, pues Kentukis, de Samanta Schweblin, fue publicado por Literatura Random House en octubre de 2018.

kentukis

Descubrí a Samanta Schweblin a través de sus cuentos, que son una gran muestra de su capacidad para provocar desasosiego con un apunte, con un elemento extraño que se mezcla con lo cotidiano como si siempre hubieran ido de la mano, aunque solo lo hagan con esa naturalidad sobre el papel que ella escribe. En Kentukis hay algo de esos cuentos, tanto por la estructura de las historias, que funcionan por sí mismas como un todo, como por la forma en que consigue provocar ese desasosiego, aunque esta vez lo extraño que se mezcla con la realidad no parezca tan extraño, sino una prolongación lógica, si se puede considerar así, de lo que ya hacemos habitualmente: mostrarnos y observar a través de diferentes dispositivos, compartiéndolo todo y a todos los niveles, difuminando cada vez más la línea de la intimidad. En la presentación que tuvo lugar en enero de 2019, en la librería La Central de la calle Mallorca de Barcelona, la autora reconoció que una de las ideas que dispararon la creación de Kentukis fueron sus conversaciones por Skype y ese momento en que la persona con la que hablas va a por un café y tú te quedas ahí, solo, observando un pedazo de hogar y te preguntas cómo será el resto, qué pasaría si pudieras echar un vistazo un poco más allá de la pantalla.

Pero, ¿qué es un kentuki? Son una extraña mezcla entre teléfono móvil (o cualquier dispositivo con cámara) y peluche. Los hay de diferentes formas y colores: conejos, cuervos, dragones… Y, como ocurre actualmente con cualquier novedad tecnológica, todo el mundo lo desea. La idea es sencilla: puedes comprar un kentuki y convertirte en amo de kentuki, o puedes ser kentuki y que en tu pantalla aparezca lo que ven los ojos del peluche. La pregunta que uno podría hacerse es ¿quién querría un bicho con ruedas y conexión a la pantalla de un desconocido dispuesto a mostrarle su vida? ¿Y quién necesita espiar la vida ajena a través de un peluche que no puede hablar, aunque sí moverse y observar? ¿Qué esperamos encontrar al otro lado?

En teoría, ni amo de kentuki ni kentuki pueden escoger quién habrá al otro lado, por lo que a menudo hay un choque de idioma, de edad, de cultura… Schweblin lo convierte en un fenómeno global que sirve para mostrar nuestro mundo globalizado, donde existen las desigualdades y los horrores, y donde siempre hay alguien que consigue enriquecerse aprovechando un hueco legal. Y es que, como también ocurre en la realidad, quien no puede comprarlo, pero lo desea, lo adquiere de otra manera; también hay quienes pagan grandes cantidades por poder acceder a lo que quieren: una familia con hijos, una familia pobre… como si la vida ajena fuera un parque de atracciones o un viaje turístico para descubrir realidades a las que ignorar a pesar de haberlas visto de cerca. También hay quienes los compran porque piensan que quizás harán compañía a los ancianos de una residencia, pero ¿cómo actúan los kentukis al descubrir lo que van a ver durante todo el día? ¿Cómo actuamos los humanos? ¿Cuántos carteles hay en las residencias recordando a los familiares que vayan a ver a sus ancianos?

Y es que, al final, los kentukis son simplemente una excusa para mostrarnos un retrato de ciertos afanes y comportamientos humanos: la búsqueda de la felicidad, de la identidad o de compañía se mezclan con los miedos, los egoísmos, el voyeurismo o el chantaje. Una mirada crítica que a veces es tierna, pero a menudo es dura, porque nos muestra esa parte que tenemos aunque no queramos mirar; miraremos hacia fuera, porque casi siempre es más fácil que mirar hacia dentro. Una mirada que nos permite comprobar nuestra relación con la tecnología e ir más allá de esa visión que señala simplemente nuestra dependencia. Porque Schweblin nos ofrece un cuadro que deja al descubierto cómo puede provocar alienación, frustración, crueldad, infantilismo, exhibicionismo, y una larga lista de problemáticas que, a su vez, nos recuerdan que a veces vemos el horror a través de la pantalla y no hacemos nada; o nos comportamos de forma brutal sin tener en cuenta quien está al otro lado, de la pantalla, de la puerta o de la otra piel.

¡Feliz martes y felices lecturas!

Inés Macpherson

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The King. Bienvenido al universo literario de Stephen King (Errata naturae)

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Es probable que haya mucha gente que no haya leído a Stephen King porque consideran que es literatura de género y eso implica que es de segunda categoría. Es posible que haya quien no haya visto ninguna de las películas basadas en sus libros, pensando lo mismo, quizás sin saber que La milla verde o Cadena perpetua están basadas precisamente en relatos de King. Pero hayan leído o no al rey del terror, seguro que conocen su nombre. Es difícil no conocerlo, no tener una opinión respecto a sus historias, incluso sin haberlas leído, porque sigue existiendo cierta tendencia a considerar que el género fantástico, de ciencia ficción o de terror son eso, un simple género secundario que no puede considerarse del todo literatura. Por suerte empieza a romperse esa tendencia y, como señalaba Javier Calvo en un interesante artículo aparecido en Jot Down titulado «¿Puede la fantasía salvar a la novela en la década que viene?», cada vez son más voces las que observan el género desde otra perspectiva.

The King

Algo parecido es lo que hace el libro The King, publicado por Errata Naturae (mayo 2019), con ensayos de escritores, filósofos y especialistas en literatura: adentrarse en el universo de King demostrando que es mucho más de lo que algunos piensan, siempre y cuando uno quiera leer un poco más allá. Habrá quien dirá que eso es añadir una lectura que el autor quizás no pretendía ofrecer con su obra, pero también hay quien dice que cuando un escritor pone el punto final a una novela, en realidad no está acabando el libro, ya que es el lector quien lo acaba, quien rellena los huecos, quien crea un cuadro en su interior a través de la historia, de sus referentes y su imaginario personal. Leer puede ser simplemente pasar páginas o analizar desde un punto de vista extraño aquello que no parecía analizable desde ese lugar. Encontrar a Nietzsche en La Torre Oscura, a Foucault en El Resplandor o ver cómo la filosofía de Simone de Beauvoir se relaciona con Carrie es algo que sorprende y que, debo reconocer, a nivel personal me fascina, porque une en un mismo lugar dos de mis pasiones: la filosofía y el terror y la fantasía. Pero eso sería otro tema. Al final, hay que tener en cuenta que la extraordinaria escritora Cynthia Ozick dijo de King: «Dejemos de lado lo del bestsellerismo y los estereotipos: este hombre es un genuino escritor de nacimiento. No es Tom Clany. Escribe con un extraordinario brío narrativo y su prosa desborda saber literario. Lo que hace no es algo sencillo, no es el mero palabrerío habitual de nuestros días, y no es una tontería. Y lo anterior tal vez sea una forma torpe de decir que algo es inteligente, pero eso es precisamente lo que quiero decir». Y si la autora de El chal dice algo así, por algo será.

Es recomendable adentrarse en este libro habiendo leído a King, pero quien no lo haya hecho también disfrutará. De hecho, tanto la entrevista de Tony Magistrale a Stephen King como el texto de Rodrigo Fresán son dos maneras magníficas de despertar la curiosidad, el interés o el deseo de leer a King, porque transmiten la pasión de quien escribe y de quien lee. Si se quiere ir un poco más allá, Greg Littmann y su «Stephen King y el arte del horror» nos muestran una mirada sobre el horror y la ficción desde diferentes perspectivas filosóficas, y Mariana Enríquez nos ofrece un recorrido por las mujeres de la obra de King. Ambos textos son dos maneras diferentes de acercarse desde lo concreto, pero a la vez desde cierta distancia, al universo del hombre que consiguió que Maine fuera sinónimo de terror.

Una vez cruzamos esa línea, los ensayos que encontramos se adentran mucho más en la obra y el imaginario de King. Aunque se trate de obras menores, escritas con seudónimos o de títulos que el propio autor del ensayo considera que no son buenos, se analizan en profundidad, siempre desde un prisma concreto. Por ejemplo, Laura Fernández, en su ensayo «Cuidado con lo que sueñas porque podrían salirle colmillos y empezar a correr detrás de ti», empieza hablando de un extraordinario cuento, «La pata de mono», de W. W. Jacobs, para ahondar en los horrores que pueden esconderse en aquello que deseamos. Joseph J. Foy y Timothy M. Dale nos hacen correr con El fugitivo y La larga marcha para estudiar el mundo que dibujan a través de la mirada de Arendt. Elizabeth Hornbeck nos deja entrar en el Hotel Overlook, y en otros hoteles cinematográficos, para analizar la heterotopía del terror desde Foucault. La muerte y el deseo de vencerla; los fantasmas, propios y ajenos; los terrores cotidianos que se retuercen hasta ahogarte… Cada autor realiza un recorrido por alguna de las características de las novelas de King para ofrecer una forma diferente de enfrentarse a su obra. Pero lo más interesante del libro no es solo eso, sino que, además, permite observar la literatura y el cine de terror desde otra perspectiva, otorgándole una profundidad que a menudo se le niega, y que a menudo puede tener.

Acabaré con un pequeño fragmento del texto de Rodrigo Fresán, en el que cuenta que, «cuando comencé a leer a King yo era más o menos alguien a punto de ser un ex niño pero todavía no. Y —como uno de los jóvenes de Stephen King—me había metido en problemas». Lo expulsaron de la escuela y él fingió que no pasaba nada, que nada había cambiado, pero en vez de ir a clase, iba a la biblioteca. Allí descubrió a King. «Allí —en la casi clandestinidad y escondido de mis padres—, supe, por primera vez, de la plaga de nosferatus arrasando ese pueblo de Maine y de los incómodos huéspedes sin fecha de check out en el Overlook Hotel en las Rockies de Colorado. Allí —de algún modo— sigo estando. […] Allí y así seguiré, igual que ese niño que alguna vez fui. […] Gracias por el miedo, su majestad. Larga vida a King».

Y larga vida a los libros.

¡Feliz martes y felices lecturas!

Inés Macpherson

Algunos libros para el verano

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Ahora que ha llegado el verano y que algunos ya tienen, o tendrán en breve, vacaciones, siempre está bien tener un buen libro cerca para pasar el rato. Hay quien lee en la playa, quien lo hace en el sofá, en la cama o en la terraza; hay quien prefiere libros amables y que algunos definen como “lecturas de verano”, y hay quienes prefieren dedicarse a aquellos libros que no han podido leer durante el año porque no tenían tiempo, porque eran demasiado largos o demasiado intensos. No sé si los libros que ahora comentaré entran en alguna de esas categorías, pero son libros que vale la pena leer, sea en verano o en cualquier otra época del año.

Y creo que esta lista la debe iniciar Els àngels em miren, de Marc Pastor (Amsterdam), uno de los mejores libros que he leído este 2019. La historia empieza con el descubrimiento de los cadáveres de dos chicas que parecen haber sido víctimas de algún tipo de ritual. El crimen nos permitirá conocer a uno de los responsables de la investigación, el fascinante Abraham Corvo y esa voz que lleva dentro, esa pulsión oscura. Pero no está solo, porque esta es una novela coral que consigue tejer una red de personajes y misterio impecable. Una historia que atrapa porque tiene vida, es visual y sabe cómo crear un rompecabezas por el que quieres transitar disfrutando de cada escena, de cada diálogo. Con buen ritmo y un gran dominio del espacio y el lenguaje, este relato muestra cómo se puede construir un mundo a partir de una realidad conocida y filtrar posibilidades históricas, fantásticas y personales para crear un cuerpo narrativo que funciona y que hace que observes los ángeles de otra manera. Dejad que los ángeles os miren, porque querréis seguir los pasos de Abraham Corvo.

Una novela más corta, pero igualmente fascinante, es Lago negro de tus ojos, de Guillem López (Runas-Alianza Editorial). En este caso también encontramos un misterio y una protagonista que quiere descubrir qué le ha pasado a una chica desaparecida. También estamos en un mundo que podemos reconocer como propio, pero donde, después del Incidente, han aparecido una serie de extrañas lagunas que esconden un secreto que intuimos y nos inquieta. Se trata de una novela con una estructura que juega entre el pasado y el presente de una forma muy visual, y que nos ofrece un final que sabe transmitir el horror y la locura en todos los sentidos. Una historia donde no sabemos qué pasa y qué no, que nos lleva a las montañas de la locura y nos recuerda que todos podemos ser monstruos.

Seguimos con la magnífica reedición de un clásico, el Claus y Lucas de Agota Kristof que Libros del Asteroide ha publicado en castellano y Amsterdam en catalán. Se trata de una novela formada por tres novelas cortas que relatan las diferentes etapas de la vida de dos hermanos. La primera parte nos habla del tiempo que pasan con su abuela, para estar lejos de la guerra, como si eso pudiera aislar a los niños de la crueldad. Pero la crueldad existe. Siempre está allí, de forma salvaje, de forma velada, pero siempre presente. También nos habla de la pérdida, la soledad y la duda; una duda que puede tener respuesta o no, porque, ¿cuánta verdad puede ofrecer un relato?

Otro libro extraordinario es Antes de los años terribles, de Víctor del Árbol (Destino). Esta novela nos habla de una realidad que conocemos, la de los niños soldado, pero lo hace con una sinceridad y una fuerza que es difícil no vivirlo casi en primera persona. Nos ofrece una mirada directa para que no seamos simplemente espectadores, sino testigos directos del horror, pero también de la lucha por ser. Con un personaje fascinante que encarna todas las historias de estos niños a quienes les robaron la infancia, la historia nos permite observar lo que implica adentrarse en el corazón de las tinieblas y sobrevivir, vivir con unas cicatrices difíciles de cerrar.

Pero como el verano también es para soñar y para viajar, los editores de Blackie Books nos ofrecen un libro magnífico para hacer las dos cosas sin moverse del sofá. Estoy hablando de Lena y Karl, de Mo Daviau, una historia que mezcla viajes en el tiempo, amor y música. Mucha música. Porque la música es un pedazo de tiempo; cuando escuchamos una canción podemos viajar al pasado y revivir un momento, una carretera, una ciudad, un abrazo… La historia del Karl y la Lena juega con los sueños de aquellos que algún día querrían encontrarse una máquina del tiempo en su armario; con la pasión de aquellos que escuchan las canciones de su vida y pueden sentir la misma emoción que el primer día, pero también con el deseo de transformar la realidad, de descubrir lo que vale la pena, aunque solo sea bailando, cantando y buscando las bandas sonoras de nuestra vida.

Si con Lena y Karl hablábamos de viajes en el tiempo, con La teoria de l’imbècil, de Pep Prieto, publicada por Apostroph, nos adentramos en otro mundo que también hemos soñado a menudo: la posibilidad de tener algún poder. Pero no os esperéis una novela con épica y grandes luchas. Aquí estamos observando el otro lado, aquello que ocurre cuando los poderes no son tan agradables como pensamos, cuando lo que escribimos se nos escapa de las manos. Porque las palabras se nos pueden escapar, sobre todo cuando, en el fondo, el relato que nos explicamos está escondiendo otro relato que querríamos borrar pero no podemos. Una novela directa, en ocasiones cruda, en otras divertida, con una dosis de humor y mala leche que encuentra un gran equilibrio y que tiene un final magnífico.

También se puede aprovechar el verano para redescubrir autores clásicos de otra manera. Eso se puede hacer con Kafkiana. Relatos de Fraz Kafka, de Peter Kuper, publicada por Sexto Piso. En esta pequeña recopilación de catorce cuentos que Kuper ha transformado en imagen, el texto y las ilustraciones interactúan, se fusionan para crear una nueva lectura. Nos encontramos con representaciones que nos dan más información o nos dan una diferente a la que quizás habríamos imaginado nosotros al leer por primera vez la historia. De esa manera se ofrece un juego que nos demuestra cómo se pueden condensar las ideas en un espacio reducido en blanco y negro.

Y si hablamos de sueños, no puede faltar Una canción de muy lejos, de A. F. Harrold, publicada en castellano y catalán Blackie Books. Se trata de una historia tierna, escrita con una prosa sencilla y amable que te invita a dejarte llevar. Sí, es posible que muchos piensen que es una novela juvenil, pero la verdad es que las novelas de Harrold las pueden leer todos aquellos que estén dispuestos a imaginar. Porque es un canto a la imaginación; también a la amistad, a ser uno mismo y a luchar contra aquellos que maltratan. Magia y realidad se dan la mano en esta pequeña historia que te abre una ventana a otro mundo, a una realidad que conoces, aunque no la hayas visto nunca, y que nos recuerda la importancia de no dejarse pisar nunca.

Y para acabar, dos recomendaciones que son, en fondo, a ciegas, porque no los he leído, aunque están los primeros en la lista de pendientes. Uno es la magnífica recopilación de cuentos de Elisenda Solsona, Satèl·lits, que ha publicado Males Herbes y que ha recibido muy buenas críticas. El otro es The Leftovers, de Tom Perrota, publicado hace unos años por Edicions del Periscopi. No sé cuáles serán los paralelismos con la serie, pero si consigue transmitir lo mismo, puede ser un gran libro.

Si ninguno de estos títulos os motiva, hay muchos más. Podéis ir a una librería, que también abren en verano, y dejar que os recomienden, y os contagien, alguna lectura.

¡Buen verano y buenas lecturas!

Inés Macpherson

Alguns llibres per l’estiu

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Ara que ja ha arribat l’estiu i que alguns ja tenen, o tindran en breu, vacances, sempre està bé tenir un bon llibre a prop per passar l’estona. Hi ha qui llegeix a la platja, qui ho fa al sofà, al llit, o a la terrassa; hi ha qui prefereix llibres amables i d’aquests que alguns defineixen com “lectures d’estiu” i d’altres que prefereixen agafar aquells llibres que durant l’any no han pogut llegir perquè no tenien temps, perquè eren massa llargs o massa intensos. No sé si els llibres que ara comentaré entren dins d’alguna d’aquestes categories, però són llibres que val la pena llegir, a l’estiu o en qualsevol època de l’any.

I crec que aquesta llista l’ha d’encapçalar Els àngels em miren, de Marc Pastor (Amsterdam), un dels millors llibres que he llegit aquest 2019. Aquesta història comença amb el descobriment dels cadàvers de dues noies que semblen víctimes d’alguna mena de ritual. Aquest crim ens permetrà conèixer a un dels responsables de la investigació, el fascinant Abraham Corvo i aquesta veu que porta dins, aquesta pulsió obscura. Però no està sol, perquè aquesta és una novel·la coral que aconsegueix teixir una xarxa de personatges i misteri impecable. Una història que atrapa perquè té vida, és visual i sap com crear un trencaclosques per on vols transitar gaudint de cada escena, de cada diàleg. Amb bon ritme i un gran domini de l’espai i el llenguatge, aquest relat és una mostra de com es pot construir un món a partir d’una realitat coneguda i filtrar possibilitats històriques, fantàstiques i personals per crear un cos narratiu que funciona i que fa que et miris els àngels d’una altra manera. Deixeu que els àngels us mirin, perquè voldreu seguir els passos d’Abraham Corvo.

Una novel·la més curta, però igualment fascinant, és Lago negro de tus ojos, de Guillem López (Runas-Alianza Editorial). En aquest cas també trobem un misteri i una protagonista que vol descobrir què li ha passat a una noia desapareguda. Estem a un món que podem reconèixer com a propi, però on, després de l’Incident, hi ha una sèrie d’estranyes llacunes que amaguen un secret que intuïm i ens inquieta. Es tracta d’una novel·la amb una estructura que juga entre el passat i el present d’una forma molt visual i ens ofereix un final que sap transmetre l’horror i la bogeria en tots els sentits. Una història en què no sabem què passa i què no passa, que ens porta a les muntanyes de la follia i ens recorda que tots podem ser monstres.

Seguim amb la meravellosa reedició d’un clàssic, el Claus i Lucas d’Agota Kristof que Libros del Asteroide ha publicat en castellà i Amsterdam en català. Es tracta d’una novel·la formada per tres novel·les curtes que relaten les diferents etapes de la vida de dos germans. La primera part ens parla del temps que passen amb l’àvia, per estar lluny de la guerra, com si això pogués aïllar als nens de la crueltat. Però la crueltat hi és. Sempre hi és, de forma salvatge, de forma velada, però sempre present. També trobem la pèrdua, la soledat i el dubte; un dubte que pot tenir resposta o no, perquè, quanta veritat pot explicar un relat?

Un altre llibre colpidor és Antes de los años terribles, de Víctor del Árbol (Destino). Aquesta novel·la ens parla d’una realitat que coneixem, la dels nens soldat, però ho fa amb una sinceritat i amb una força que és difícil no viure-ho quasi en la pròpia pell. Ens ofereix una mirada directa perquè no siguem simplement espectadors, sinó testimonis directes de l’horror, però també de la lluita per ser. Amb un personatge fascinant que encarna totes les històries d’aquests nens a qui van robar la infantesa, la història ens permet observar el que implica endinsar-se al cor de les tenebres, i sobreviure, viure amb unes cicatrius difícils de guarir.

Però com l’estiu també és per somiar i per viatjar, els editors de Blackie Books ens ofereixen un llibre magnífic per fer les dues coses sense moure’s del sofà. Es tracta de Lena y Karl, de Mo Daviau, una història que barreja viatges en el temps, amor i música. Molta música. Perquè la música és un tros de temps; quan escoltem una cançó podem viatjar al passat i reviure un moment, una carretera, una ciutat, una abraçada… La història del Karl i la Lena juga amb els somnis d’aquells que algun dia voldrien trobar-se una màquina del temps al seu armari; amb la passió d’aquells que escolten les cançons de la seva vida i poden sentir la mateixa emoció que el primer dia, però també amb el desig de transformar la realitat, de descobrir el que val la pena, encara que només sigui ballant, cantant i buscant les bandes sonores de la nostra vida.

Si amb Lena y Karl parlàvem de viatges en el temps, amb La teoria de l’imbècil, de Pep Prieto, publicada per Apostroph, ens endinsem a un altre món que també hem somiat sovint: la possibilitat de tenir algun poder. Però no us espereu una novel·la amb èpica i grans lluites. Aquí estem observant l’altre cantó, allò que passa quan els poders no són tan agradables com pensem, quan el que escrivim se’ns escapa de les mans. Perquè les paraules se’ns poden escapar, sobretot quan, en el fons, el relat que ens estem explicant amaga un altre relat que voldríem esborrar però no podem. Una novel·la directa, en ocasions crua, en d’altres divertida, amb una dosis d’humor i de mala llet que troba un gran equilibri i que té un magnífic final.

També es pot aprofitar l’estiu per redescobrir autors clàssics d’una altra manera. Això es pot fer amb Kafkiana. Relatos de Fraz Kafka, de Peter Kuper, publicada per Sexto Piso. En aquesta petita recopilació de catorze contes que Kuper ha transformat en imatge, el text i les il·lustracions interactuen, es fusionen per crear una nova lectura. Ens trobem amb representacions que ens donen més informació o ens donen una diferent a la que potser ens hauríem imaginat nosaltres en llegir per primer cop la història. D’aquesta manera s’ofereix un joc que ens demostra com es poden condensar les idees en un espai reduït en blanc i negre.

I si parlem de somnis, no pot faltar Una cançó de molt lluny, d’A. F. Harrold, publicada en castellà i en català per Blackie Books. Es tracta d’una història tendre, escrita amb una prosa senzilla i amable que et convida a deixar-te portar. Sí, és possible que molts pensin que és una novel·la juvenil, però la veritat és que les novel·les de Harrold les poden llegir tots aquells que estiguin disposats a imaginar. Perquè és un cant a la imaginació; també a la amistat, a ser un mateix i a lluitar contra els que maltracten. Màgia i realitat es donen la mà en aquesta petita història que t’obre una finestra a un altre món, a una realitat que coneixes, encara que no l’hagis vist mai, i que ens recorda la importància de no deixar-se trepitjar mai.

I per acabar, dues recomanacions que són, en el fons, a cegues, perquè no me’ls he llegit, encara que estan a la capçalera de la llista de pendents. Un és el meravellós recull de contes d’Elisenda Solsona, Satèl·lits, que ha publicat Males Herbes i que ha rebut molt bones crítiques. L’altre és The Leftovers, de Tom Perrota, publicat ja fa uns anys per Edicions del Periscopi. No sé quins seran els paral·lelisme  amb la sèrie, però si aconsegueix transmetre el mateix, pot ser un gran llibre.

Si cap d’aquests us motiva, n’hi ha un munt més. Aneu a les llibreries, que també obren a l’estiu i deixeu que us recomanin, i encomanin, alguna lectura.

Bon estiu i bones lectures!

Inés Macpherson

Una canción de muy lejos, de A. F. Harrold (Blackie Books)

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Todos tenemos secretos. Frank no le ha contado a nadie que Neil Nobel y sus amigos la insultan, se burlan de ella y le hacen la vida imposible. Es un peso que lleva en silencio, porque nadie parece entenderlo cuando lo explica, como si la crueldad no fuera posible. Pero lo es. Y ella tiene que soportarla el día en que sale a la calle a colgar carteles con la foto de su gato, que se ha perdido.

Mientras Neil Noble y los otros le rompen los carteles y se burlan de ella, aparece Nick Underbridge, el chico raro de la clase. Ni siquiera Frank es amiga suya, porque todo el mundo huye de él: es grande, huele raro y dicen cosas horribles sobre él. Pero a pesar de ello, Nick la defiende. Y aunque la voz del estómago de Frank le dice que no es buena idea, ella acepta su ayuda y huyen a casa de Nick. Allí, Frank descubre el secreto de Nick: entre esas paredes resuena una música, una canción que no ha escuchado nunca. Una canción de muy lejos que entraña muchos otros secretos.

El problema de los secretos compartidos es que, a veces, se escapan por las grietas de las paredes… o de las ventanas. Y los cazan escritores como A. F. Harrold en libros como esta maravilla publicada por Blackie Books: Una canción de muy lejos.

Una canción de muy lejos

Hay algo envolvente en la prosa de A. F. Harrold y que la traducción de Gemma Rovira transmite a la perfección. Abres la primera página, empiezas a leer y no puedes soltarlo. Las palabras te llevan a dibujar en tu cabeza lo que está ocurriendo. No eres consciente de si esa capacidad cinematográfica de tu cerebro está alimentada por las ilustraciones, por las descripciones o simplemente por la forma en que se van encadenando las palabras, los sucesos, con una sencillez mágica que hace que seas niño de nuevo. Porque sí, es cierto que este libro puede ser catalogado como novela juvenil, pero también es cierto que lo puede leer cualquier persona que esté dispuesta a imaginar que hay puertas que llevan a Narnia o a realidades más oscuras en las que copias de nuestros parientes nos esperan para conseguir que nos cambiemos los ojos por botones.

La comparación con Gaiman no es aleatoria. Ambos escritores comparten una capacidad extraordinaria por hilvanar lo mágico y lo oscuro en una realidad reconocible. En el caso de Harrold, Una canción de muy lejos retrata un problema conocido, el del bullying. Y lo hace a través de los ojos de la protagonista, Frank, quien calla ante los adultos porque está cansada de escuchar cómo le quitan importancia, cómo le dicen que son cosas de chicos, de la edad… Pero también lo retrata a través de los de Nick, ese chico distinto al que todo el mundo rechaza, incluso Frank, porque es torpe, grande y huele raro. Ella, que sufre la tortura de sus compañeros, rechaza también a ese chico porque teme que, si se hace amiga suya, sus amigas dejarán de hablar con ella. Encajar, ser una sombra, difuminarse con los demás para no destacar y que te dejen en paz. Ese es el sueño de muchos, pero, a veces, la realidad, o las otras realidades, hacen que tengas que decidir ser. Y tanto Frank como Nick tendrán que decidir ser mucho más de lo que creían ser. Porque la canción que suena en el sótano de Nick no es normal, ni tampoco lo es el lugar del que proviene.

La imaginación de Harrold ya quedó demostrada en Los imaginarios, otro maravilloso canto a la amistad y a la identidad que Blackie Books publicó en 2017. Ahora, con Una canción de muy lejos vuelven a regalarnos la oportunidad de adentrarnos en las páginas de un mundo creado con precisión y cariño, porque se nota que Harrold vuelca en sus historias un afecto especial por la magia, por los cuentos que resuenan entre líneas y que nos arrastran a observar por la ventana del sótano para ver si allí hay otras ventanas que normalmente no vemos. Acompañado por las ilustraciones sombrías de Levi Pinfold, jugamos a caminar entre la realidad y la fantasía, entre la luz y la oscuridad que se cuela por las rendijas y que a veces desaparece, pero no siempre.

La calidez y sencillez de la prosa de Harrold te atrapa, te envuelve, y te dejas llevar. Y cuando cierras el libro, tienes la sensación de que, durante unas horas, alguien te ha abierto una ventana a otro mundo, a otra realidad que tiene ecos de la que conoces, pero que sabe resaltar la magia que hay en un gesto tan simple como ayudar a otro a no dejarse pisar.

Inés Macpherson
Reseña original escrita para Anika Entre Libros

Lena y Karl, de Mo Daviau (Blackie Books)

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La música puede ser un pedazo de tiempo. Cuando escuchamos una canción que nos ha acompañado durante años, los primeros acordes nos pueden trasladar al pasado: recordamos la primera vez que la escuchamos, quién nos regaló el K7 o el CD, si lo escuchamos en directo o no, si ocurrió algo mientras se agotaba el estribillo. Las canciones pueden ser extraordinarias máquinas del tiempo que nos dejan volver a una carretera, a una ciudad, a un abrazo… y hay máquinas del tiempo, o como mínimo agujeros de gusano, que nos pueden llevar de nuevo a esas canciones, a esos conciertos.

Lena y Karl (2)

Esa podría ser a grandes rasgos la premisa de Lena y Karl, de Mo Daviau, publicada por Blackie Books y traducida por Carles Andreu. Sí, hay viajes en el tiempo y hay música, mucha música. Pero hay mucho más, porque es una historia de amor y una reflexión sobre nuestra relación con el pasado. Vemos cómo los acontecimientos que nos marcan la piel y la vida se propagan en todas las direcciones posibles; cómo a veces nos anclamos a un recuerdo porque nos da demasiado miedo crear nuevos, y que, también a veces, el hogar no es tanto un lugar como una sensación, un sentimiento.

Y en este libro es tan importante la historia que leemos como esa sensación que nos deja, ese poso amable y risueño que se queda en nosotros a pesar de las cicatrices que nos muestra. No sé si los argumentos científicos que aparecen son o no correctos, reales o plausibles. Desde que vi la película Primer, dirigida por Shane Carruth, decidí que a veces no era necesario comprender del todo los conceptos, sino dejarse llevar; parar el tiempo un rato y disfrutar de la historia; una historia que, en este caso, también es un homenaje al rock, a esa magia de escuchar música en directo que te permite aislarte durante unas horas del mundo y formar parte de un todo mucho más grande que tú y que, a menudo, se detiene en el espacio y el tiempo. Pero eso no lo consigue únicamente un concierto; hay otras situaciones donde uno puede sentirse así. El problema es que Karl y Lena no saben si son capaces de encontrarlas.

Como anuncia la propia editorial, en esta novela encontramos algo de Regreso al futuro y de Alta fidelidad, pero también hay algo de la película El efecto mariposa, de Eric Bress. Hay momentos de humor y escenas que nos devuelven a la realidad y nos recuerdan que, a pesar de ser una ficción, o quizás precisamente por eso, lo que tenemos entre manos es una historia, y las historias nos hablan siempre de personas, aunque sean personajes. Cada uno de los protagonistas, sean los principales como Lena, Karl y Wayne, sean los secundarios, tiene cicatrices en su tiempo vivido, agujeros que los han devorado por dentro hasta crear un vacío que ni siquiera una posible visita al pasado puede llenar; ni siquiera intentar reescribir el pasado puede llenar. Y a pesar de ello, sobreviven, siguen escribiendo sus días. Eso es lo que hace que esta historia tenga algo entrañable, algo que te hace sonreír al llegar a la última página.

Así que para aquellos que sueñan con encontrar un día un agujero de gusano en su armario o construir una máquina del tiempo en el garaje; para aquellos que siguen escuchando una canción con la misma emoción que la primera vez y sueñan con poder parar el tiempo en un concierto; para aquellos que, como yo, han soñado alguna vez con poder ver en directo a David Bowie o viajar al pasado para ver los primeros conciertos de Bruce Springsteen o Led Zeppelin, este es su libro. Porque es una novela para disfrutar, para soñar en las posibilidades musicotemporales de la vida y recordar que son nuestras ganas de transformar la realidad, de descubrir lo que vale la pena en ella, incluso cuando no lo parece, lo que nos empuja a bailar, a cantar, a ir a conciertos y llenar la vida de bandas sonoras… Porque, como dice Karl al principio del libro, si todo fuera exactamente como quisiéramos en nuestras vidas, ¿para qué necesitaríamos la música… o los viajes en el tiempo?

¡Feliz martes y felices lecturas!

Inés Macpherson

Kafkiana. Relatos de Franz Kafka, de Peter Kuper (Sexto Piso)

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Franz Kafka murió un día como hoy, 3 de junio, pero del año 1924. Tanto El proceso como El castillo son novelas que te llevan más allá del relato y te invitan a reflexionar sobre un sistema que él conoció a la perfección, pues trabajó durante años en esa red de burocracia que supo retratar y criticar. Pero debo reconocer que sus cuentos siempre me han parecido extraordinarios porque incluso los más cortos están cargados de un simbolismo y de un mensaje que ofrece diversas lecturas. Por eso, aprovechando la fecha, me gustaría recomendar Kafkiana, de Peter Kuper. Se trata de una adaptación  de catorce de los relatos más emblemáticos de Kafka, entre los que se encuentran «El artista del hambre», «El buitre» o «En la colonia penitenciaria», donde Kuper lleva la historia a su terreno gráfico, y lo hace cargándolos de un significado que, a pesar de intentar evocar su tiempo, también entronca con la actualidad.

Esta novela gráfica permite adentrarse en el universo kafkiano de una forma distinta, más directa, con una interpretación visual que aúna el mundo de Kafka y el de Kuper, y que consigue llevar el humor y el desasosiego de los relatos a otro nivel.

Kafkiana portada

El universo de Kafka es ácido, crítico, perturbador y cargado de un extraño sentido del humor que nos invita a reír ante la impavidez con la que reaccionan los personajes ante las situaciones más desconcertantes y dolorosas, hasta que nos horrorizamos al comprender que, en el fondo, en esa misma risa anida una crítica que quizás no queremos ver. Una crítica que Kuper ha intentado reinterpretar en clave actual, revistiendo el texto con nuevos referentes visuales. Lo hace con «Ante la ley», donde el protagonista ya no es simplemente un hombre, sino un hombre de raza negra al que se le niega el acceso a la ley. De esta manera, el relato no es sólo una reflexión sobre la ley, sino una forma sutil de mostrar el doble rasero con el que se juzga en ciertos países. También lo hace con «Los árboles», donde el texto le permite reflexionar sobre la situación de los indigentes a través de la ilustración, generando un extraño choque entre lo que podría haber parecido una imagen poética de los árboles y la dolorosa realidad que vemos diariamente en las calles. Pero no sólo se dedica a cargar las historias con nuevos elementos críticos, sino que, al utilizar imágenes concretas, llenas de intención, otorga a los relatos un significado que quizás incluso aquellos que han leído y releído a Kafka no habían visto.

Y es que lo más interesante de este Kafkiana es la manera en que el texto y la imagen interactúan. Kuper ha conseguido fusionar los dos lenguajes de forma increíble. Quizás se debe al hecho que ha utilizado una traducción directa del alemán, lo que le ha permitido jugar con las palabras para encontrar la que mejor funciona en cada momento, en cada espacio. De esa manera, el puente entre texto y viñeta funciona casi como un flujo. Para aquellos que no estén acostumbrados a la novela gráfica, se darán cuenta que no importa, porque la imagen funciona a su vez como texto, que fluye hacia el mismo lugar que las palabras, creando un mapa de sueños perturbadores llevados al papel.

Original, para aquellos que no conocen la obra de Kafka es una curiosa manera de acercarse a ella; para aquellos que ya la han leído, es una forma de descubrir otro de los posibles caminos que nos ofrecen sus relatos. Pero también es una buena manera de conocer a Kuper, quien demuestra en este libro su capacidad de condensar una idea en un blanco y negro denso, ácido y preciso.

¡Feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson
(Reseña redactada originalmente para Ankia Entre Libros)

Lago negro de tus ojos, de Guillem López (Alianza Editorial/Runas)

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Leer a un autor por primera vez siempre tiene algo especial. No sabes nada de su universo imaginario ni de su estilo. Simplemente has visto que una persona, en cuyo gusto literario confías, lo recomienda y decides comprar el libro sin más, sin mirar la contraportada, a ciegas. Tras leer Lago negro de tus ojos, de Guillem López (publicado en la colección Runas, de Alianza Editorial) puedo decir abiertamente que agradezco mi tendencia a fiarme del criterio de ciertos libreros como Antonio Torrubia, porque es una novela que se devora y te devora. Sí, ayuda su extensión, que no supera las 140 páginas, pero hay universos y lugares que te atrapan, y El Clot que describe Guillem López lo hace.

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La novela nos sitúa en un mundo en el que, tras el Incidente, han aparecido unas extrañas lagunas. La más grande de ellas está en El Clot, el pueblo natal de Carla Babiloni, una periodista que deberá regresar a esa tierra para investigar la desaparición de una actriz. Desde el principio se da cuenta de que no es bienvenida. Por un lado, a su alrededor se construye una especie de muro de mutismo y eufemismos relacionado con un evento previo al Incidente del que nadie habla, pero que se palpa en el ambiente, sobre todo cuando se menciona su casa; y, por otro, uno tiene la sensación de que ese pueblo es un microclima, no solo por la laguna y los bichos que merodean a su alrededor y que han invadido la zona, sino porque ese silencio que se respira calla algo más que un pasado oscuro. La seguridad que protege la laguna, las medias verdades y medias mentiras oficiales que le van contando generan una inquietante certeza: esa laguna desde la que teóricamente se ven las estrellas es algo más, aunque quizás nadie sepa lo que es. O quizás sí.

Pero lo que hace que Lago negro de tus ojos sea una historia interesante no es solo el argumento o el ambiente, sino la voz narrativa. Ante todo, aquí decir que estamos ante una narración visual es más que acertado, porque muchas de las escenas son viñetas que nos describen la acción. No podemos ver el dibujo, pero lo vemos, y ese juego entre lo que ocurre y lo que se nos narra, lo que pasa en la realidad y en la visión de la realidad, hace que entremos en una ficción que sabe jugar con nosotros, engañándonos abiertamente o diciendo que lo hace, aunque no lo haga. El narrador es un personaje que es capaz de parecer anodino, normal, como cualquiera de nosotros, pero a su vez también es capaz de despertar no sé si rechazo, pero sí extrañeza; un desasosiego que va creciendo y disminuyendo, descolocando al lector, pero a la vez enseñándole las cartas. El pasado y el presente se mezclan en la forma en que va hilvanando los acontecimientos; escenas y viñetas dibujadas por él y explicadas a un psicólogo se van enredando hasta llegar a unas páginas finales magníficas, que consiguen transmitir, a nivel narrativo y visual, el horror y la locura de una historia que pasa y no pasa, que nos lleva a las montañas de la locura y nos arranca de ellas. En un momento de la novela, él nos dice que el objetivo es completar la obra. Y lo hace, pero recordemos que, a veces, un final no es tal cosa, y una ficción tampoco, aunque en este caso, ¿cuál es la ficción? «Toda ficción es una mentira piadosa, una manera de suavizar el trauma que supone enfrentarse a la realidad cotidiana».

Esta es una novela que pide que te adentres en ella sin más, sin pensar, para dejarse llevar por el autor, que nos invita a sumergirnos en viñetas y en escenas para jugar con nuestras certezas y nuestra incertidumbre, con referentes conocidos que después se difuminan para volver a renacer, siempre cambiantes, pero presentes en ese reflejo que a veces no queremos ver y que nos recuerda que todos podemos ser monstruos.

¡Feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson

La primera vez que vi un fantasma, de Solange Rodríguez Pappe (Editorial Candaya)

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¿De qué están hechos los fantasmas? ¿Qué lugares habitan? En los cuentos que Solange Rodríguez Pappe ha reunido bajo el título La primera vez que vi un fantasma (Editorial Candaya, octubre 2018), los espectros tienen muchas formas, pero habitan los interiores, sobre todo los de las personas, aunque siempre aparezcan hacia fuera, entre las paredes de un hotel o en los nudos de una trenza. Y están hechos de sus miedos y deseos. Porque los humanos estamos hechos de ese material, y a veces se nos escapa de las manos y nos devuelve la mirada.

En estos cuentos, los fantasmas y los monstruos aparecen en la tripa de una gata embarazada, en el relato aparentemente inocente de una chica, en los sueños compartidos, en mundos distópicos y en relatos que son una especie de muñeca rusa donde personajes y lector tienen mucho que decir… o no. Lo extraño se arrastra por las calles, te observa desde la sombra, se deja intuir en una herida, en un vacío en la forma de una mujer que comprende que el dolor es otro fantasma, uno que puede ser muy cruel. Porque, al final, forman parte de nosotros.

LaPrimeraVez

Siguiendo la estela de otras mujeres que han sabido jugar con la idea de los fantasmas como algo que no habita el más allá, sino el más acá, donde las heridas internas supuran dolores y soledades que toman formas espectrales, Solange Rodríguez construye un conjunto de relatos donde nuestros deseos, tanto los de venganza como los de sentirnos queridos, adquieren una fuerza fantástica y sobrenatural. Son fantasmas que se adhieren a nosotros, porque en el fondo forman parte de nuestra piel y nuestros sueños. No son un susurro en la nuca ni una sombra difusa en el pasillo. No se esconden tras la puerta ni aguardan a asustarte en una esquina solitaria en plena noche. Son más bien espejos que señalan con el dedo los miedos que nos mordemos para que nadie los vea. Pero al final los vemos nosotros.

Lo más interesante de los relatos que forman La primera vez que vi un fantasma es la sensación de estar transitando por mundos extraños que, a su vez, son completamente naturales. La forma en que lo cotidiano se va transformando en extraño no resulta chocante, es casi como si tuviera que ser de esa manera. Es cierto que hay una preparación en la forma en que presenta la atmósfera, pero al llegar al final del cuento sabes que no podía ser de otra manera. Probablemente esto se consigue precisamente por esa capacidad de extraer del interior los fantasmas y dejarlos caminar a tu lado.

Hay relatos que se condensan en apenas una o dos páginas, jugando con ese don que tienen algunos escritores para crear una historia con casi nada. Simbólicos, con pinceladas de metaliteratura y atreviéndose a jugar con la estructura misma del cuento en el propio relato, recordando lo que es un final abierto, estos pequeños cuentos contrastan con los cuerpos más sólidos que los acompañan, donde la autora te sumerge mucho más, te lleva de la mano a un universo denso, no porque pese, sino porque te toca. Historias como la de «Matadora» o «La primera vez que vi un fantasma» son dos ejemplos perfectos de esta brumosa densidad que te envuelve. Son dos historias que, además, salpican con una realidad conocida, la del abandono y la violencia contra la mujer. En ambos casos, las protagonistas son conscientes de lo que ocurre, pero en cada relato la reacción es distinta, porque a veces podemos acoger a nuestros fantasmas, hacerlos nuestros, pero otras veces simplemente podemos observar cómo nos rondan, un recordatorio constante del hueco del que han salido.

La primera vez que vi un fantasma es una muestra más de la capacidad que tienen algunos escritores para jugar con el miedo desde otro punto de vista; un miedo que, aunque sea oscuro, no necesita ni la noche ni las sombras para arañarte por dentro.

¡Feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson

Els àngels em miren, de Marc Pastor (Amsterdam)

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Sovint, quan un llegeix novel·la negra, sap que l’autor l’està portant de la mà pel laberint que ell ha dibuixat per confondre al lector, donar pistes que acaben en no-res, o per fer que cregui que sap qui és el culpable per després demostrar-li que no. Doncs bé, crec que per primer cop no tinc aquesta sensació. No m’han volgut portar ni enganyar ni dir-me per on anar. M’han mostrat un trencaclosques i m’han deixat anar mirant, observant cada peça fins que, poc a poc, tot estava allà, sencer, resolt, però alhora amb un tel de misteri que encara bategava en arribar al paràgraf final. I és que Els àngels em miren, de Marc Pastor, publicat per Amsterdam el març de 2019, té el do de ser una novel·la tan coral que vas seguint totes les passes sense necessitat de voler-te avançar. Sé que pot semblar estrany, perquè normalment sempre es diu d’aquestes novel·les que han d’atrapar perquè vols saber què passa. I sí, vols saber què passa, però no és això el que fa que t’hi enganxis, el que fa que et quedis fins les dues de la matinada llegint al sofà maleint l’autor perquè toca matinar i estàs allà, pensant en llegir un altre capítol més; és el fet d’estar davant d’una història que té vida. Perquè en té. La forma en què van apareixent els personatges, tots ells, fa que no sigui un únic cos el que es mou, sinó diversos, fent que la narració i el que explica sigui palpable, visual.

Els àngels ens miren

Amb pocs trets, aconsegueixes veure els espais i els personatges. La manera en què et presenta Abraham Corvo és magnífica, perquè el vesteix amb una sèrie de detalls que, sense necessitat de dir res, et diuen molt. Aquest aspecte visual dels personatges i que els hi va donant cos també té a veure amb el marc físic que els acompanya, una ciutat de Barcelona que rep una mena d’homenatge on es mostra tot allò que la ciutat d’aparador que es vol vendre cap a fora no té. Una Barcelona que «és una ciutat pintada de capes d’oblit», però que també està plena de vida i d’espais que, aquells que l’hem passejat des de fa anys, reconeixem perfectament: la Mistral, la Gigamesh i el seu llibreter…

I entre aquests carrers se’ns va presentant la història, que comença amb el descobriment dels cadàvers de dues noies que semblen víctimes d’alguna mena de ritual: capiculades, amb la llengua tallada i un tatuatge d’unes ales d’àngel. A partir d’aquí es comença a dibuixar el mapa de les vides de les noies, dels sospitosos i de tots els implicats en la investigació. Fugint de les típiques històries on trobem un investigador solitari, traumatitzat i normalment amb tendència a abusar de l’alcohol, Marc Pastor ens deixa clar que hi ha un personatge principal, el fascinant Abraham Corvo i aquesta veu que porta a dins, aquesta pulsió obscura, però que no està sol. Les dinàmiques entre els companys, amb els fiscals o els jutges permeten dibuixar una complexitat humana que sovint se’ns escapa en altres llibres.

Per si això no fos prou, el marc general de la novel·la és una mena d’ucronia on Catalunya a declarat la independència, amb tots els problemes que això representa. Per tant, mentre els sospitosos van apareixent i desapareixent, aquests fets bateguen al darrera, parlant-nos d’una actualitat que ens interpel·la i que ens explica que no tot és tan simple ni tan blanc o negre com alguns creuen, i fent que la novel·la sigui encara més coral i més intricada.

Els àngels em miren és un llibre que demostra l’ofici d’un escriptor. Es respira la passió pel que fa i el domini de la llengua, dels espais i dels ritmes. És una mostra de com es pot construir un món a partir d’una realitat coneguda i filtrar possibilitats històriques, fantàstiques i personals per crear un cos narratiu que funciona i que fa que et miris els àngels d’una altra manera.

Així que, deixeu que els àngels també us mirin.

Bon diumenge i bones lectures!

Inés Macpherson