Carnada, de Pep Prieto (Bridge)

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Actualment hi ha un munt de llibres que porten una faixa de color amb frases que el recomanen, l’aplaudeixen i el deixen pels núvols. Bé, doncs hi ha llibres que haurien de portar una d’aquestes faixes, però amb una advertència: no llegir fora de casa. Perquè si ho fas pots patir un atac de timidesa salvatge perquè tot el vagó del metro et mira. Primer, perquè la portada (de l’Àlex Santaló) crida molt l’atenció. I segon, perquè el riure que se t’escapa cada dos per tres fa que la gent es pregunti què coi estàs llegint. Ben mirat, potser és una bona manera de donar visibilitat a un llibre, perquè segur que es quedaran amb el títol.

CarnadaI quin títol és? Doncs Carnada, d’en Pep Prieto. No és una novetat, però els llibres no haurien de tenir data de caducitat, així que, malgrat sortís publicat per Bridge al febrer, en parlo ara, que sembla que s’acaba el 2018 perquè ja ve Nadal si fem cas dels anuncis i el torrons que hi ha al supermercat. Però això és un altre tema. El tema ara és aquesta comèdia d’acció esbojarrada situada a la Barcelona actual i amb un retrat àcid i carregat d’humor d’alguns elements habituals de la nostra ciutat i la nostra societat en general.

 

La història està narrada pel protagonista amb una primera persona que fa que el puguis veure i sentir, fet que permet que estiguis allà plantat, al seu costat, com si t’estigués mostrant un seguit de fotogrames que acompanyen les seves paraules. I és que es tracta d’una novel·la molt visual, amb un ritme molt cinematogràfic. De fet, la novel·la en sí ho és, i no només pels títols dels capítols, que són pel·lícules, sinó perquè està plena de referències que ajuden també a aquesta sensació visual que recorre tot el llibre. De fet, un podria tenir la sensació d’estar dins d’una de les pel·lícules de “The Three Flavours Cornetto trilogy” d’Edgar Wright i protagonitzades pel gran Simon Pegg i Nick Frost. O de totes tres, perquè el ritme, la parella d’amics (meravellós tàndem que es converteix en un trio encara més memorable pel personatge del pare, que és com un diccionari de frases que no es diuen, es disparen, i amb un alt contingut de referències al seu entrecuix) i la presència de zombis i bars és una barreja que podria ser un homenatge a les tres.

Carnada ens presenta a dos amics periodistes que, per un encàrrec, es veuen abocats a una situació que poc a poc se’ls hi escapa de les mans, fins que descobreixen que la situació s’ha sortit de mare a tota la ciutat. Hi ha diàlegs per emmarcar, escenes boges, persecucions, pavellons a cementiris, llops i moltes referències musicals (menció especial al retrat que fa sobre Boig per tu). Però sobretot hi ha un narrador que aconsegueix que, durant una estona, el teu cervell vagi al seu ritme i pugui viatjar a tota hòstia per una Barcelona d’apocalipsis zombi meravellosa.

Per tant, si voleu passar una bona estona, recórrer la ciutat d’una altra manera i formar part d’un viatge ple d’humor i un punt crític, ja sabeu… No cal convertir-se en Carnada, però sí que val la pena llegir-lo. Perquè és una gran manera de recordar que no cal que ens prenguem sempre tan seriosament. Riure, i riure’s d’un mateix, és molt saludable.

Bon dimarts i bones lectures!

Inés Macpherson

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Un pequeño homenaje al álbum ilustrado

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semanadelálbum.jpgAprovechando que el día 2 empezó la Semana del Álbum, que durará hasta el 11 de noviembre, y que quiere dar visibilidad al álbum ilustrado y acercarlo tanto a pequeños como a mayores, me gustaría hacerle un pequeño homenaje, con recomendaciones incluidas. Pero antes me gustaría hablar del placer que supone la lectura. A menudo la gente pregunta cómo se hacen lectores o cómo te convertiste tú en lector. No sé si existe una única fórmula. Creo que no, pero no soy una experta en el tema. Simplemente me apasionan las historias, desde que era pequeña, cuando me quejaba si alguien intentaba que el cuento avanzara más rápido y se saltaba una parte que yo ya había hecho mía. En casa siempre hubo libros. Mis hermanos y yo crecimos rodeados de libros y, de los tres, yo soy la que ha continuado con esta pasión, u obsesión, depende de cómo se mire. Por lo tanto, no sé si es porque mis padres leían o por los cuentos que mi padre nos explicaba, o por las magníficas libreras que teníamos en el barrio, que sabían tanto de libros como de personas, porque siempre acertaban, o porque nací con la necesidad de ver la vida desde todos los puntos de vista… Quizás fue una mezcla de todo, pero, al final, aquí estamos, hablando de libros.

En el universo literario, hay mundos en los que te adentras de forma solitaria y voluntaria, a veces movido por una portada que te llama tanto la atención que no puedes evitarlo y acaba en tu estantería, o por un título que te guiña el ojo. Pero hay otros que descubres gracias a otra persona. Si mi hermano mayor fue quien me introdujo en el imaginario musical que ahora forma parte de la banda sonora de mi vida, el mediano fue el que me abrió las puertas al mundo ilustrado. Él siempre había dibujado, sobre IMG-20181103-WA0001todo animales y unos dinosaurios maravillosos, que ahora también dibuja su hijo, pero eso ya es otra historia. Como era de esperar, movido por esa pasión plástica, estudió en la Llotja. Entre sus compañeros estaba Roger Olmos, un ilustrador que sigue llenando de tinta y colores un montón de historias. Tuve la suerte y el placer de ver uno de mis cuentos ilustrados por él, para una exposición que se hizo por aquel entonces (aquí tenéis una de las piezas).

Fue de la mano de mi hermano y de Roger que descubrí que el mundo ilustrado es mucho más grande de lo que pensaba. El cuadro más bonito del mundo, publicado por Kalandraka y con texto de Miquel Obiols e ilustrado por Roger Olmos, fue uno de los primeros álbumes que entraron en casa. Los sobrinos y las sobrinas han sido una gran excusa para buscar y encontrar maravillas como la surrealista historia de amor de Sígueme, con texto de José Campanari e ilustrado por Roger Olmos, publicado por OQO Editora en 2007.

3035¿Por qué este repaso casi familiar? Pues porque ahora quiero hablar de algunas de esas joyas ilustradas que, aunque no sean todas novedades, siempre valen la pena. Empezaré por una recomendación que va más allá de un título porque cualquier libro de Oliver Jeffers es una maravilla. Su imaginario parece sencillo, pero siempre hay algo más profundo, más simbólico… Hay historias llenas de ternura y otras que saben hablar de la pérdida de una forma sutil y bien hilada. Quizás uno de los que más me gusta de este artista sea La niña de los libros (Andana Editorial, 2017), un título que firma junto a Sam Winston y que es un maravilloso viaje por el imaginario de las palabras que nos explica qué pasa cuando nos sumergimos en ellas.

Otra joya ilustrada que quería señalar, y que tiene unos cuantos años, es Habría que… de Thierry Lenain, con ilustraciones de Olivier Tallec y publicado por Kokinos en 2005. Una dura reflexión sobre nuestra realidad con un final tierno que llega al corazón. Por supuesto, también vale la pena recordar la obra de Rébecca Dautremer, a quien yo descubrí, gracias a mi hermano, con Enamorados, también publicada por Kokinos, en 2003, donde encontramos una tierna e ingeniosa historia que intenta responder una de las preguntas más difíciles de contestar: ¿qué es estar enamorado?

También encontramos nuevas formas de explicar los clásicos, como la Caperucita roja. Probablemente una de las adaptaciones más sutiles y a su vez con más mala leche sea Una Caperucita roja, de Marjolaine Leray, publicado por Océano Travesía en 2009.

Y si nos acercamos a la actualidad, encontramos el trabajo de Blackie Books con su sello Blackie Little, donde se ha publicado un pequeño canto a la imaginación: Esta es Anita, de Sara O’Leary y Julie Morstad (se puede encontrar tanto en castellano como en cuberta UNA HISTORIA.inddcatalán). En relación a este tipo de libros que hablan de la imaginación o la creatividad, encontramos una curiosa apuesta de la mano de Kalandraka, que ha publicado, tanto en castellano como en catalán, un álbum que, a pesar de la sencillez de sus ilustraciones, no es tan sencillo como parece. Se trata de Una historia, de Marianna Coppo, que nos propone un viaje un tanto surrealista para entender cómo nacen las historias.

También encontramos cuentos dedicados a los monstruos, como el publicado por Thule, Para esconderse de un monstruo, de Gustavo Roldán, o las historias de Martina y Anitram, de Santi Balmes con ilustraciones de Lyona, que en ahora viajan al país de los calcetines perdidos (Principal de los libros).

Por supuesto, hay otras maravillas, libros con ilustradores que saben cómo conectar con los niños y cómo llamar la atención de los adultos. A veces las historias están pensadas para los más pequeños, otras podrían gustar a niños y mayores por igual, y en otras ocasiones son en sí mismas pequeñas obras de arte. Pero al final, lo más importante es que de la misma manera que debemos valorar el trabajo de quien crea un mundo con la palabra, debemos valorar el trabajo de quien da color, cuerpo y corazón a ese mundo. Así que, a disfrutar de los cuentos, las charlas y todas las propuestas que ofrece esta semana (aquí encontraréis toda la información de las actividades que se harán en las ciudades que participan: http://webdelalbum.org/la-semana-del-album/), porque, al final, todos disfrutamos con una historia, nos la expliquen con palabras, con ilustraciones o con las manos.

¡Feliz lunes y felices lecturas ilustradas!

Inés Macpherson

Un petit homenatge a l’àlbum il·lustrat

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semanadelálbum.jpgAprofitant que el dia 2 es va iniciar la Setmana de l’Àlbum, que durarà fins a l’11 de novembre i que vol donar visibilitat a l’àlbum il·lustrat i apropar-lo tant a petits com grans, li voldria fer un petit homenatge, amb recomanacions incloses. Però per arribar fins a ell, primer voldria parlar d’aquest plaer que suposa llegir. Sovint la gent et pregunta com es fan lectors o com et vas fer tu lectora. No sé si existeix una fórmula única. Crec que no, però no sóc cap experta en el tema. Simplement m’apassionen les històries, des de ben petita, quan em queixava si algú volia fer que el conte anés més ràpid i es saltava alguna part que jo ja havia fet meva. A casa sempre va haver-hi llibres. Els meus germans i jo vam créixer rodejats de llibres i, dels tres, jo sóc la que ha continuat amb aquesta dèria. Per tant, no sé si és perquè els meus pares llegien o pels contes que el meu pare ens explicava o per les meravelloses llibreteres que hi havia al barri i que sabien tant de llibres com de persones, perquè sempre l’encertaven, o perquè vaig néixer amb la necessitat de veure la vida des de tots els punts de vista possibles… Potser va ser una barreja de tot, però aquí estem, parlant de llibres.

Dins l’univers literari, hi ha mons on entres de forma solitària i voluntària, a vegades mogut per una coberta que et crida tant l’atenció que no pots evitar-ho i acaba al prestatge de casa teva, o per un títol que et pica l’ullet. Però n’hi ha d’altres que descobreixes gràcies a una altra persona. Si el meu germà gran em va introduir a l’imaginari musical que ara forma part de la banda sonora de la meva vida, el mitjà va ser qui em va obrir les portes al món il·lustrat. Ell sempre havia dibuixat, sobretot animals i uns dinosaures meravellosos que ara també dibuixa el seu fill, però això ja és una altra història. Com era d’esperar, mogut per aquesta passió plàstica, va estudiar a la Llotja. Entre els IMG-20181103-WA0001seus companys hi havia el Roger Olmos, un il·lustrador que segueix omplint de tinta i colors un munt d’històries. Jo vaig tenir la sort i el plaer de veure un dels meus contes il·lustrats per ell, per a una exposició que es va fer en aquella època (aquí teniu una de les peces).

Va ser de la mà del meu germà i del Roger que vaig descobrir que el món il·lustrat era molt més gran del què pensava. El quadre més bonic del món, publicat per Kalandraka i amb text de Miquel Obiols i il·lustrat pel Roger Olmos, va ser dels primers àlbums que van entrar a casa, i n’han seguit entrant. Els nebots i les nebodes han estat una gran excusa per buscar i trobar meravelles, com la surrealista història d’amor de Segueix-me, amb text de José Campanari i il·lustracions també de Roger Olmos, publicat per OQO Editora al 2007.

3035Per què aquest repàs quasi familiar? Doncs perquè ara vull parlar d’alguna d’aquestes joies il·lustrades que, malgrat no ser totes novetats, sempre valen la pena. Començaré per una recomanació que va més enllà d’un títol, perquè qualsevol dels llibres d’Oliver Jeffers és una meravella. El seu imaginari sembla senzill, però sempre hi ha alguna cosa més profunda, més simbòlica… Hi ha històries plenes de tendresa i d’altres que parlen de la pèrdua d’una forma subtil i molt ben trobada. Potser un dels que més m’agrada d’aquest artista Oés La nena dels llibres (Andana Editorial, 2017), un títol que signa amb Sam Winston i que és un meravellós viatge per l’imaginari de les paraules, que ens explica què passa quan ens submergim en elles.

Una altra joia il·lustrades que voldria assenyalar, i que ja té uns quants anys, és Habría que… de Thierry Lenain, amb il·lustracions d’Olivier Tallec i publicat per Kokinos al 2005; una dura reflexió sobre la nostra realitat amb un final tendre que et toca el cor. Per descomptat, també val la pena assenyalar l’obra de Rébecca Dautremer, a qui jo vaig descobrir, gràcies al meu germà, amb Enamorados, també publicada per Kokinos, al 2003, on trobem una història tendra i enginyosa que intenta respondre a una de les preguntes més difícils de contestar: què és això d’estar enamorat?

També trobem noves formes d’explicar els clàssics, com la caputxeta vermella. Probablement una de les adaptacions més subtils i alhora amb més mala llet sigui Una caperucita roja, de Marjolaine Leray, publicada per Océano Travesia al 2009.

I si ens acostem a l’actualitat, trobem la feina de Blackie Books amb el seu segell Blackie Little, on s’ha publicat un petit cant a la imaginació: Aquesta és l’Anita, de Sara cuberta UNA HISTORIA.inddO’Leary i Julie Morstad (es pot trobar tant en castellà com en català). En relació a aquests llibres que ens parlen de la imaginació o de la creativitat, trobem una aposta curiosa de la mà de Kalandraka, que publica en castellà i en català un àlbum que, malgrat la senzillesa de les seves il·lustracions, no és tan senzill com sembla. Es tracta de Un conte, de Marianna Coppo, que ens proposa un viatge una mica surrealista per entendre com neixen les històries.

També trobem contes dedicats als monstres, com el publicat per Thule, Para esconderse de un monstruo, de Gustavo Roldán, o les històries de La Martina i l’Anitram, del Santi Balmes amb il·lustracions de Lyona, que ara viatgen al país dels mitjons perduts (Principal de los libros, 2017).

Per descomptat, hi ha d’altres meravelles, llibres amb il·lustradors que saben com connectar amb els nanos i com cridar l’atenció dels adults. A vegades les històries són per menuts, d’altres podrien agradar a nens i grans per igual, i d’altres són petites obres d’art. El més important de tot plegat és que de la mateixa manera que cal valorar la feina de qui crea un món amb la paraula, també cal valorar la feina de qui pot donar color, cos i cor a aquest món. Així que a gaudir dels contes, de les xerrades i de totes les propostes que ofereix aquesta setmana (aquí trobareu tota la informació de les activitats que es fan a totes les ciutats que participen: http://webdelalbum.org/la-semana-del-album/), perquè tant petits com grans al final gaudim de la mateixa manera d’una història, ens l’expliquin amb paraules, amb il·lustracions o amb les mans.

Bon dilluns i bones lectures il·lustrades!

Inés Macpherson

Llibres que no necessiten etiquetes

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Hi ha llibres que no necessiten etiquetes. Podem intentar definir el que hi ha allà amb una paraula, potser un parell, però s’escapen. Vivim en un moment on ho etiquetem tot, no només als supermercats, sinó a les xarxes socials, on etiquetem les fotografies, els esdeveniments i on els hashtags fan que formem part d’un grup específic, tant nosaltres com el que diem. Tot ben marcat i delimitat (quelcom que aquest mateix post fa, ja que marca els tags i la categoria on ha d’aparèixer). Però hi ha coses que van més enllà. De fet, tot va més enllà, perquè sempre que intentes tancar alguna cosa, aquesta busca la forma de sortir, de desviar-se del camí, de treure’s la cotilla, de vessar i desbordar per tot arreu per mostrat tot el que pot ser.

Hi ha llibres de gènere que encaixen perfectament dins del gènere. Però quasi sempre van una mica més enllà. Fa poc vaig llegir Amnesia, de Federico Axat, publicada per Destino en castellà i per Columna en català. Diuen que és un thriller. I podria ser només un thriller, però té un toc més profund, que també podria fer que es considerés una novel·la de personatges, centrada en la seva evolució psicològica. Una etiqueta a vegades fa que esperem quelcom que no és del tot, perquè, com deia, moltes coses s’escapen de les quatre parets on volem tancar-les. Aquest llibre també és una història que parla de la pèrdua i, sobretot, d’un dels temes tabú que hi ha a la nostra societat: el suïcidi i, particularment, el suïcidi assistit.

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Del suïcidi també parla Permagel, d’Eva Baltasar (Club Editor, 2018), un llibre que em sembla completament inclassificable, perquè és poesia, però també és prosa escrita des de dins, des de ben endins, amb una bellesa que et deixa sense paraules. I alhora és un viatge vital i un drama familiar i un retrat psicològic extraordinari. És un llibre que és moltes coses i no necessita que el tanquem dins d’una etiqueta. En pot tenir moltes, les pot tenir totes; o simplement ser el que és: un gran llibre, una finestra extraordinàriament construïda que ens mostra un petit tros de món. No cal saber res més. És preciós. És palpable i el podries seguir llegint un cop rere un altre, perquè flueix, perquè té una veu narrativa que fa que vagis amb ella on et vulgui portar.

Bon dilluns i bones lectures!

Inés Macpherson

Lucia Berlin, una escritora a reivindicar

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Hace unos días se celebró el día de las escritoras. Pero las voces literarias, sean masculinas o femeninas, se pueden reivindicar todos los días. Por eso, aprovechando que en breve Lucia Berlin volverá a las librerías, publicada en castellano por Alfaguara y en catalán por L’Altra Editorial, creo que este es un buen día, como cualquier otro, para hablar de ella.

En 2016 estas mismas editoriales publicaron Manual para mujeres de la limpieza, el primer libro de Berlin que aparecía en nuestro país. Con él descubrimos no solo a una mujer con una vida digna de convertirse en historia, sino a una escritora que, como muchas otras, sabe escribir desde un lugar profundo y propio. Y es que Berlin utilizaba su propia vida para escribir. Entre sus palabras se iban colando experiencias, traumas, heridas… El dolor, pero también el humor, salpicaba los relatos que narraba con una naturalidad y una sinceridad impresionantes; historias explicadas con crudeza, sin atrezo ni filtros. Directa, salvaje y cómica. Desde las entrañas. Desde la capacidad de mirar el mundo y mirarse a sí misma para encontrar una forma propia de contar la vida.

Una noche en el paraíso

En noviembre aparecerá Una noche en el paraíso (Un vespre al paradís en catalán). Son veintidós cuentos donde probablemente volvamos a encontrar esa mezcla de luz y oscuridad, de humor negro y crudeza, de vitalidad y dolor. Y es que Lucia Berlin es una voz lúcida y cálida que sabe retratar y retratarse desde una ventana abierta al mundo. Sin vergüenza. Con sinceridad. Consciente de que siempre que escribimos volcamos algo de nosotros mismos en el papel. Escribimos desde nosotros. Lo que cambia es dónde ponemos la mirada: dentro o fuera de nosotros. Ella sabía mezclar ambas miradas y convertirlas en parte de su realidad y de su ficción.

Hasta que llegue noviembre, podéis disfrutar de su Manual para mujeres de la limpieza. Si ya lo habéis leído, quedan pocas semanas para volver a caminar con ella por esa América que caminó y vivió, impregnándose de ella tanto en la piel como en la tinta.

¡Feliz miércoles y felices lecturas!

Inés Macpherson

Trazado. Un atlas literario, de Andrew DeGraff y Daniel Harmon (Impedimenta)

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Hay algo mágico en los mapas. Cartografiar el mundo es una manera de verlo, de comprender su dimensión y su profundidad. Contener en un trozo de papel la tierra, el mar o el cielo ha sido una de las misiones del ser humano, que ahora cartografía el interior del cuerpo e incluso el del ADN.

Pero podemos trazar otros tipos de mapas que nos llevan a lugares recónditos, a sueños de infancia o a recuerdos de vida. Hay mapas en la piel de un anciano, en las heridas que guardamos, las visibles y las invisibles; cada caricia traza un camino que luego nosotros podemos recorrer con los ojos cerrados. Hay mapas personales y mapas compartidos. Hay mapas del tesoro que hacían que el jardín de la casa de tus abuelos se convirtiera en una cueva pirata o en una selva amazónica y mapas de lugares imaginarios que te obligaban a volver sobre tus pasos en la lectura, para situar con el dedo el lugar al que se dirigía Frodo.

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Son estos últimos mapas los que encontramos en Trazado. La gracia es que los que nos ofrece Andrew DeGraff no son los típicos mapas.  No hay una X que marque el lugar, ni una cartografía exacta de los lugares que aparecen en la obra literaria que nos muestra. Porque aquí los mapas no plasmas únicamente los lugares, sino los caminos de los personajes. Son mapas que desglosan, que desmontan y montan, que te obligan a imaginar incluso más allá de la historia. Y junto a ellos, los textos de Daniel Harmon nos ofrecen una especie de guía, una manera diferente de leer y comprender las historias a través de unos resúmenes precisos y extraordinarios.

Trazados es un libro especial, distinto.  Puedes perderte más de una vez entre las líneas de colores de sus mapas. Puedes descubrir que te perdiste en algún momento del trayecto, cuando leíste hace tiempo cierta novela o cierto cuento. Y puedes comprender cómo ocupa el espacio una historia.

orgullo y prejuicio

Y es que al final, los mapas, no solo cartografían lugares, sino que nos cartografían a nosotros, nuestra forma de mirar, de ver y de sentir tanto lo que nos rodea como lo que solo podemos tocar cuando cerramos los ojos y empezamos a imaginar.

¡Feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson

 

La maldición de Hill House: Shirley Jackson llega a Netflix

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Normalmente no hablo de series, pero descubrir que Netflix lanzaba este viernes 12 de octubre una adaptación de la novela de Shirley Jackson, La maldición de Hill House (1959), merece una excepción. Para algunos, esta es la que sentó las bases de lo que podríamos denominar el género de las casas encantadas. Y aunque la novela original simplemente haya servido de inspiración y la forma en que se plantee la trama sea distinta, que el nombre de esta extraordinaria autora aparezca mencionado ya es algo a celebrar, porque puede ser una gran manera de dar a conocer la prosa y la imaginación de una mujer que supo inquietar de forma sutil y elegante. Y por lo que apunta el inicio de la serie, esa sutileza parece estar presente. Por supuesto, cuando lo escrito pasa a la pantalla, hay ciertas sensaciones que no se pueden trasladar, pues pertenecen al lector, pero la atmósfera y lo que transmite esa arquitectura gótica intentan, o al menos eso parece al inicio del primer capítulo, respetar en cierto sentido uno de los elementos clave de Jackson: provocar que sintamos angustia sin ver nada. Insisto, cuando se pasa a lo visual, el terror siempre se viste de otra manera, pero el miedo casi nunca viene de fuera. Está en nosotros, al menos al principio, y eso Jackson lo sabía mostrar de una manera increíble.

The Haunting of Hill House

Este resurgir de Shirley Jackson, sobre todo en nuestro país, se debe a la extraordinaria labor de dos editoriales, Editorial Minúscula en castellano y L’Altra Editorial en catalán, que han sabido cuidar al lector y despertar su interés con ediciones de una enorme calidad. La editorial Valdemar había publicado, hace algunos años, la novela en la que se inspira la serie de Netflix, La maldición de Hill House, pero ha sido en los últimos años cuando su nombre ha empezado a aparecer en las estanterías de las librerías de forma más asidua. Los maravillosos Cuentos escogidos o Deja que te cuente. Cuentos inéditos, ensayos y otros escritos, publicados por Minúscula, o Siempre hemos vivido en el castillo, publicado también en catalán por L’Altra Editorial, quien, a su vez, ha publicado la versión en catalán de la obra que inspira la serie, La maledicció de Hill House, demuestran que las historias que surgieron de la mente de Jackson siguen vigentes y siguen despertando la fascinación en el lector, más allá de géneros o de etiquetas.

Esta mujer, considerada por muchos como la madre de la literatura de terror contemporáneo, provocó un gran revuelo con su ya mítico relato «La lotería» (relato incluido en Cuentos escogidos), una historia perfectamente hilvanada, que nos conduce a un final brutal, no solo por el final en sí, sino por la forma en que está narrado, por la forma en que los personajes, y por lo tanto el lector, lo viven. Entre algunos de sus “hijos literarios” encontramos a Stephen King o Joyce Carol Oates, dos autores que ya de por sí son una gran carta de presentación.

Así que, sin saber si la serie estará o no a la altura de la novela original, o del universo de Shirley Jackson, saber que Netflix ha creado una serie basada en esta obra, que ya tuvo su adaptación cinematográfica en 1963 de la mano de Robert Wise, es una buena noticia, porque, aunque es posible que sea una esperanza ingenua, puede ser la manera de despertar la curiosidad en aquellos que no la conocían. Porque Shirley Jackson se merece ser descubierta y leída.

¡Feliz sábado y felices lecturas!

Inés Macpherson

Amnesia, de Federico Axat (Ediciones Destino)

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Aunque resulte extraño, voy a empezar por el final. En las últimas páginas de Amnesia, de Federico Axat (Ediciones Destino, septiembre de 2018), cuando ya hemos acabado la novela y estamos a punto de cerrar el libro, descubrimos dos cosas: una nota del autor y los agradecimientos. En la primera, invita al lector a pelear siempre por sus imposibles, a creer que puede hacer lo que sueña; en el caso de Axat, escribir una novela, o varias, y escuchar en directo a U2 en su ciudad natal. Pero en los agradecimientos descubrimos algo más. Y es que, de una forma muy distinta a la que nos tenía acostumbrados, da un “giro” a su historia. Porque comprendes el porqué de esta novela, de la profundidad humana que transita sus páginas y sus personajes. Porque es un homenaje y una forma de transmitir lo importante, lo que sustenta una historia: las personas, sean reales o de ficción. Porque al final, cuando creas un personaje, el mundo que has vivido y has captado se filtra por la tinta y acaba vistiéndolos a ellos.

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Como siempre, intentar hablar de un libro de Federico Axat sin revelar parte de la historia es difícil, porque sabe enlazarlo todo de tal manera que una cosa lleva a la otra. Lo que sí puedo decir es que este no es un thriller al uso. No es trepidante, no hay una tensión brutal, con crímenes e investigaciones que no te dejan respirar. La sensación que uno tiene al ir avanzando en la lectura es que Axat se ha centrado mucho más en los procesos personales y mentales de los personajes que en crear una trama de esas que te hacen pasar las páginas a gran velocidad porque quieres saber qué pasa. Aquí no es tanto el qué sino el cómo y el a quién le pasa.

La novela que ha construido Axat empieza con un misterio perfectamente presentado, ya que además del hecho en sí que describe, la aparición de una mujer muerta en el salón de John, con unos elementos que apuntan a que probablemente ha sido él, se añade otro misterio mucho más importante, uno que irá circulando a través de la novela hasta el último momento: ¿ha sido realmente él o no? ¿Podemos fiarnos de nuestros recuerdos? Con Amnesia, Axat nos permite volver a Carnival Falls. Reconocemos paisajes, historias que se explican entre ellos…, pero sobre todo descubrimos unos personajes que puedes tocar, con los que conectas al momento. Y quieres seguir con ellos, quieres ver sus procesos, sus dudas, sus preguntas; quieres comprender las distintas formas que puede adoptar el amor entre hermanos, entre amigos, entre aquellas personas que, aunque desaparezcan durante años de tu vida, pueden volver a ella y que parezca que no ha pasado el tiempo. Entremedio de estas historias humanas, te va dejando pistas, algunas falsas, para que creas que sabes por dónde va a ir, aunque te equivoques, y te lleva por la senda de un descubrimiento que tiene varios hilos y que sabe tejer a la perfección. Pero lo cierto es que, además de esa historia que se va desgranando ante tus ojos, lo que realmente te hace seguir pasando páginas son ellos. Son humanos más allá de la trama, de la intriga; los ves claramente y comprendes lo que tienen dentro; porque hay mucho dentro: problemas reales y dolorosos que crean una atmósfera palpable y sincera, más allá de la ficción. Les ha dado alma, y en parte creo que eso también tiene que ver con lo que explica al final del libro. Con esto no quiero decir que en los anteriores libros los personajes no tuvieran alma. Todo lo contrario. Creo que es una de las características que hace que las novelas de Axat sean tan especiales: te adentras en la historia, pero sales envuelto en la vida de los personajes que la habitan.

Además, esta novela trata un tema complejo y lo hace con elegancia, respeto y un profundo afecto que se cuela por los poros de las páginas. Compré a ciegas el libro, porque hace tiempo que leo a Federico Axat y porque no necesitaba leer la contra para saber que seguramente me gustaría. No me equivoqué, pero sí que me equivoqué en las razones, porque al llegar a la última página, he sentido una calidez sincera que iba mucho más allá de lo que provoca un thriller, un buen misterio o una buena trama. Por eso mismo, hay que agradecerle a Axat que siga escribiendo, porque siempre es un placer leerle.

¡Feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson

IX Festival de narració oral Munt de Mots

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En aquest temps on sembla que les paraules estan sota vigilància, com les idees, i la diversitat i les diferents formes de veure i de pensar el món es van diluint en un enfrontament alimentat per uns quants, crec que cal, més que mai, reivindicar el poder de la paraula. Just fa uns dies, la llibreria Sendak de Barcelona proposava una iniciativa meravellosa per recuperar l’oralitat: els seus contes per Telegram. I és que poder sentir una història té màgia, molta màgia, perquè el llenguatge que parlen els contes és universal. Les històries que s’han explicat, i s’expliquen arreu del món, tenen sempre similituds, perquè en el fons estem fets del mateix, per molt que alguns insisteixin en demostrar el contrari.

 

Munt de Mots

 

Des de fa nou anys, existeix el Festival Munt de Mots, un festival dedicat a la narració oral i impulsat pel meravellós Rubén Martínez Santana, que està fet de paraules i que ha tirat endavant aquest projecte malgrat les dificultats. La idea és senzilla: omplir Barcelona de contes, a les biblioteques, als centres cívics… Del 15 al 20 d’octubre, la narració oral ocupa la ciutat i ho fa amb narradors vinguts d’arreu: de casa, d’alguns indrets propers, com Galicia o Madrid, però també de Colòmbia, Camerun, Bèlgica o Argentina. Perquè les paraules ens uneixen, no ens separen, i com a narradora puc afirmar amb contundència que, qui vol deixar-se portar per un conte, ho farà en qualsevol idioma, perquè el narrador no només explica amb la veu.

Quan llegim una història, les paraules activen el cervell, desperten la imaginació i dibuixem a dins nostre el que les paraules transmeten. Amb la narració oral és tot el cos qui escolta i quan un narrador ens parla amb les mans, amb els ulls i amb l’espai que crea al seu voltant, escoltem amb la pell i vivim el conte d’una altra manera perquè ens envolta. Es fa viu i nosaltres el veiem. I com que cada persona és un món, cada narrador deixa sempre una mica del seu món en cada història, i per això el mateix conte canvia en mans de diferents narradors. És la màgia d’aquest petit art que és tan gran i que et fa somniar amb els ulls oberts.

Per això mateix, llarga vida als contes.

Si voleu saber més sobre el Festival Munt de Mots, podeu consultar les activitats al seu facebook o a la pàgina http://www.muntdemots.org

Inés Macpherson

Quemar las naves, de Angela Carter (Sexto Piso)

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Para aquellos que necesitan argumentos para comprender el poder y la magia de los cuentos, tanto los literarios como los populares, existe un nombre propio que sirve como respuesta: Angela Carter. Si en 2016 Impedimenta publicaba los maravillosos Cuentos de Hadas de Angela Carter, una recopilación de relatos que huyen de las frágiles princesas y las hadas buenas, un año después Sexto Piso publicaba Quemar las naves, los cuentos completos de esta narradora británica que supo jugar con el relato hasta convertirlo en algo más.

Quemas las naves

Quemar las naves empieza con un prólogo de Salman Rushdie que sabe presentar a esta extraordinaria mujer, mezclando vida, estilo y obra en un espacio reducido. Y después encontramos todos los cuentos: la obra temprana, las recopilaciones publicadas y los cuentos no antologados. Quizás su obra más conocida en este terreno sea La cámara sangrienta, una serie de relatos que reescriben y reinterpretan los cuentos populares con un toque más cruel y una lectura mucho más simbólica. Encontramos una versión de Barba Azul, dos formas distintas de pensar la Bella y la Bestia y varias maneras de mirar a Caperucita Roja y a su lobo (una de las cuales pasó a la gran pantalla de la mano de Neil Jordan y su En compañía de lobos). También tenemos una versión magnífica de la condesa sangrienta, una especie de bella insomne que es, a su vez, reina de los vampiros. Todas y cada una de estas historias demuestran la capacidad que tenía Carter para transformar y dar la vuelta a  unos relatos conocidos por todo el mundo, pero que, a veces, necesitan una visión diferente para comprender todo lo que se oculta al otro lado.

Pero esta mujer no se quedaba únicamente en el mundo del cuento popular. Sus Fuegos artificiales es una recopilación de nueve piezas, muchas de ellas relacionadas con Japón, que ahondan en el mundo de las relaciones en todos los sentidos, de la pareja a la paternidad pasando por relaciones de sumisión con una carga simbólica y estética extraordinarias. Entre las líneas de los relatos encontramos reflexiones, imágenes que sirven para explorar la violencia y la crueldad, pero también la identidad, de una forma intensa y bella. Es difícil escoger una pieza de entre las nueve, pero quizás «Los amoríos de Lady Púrpura» o «Carne y el espejo» sean para mí los más redondos, aunque eso no implica que el resto no lo sean.

Entre los relatos de Venus Negra encontramos otro de los elementos que caracterizan la prosa de Carter, y es su capacidad de mezclar la ficción y la reflexión literaria, algo que hace también en Fantasmas Americanos y maravillas del Viejo Mundo. A veces hay referencias a autores en el título del cuento, como en «El gabinete de Edgar Allan Poe», y otras, como en «Los barcos fantasma. Un cuento de Navidad», «En Pantolandia» o «Cenicienta o el fantasma de la madre», un trabajo de análisis de la historia y sus elementos que va mucho más allá del simple cuento, pues se reflexiona sobre el papel de ciertos elementos culturales que aparecen y que ella sabe estirar hasta encontrar los límites.

Sus cuentos no antologados también son interesantes y tienen un aire gótico clásico que hace que el compendio de relatos sea variado y memorable. Así que si alguien necesita argumentos para comprender por qué los cuentos tienen un poder y una magia única, este es un libro que puede ayudar. Porque, además, lo disfrutas del principio al final. Y recuerdas por qué, en el fondo, a todos nos gusta que nos cuenten un cuento: porque nos transporta de un suspiro a otro universo, a un fragmento de vida que nos traspasa, que nos hace viajar y después nos devuelve a la tierra con un pedazo de mundo más en el bolsillo, en la retina o entre los pliegues de los sueños.

¡Feliz viernes y felices lecturas!

Inés Macpherson