El manantial, de Catherine Chanter (Salamandra)

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Hay libros con títulos sencillos que esconden historias con un sinfín de matices que no habrías podido imaginar al ver la portada. El manantial, de Catherine Chanter (Salamandra, mayo 2016) es uno de ellos.

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Argumento

A causa del cambio climático, las precipitaciones en el Reino Unido caen de manera drástica hasta condenar al país a una sequía brutal que empieza a deteriorar la vida cotidiana y a obligar al gobierno a recortar no sólo el consumo de agua, sino el de muchos otros elementos habituales para nuestra sociedad.

Agobiados por los recortes y la ciudad, Mark y Ruth deciden abandonar el asfalto y trasladarse al campo para buscar un nuevo comienzo, un refugio donde esconderse del mundo y su crueldad, y donde poder criar a su pequeño nieto, Lucien, cuando Angie, la madre, no está en condiciones.

Sin embargo, lo que tiene que ser un simple refugio acaba convirtiéndose en algo mucho mayor. Y es que la casa que compran es El Manantial, una finca solitaria y con un extenso campo que, a diferencia del resto del país, sigue verde y fértil. De hecho, incluso llueve. Es el paraíso… Pero no todo el mundo lo ve así. Hay quienes los acusan de estar haciendo trampas, de robar el agua a otros, o de brujería. Y por si eso fuera poco, hay quien quiere otorgar al lugar unos poderes mágicos y religiosos que acaban por contaminarlo todo… Y el paraíso acaba convirtiéndose en un infierno con unas consecuencias devastadoras para todos ellos.

Opinión

Hace décadas, escritores como Huxley y Orwell se adentraron en las distopías sociales, en la exploración de las sociedades totalitarias llevadas al extremo. En algunos casos, sus predicciones se acercaron bastante a lo que es la realidad; sí, quizás con matices, pero, lamentablemente, debemos aceptar que se acercaron, y mucho. Cuando los científicos empezaron a hablar del cambio climático, algunos decidieron explorar las consecuencias catastróficas que podría conllevar. Hay escépticos, hay quienes opinan que es sólo una exageración… Pero, ¿realmente alguien se ha planteado qué pasaría si dejara de llover, si nos quedáramos sin suministro de agua dulce? Catherine Chanter lo hace en esta obra, ganadora del Cavendish College Fiction Prize, que plantea como premisa un mundo donde escasea cada vez más el agua, para adentrarse en la psique humana y plasmar lo que puede ocurrir cuando nos encontramos ante el abismo.

Hay que reconocer que El Manantial es una novela difícil de clasificar. Hay una carga psicológica importante, pues Ruth nos permite acompañarla en su viaje hacia el pasado mientras desgrana el presente, mientras busca respuestas al horror, a la culpa que lleva pegada en el cuerpo. También hay un aire a crítica, pues se explora el peligro que puede llegar a tener el fanatismo religioso, esa red en la que a veces podemos quedar atrapados cuando nada a nuestro alrededor tiene sentido, cuando nos sentimos perdidos y tenemos la necesidad de pertenecer, de formar parte de algo más grande. La capacidad de perderse en esa maraña es tal, que a veces no hay vuelta atrás. Pero también hay un toque de misterio, de noir, de investigación, no policial, pero sí personal e interior, a través del recuerdo, a través de la voz de Ruth, que nos habla del paraíso para, después, dejarnos ver las sombras que lo pueden habitar si lo permitimos.

Esta es una novela que nos habla de la culpa, pero también del perdón; de lo difícil que puede resultar a veces aislarse del mundo y su dedo acusador, y las consecuencias que eso conlleva. Estamos en una sociedad conectada, donde todo el mundo es juez y donde se juzga sin pensar jamás en las consecuencias. Eso es algo que el personaje de Mark representa perfectamente. Con pinceladas que recuerdan a La caza, película dirigida por Thomas Vinterberg y protagonizada por Mads Mikkelsen, Mark tiene que sufrir una acusación que, a pesar de ser retirada, pesa sobre él eternamente, porque es más fácil demonizar que perdonar, que exculpar. Sobre todo cuando el jurado es la sociedad entera y tiene internet entre sus manos. Algo parecido le ocurre al personaje de Ruth, pero de forma distinta, pues en su caso es ella misma la que se culpa, la que se acusa sin tregua de lo que ha ocurrido en El Manantial. Pero, ¿cuál es la diferencia entre la culpa y la responsabilidad? ¿Cuál es la diferencia entre hundirse en la oscuridad y aceptar los errores?

Hay algo utópico, casi mágico en El Manantial que describe Catherine Chanter. Pero, ¿dónde reside esa magia? Se podría pensar que en el hecho de que llueva, de que haya una fertilidad que no existe en el resto del país por culpa de la sequía. Y sí, parece bastante obvio. Pero quizás la magia, la utopía, está también en los ojos que miran el lugar y lo construyen. Si lo cuidas, crece. Si lo desprecias, si sólo lo utilizas y lo transformas para tus propios beneficios, quizás la tierra también se empiece a secar allí.

Lo cierto es que El Manantial es una historia que ofrece muchos matices, muchos temas que podrían llenar por sí mismos un libro. Hablar de todos ellos sería una tarea extensa que no toca hacer aquí. Sólo decir que se trata de una novela con un trabajo profundo de personajes, con un despliegue psicológico, tanto a nivel personal como a nivel social, muy interesante; un relato que ahonda en peligros climáticos y fanáticos para recordarnos que a menudo la solución no está fuera, sino en uno mismo, y que no querer ver puede tener consecuencias con las que uno tendrá que vivir para siempre, quiera o no quiera verlas. La diferencia radica en saber y saberse perdonar.

Inés Macpherson
Fuente: Anika Entre Libros (http://www.anikaentrelibros.com/)

El viento de las horas, de Ángeles Mastretta (Seix Barral)

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Hace años, descubrí a Ángeles Mastretta de la mano de sus Mujeres de ojos grandes (Seix Barral) y me enamoré de su prosa y de ese universo que sabía plasmar con una elegancia estilística y visual que conseguía que aquellas tías que poblaban sus páginas se convirtieran a su vez en tías propias.

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En El viento de las horas (Seix Barral, mayo 201) nos adentramos en un mundo más personal, un mundo de recuerdos y memorias. Ángeles Mastretta nos invita a visitar fragmentos de su pasado y de su presente, anécdotas, instantes de vida, de infancia, de amistad y de intimidad, evocando los detalles cotidianos, las reflexiones personales que la acompañan y nos permiten reflexionar.

Un recorrido por un mundo, externo e interno, lleno de vida, que permite reflexionar sobre temas tan profundos y diversos como el paso del tiempo, la juventud, la memoria, la amistad o ese fuego interno que nos hace ser quien somos. Pequeños fragmentos, fotografías redactadas con el estilo habitual de la autora, que sabe adentrarnos en su universo y hacernos partícipe de su memoria.

Opinión

Hay libros que tienen un principio y un final, un argumento claro, un sentido global buscado por el autor. En cambio, hay libros que tienen la capacidad de atraparte sin que haya principio ni final, sólo momentos, fragmentos que se suceden y que son como ventanas a un universo personal y fascinante, que te seduce sin necesidad de tener que preguntarte qué pasará después. Son libros con pausa, no sé si escritos a fuego lento, pero sí pensados para ser leídos de esa manera. El viento de las horas es uno de estos, una invitación a compartir con la autora su universo, sus reflexiones y, a su vez, probablemente adentrarse en el propio, pues los recuerdos que evoca tienen un regusto especial que hace que, mientras leemos, vayamos rememorando nosotros mismos esas tardes de infancia, esas noches de verano que se quedan guardadas en la memoria, dispuestas a volver cuando los llamas.

Deambulamos entre sus páginas y encontramos recuerdos de infancia, de viajes de madurez, de amigos, de situaciones, de pérdidas y de encuentros. Pero también nos topamos con escenas que permiten a Ángeles Mastretta sacar esa magia que lleva dentro y reflexionar, tras entrar en una tienda para comprar manijas, que lo suyo sería perderse en una tienda de sinónimos, de metáforas y adjetivos, un reino de palabras donde poder jugar hasta cansarse… si es que uno puede cansarse en un lugar así.

Lo cierto es que adentrarse en este libro es toparse con la posibilidad de sentir una extraña nostalgia ajena, pues son recuerdos de otro, pero son también tuyos, pues lo explica con una sinceridad tal, que se nota que sale de dentro y eso busca un eco en el lector, y resuena. Es una prosa que te acuna y te abraza, que es cálida como los recuerdos que transmite. Una maravillosa reflexión sobre el paso del tiempo, la memoria, la vida y uno mismo. Sí, son retazos de historias de la autora, pero, al final, evocan los propios y se crea una danza especial de instantes.

Un libro para leer sin prisas, para saborear a cada rato, a cada frase. Yo me quedo con esta «Tengo mucho que hacer como para hacer lo que tengo que hacer», una declaración de intenciones vitales que explica la forma que tiene de narrar esta mujer fuerte, mágica y hermosa, que sabe transportarte a un lugar que no te suelta.

Inés Macpherson
Fuente: Anika Entre Libros (http://www.anikaentrelibros.com/)

Polpa, de Jordi Masó (Males Herbes)

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Con el título de este volumen de cuentos, Polpa (Males Herbes) el autor ya está haciendo un guiño al lector. La “polpa” hace referencia a las revistas pulp, unas publicaciones rústicas y baratas donde, durante años, se publicaron relatos de distintos géneros destinados al gran público. Desde la ciencia ficción, la fantasía o el terror de Weird Tales a los relatos de detectives de Black Mask, las revistas pulp consiguieron distribuir autores que han llegado a consolidarse como maestros del género.

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Por eso, no es de extrañar que estos catorce cuentos (y un curioso y sorprendente epílogo escrito por un tal Valeri Nebot, erudito con mala leche y muy poco tacto) sean un curioso homenaje a esas historias que poblaron las páginas de aquellas míticas publicaciones. Eso sí, Jordi Masó visita los distintos géneros con un toque personal, mezclándolos, desmitificándolos, llevándolos a veces a un terreno cómico cercano a la parodia, otras veces con una visión un poco más irónica…

En cada relato, encontramos un elenco de personajes dignos de enmarcar. Desde la pareja de víctima y matón de «Sísif», pasando por el protagonista de «Ampolla al mar», que descubre un inquietante paralelismo entre su persona y una novela de detectives, hasta el fascinante marido de «Aflicció» o el especial pianista de «L’art del pastix», todos y cada uno de ellos tienen algo memorable que los acerca y al a vez los aleja de los personajes del género. Encontramos historias de espías, de detectives, de fantasmas; relatos donde se juega con la idea de la resurrección o la reencarnación, con el espiritismo o con ese universo de los precogs, con los que ya Philip K. Dick jugó en su momento (y que fueron llevados a la pantalla por Steven Spilberg), y a los que aquí Jordi Masó sabe dar un giro aún más curioso si cabe.

No entro en detalle en cada relato porque creo que la mejor manera de adentrarse en este libro es a ciegas, dejarse sorprender por cada historia, encontrar los paralelismos con el género y descubrir cómo el autor les da la vuelta o los lleva a un lugar al que nunca habían ido. Y todo ello con una prosa cuidad y precisa.

Una lectura divertida, curiosa que demuestra que los cuentos siguen creciendo en nuestro país, dispuestos a ocupar el lugar que les corresponde, no como un género menor, sino como una forma condensada de entender y disfrutar la literatura.

Inés Macpherson

Ciclo de cuentos en la Nollegiu

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Cuando llega septiembre, la televisió se llena de coleccionables, los gimnasios de personas con ganas de tomarse en serio la decisión de empezar a hacer ejercicio… Bueno, pues en la librería Nollegiu tenéis un montón de propuestas para decidir acercaros a las librerías, a los libros, los cuentos, las novelas, la poesía e incluso la filosofía. ¿Por qué digo esto? Ante todo, porque además de llenar gimnasios, también está bien llenar librerías, sobre todo cuando proponen actividades como las suyas. Y porque, entre esas actividades, una servidora estrena un ciclo de narración oral dedicada a los cuentos literarios para adultos: Cicle #NoExpliqueu.

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Y es que estamos acostumbrados a leer cuentos literarios y a que nos expliquen cuentos populares o infantiles. Pero el cuento literario también tiene voz propia, también puede ser explicado y transmitido desde la oralidad. Captar el lenguaje de cada autor, llenar el escenario con el universo creado por sus palabras es algo especial, tanto para quien lo explica como para quien lo escucha.

Por eso, ofrecemos una pequeña muestra para acercarse a las diferentes maneras de entender el cuento, de enfrentarse a los géneros, para invitar a los que escuchen a sumergirse en su obra, en cada universo particular.

Para conocer los autores y las fechas de las sesiones, os dejo el link:

https://nollegiu.wordpress.com/2016/07/14/cicle-noexpliqueu-dedicat-als-contes-per-adults-amb-ines-macpherson/

Feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson

El mundo de Oliver Jeffers

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Hace unos años, descubrí un pequeño álbum ilustrado titulado Perdido y encontrado (Lost and Found), de Oliver Jeffers. Desde entonces, cada libro que publica, en solitario o en compañía, me sorprende y me fascina por partes iguales.

Este verano, me he enamorado de dos de sus obras, bueno de tres, aunque dos de ellas tienen a los mismos protagonistas: unos colores. El día que los crayones renunciaron y El día que los crayones regresaron a casa (publicados ambos por Fondo de Cultura Económica) son dos pequeñas joyas llenas de sentido del humor y ternura, escritas por Drew Daywalt e ilustradas por Jeffers.

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Pero, para mí, el libro que demuestra que el mundo de la ilustración ha sabido llegar tanto a pequeños como a mayores es A Child of Books (que por ahora sólo he visto en inglés). También es un título compartido entre Oliver Jeffers y, en este caso, Sam Winston. Es, simplemente, perfecto. La historia es sencilla. De hecho, el texto es mínimo, pero lo que lo acompaña es extraordinario.

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Como se puede comprobar en esta ilustración, la historia de esta niña que viene de un mundo de historias, que está hecha de ellas, sabe navegar por mares de palabras, perderse en bosques encantados… Y todos los elementos que aparecen, excepto la niña y el niño de la historia, proceden de libros. Encontramos fragmentos de distintas novelas formando las olas, los monstruos; los árboles y las ciudades son lomos de libros, páginas… Un homenaje precioso a la literatura y a la imaginación, que es libre y que puede tomar todas las formas posibles.

Y este libro nos recuerda una gran manera de ponerse de nuevo las pilas y enfrentarse al septiembre que está por venir: sumergiéndonos en libros.

Inés Macpherson

 

 

Porque ella no lo pidió, Enrique Vila-Matas (Lumen)

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¿Qué pasaría si, un día, una artista llamara a la puerta de un escritor y le pidiera que escribiera una historia para que luego ella la pudiera vivir? Esta es la premisa de Porque ella no lo pidió (Lumen, marzo 2016), un relato de Enrique Vila-Matas que se mueve entre la realidad y la ficción, jugando con esa capacidad de los escritores para inventar vidas, con una sutil diferencia, y es que, esta vez, alguien tendría que vivirla.

Acompañado de las ilustraciones de Sonia Pulido, esta historia invita a adentrarse en un mundo de fantasmas, de personas que imitan a otras personas, que fingen ser o vivir, mientras, sobre el papel, las historias van entrelazándose, creando una red de realidad y ficción que enreda tanto al lector como al propio autor, protagonista a su vez de su propia historia, que… ¿fue escrita después de haber sido vivida, o vivida después de haber sido escrita?

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Opinión

Enrique Vila-Matas tiene la maravillosa capacidad de jugar con los límites de la literatura, de convertir en ficción la realidad y llevar la ficción a dicha realidad, creando un caleidoscopio de historias que se entrelazan y se suceden.

Porque ella no lo pidió es una historia que formaba parte de un libro de relatos, Exploradores del abismo, publicado por Anagrama en 2007. No es necesario haber leído dicha recopilación para disfrutar de esta pequeña joya, pues tiene un peso específico por sí misma y se adentra en un juego fascinante, donde la ficción y la realidad se van persiguiendo, mezclando, confundiendo. El propio autor explicaba en una entrevista que la historia que aparece en este relato es cierta, que realmente recibió ese encargo y que después decidió adentrarse en él, convertirlo en ficción. Pero estuviera o no basado en un hecho real, la historia en sí es magnífica, empezando con el pequeño cuento que contiene, titulado «El viaje de Rita Malú». Ya en este relato el autor empieza a jugar con la línea que separa la realidad y la ficción: una mujer que finge ser otra en busca de un hombre que es, de hecho, un fantasma, aunque, en el fondo, es el propio autor. Un enredo lleno de una extraña magia que sólo la literatura puede regalar. Y probablemente sólo una mente como la de Vila-Matas podría imaginar, pues sabe recorrer estos terrenos a la perfección.

Las ilustraciones que acompañan el texto tienen la sencillez y el aire enigmático que desprende la historia, pues a pesar de tener cuerpo, de tener color, tienen un toque de instante suspendido que les da cierta irrealidad, convirtiéndose ellas mismas en parte de ese hilo invisible que se teje a través del relato y que va creando capas que se sobreponen y se repiten, mostrando que la ficción puede ser maleable, pero también la realidad.

Una historia extraña, hermosa, con unas reflexiones extraordinarias sobre la vida, sobre la existencia y su sentido, pero también sobre el sentido de la escritura, del arte y de la manera que tenemos de relacionarnos con él. Un cuento, una novela corta o, simplemente, un pequeño fragmento de ficción y realidad condensado en un libro.

Inés Macpherson
Fuente: Anika entre libros

Aquesta nit no parlis amb ningú, de Josep Sampere (Males Herbes)

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Acostumbrados como estamos a que el terror en pantalla cada vez abuse más del susto, lo grotesco, lo salvaje y, en ocasiones, lo repulsivo, es de agradecer la sutileza de Aquesta nit no parlis amb ningú, de Josep Sampere (Males Herbes). Con esto no quiero decir que estas páginas no se adentren de pleno en el género, pero lo hacen desde escenas que se cuelan lentamente bajo la piel, creando una inquietud que no dura el momento del susto, sino que se queda, probablemente porque llama a la puerta de miedos universales, ofreciendo una pequeña grieta por la que mirar al otro lado, ese lugar donde hay presencias que nos observan y nos persiguen; ese lugar donde no podemos fiarnos de ninguno de nuestros sentidos, porque la realidad se transforma para someternos a la angustia de no saber ni siquiera quiénes somos.

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Debo reconocer que me acerqué a este libro por dos razones. La primera, por admiración al trabajo que está haciendo Males Herbes desde hace unos cuantos años en el mundo editorial, publicando pequeñas joyas para enmarcar. La segunda, porque me quedé prendada de la forma que tiene Josep Sampere de gestionar el miedo en su novela juvenil, El pou darrere la porta (publicado en catalán por Barcanova y en castellano por Anaya). La capacidad de convertir la atmósfera en un personaje más, que se adhiere a la piel, que no te suelta y que va haciendo mella, fue una de las razones por las que me fascinó esa pequeña novela. Y en esta lo vuelve a hacer.

Aquesta nit no parlis amb ningú es una historia de fantasmas que se aleja en cierta medida del clásico espíritu, porque en este caso tenemos a un ser que puede hacer algo fascinante: cambiar de forma. Como los shape-shifters que pueblan el folklore y la literatura universal (y más recientemente series como Fringe o la saga de Canción de Hielo y Fuego), este ser deambula por las páginas del libro haciendo la vida imposible a sus personajes, padre e hijos, jugando con la realidad, pero, sobre todo, con la identidad. Y es que la identidad, eso a lo que nos aferramos con tanta fuerza para definirnos y definir al prójimo, es algo que, en manos de este ser, se convierte en maleable. Uno de los ejemplos más inquietantes de esta idea aparece en el capítulo de Màscares (capítulo, por cierto, que merece ser enmarcado por la precisión con la que va generando un desasosiego que va in crescendo, aislando a los protagonistas en una situación que te deja un mal rollo en el cuerpo de los que persisten).

El poder sugestivo de los fantasmas, los guiños a leyendas urbanas, a otros títulos del género y la capacidad de crear escenas visuales e impactantes, hacen que Aquesta nit no parlis amb ningú sea un libro redondo. Pero la gracia es que Josep Sampere no se queda sólo en la superficie, en la historia y en esas escenas tan bien perfiladas. También se sumerge en la psique de sus personajes. Por un lado, nos presenta un espíritu vengativo que lleva la idea de castigo a límites insospechados, jugando con la imagen, la voz, recreando escenas, jugando con los sentimientos más profundos para después asestar el golpe de gracia, desdibujando los límites de la identidad y la cordura, transformando la realidad externa e interna de los personajes hasta llevarlos a un precipicio ante el que nadie quiere estar: ellos mismos. Por otro lado, tenemos a tres hombres que luchan, cada uno a su manera, por ser queridos, pero sin conseguirlo, mientras son perseguidos por ese fantasma que está dispuesto a actuar – y nunca mejor dicho – hasta conseguir la mejor ovación posible: la rendición, la súplica y una disculpa, que, en el fondo, llegará siempre demasiado tarde.

En definitiva, una novela impecable que vale la pena degustar a solas, con la pequeña luz de la mesilla de noche, para dejarse llevar por esa voz, por ese rostro que siempre cambia y nos refleja.

Inés Macpherson

La víspera de casi todo, de Víctor del Árbol (Destino)

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Hace ya un tiempo que me declaro lectora de Víctor del Árbol. Me enamoró con La tristeza del samurai y desde entonces, lo sigue haciendo. En febrero de 2016, la editorial Destino publicó La víspera de casi todo (Premio Nadal 2016), un libro que tal vez no sea tan memorable y extraordinario como Respirar por la herida (hasta la fecha, para mí, su mejor novela, pues todavía recuerdo personajes y escenas), pero que sigue golpeando fuerte y ahondando en las sombras de los seres humanos y en los límites que podemos llegar a cruzar cuando nos asomamos al abismo.

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Argumento

Germinal Ibarra es un policía de cincuenta años con un pasado que lo rompió cuando era niño y un presente del que intenta escapar, sin éxito. Tras resolver el caso del asesinato de la pequeña Amanda en 2007 y recibir condecoraciones y honores por ello, pide el traslado para apartarse de Málaga y ocultarse en La Coruña. Y durante un tiempo, parece que todo va bien, a pesar del dolor que lo acompaña, no sólo por la enfermedad de Williams que padece su hijo Samuel, sino por los actos que lo atormentan y le recuerdan quien es. Pero una noche, una mujer aparece en el hospital, apaleada, preguntando por él. Y se ve arrastrado a oscuridades ajenas, pero también propias.

También en Galicia, en una población de Costa da Morte, una misteriosa mujer decide huir de todo e instalarse como huésped en la casa de otra mujer, Dolores, para intentar desconectar de sí misma y de sus monstruos. Pero hay monstruos en muchos rincones del mundo, agazapados, silenciosos, escondidos tras la forma amable de unos ojos curiosos, dispuestos a aparecer cuando menos te los esperas y arrastrarte hacia las sombras.

Y después están Mauricio y Daniel, abuelo y nieto, solos y rotos, cada uno por sus razones, cada uno con sus secretos y su pasado.

Tres historias que se entrelazan, que se tejen en la oscuridad para mostrarnos el dolor, la fuerza del pasado y la memoria, y las cicatrices que pueden dejar… y que a menudo no se curan.

 

Opinión

Desde hace ya unos cuantos libros, Víctor del Árbol ha demostrado ser un maestro en el arte de tejer redes, de aunar personajes, historias, pasados y sufrimiento. Siempre con un trasfondo que nos retrotrae al pasado cercano de nuestra tierra o de tierras hermanas, construye un edificio sólido lleno de recovecos, de sombras y de historias que pesan en los hombros de sus personajes y en los del lector.

En La víspera de casi todo, explora de nuevo la culpa, el peso del pasado y la memoria, y, sobre todo, el dolor que va asociado, que se nutre y desgarra al que lo lleva atado a la piel. Pero no sólo araña la superficie y la profundidad de sus personajes, sino que nos araña a nosotros, a los lectores, mostrando un elenco de personajes con una oscuridad abismal que a veces nos hace retroceder, pero que, a la vez, nos atrapa y nos hace seguir leyendo para comprender, para descubrir qué piezas del rompecabezas llevaron a dichos personajes al filo del precipicio. Porque no sirve tan sólo exponer dicho dolor o decir que algunos de sus personajes son asesinos, culpables de crímenes que siguen impunes; eso sería quedarse en la antesala. Y el autor no lo hace nunca: se sumerge en la causa, en las razones, en lo que empuja, mueve y motiva a un ser humano a enfrentarse a sí mismo, a sus miedos y sus límites, a sus sombras y a sus monstruos… e incluso convertirse en uno.

Me quedo en lo general para hablar de los personajes, porque decir más sería desvelar parte de la trama, y, como en todas las historias de Víctor del Árbol, es mejor ir desgranando con ellos lo que arrastran. Y en este caso, arrastran un peso difícil de sobrellevar. Hay personajes que crees intuir; otros que ocultan unos entresijos más complejos. Pero da igual. Quieres seguir los pasos de ese policía cansado del que conoces, desde el principio, uno de sus mayores secretos. Quieres saber de qué huye  esa misteriosa mujer que tiene el dolor incrustado en la piel y por qué. Quieres saber qué busca el anciano Mauricio, o qué se esconde tras la mirada de Daniel, tras esa extraña relación con Martina, donde el amor y el odio se mueven en un equilibrio que anuncia algo mucho más destructivo y doloroso de lo que uno podría esperar.

No es quizás la novela más desgarradora del autor (es lo que tiene haber escrito tantas y tan potentes), pero sigue demostrando que domina a la perfección el arte de adentrarse en las profundidades para desentrañar el peso del pasado y la forma en que se adhiere a la memoria y no te deja respirar; el peso de la culpa y el dolor, que te arrastra hacia un proceso de autodestrucción en espiral hacia el infierno. Sí, quizás algún lector pueda intuir de forma difusa por dónde van a avanzar los caminos, pero no importa. La densidad y la honestidad con la que va tejiendo paralelismos, anotando escenas que luego van definiéndose, y en las que, sobre todo, desnuda el alma humana y sus partes más recónditas y oscuras, hacen que penetres en sus páginas. Y es que todos tenemos sombras, aunque algunas, como en el caso de los personajes de Víctor del Árbol, son tan grandes que lo ocupan todo y te pierdes en ellas.

Inés Macpherson
Fuente: Anika Entre Libros

Este libro es Gay, de James Dawson (Puck)

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En marzo de 2015, Puck publicó un libro valiente y arriesgado: Este libro es Gay, de James Dawson. En su momento no hablé de él, pero me parece oportuno hablar de él hoy, aprovechando que es el Día Internacional del Orgullo LGTB.

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Se trata de un libro que no intenta engañar a nadie. Es directo, claro y con un lenguaje que no intenta ser políticamente correcto ni evitar ningún tema que puede ser interesante tanto para las personas LGTB como a cualquier otra persona que quiera leerlo. Porque en un mundo donde sigue habiendo una incomprensión enorme hacia las personas que no encajan en las etiquetas  de lo que algunos tildan como normal – señores, en la naturaleza hay animales que cambian de sexo, las relaciones sexuales entre individuos del mismo sexo son habituales y hay incluso seres que se reproducen solitos -, es importante empezar a comprender en lugar de juzgar sin saber nada.

El autor dedica capítulos a las etiquetas, a los estereotipos y los apodos, absurdos y, casi siempre, despreciativos, que utiliza la gente sin importar a quien ofenda… Y también apunta algo imprescindible, y es la importancia de empezar a normalizar la diversidad sexual en las aulas. La educación sexual no tendría que ser exclusivamente explicar que los niños no vienen de París. Eso es reproducción, no sexo, y son cosas distintas. Se sigue hablando del sexo como tabú, pero en cambio nos parece normal que la publicidad utilice la sexualidad como forma de llamar la atención (normalmente cosificando el cuerpo femenino). Y eso lo único que provoca es inseguridad, incomprensión y rechazo por aquello que no encaja dentro de las etiquetas que han impuesto unos cuantos.

Lo cierto es que James Dawson habla tanto desede su experiencia como desde la observación del mundo en el que vivimos. Da consejos, ofrece listas de asociaciones y derechos que se pueden y deben exigir… Hay relatos de otras personas, explicando su experiencia, e incluso hace un recorrido histórico por la forma en que se ha tratado a las personas LGTB.

Comentar cada apartado requeriría unas cuantas páginas, y la gracia de este libro es adentrarse en él con la mente abierta y con ganas de comprender, de descubrir y aprender. Es divertido, tiene un tono distendido y a veces mordaz… Pero es, sobre todo, un libro sincero. Y eso es de agradecer.

Inés Macpherson

El Sistema, de Ricardo Menéndez Salmón (Seix Barral)

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Hay libros que son amables, que te dejan buen sabor de boca, te distraen o te enternecen. Luego están los libros que te despiertan, que te mueven y te hacen pensar. Esos son los que me recuerdan por qué me gusta tanto la literatura, porque puede abrir puertas a mundos imaginarios, pero también a puertas interiores a reflexiones, a un observatorio magnífico de la realidad. El Sistema, de Ricardo Menéndez Salmón es uno de estos. Brillante en todas sus facetas, tanto en argumento como en estructura o en estilo, es una distopia extraña, un fábula crítica y concisa de lo que es nuestra socidad y hacia dónde avanza.

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Argumento

En una época futura, nuestro planeta se ha convertido en un archipiélago donde la humanidad se ha dividido en dos: los Propios y los Ajenos. Los Propios habitan las islas, y los Ajenos viven al margen, desterrados, despreciados y temidos. Dentro del Sistema, existe una isla llamada Realidad. En ella, se alza una Estación Meteorológica, donde un hombre vigila el horizonte por si aparecen los enemigos del orden. Pero ese hombre, el Narrador, también lee. Y sobre todo escribe. Y la palabra es peligrosa, porque alimenta las preguntas, las dudas, la sospecha…

Mientras el Narrador va convirtiéndose en un pensador, en un observador de la realidad en minúscula y en general, no sólo de la Realidad en mayúscula, su isla, el Sistema empieza a resquebrajarse. Una isla, Empiria, se ve abocada al desastre, y los que hasta hace poco eran Propios, pasan a ser Ajenos. Porque el Sistema no acepta nada que no encaje en su orden, y ellos ya no sirven.

Movido por este cambio, el Narrador empieza a preguntarse quién es él y quiénes los Otros, esos Ajenos a quienes tanto temen y que, sin embargo, parecen iguales. Estas reflexiones, lo llevan a iniciar un viaje, al principio no deseado, después quizás buscado, que lo llevará a comprenderse y a comprender una humanidad que se está rompiendo.

Opinión

Hay libros que nos cuentan historias, libros que nos transportan a otros universos, a otros tiempos… Y después hay libros que nos despiertan, nos ponen un espejo ante los ojos para mostrarnos el reflejo del mundo y de nosotros mismos y nos invitan a pensar. Como ya he dicho antes, perdonad la repetición, El Sistema, de Ricardo Menéndez Salmón es uno de estos, una novela que es mucho más que una simple novela. Porque a medida que nos adentramos en la trama, que seguimos el viaje del Narrador, vamos desgranando, a través de sus pensamientos, un retrato de la sociedad occidental, de su maniqueísmo e hipocresía, de su fanatismo sin cuartel, incapaz de aceptar al prójimo, siempre despreciando al Otro, siempre temiendo lo que no encaja en el sistema, en el Sistema.

Hablar de este libro es una labor compleja, pues se podrían escribir páginas y páginas sobre un simple párrafo. El Premio Biblioteca Breve de este año sabe condensar reflexiones sobre el arte, la literatura, la historia y la Historia, y lo hace en una distopía que es, a su vez, una alegoría, una metáfora brutal que bebe de la actualidad, pero también de los mitos clásicos. Quizás, por eso, cuando nos encontramos ante el desastre de la isla de Empiria, ante el desprecio con el que la trata el Sistema, nos viene a la memoria nuestra Grecia o la forma en que tratamos a los refugiados, a los que están fuera de nuestra sociedad porque no siguen los mismos patrones, porque son una amenaza para el orden… Es un paralelismo que, al seguir leyendo, ves confirmado, pues Empiria decide romper la dicotomía Ajeno/Propio, y reclama ser Libre, recuperar la dignidad perdida, la individualidad que tuvo la cuna de los mitos, la cuna de nuestra civilización, que se está consumiendo y pudriendo por exceso de progreso, por exceso de tecnología, que nos hace olvidar que, al final, todos somos humanos.

La mención de los mitos no es algo al azar. El Sistema está dividido en cuatro partes. Están narradas desde distintos narradores, aunque, en realidad, siempre es el mismo, y es que parece que hay una voluntad de observar desde el «él», desde el «yo» e incluso desde el «tú», es decir, las diferentes maneras en que nos vemos y vemos a los demás, en que pensamos y hablamos. Pero además de tener distintos puntos de vista narrativos, cada parte puede recordarnos a otras obras, a otras historias. De hecho, el propio Narrador hace referencia a obras cumbre de la literatura y a mitos que van cobrando sentido y forma. Si en las primeras dos partes de la novela, de una belleza literaria y filosófica extraordinaria, podemos encontrar ecos de Orwell o Huxley y sus desgarradoras distopías, en las siguientes partes descubrimos un barco y un viaje que rememora a Jasón en busca de un vellocino que parece imposible, o a Ulises intentando regresar a casa. Pero en este caso, ¿los viajeros buscan el hogar o están buscando un sentido, una respuesta al vacío que se está apoderando de la humanidad?

Hay que tener en cuenta que lo que encontramos en estas páginas no es fácil y, en ocasiones, duele. Es un retrato metafórico pero preciso de nuestro mundo y nuestro comportamiento. Es cierto que, en las dos últimas partes de la novela, escritas con una prosa que va brillando cada vez más, convertida en fábula, en mito, hay momentos de esperanza que animan a revelarse, a decir basta, pues «esa búsqueda no pertenece a este barco ni a sus tripulantes, sino que es la vis movendi que anima a quien se atreve a escribir “no”». Y es que la escritura, como dice en Narrador, es insubordinación. Como el pensamiento. Y aunque lo que encontramos en estas páginas pueda ser una «representación de sus contemporáneos, el testamento vuelto polvo, detritus, basura» del que tendría que surgir un nuevo ciclo de la historia, de la humanidad, quizás si retomamos la palabra y despertamos el pensamiento que parece que se ha quedado dormido, enterrado tras tanta tecnología e inmediatez, podamos seguir nuestro viaje y recordarnos… recuperarnos, y volver al hogar como Ulises, esperando que alguien nos reconozca pero, sobre todo, que nosotros seamos capaces de reconocernos.

El Sistema es un libro extraordinario en todos los sentidos. Por un lado, por la profundidad de lo que relata, pues desnuda la sociedad en la que vivimos y a la que estamos abocados si seguimos igual, reflexionando sobre grandes y pequeños temas con una precisión impresionante que denota la formación filosófica del autor. Por otro lado, por la elegancia estilística que destila toda la obra, jugando con distintos tipos de narrador, pero siempre con una belleza en la prosa que es sobrecogedora. Sí, es un libro denso y abstracto en muchos momentos, pero es un viaje maravilloso por nuestro mundo y por la evolución interior de un personaje que deja de ser el Narrador, el centro, para ser otro, para ser Nadie.

Inés Macpherson
Fuente: Anika entre Libros