El mundo de Oliver Jeffers

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Hace unos años, descubrí un pequeño álbum ilustrado titulado Perdido y encontrado (Lost and Found), de Oliver Jeffers. Desde entonces, cada libro que publica, en solitario o en compañía, me sorprende y me fascina por partes iguales.

Este verano, me he enamorado de dos de sus obras, bueno de tres, aunque dos de ellas tienen a los mismos protagonistas: unos colores. El día que los crayones renunciaron y El día que los crayones regresaron a casa (publicados ambos por Fondo de Cultura Económica) son dos pequeñas joyas llenas de sentido del humor y ternura, escritas por Drew Daywalt e ilustradas por Jeffers.

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Pero, para mí, el libro que demuestra que el mundo de la ilustración ha sabido llegar tanto a pequeños como a mayores es A Child of Books (que por ahora sólo he visto en inglés). También es un título compartido entre Oliver Jeffers y, en este caso, Sam Winston. Es, simplemente, perfecto. La historia es sencilla. De hecho, el texto es mínimo, pero lo que lo acompaña es extraordinario.

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Como se puede comprobar en esta ilustración, la historia de esta niña que viene de un mundo de historias, que está hecha de ellas, sabe navegar por mares de palabras, perderse en bosques encantados… Y todos los elementos que aparecen, excepto la niña y el niño de la historia, proceden de libros. Encontramos fragmentos de distintas novelas formando las olas, los monstruos; los árboles y las ciudades son lomos de libros, páginas… Un homenaje precioso a la literatura y a la imaginación, que es libre y que puede tomar todas las formas posibles.

Y este libro nos recuerda una gran manera de ponerse de nuevo las pilas y enfrentarse al septiembre que está por venir: sumergiéndonos en libros.

Inés Macpherson

 

 

Porque ella no lo pidió, Enrique Vila-Matas (Lumen)

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¿Qué pasaría si, un día, una artista llamara a la puerta de un escritor y le pidiera que escribiera una historia para que luego ella la pudiera vivir? Esta es la premisa de Porque ella no lo pidió (Lumen, marzo 2016), un relato de Enrique Vila-Matas que se mueve entre la realidad y la ficción, jugando con esa capacidad de los escritores para inventar vidas, con una sutil diferencia, y es que, esta vez, alguien tendría que vivirla.

Acompañado de las ilustraciones de Sonia Pulido, esta historia invita a adentrarse en un mundo de fantasmas, de personas que imitan a otras personas, que fingen ser o vivir, mientras, sobre el papel, las historias van entrelazándose, creando una red de realidad y ficción que enreda tanto al lector como al propio autor, protagonista a su vez de su propia historia, que… ¿fue escrita después de haber sido vivida, o vivida después de haber sido escrita?

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Opinión

Enrique Vila-Matas tiene la maravillosa capacidad de jugar con los límites de la literatura, de convertir en ficción la realidad y llevar la ficción a dicha realidad, creando un caleidoscopio de historias que se entrelazan y se suceden.

Porque ella no lo pidió es una historia que formaba parte de un libro de relatos, Exploradores del abismo, publicado por Anagrama en 2007. No es necesario haber leído dicha recopilación para disfrutar de esta pequeña joya, pues tiene un peso específico por sí misma y se adentra en un juego fascinante, donde la ficción y la realidad se van persiguiendo, mezclando, confundiendo. El propio autor explicaba en una entrevista que la historia que aparece en este relato es cierta, que realmente recibió ese encargo y que después decidió adentrarse en él, convertirlo en ficción. Pero estuviera o no basado en un hecho real, la historia en sí es magnífica, empezando con el pequeño cuento que contiene, titulado «El viaje de Rita Malú». Ya en este relato el autor empieza a jugar con la línea que separa la realidad y la ficción: una mujer que finge ser otra en busca de un hombre que es, de hecho, un fantasma, aunque, en el fondo, es el propio autor. Un enredo lleno de una extraña magia que sólo la literatura puede regalar. Y probablemente sólo una mente como la de Vila-Matas podría imaginar, pues sabe recorrer estos terrenos a la perfección.

Las ilustraciones que acompañan el texto tienen la sencillez y el aire enigmático que desprende la historia, pues a pesar de tener cuerpo, de tener color, tienen un toque de instante suspendido que les da cierta irrealidad, convirtiéndose ellas mismas en parte de ese hilo invisible que se teje a través del relato y que va creando capas que se sobreponen y se repiten, mostrando que la ficción puede ser maleable, pero también la realidad.

Una historia extraña, hermosa, con unas reflexiones extraordinarias sobre la vida, sobre la existencia y su sentido, pero también sobre el sentido de la escritura, del arte y de la manera que tenemos de relacionarnos con él. Un cuento, una novela corta o, simplemente, un pequeño fragmento de ficción y realidad condensado en un libro.

Inés Macpherson
Fuente: Anika entre libros

Aquesta nit no parlis amb ningú, de Josep Sampere (Males Herbes)

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Acostumbrados como estamos a que el terror en pantalla cada vez abuse más del susto, lo grotesco, lo salvaje y, en ocasiones, lo repulsivo, es de agradecer la sutileza de Aquesta nit no parlis amb ningú, de Josep Sampere (Males Herbes). Con esto no quiero decir que estas páginas no se adentren de pleno en el género, pero lo hacen desde escenas que se cuelan lentamente bajo la piel, creando una inquietud que no dura el momento del susto, sino que se queda, probablemente porque llama a la puerta de miedos universales, ofreciendo una pequeña grieta por la que mirar al otro lado, ese lugar donde hay presencias que nos observan y nos persiguen; ese lugar donde no podemos fiarnos de ninguno de nuestros sentidos, porque la realidad se transforma para someternos a la angustia de no saber ni siquiera quiénes somos.

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Debo reconocer que me acerqué a este libro por dos razones. La primera, por admiración al trabajo que está haciendo Males Herbes desde hace unos cuantos años en el mundo editorial, publicando pequeñas joyas para enmarcar. La segunda, porque me quedé prendada de la forma que tiene Josep Sampere de gestionar el miedo en su novela juvenil, El pou darrere la porta (publicado en catalán por Barcanova y en castellano por Anaya). La capacidad de convertir la atmósfera en un personaje más, que se adhiere a la piel, que no te suelta y que va haciendo mella, fue una de las razones por las que me fascinó esa pequeña novela. Y en esta lo vuelve a hacer.

Aquesta nit no parlis amb ningú es una historia de fantasmas que se aleja en cierta medida del clásico espíritu, porque en este caso tenemos a un ser que puede hacer algo fascinante: cambiar de forma. Como los shape-shifters que pueblan el folklore y la literatura universal (y más recientemente series como Fringe o la saga de Canción de Hielo y Fuego), este ser deambula por las páginas del libro haciendo la vida imposible a sus personajes, padre e hijos, jugando con la realidad, pero, sobre todo, con la identidad. Y es que la identidad, eso a lo que nos aferramos con tanta fuerza para definirnos y definir al prójimo, es algo que, en manos de este ser, se convierte en maleable. Uno de los ejemplos más inquietantes de esta idea aparece en el capítulo de Màscares (capítulo, por cierto, que merece ser enmarcado por la precisión con la que va generando un desasosiego que va in crescendo, aislando a los protagonistas en una situación que te deja un mal rollo en el cuerpo de los que persisten).

El poder sugestivo de los fantasmas, los guiños a leyendas urbanas, a otros títulos del género y la capacidad de crear escenas visuales e impactantes, hacen que Aquesta nit no parlis amb ningú sea un libro redondo. Pero la gracia es que Josep Sampere no se queda sólo en la superficie, en la historia y en esas escenas tan bien perfiladas. También se sumerge en la psique de sus personajes. Por un lado, nos presenta un espíritu vengativo que lleva la idea de castigo a límites insospechados, jugando con la imagen, la voz, recreando escenas, jugando con los sentimientos más profundos para después asestar el golpe de gracia, desdibujando los límites de la identidad y la cordura, transformando la realidad externa e interna de los personajes hasta llevarlos a un precipicio ante el que nadie quiere estar: ellos mismos. Por otro lado, tenemos a tres hombres que luchan, cada uno a su manera, por ser queridos, pero sin conseguirlo, mientras son perseguidos por ese fantasma que está dispuesto a actuar – y nunca mejor dicho – hasta conseguir la mejor ovación posible: la rendición, la súplica y una disculpa, que, en el fondo, llegará siempre demasiado tarde.

En definitiva, una novela impecable que vale la pena degustar a solas, con la pequeña luz de la mesilla de noche, para dejarse llevar por esa voz, por ese rostro que siempre cambia y nos refleja.

Inés Macpherson

La víspera de casi todo, de Víctor del Árbol (Destino)

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Hace ya un tiempo que me declaro lectora de Víctor del Árbol. Me enamoró con La tristeza del samurai y desde entonces, lo sigue haciendo. En febrero de 2016, la editorial Destino publicó La víspera de casi todo (Premio Nadal 2016), un libro que tal vez no sea tan memorable y extraordinario como Respirar por la herida (hasta la fecha, para mí, su mejor novela, pues todavía recuerdo personajes y escenas), pero que sigue golpeando fuerte y ahondando en las sombras de los seres humanos y en los límites que podemos llegar a cruzar cuando nos asomamos al abismo.

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Argumento

Germinal Ibarra es un policía de cincuenta años con un pasado que lo rompió cuando era niño y un presente del que intenta escapar, sin éxito. Tras resolver el caso del asesinato de la pequeña Amanda en 2007 y recibir condecoraciones y honores por ello, pide el traslado para apartarse de Málaga y ocultarse en La Coruña. Y durante un tiempo, parece que todo va bien, a pesar del dolor que lo acompaña, no sólo por la enfermedad de Williams que padece su hijo Samuel, sino por los actos que lo atormentan y le recuerdan quien es. Pero una noche, una mujer aparece en el hospital, apaleada, preguntando por él. Y se ve arrastrado a oscuridades ajenas, pero también propias.

También en Galicia, en una población de Costa da Morte, una misteriosa mujer decide huir de todo e instalarse como huésped en la casa de otra mujer, Dolores, para intentar desconectar de sí misma y de sus monstruos. Pero hay monstruos en muchos rincones del mundo, agazapados, silenciosos, escondidos tras la forma amable de unos ojos curiosos, dispuestos a aparecer cuando menos te los esperas y arrastrarte hacia las sombras.

Y después están Mauricio y Daniel, abuelo y nieto, solos y rotos, cada uno por sus razones, cada uno con sus secretos y su pasado.

Tres historias que se entrelazan, que se tejen en la oscuridad para mostrarnos el dolor, la fuerza del pasado y la memoria, y las cicatrices que pueden dejar… y que a menudo no se curan.

 

Opinión

Desde hace ya unos cuantos libros, Víctor del Árbol ha demostrado ser un maestro en el arte de tejer redes, de aunar personajes, historias, pasados y sufrimiento. Siempre con un trasfondo que nos retrotrae al pasado cercano de nuestra tierra o de tierras hermanas, construye un edificio sólido lleno de recovecos, de sombras y de historias que pesan en los hombros de sus personajes y en los del lector.

En La víspera de casi todo, explora de nuevo la culpa, el peso del pasado y la memoria, y, sobre todo, el dolor que va asociado, que se nutre y desgarra al que lo lleva atado a la piel. Pero no sólo araña la superficie y la profundidad de sus personajes, sino que nos araña a nosotros, a los lectores, mostrando un elenco de personajes con una oscuridad abismal que a veces nos hace retroceder, pero que, a la vez, nos atrapa y nos hace seguir leyendo para comprender, para descubrir qué piezas del rompecabezas llevaron a dichos personajes al filo del precipicio. Porque no sirve tan sólo exponer dicho dolor o decir que algunos de sus personajes son asesinos, culpables de crímenes que siguen impunes; eso sería quedarse en la antesala. Y el autor no lo hace nunca: se sumerge en la causa, en las razones, en lo que empuja, mueve y motiva a un ser humano a enfrentarse a sí mismo, a sus miedos y sus límites, a sus sombras y a sus monstruos… e incluso convertirse en uno.

Me quedo en lo general para hablar de los personajes, porque decir más sería desvelar parte de la trama, y, como en todas las historias de Víctor del Árbol, es mejor ir desgranando con ellos lo que arrastran. Y en este caso, arrastran un peso difícil de sobrellevar. Hay personajes que crees intuir; otros que ocultan unos entresijos más complejos. Pero da igual. Quieres seguir los pasos de ese policía cansado del que conoces, desde el principio, uno de sus mayores secretos. Quieres saber de qué huye  esa misteriosa mujer que tiene el dolor incrustado en la piel y por qué. Quieres saber qué busca el anciano Mauricio, o qué se esconde tras la mirada de Daniel, tras esa extraña relación con Martina, donde el amor y el odio se mueven en un equilibrio que anuncia algo mucho más destructivo y doloroso de lo que uno podría esperar.

No es quizás la novela más desgarradora del autor (es lo que tiene haber escrito tantas y tan potentes), pero sigue demostrando que domina a la perfección el arte de adentrarse en las profundidades para desentrañar el peso del pasado y la forma en que se adhiere a la memoria y no te deja respirar; el peso de la culpa y el dolor, que te arrastra hacia un proceso de autodestrucción en espiral hacia el infierno. Sí, quizás algún lector pueda intuir de forma difusa por dónde van a avanzar los caminos, pero no importa. La densidad y la honestidad con la que va tejiendo paralelismos, anotando escenas que luego van definiéndose, y en las que, sobre todo, desnuda el alma humana y sus partes más recónditas y oscuras, hacen que penetres en sus páginas. Y es que todos tenemos sombras, aunque algunas, como en el caso de los personajes de Víctor del Árbol, son tan grandes que lo ocupan todo y te pierdes en ellas.

Inés Macpherson
Fuente: Anika Entre Libros

Este libro es Gay, de James Dawson (Puck)

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En marzo de 2015, Puck publicó un libro valiente y arriesgado: Este libro es Gay, de James Dawson. En su momento no hablé de él, pero me parece oportuno hablar de él hoy, aprovechando que es el Día Internacional del Orgullo LGTB.

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Se trata de un libro que no intenta engañar a nadie. Es directo, claro y con un lenguaje que no intenta ser políticamente correcto ni evitar ningún tema que puede ser interesante tanto para las personas LGTB como a cualquier otra persona que quiera leerlo. Porque en un mundo donde sigue habiendo una incomprensión enorme hacia las personas que no encajan en las etiquetas  de lo que algunos tildan como normal – señores, en la naturaleza hay animales que cambian de sexo, las relaciones sexuales entre individuos del mismo sexo son habituales y hay incluso seres que se reproducen solitos -, es importante empezar a comprender en lugar de juzgar sin saber nada.

El autor dedica capítulos a las etiquetas, a los estereotipos y los apodos, absurdos y, casi siempre, despreciativos, que utiliza la gente sin importar a quien ofenda… Y también apunta algo imprescindible, y es la importancia de empezar a normalizar la diversidad sexual en las aulas. La educación sexual no tendría que ser exclusivamente explicar que los niños no vienen de París. Eso es reproducción, no sexo, y son cosas distintas. Se sigue hablando del sexo como tabú, pero en cambio nos parece normal que la publicidad utilice la sexualidad como forma de llamar la atención (normalmente cosificando el cuerpo femenino). Y eso lo único que provoca es inseguridad, incomprensión y rechazo por aquello que no encaja dentro de las etiquetas que han impuesto unos cuantos.

Lo cierto es que James Dawson habla tanto desede su experiencia como desde la observación del mundo en el que vivimos. Da consejos, ofrece listas de asociaciones y derechos que se pueden y deben exigir… Hay relatos de otras personas, explicando su experiencia, e incluso hace un recorrido histórico por la forma en que se ha tratado a las personas LGTB.

Comentar cada apartado requeriría unas cuantas páginas, y la gracia de este libro es adentrarse en él con la mente abierta y con ganas de comprender, de descubrir y aprender. Es divertido, tiene un tono distendido y a veces mordaz… Pero es, sobre todo, un libro sincero. Y eso es de agradecer.

Inés Macpherson

El Sistema, de Ricardo Menéndez Salmón (Seix Barral)

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Hay libros que son amables, que te dejan buen sabor de boca, te distraen o te enternecen. Luego están los libros que te despiertan, que te mueven y te hacen pensar. Esos son los que me recuerdan por qué me gusta tanto la literatura, porque puede abrir puertas a mundos imaginarios, pero también a puertas interiores a reflexiones, a un observatorio magnífico de la realidad. El Sistema, de Ricardo Menéndez Salmón es uno de estos. Brillante en todas sus facetas, tanto en argumento como en estructura o en estilo, es una distopia extraña, un fábula crítica y concisa de lo que es nuestra socidad y hacia dónde avanza.

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Argumento

En una época futura, nuestro planeta se ha convertido en un archipiélago donde la humanidad se ha dividido en dos: los Propios y los Ajenos. Los Propios habitan las islas, y los Ajenos viven al margen, desterrados, despreciados y temidos. Dentro del Sistema, existe una isla llamada Realidad. En ella, se alza una Estación Meteorológica, donde un hombre vigila el horizonte por si aparecen los enemigos del orden. Pero ese hombre, el Narrador, también lee. Y sobre todo escribe. Y la palabra es peligrosa, porque alimenta las preguntas, las dudas, la sospecha…

Mientras el Narrador va convirtiéndose en un pensador, en un observador de la realidad en minúscula y en general, no sólo de la Realidad en mayúscula, su isla, el Sistema empieza a resquebrajarse. Una isla, Empiria, se ve abocada al desastre, y los que hasta hace poco eran Propios, pasan a ser Ajenos. Porque el Sistema no acepta nada que no encaje en su orden, y ellos ya no sirven.

Movido por este cambio, el Narrador empieza a preguntarse quién es él y quiénes los Otros, esos Ajenos a quienes tanto temen y que, sin embargo, parecen iguales. Estas reflexiones, lo llevan a iniciar un viaje, al principio no deseado, después quizás buscado, que lo llevará a comprenderse y a comprender una humanidad que se está rompiendo.

Opinión

Hay libros que nos cuentan historias, libros que nos transportan a otros universos, a otros tiempos… Y después hay libros que nos despiertan, nos ponen un espejo ante los ojos para mostrarnos el reflejo del mundo y de nosotros mismos y nos invitan a pensar. Como ya he dicho antes, perdonad la repetición, El Sistema, de Ricardo Menéndez Salmón es uno de estos, una novela que es mucho más que una simple novela. Porque a medida que nos adentramos en la trama, que seguimos el viaje del Narrador, vamos desgranando, a través de sus pensamientos, un retrato de la sociedad occidental, de su maniqueísmo e hipocresía, de su fanatismo sin cuartel, incapaz de aceptar al prójimo, siempre despreciando al Otro, siempre temiendo lo que no encaja en el sistema, en el Sistema.

Hablar de este libro es una labor compleja, pues se podrían escribir páginas y páginas sobre un simple párrafo. El Premio Biblioteca Breve de este año sabe condensar reflexiones sobre el arte, la literatura, la historia y la Historia, y lo hace en una distopía que es, a su vez, una alegoría, una metáfora brutal que bebe de la actualidad, pero también de los mitos clásicos. Quizás, por eso, cuando nos encontramos ante el desastre de la isla de Empiria, ante el desprecio con el que la trata el Sistema, nos viene a la memoria nuestra Grecia o la forma en que tratamos a los refugiados, a los que están fuera de nuestra sociedad porque no siguen los mismos patrones, porque son una amenaza para el orden… Es un paralelismo que, al seguir leyendo, ves confirmado, pues Empiria decide romper la dicotomía Ajeno/Propio, y reclama ser Libre, recuperar la dignidad perdida, la individualidad que tuvo la cuna de los mitos, la cuna de nuestra civilización, que se está consumiendo y pudriendo por exceso de progreso, por exceso de tecnología, que nos hace olvidar que, al final, todos somos humanos.

La mención de los mitos no es algo al azar. El Sistema está dividido en cuatro partes. Están narradas desde distintos narradores, aunque, en realidad, siempre es el mismo, y es que parece que hay una voluntad de observar desde el «él», desde el «yo» e incluso desde el «tú», es decir, las diferentes maneras en que nos vemos y vemos a los demás, en que pensamos y hablamos. Pero además de tener distintos puntos de vista narrativos, cada parte puede recordarnos a otras obras, a otras historias. De hecho, el propio Narrador hace referencia a obras cumbre de la literatura y a mitos que van cobrando sentido y forma. Si en las primeras dos partes de la novela, de una belleza literaria y filosófica extraordinaria, podemos encontrar ecos de Orwell o Huxley y sus desgarradoras distopías, en las siguientes partes descubrimos un barco y un viaje que rememora a Jasón en busca de un vellocino que parece imposible, o a Ulises intentando regresar a casa. Pero en este caso, ¿los viajeros buscan el hogar o están buscando un sentido, una respuesta al vacío que se está apoderando de la humanidad?

Hay que tener en cuenta que lo que encontramos en estas páginas no es fácil y, en ocasiones, duele. Es un retrato metafórico pero preciso de nuestro mundo y nuestro comportamiento. Es cierto que, en las dos últimas partes de la novela, escritas con una prosa que va brillando cada vez más, convertida en fábula, en mito, hay momentos de esperanza que animan a revelarse, a decir basta, pues «esa búsqueda no pertenece a este barco ni a sus tripulantes, sino que es la vis movendi que anima a quien se atreve a escribir “no”». Y es que la escritura, como dice en Narrador, es insubordinación. Como el pensamiento. Y aunque lo que encontramos en estas páginas pueda ser una «representación de sus contemporáneos, el testamento vuelto polvo, detritus, basura» del que tendría que surgir un nuevo ciclo de la historia, de la humanidad, quizás si retomamos la palabra y despertamos el pensamiento que parece que se ha quedado dormido, enterrado tras tanta tecnología e inmediatez, podamos seguir nuestro viaje y recordarnos… recuperarnos, y volver al hogar como Ulises, esperando que alguien nos reconozca pero, sobre todo, que nosotros seamos capaces de reconocernos.

El Sistema es un libro extraordinario en todos los sentidos. Por un lado, por la profundidad de lo que relata, pues desnuda la sociedad en la que vivimos y a la que estamos abocados si seguimos igual, reflexionando sobre grandes y pequeños temas con una precisión impresionante que denota la formación filosófica del autor. Por otro lado, por la elegancia estilística que destila toda la obra, jugando con distintos tipos de narrador, pero siempre con una belleza en la prosa que es sobrecogedora. Sí, es un libro denso y abstracto en muchos momentos, pero es un viaje maravilloso por nuestro mundo y por la evolución interior de un personaje que deja de ser el Narrador, el centro, para ser otro, para ser Nadie.

Inés Macpherson
Fuente: Anika entre Libros

Se acerca el VII Festival Muntdemots

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Desde que somos pequeños, las historias nos rodean. Nos las cuentan, las vivimos y después, las contamos. Algunos las llaman “batallitas”, otros anéctodas, pero en el fondo, son historias, retazos de vida, de sueños, de futuribles, de imposibles. Y los cuentos también son eso: retazos de imaginación, de realidad, de magia. Están en las pequeás cosas, pero también en las grandes. Están por todas partes: respiramos historias, construimos relatos. De hecho, cada día que andamos, cada día que respiramos, nace una nueva historia que forma parte de nosotros, que nos completa, que nos hace ser quienes somos y nos hace tener ganas de compartirlo. Estamos hechos de historias. Y por eso mismo, un festival como el Munt de Mots es tan especial, pues nos da la oportunidad de llenarlo todo de cuentos.

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Para hacerlo posible, necesitamos una pequeña ayuda. Y no es una ayuda cualquiera, porque va acompañada de una recompensa. Así que, si os apetece poner vuestro granito de arena en esta oportunidad de volver a unir durante una semana un sinfín de cuentos y de narradores, entrad en la web del verkami, y escoged. Es posible que incluso alguien reciba un cuento…

http://www.verkami.com/projects/14835-vii-festival-munt-de-mots

 

Muchas gracias!

 

 

Microcuentos

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A veces, hay retos que hay que aceptar. Este es el resultado de que te pidan que intentes escribir relato corto…

Los ojos de tu abuela

aaaaaaaajos de cristal«Tienes los ojos de tu abuela» dijo con una sonrisa mi padre. «Claro», contesté yo. «Y el resto de su cuerpo». Y le enseñé el cajón donde descansaba la vieja, muerta. Por la cara de horror que puso mi padre, imagino que no era esa su intención cuando lo dijo. Pero si no se explican bien las cosas, corres el peligro de que uno pueda interpretarlas de forma literal.

 

Ropa emocional

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Soy diseñador de emociones. Me gusta que cada pieza de ropa que sale de mis manos tenga la capacidad de captar un estado mental, un sentimiento e incluso un miedo. Y durante un tiempo, la cosa funcionó… Hasta que la conocí a ella. Y mi ropa se volvió loca. Porque ella era todo pasión y hambre, y cada vez que me veía, su ropa se caía sin tan siquiera tocarla. Y claro, aunque uno intente ser de piedra, la ropa no lo es, y la mía también se caía, muerta de ganas de rozar la suya. Así, casi sin poder evitarlo, mis pantalones y su falda se enredaron en un abrazo, justo en el mismo momento en que mi boca se perdía en la suya.

 

Inés Macpherson

El maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov

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Normalmente, soy de las que desgranan argumentos e intentan hacer un análisis del argumento del libro del que hablo en los posts. En este caso, he decidido no hacerlo, o al menos, no de la manera habitual. Y es que El maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov es una novela en la que, según mi parecer, es mejor entrar a ciegas.

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En el momento en que abrí la primera página, sólo sabía lo que aparecía en la contraportada, es decir, que se trataba de una novela que narraba las peripecias del Diablo y su séquito por Moscú; peripecias que servían para radiografiar las debilidades humanas y criticar la sociedad del momento. ¿La novela es sólo eso? No, es mucho más. Es un viaje fantástico, cargado de ironía, humor y magia por partes iguales, con personajes memorables, escenas fascinantes y una idea que subyace: dependiendo de quién sea Dios, quizás es mejor seguir al Diablo… Sobre todo si es esta increíble criatura imaginada por Bulgákov, que sabe desnudar el alma humana para dar un escarmiento a ciertos vicios y a unas cuantas falsedades; una criatura con un séquito completamente hilarante, que provoca momentos inolvidables. Un aparte merece Margarita, un personaje fuerte, decidido y lleno de magia, que sabe lo que quiere y lo persigue, cueste lo que cueste; un personaje entrañable, dulce y salvaje, hada y bruja, que hace de contrapunto a la locura de Voland, Asaselo, Koróviev y Popota, y a la vez se sumerge en ella.

Podría decir mucho más. Hay análisis de la obra, comentarios extensos sobre las razones de su censura, lo que pretendía con su novela el autor… Esta vez, yo me quedo con la sensación que me ha dejado: un viaje increíble que vale la pena hacer sin estar preparado; dejarse llevar, sumergirse en sus páginas y confiar.

Si queréis leer alguna curiosidad sobre el manuscrito original y el paralelismo con el manuscrito del que se habla en la novela, podéis descubrirlo en este artículo de El País: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/04/07/actualidad/1396876234_497467.html

Yo simplemente os animo a descubrir esta joya, donde hay gatos que hablan, magia negra, y donde incluso los trajes pueden seguir escribiendo sin sus dueños.

Inés Macpherson

Lucía en Londres, de E. F. Benson (Impedimenta)

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Por cierta inclinación hacia las antologías de la editorial Valdemar y al cuento gótico en general, yo siempre había asociado el nombre de E. F. Benson con la oscuridad, los fantasmas… Al descubrir que Impedimenta había publicado la serie de Lucía, que desconocía por completo, tuve curiosidad por saber qué podía hacer Benson en un género tan distinto…

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Argumento

Emmeline Lucas, más conocida como Lucía, es una mujer que sabe lo que quiere. Residente en un pueblo de la campiña inglesa, Riseholme, es la reina del lugar y sabe gobernar con mano dura y dictar lo que está de moda y lo que no. Sus conciudadanos la adoran, pero a veces se agotan de su necesidad de tenerlo todo controlado. Sin embargo, cuando la tía de Pepino, el marido de Lucía, muere y les deja en herencia la casa de Londres, todo cambia, porque Lucía decide instalarse a pasar la temporada en la capital.

Como todo lo que hace Lucía, el asalto a la ciudad está planeado al milímetro: quiere conocer a todo el mundo, codearse con los mejores y que parezca que su vida es la más ajetreada del mundo. Para ello, Lucía persigue y avasalla a todo aquel con nombre y apellido, y poco a poco va mostrando su capacidad para crearse una fama entre la gente chic de Londres. Pero eso tiene un inconveniente: abandona Riseholme, y sus habitantes se sienten tan ninguneados por su reina que empiezan a buscar otras maneras de llenar su vida. Pero, ¿pueden sobrevivir sin ella? ¿Y puede Lucía sobrevivir sin Riseholme?

Opinión

Debo reconocer que, antes de descubrir este libro, yo conocía a E. F. Benson por sus relatos de terror. Historias como «El rostro», «La habitación de la torre» o «Negotium Perambulus», que se pueden encontrar en una recopilación realizada por la editorial Valdemar, titulada La habitación de la torre. 13 historias de fantasmas, demuestran su maestría a la hora de crear atmósferas y jugar con el paso del tiempo y los sueños como elementos para generar ese ambiente oscuro que predomina en muchas de sus historias. Sin embargo, en la serie de Lucía demuestra un talante muy distinto y mucho más divertido, cosa que sorprende a alguien que lo consideraba un autor de terror. Aquí encontramos a un Benson que domina la descripción y la atmósfera, pero para crear un cuadro de una época y mostrar, en sucesivas escenas, el comportamiento de un grupo de personas movido por la apariencia y la crítica, por los cotilleos y la admiración, que se torna en desprecio cuando uno triunfa y los demás no; un grupo de personas que necesita criticar al prójimo para ocultar los celos por no tener lo que el otro tiene, y que a su vez hace lo imposible por tenerlo… Una crítica sutil a un estilo de vida, a un tipo de relaciones personales que, en algunos círculos y con algunos cambios, sigue vigente en la hipocresía y la doble moral que funciona aún en ciertos estratos sociales.

La editorial Impedimenta ya ha publicado Mapp y Lucía y Reina Lucía, dos de los títulos de la serie de novelas (consta de seis títulos). En el caso de Lucía en Londres nos encontramos con unos personajes que ya han sido presentados y de los que se espera que el lector sepa alguna cosa. Sin embargo, el autor sabe dar pequeñas pinceladas informativas de cada uno de ellos, por lo que no es imprescindible haber leídos los anteriores títulos para poder disfrutar del universo de Lucía. Y es que al tratarse de una obra con cierto aire costumbrista, aunque aliñado con sátira y un poco de humor británico, las descripciones del comportamiento, de las costumbres y de los preparativos que realizan los protagonistas permiten ver claramente sus personalidades y sus historias.

La gracia que tiene un libro como este es que te permite observar la sociedad inglesa de inicios del siglo XX con una visión crítica. Esto no significa que el narrador vaya criticando y juzgando a los personajes, sino que, por un lado, deja que sean los propios personajes los que juzguen y sean crueles entre ellos y, por otro lado, retrata sin pudor escenas que pueden llegar a resultar risibles. Las conversaciones entre Lucía y George, con apuntes de un italiano inventado y con un cúmulo de diminutivos indigesta, con afirmaciones rotundas sobre arte y música, muestran el afán de una parte de esa sociedad por aparentar ser y saber mucho más de lo que realmente son y saben. Sin ser cruel, Benson retrata pequeños instantes que demuestran la hipocresía, la charada social que había en aquella época (y que sigue existiendo de otra manera y con otros clichés). Los intentos de Lucía por encajar, por formar parte de esos círculos exclusivos pueden recordar a los de una mosca, insistente e incansable, dispuesta a hacer lo que sea por estar donde quiere estar, cueste lo que cueste. Incluso cuando no lo consigue sabe hacer que ese desplante parezca algo buscado por ella y sacar provecho. Una escaladora social perfectamente plasmada por Benson, que sabe otorgarle elementos entrañables, y es que, en ocasiones, todos esos adultos parecen pequeños niños jugando en un patio de colegio mucho más grande de lo habitual, pues es la gran ciudad.

Es una lectura divertida, que se lee de forma pausada, porque no se trata de una obra ni con mucha acción ni con pretensión de ser algo distinto a un retrato social con toques satíricos que, lejos de ser crueles, destilan casi cariño por esas criaturas que necesitaban añadir diminutivos a todo, como si eso fuera distinguido. No hay que esperar encontrar el humor británico más afilado ni absurdo, pues en Lucía en Londres lo que abunda es la sutileza, el retrato bruto de la escena que, ya en sí, tiene suficientes elementos para ser, en sí misma, una comedia.

Inés Macpherson
Fuente: Anika Entre Libros (http://www.anikaentrelibros.com/)

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