Cuentos de Hadas de Angela Carter, de Impedimenta

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Cuentos de hadas de ángela carter

 

 

Título: Cuentos de Hadas de Angela Carter
Editorial: Impedimenta
Traducción a cargo de consuelo Rubio Alcover
3ª Edición: abril de 2017

 

 

 

 

Érase una vez un libro repleto de historias. Un libro construido en su momento con un respeto y una fascinación por el cuento que se respira en cada página y que queda demostrado en las notas finales, donde se explica de dónde surgieron esas historias. Un libro que ha sido traducido por Consuelo Rubio Alcover y editado en castellano por Impedimenta con el mismo cuidado y esmero que Angela Carter puso en la recopilación de estos cuentos de hadas que distan mucho de ser los que han poblado la pantalla de la mano de Disney. Muestra de ello son tanto los relatos en sí como las ilustraciones, de Corinna Sargood, que nos recuerdan ese universo oscuro y luminoso, maravilloso y extraño que puebla los cuentos.

Analizar cada uno de ellos sería imposible y, francamente, creo que innecesario. La magia de estos cuentos reside en dejarse maravillar. Algunos resonarán a otras historias más conocidas, otros nos sorprenderán con un humor o una crueldad que se nos ha hecho creer que no tendrían que estar en los cuentos de hadas. Pero ¿qué son las hadas? ¿Son seres luminosos, bondadosos y con alas de colores que nos ayudan y nos conceden deseos? ¿O son seres que pueblan otro mundo, que pueden llevarnos a otros lugares, engañarnos, recordarnos lo pequeña que es nuestra existencia humana? La magia puede pintarse de muchos colores, tomar muchas formas. Y también las hadas. La gracia de esta recopilación es que hadas, lo que se dice hadas, no aparecen. Tampoco hay princesas frágiles que necesiten ser rescatadas porque son incapaces de valerse por sí mismas. Hay sangre, muerte, incesto, venganza, brujas, hechiceras, mujeres que se metamorfosean y jóvenes decididas. Hay trampas, embustes y astucias; hay humor, algún gramo de extraña violencia y familias raras.

Para los amantes de los cuentos, este es un libro magnífico. El prefacio de Consuelo Rubio Alcover, que es también la traductora, nos presenta autora y obra, pero sobre todo nos recuerda algo que nunca debemos olvidar: siempre encontraremos ecos de un cuento en otro cuento. Estamos hechos de la misma materia y nuestros tabúes son similares. Además, los cuentos, como los mitos y las leyendas, caminan, viajan de la mano y de la boca de muchas personas, se mezclan, se enredan y se transforman. Se pueden contener en el papel, pero siempre, cuando alzan el vuelo de la mano de un narrador, pueden sufrir cambios, buscar refugio en otro cuento hasta crear uno distinto. Angela Carter no pretendía hacer como Propp y vaciar de contenido los cuentos para encontrar su estructura, sus paralelismos. Ella simplemente los reunió para recordarnos que se pueden narrar las mismas historias de forma distinta, y que las protagonistas pueden vestirse de lo que quieran. Porque esto es un canto al universo femenino en todas sus facetas: hay mujeres fuertes y mujeres que reciben un escarmiento por no cumplir su palabra; mujeres engañadas y mujeres que engañan; astutas, traviesas e incluso tramposas. Hay jóvenes, niñas y ancianas. Saltamos de cultura en cultura, encontrando hilos que nos unen y otros que nos alejan, tejiendo un universo narrativo fascinante y divertido.

Estos Cuentos de Hadas de Angela Carter son un regalo. Te hacen reír, te sorprenden, te invitan a reseguir con las manos esos pequeños seres que pueblan las páginas en forma de ilustración… Una pequeña y magnífica colección de historias que, una vez más, nos recuerda que los cuentos también son para adultos.

¡Feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson

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Res, de Mircea Cartarescu, en la Nollegiu

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Durante muchos años ha circulado la contundente afirmación que aseguraba que la poesía y los cuentos eran géneros que no interesaban. Algunas editoriales han empezado a demostrar que esa afirmación está equivocada, ha quedado obsoleta. Y para muestra, un botón.

Este fin de semana he acudido a dos actos muy distintos, pero centrados precisamente en esos dos géneros que, según algunos, son menores, y según otros, están olvidados, no interesan. El primero fue en La Casa de los Cuentos, a cargo de una narradora que lleva 30 años de trayectoria y que consigue que la narración y los cuentos sean un arte múltiple, porque no sólo nos explica una historia, sino que la dibuja, la pinta y la canta. Se trata de Isabella Méndez. Era un viernes a las ocho de la tarde y la sala estaba repleta de adultos dispuestos a disfrutar de los cuentos, de la narración oral. Porque por suerte para los adultos, los cuentos también están pensados para ellos.

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El otro acto tuvo lugar el sábado por la mañana, en la librería Nollegiu. Mircea Cartarescu estaba allí para la presentación de la traducción al catalán de Nimic, Res (Lleonard Muntaner Editor, abril 2018), una recopilación de poemas escritos entre 1988 y 1992 con un maravilloso prólogo de Sam Abrams, quien también estuvo en la presentación. No me he podido leer todo el libro, pero no pretendía analizar lo que hay únicamente en su interior, sino algo más. Hace unos meses, cuando acabé de leer Solenoide,  me pregunté en este mismo blog cómo era posible que pudieran caber tantos universos en la mente de un mismo hombre. Tras escucharle hablar el sábado, sigo haciéndome la misma pregunta, pero sabiendo que la respuesta es simplemente que es así. Ese hombre tiene universos en la mente, porque sabe observarlos, porque sabe observar.

Aunque estoy escribiendo en castellano, otra de mis lenguas maternas es el catalán. La charla fue en catalán, pero él habló en su idioma. No se expresó en inglés, no intentó buscar ese posible idioma común en el que probablemente no se hubiese sentido tan a gusto, tan fluido, tan él. Y lo que me fascinó, como catalanoparlante, fue que entremedio de aquellas palabras que no podía comprender, de vez en cuando surgía una que sí entendía, porque era hermana de mi lengua. Esa sensación, ese maravillarse ante la musicalidad de unas palabras que no son tuyas, pero tienen ecos en tu mente, creo que es uno de los regalos del lenguaje, su riqueza y, por supuesto, su diversidad. Disfrutar de ese placer, de ese descubrir cómo un poema puede ser el mismo, pero parecer totalmente diferente si se recita en su lengua original o se recita en el idioma a que ha sido traducido, es la magia de la palabra, sea hablada, escrita o cantada.

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Cartarescu explicó el proceso que lo llevó a ese Nimic, a ese Res que pudimos disfrutar en vivo y en directo. Desnudarse de las pretensiones, de todo el maquillaje con el que a veces vestimos las palabras para que resuenen más, como si necesitaran llevar algo más encima para ser profundas. La sencillez o la profundidad, a menudo, residen en la mirada, en la capacidad que uno tiene para que lo que ve, lo que intuye, tome forma de frase, de universo contenido en papel. Como he dicho antes, creo que Cartarescu tiene universos en su interior porque observa. Y observa siempre, incluso en su propia presentación. Daba la sensación de que estaba escuchando con todo su cuerpo, con todo su ser, aunque lo que se dijera fuera en catalán. Porque la clave reside ahí, en saber captar, en dejar que la realidad y las palabras, sean en el idioma que sean, te traspasen. Por eso, cuando leí Solenoide tuve la necesidad de anotar, de intentar absorber algo de lo escrito, para que se quedara, para que no fuera simplemente un libro más. Porque no es un libro más. Como tampoco lo será este Res que me observa desde la estantería, esperando ser leído. Hay obras que uno puede ir leyendo en el metro, pasando las páginas. Hay otras que necesitan su tiempo, su espacio y estar del todo allí, presente. Ese tipo de lectura requiere más, pero también da más.

Así que, por favor, lean a este hombre. A veces es bueno atreverse a descubrir todos los mundos contenidos en las palabras.

¡Feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson

 

Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enriquez (Anagrama)

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Título: Las cosas que perdimos en el fuego
Autora: Mariana Enriquez
Editorial: Anagrama
Fecha de publicación: febrero de 2016
ISBN: 978-84-339-9806-4

 

 

 

 

¿Cuáles son los límites del género de terror? Con cierto tipo de cine parecía que el terror iba a quedar acotado a una serie de juegos visuales y elementos musicales que te atrapaban en unas redes conocidas, pero igualmente terroríficas. Sin embargo, por suerte el terror es mucho más que eso, sobre todo cuando circula por las páginas escritas. Y es que a veces no se necesitan asesinos ni sangre para generar una sensación de desasosiego, de terror que traspasa lo visual, porque va más adentro, porque lo atraviesa todo.

Como la maravillosa Shirley Jackson, cuyo cuento La lotería demuestra que se puede acojonar a alguien simplemente sugiriendo, simplemente recordando que el mayor monstruo puede estar dentro o tener forma de sociedad, Mariana Enriquez nos demuestra que la extrañeza y el desvío de lo cotidiano puede colarse en nuestra tripa, revolverlo todo y agarrarnos las entrañas para que sintamos un peculiar miedo. No es el miedo de los sustos, de la sangre o de esas atmósferas góticas llenas de terrores cósmicos y fantasmas ancestrales. Es un miedo más humano, más salvaje, más real. Porque nos conecta con la realidad. Porque son pinceladas, momentos concretos en los que, de repente, empiezas a sentir que la autora está jugando con varias capas, con varios estratos en una misma historia: la que te narra la vida y la que mira detrás, la que sabe ver lo que hay al otro lado de nuestras fachadas.

A menudo, cuando hablo de libros compuestos por diversos cuentos, me paro a comentarlos, a analizar o resaltar lo que llama la atención de cada uno de ellos. Pero en este caso no sé si es buena idea. Creo que hay que adentrarse en las páginas de estas historias sin saber, para dejarse llevar por la prosa concisa, hermosa y sólida de esta argentina. En cada cuento hace que entres en un mundo que, aunque quizás no conozcas, ella hace tuyo. Y al invitarte a entrar, te mezclas con esa extrañeza que va asomando poco a poco y se va colando por dentro. Son geografías límite: zonas pobres, barrios que han perdido lo que una vez tuvieron, suburbios… Espacios descritos desde un prisma personal y duro que nos muestran una Argentina múltiple, rasgada y con sombras.

Sus protagonistas son en su mayoría mujeres. En muchos relatos encontramos una primera persona que mantiene cierta distancia, que nos habla como si estuviera un poco lejos, observando, pero a la vez muy cerca, pues la realidad está en ella, la salpica, la vuelve protagonista, la atrae hasta engullirla. Y el terror se viste de obsesión, de cuchilla, de maltrato… un maltrato brutal cuya resolución ignífuga tiene una fuerza y una perturbadora belleza vengativa que resulta inquietante y fascinante a la vez.

Coherentes, con unas voces narrativas fascinantes, duras, a veces burlonas, a veces crueles e incluso dubitativas, los relatos de Enriquez nos hablan de la desigualdad social, del sufrimiento psicológico, de la violencia machista, terrores reales, palpables y visibles que ella tiñe con ese juego de luces y sombras, de realidad y extrañeza que te sacude doblemente, porque ves el límite de lo vivido, de lo que existe, y observas a su vez a dónde te podría llevar.

Un libro impecable de una autora extraordinaria que vale la pena leer y, sobre todo, disfrutar.

¡Feliz martes y felices lecturas!

Inés Macpherson

La historia de tu vida, de Ted Chiang (Alamut)

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Soy de las personas que, cuando saben que hay una adaptación cinematográfica de un libro, primero leen el texto y luego ven la película. Pero, a veces, uno se entera de que la película es una adaptación después de haberla visto y debe enfrentarse al texto después. Esto me ha ocurrido con los cuentos de Ted Chiang. «La historia de tu vida», el cuento que da título a esta recopilación, es la historia en la que se basa La llegada (Arrival, 2016), dirigida por Denis Villeneuve y protagonizada por Amy Adams y Jeremy Rener. Cuando me enteré en su momento, quise leerlo, pero se fue quedando rezagado en la lista de pendientes. Hasta que, hace unos días, un amigo me pidió que lo leyera porque quería comentarlo conmigo.

La historia de tu vida

Al principio no entendí por qué. Pero entonces empecé a leerlo y lo comprendí. Y es que el estilo literario de Chiang es peculiar, difícil de clasificar. En ciertos momentos parece seco, frío e incluso distante. En otros momentos uno siente que está adentrándose en una selva de palabras, ordenada pero densa. Hay algo mental en su forma de escribir y en lo que escribe, y eso puede hacer que nos cueste entrar en su universo. O quizás es la forma en que se suceden las frases, las descripciones, sobre todo en el primer cuento, «La Torre de Babilonia», donde uno casi se podría perder, no porque estén mal hechas, sino simplemente porque te pierdes.

En todos sus cuentos encontramos temas recurrentes: el poder del lenguaje y de la mente humana; la ciencia y las matemáticas; la religión o la figura de Dios, o el tiempo y todo lo que lo rodea, sea el futuro o la forma en que lo percibimos. Quizás el que se desvía un poco más de este terreno sea el último cuento, «¿Te gusta lo que ves? (Documental)», donde sigue ahondando en la mente humana, pero esta vez centrándose en el tema de la belleza y la percepción en vez de en el lenguaje. Pero lo cierto es que, en general, la sensación que tenemos al leer esta recopilación es la de que estamos ante algo sólido, con las ideas claras.

Como ya comentaba antes, el primer relato es «La Torre de Babilonia». Como el propio autor explica al final del libro, en un anexo en el que expone cómo nacieron las ideas de cada relato, esta historia plantea una visión distinta de la torre de Babilonia. En una Mesopotamia alternativa, se alza esta torre que llega hasta la bóveda celeste, uniendo religión y ciencia en una obra de ingeniería brutal. La historia, narrada por uno de los mineros que debe cavar la bóveda del cielo, es extraña y, reconozco que, al principio, me costó entrar. Pero lo cierto es que consigue algo que ocurre a menudo con los relatos de este libro y es que no sabes si lo interesante es lo que cuenta o lo que subyace, lo que hay más allá de la historia.

El segundo cuento, «Comprende», Chiang juega con las capacidades mentales humanas. ¿Qué pasaría si alguien desarrollara una inteligencia tan superior que pudiera incluso comprender cómo funciona su propio cerebro? ¿Qué pasaría con el lenguaje? ¿Y con nosotros mismos? Chiang sabe llevar esta hipótesis a límites fascinantes. También sobre el lenguaje y los límites de la comunicación habla «La historia de tu vida». Habiendo visto La llegada, es un relato que quizás no sorprenda, pero debo reconocer que, personalmente, creo que es más redondo el relato que la película. ¿Por qué? Porque evita cierto tono dramático que sí parecía destilar la parte final de la historia de Villeneuve. Porque hay una explicación más interesante al funcionamiento del sistema de comunicación de los octópodos y cómo dicho sistema afecta a la capacidad mental de la protagonista. Es conmovedora, inteligente y consigue, además, que el personaje que en la película interpretaba Jeremy Rener tenga mucho más sentido.

También juega con el lenguaje, aunque en este caso con el poder de los nombres, el relato «Setenta y dos letras». En un mundo que podría acercarse al género steampunk, nos encontramos ante una sociedad donde los autómatas pueden emplear tareas gracias a la animación de la materia mediante el uso de letras… o nombres. El arte de la nomenclatura nos muestra la capacidad del ser humano de pensar, investigar, indagar e intentar ir siempre un poco más allá. El joven protagonista, un idealista que pretende ayudar a las clases desfavorecidas con uno de sus inventos, acabará metido en un proyecto de gran envergadura que va mucho más allá de lo que podía imaginar, pues el futuro de la raza humana está en juego. Una historia bien llevada y con una serie de preguntas morales y políticas muy interesantes.

El relato «Dividido entre cero» se acerca al mundo de las matemáticas, y el cuento corto «La evolución de la especie humana» al mundo de la ciencia. El tema de la religión que podía vislumbrarse en el primer relato reaparece en «El infierno es la ausencia de Dios», un cuento que ahonda en un tema complejo y profundo como son las creencias, lo que uno cree que merece, lo que espera o lo que es realmente la vida. ¿Debemos esperar que nos den algo por ser buenos? ¿Debemos buscar la gloria de Dios? ¿Qué es realmente el Infierno?

Cierra el libro un cuento con un formato interesante, pues, como se indica en el título, finge ser un documental. «¿Te gusta lo que ves? (Documental)» realiza una interesante reflexión sobre la belleza y el peso que tiene en nuestra sociedad. ¿Qué pasaría si pudiéramos mirar a las personas sin juzgar su aspecto físico? ¿Cómo sería un mundo sin prejuicios estéticos?

Al acabar el libro sigo sin tener muy claro cómo definir la manera en que escribe Ted Chiang. Pero lo que está claro es que, a nivel temático, sus cuentos plantean una serie de preguntas y de hipótesis muy interesantes.

¡Feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson

 

Ojos azules, de Toni Morrison (Debolsillo)

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Cuando uno necesita reconciliarse con la palabra escrita, hay autores que nunca fallan. Últimamente se han ido añadiendo algunos a la lista, pero desde que descubrí, hace unos años, a Toni Morrison, su voz es una de esas a las que vale la pena volver para recordarnos que la literatura es una ventana al mundo, una forma de descubrir realidades que existen, aunque estén agazapadas, o que, como mínimo, han existido.

Así que, cuando el otro día pasé por una librería y vi esos Ojos azules (Debolsillo, 3ª edición, 2017), decidí dejarme atrapar por ellos.

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No diré mucho, porque ella misma lo dice todo al inicio de la novela:

A ninguna de las dos se nos ocurrió que la tierra misma pudo haber sido improductiva. Habíamos dejado caer nuestras semillas en nuestra parcelita de tierra negra exactamente igual que el padre de Pecola depositó su simiente en su propia parcela de tierra negra. Nuestra inocencia y nuestra fe no resultaron más productivas que su lascivia o su desesperación. Lo que está claro hoy es que de todos aquellos temores, esperanzas, lujuria, amor y pesadumbre, no queda nada con excepción de Pecola y de la tierra improductiva. Cholly Breedlove ha muerto; nuestra inocencia también. Las semillas se secaron y murieron; el bebé también.
En realidad nada más habría que decir, salvo por qué. Pero, dado que el porqué es difícil de manejar, será mejor refugiarse en el cómo“.

A partir de esta premisa, nos adentramos en el universo de Pecola, de Claudia y Frieda… un universo donde las muñecas bonitas son blancas y tienen los ojos azules; donde tener esos ojos es sinónimo de tenerlo todo, de tener belleza, de poder huir de la realidad…. Pero la realidad, por desgracia, no suele soltar su presa tan fácilmente.

Un retrato intenso que sabe ahondar en el presente y en el pasado, en la construcción de una persona, pero también en su destrucción. Al llegar al final, descubrimos que nos han traspasado la piel, porque todos en algún momento hemos soñado con ser otra cosa para no ser lo que duele, pero probablemente no seríamos capaces de describirlo así.

¡Feliz viernes y felices lecturas!

Inés Macpherson

Solenoide, de Mircea Cartarescu (Impedimenta)

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Aprovechando que hace unos días se anunció que el escritor Mircea Cartarescu ha sido galardonado con el Premio Thomas Mann de Literatura 2018, recupero la reseña que realicé sobre su maravilloso Solenoide (Impedimenta, septiembre 2017) para Anika Entre Libros.

SOLENOIDE

Argumento

Volcadas sobre una serie de diarios, las palabras de un escritor frustrado nos dejan ver su infancia, adolescencia y vida adulta en una Bucarest gris, devastada y fría. Una ciudad supuestamente anodina que, bajo sus cimientos, oculta un universo alucinado y alucinante que va salpicando la vida del personaje.

Este profesor de Rumano que da clases en un instituto de barrio, narra sus idas y venidas, sus trayectos rutinarios de casa a la escuela y de la escuela a casa, esa ventana a la realidad gris y mortecina de la existencia de un sinfín de seres humanos. Pero en su casa en forma de barco, por la que a veces se pierde, como también ocurre en la escuela o en otros edificios, laberintos reales o existenciales del protagonista, hay algo más, algo oculto en las tripas de la construcción: un solenoide. Y un sillón de dentista que alberga junto a él un tablero de mandos imposibles.

A través de sus recuerdos y de la reconstrucción de su vida, la pasada y la presente, iremos descubriendo a una serie de personas que irán abriendo caminos diversos en la vida de este hombre que deambula por el mundo y por su cráneo dispuesto a enfrentarse a la amarga realidad de la existencia, al dolor y el horror de la vida en sí misma, a encontrar una puerta… o una huida.

Opinión

En el posfacio de Marius Chivu, e incluso en la contraportada de la novela, se nos anuncia a los lectores que Solenoide es probablemente la piedra de toque en torno a la que gravitan el resto de ficciones de Cărtărescu. Pero, ¿qué ocurre cuando, como en mi caso, este es el primer libro que lees de este fascinante escritor rumano? ¿Qué ocurre cuando esas referencias a las que sí podrían dirigirse otros lectores te son desconocidas? Pues que te quedas sin palabras, porque cuesta encontrar la forma de describirlo, de hablar de esta obra. Haré lo posible. Por ahora diré que en la vida había leído algo así, y he leído mucho.

La prosa de Cărtărescu es extraordinaria. De una belleza lírica precisa y envolvente, sabe caminar por el realismo descriptivo más exacto y por los universos oníricos, fantásticos y fantasmagóricos más inimaginables. Y como eco de esa prosa, o a la inversa, su personaje tiene dos caras: la del profesor que, de día, crea un surco entre su casa y la escuela, de tantas veces que hace el mismo recorrido, y el que, de noche, abre las puertas a un universo extraño, una dimensión paralela donde el sueño y la realidad abandonan la frontera que los separa, y la muerte, el horror y el miedo humano toman una forma alucinada, alucinante, pero a la vez palpable, que sirve como espejo y metáfora de una reflexión que surca las 800 páginas y que nos enfrenta a la existencia y al abismo que supone ser consciente de la misma y de su finitud.

Este lenguaje poético, cargado de imágenes y de una profundidad filosófica que te deja atado al asiento y al libro, intentando captar toda la esencia, intentando apropiarte, ni que sea por un instante, de la desgarradora reflexión que expone, hace que no sólo sigamos la historia que nos va narrando, sino que nos adentremos en esa voz interior que va soltando sobre el papel y que va abriendo en canal su existencia y la de la humanidad en general.

A través de la exposición de sus anomalías, de la extrañeza de ciertos episodios de su vida, el narrador va creando una extraña balanza entre lo real y lo increíble, entre lo palpable y lo imposible, pero siempre con la intención de mostrar las entrañas: las de la ciudad, pero también las de la humanidad, que va vertiendo en ella su dolor, su sufrimiento, alimentando el vacío de una existencia abocada a la muerte, a la nada. Nos habla de la literatura, de esas puertas pintadas en las paredes, o en los cráneos, para intentar huir sin conseguirlo, pues sólo son engaños, maneras de escapar momentáneamente de la condición humana.

Las imágenes recurrentes que se van repitiendo a lo largo del libro incomodan y fascinan por partes iguales, pues parecen estar pensadas para acercarnos al dolor, pero envueltas en una capa de lo fantástico que pueden recordar a Kafka, a Ende y a otros autores que supieron deambular por esa frontera, enseñándonos que el espejo de la fantasía puede dejarnos ver la realidad desde una perspectiva más profunda. La presencia constante del sillón del dentista, cuyas descripciones recuerdan, como apunta en el posfacio Marius Chivu, al universo de H. R. Giger, sirve como eje de unión entre las partes del libro, que son los distintos cuadernos, los distintos diarios en los que nos sumergimos, como en un laberinto.

Solenoide es un viaje, un laberinto vital por el que perdernos, por el que dejar que la existencia nos golpee. Hay una angustia vital que transpira por los poros de las diferentes historias que nos cuenta este escritor frustrado, una sensación de búsqueda y a la vez de cierta resignación que se ve convulsionada por el mapa que poco a poco se va creando en su interior y en la ciudad, que es otro personaje, otro espejo en el que mostrar la decadencia, la ruina humana que necesita volar para tomar perspectiva, para buscar esa manera de ir más allá de sí misma.

Hay en este libro un sinfín de historias, de retazos, de fragmentos de vida unidos por las costuras de unas reflexiones preciosas y a la vez duras; referencias literarias, matemáticas y científicas que pueden parecer extrañas, pero que tienen siempre un sentido, pues cada uno de los elementos que aparecen forman parte del puzle, de ese mapa laberíntico que nos enreda pero no nos pierde. Alucinante, de una fuerza literaria brutal, esta novela es inclasificable. Es Literatura en mayúsculas. Y es un libro que, al cerrarlo, hace que te preguntes cómo es posible que quepan tantos universos en la mente de un único hombre.

Para aquellos que se hagan esa pregunta u otras sobre el autor, aquí os dejo el link a una entrevista al autor realizada por Letras Libres: http://www.letraslibres.com/espana-mexico/literatura/entrevista-mircea-cartarescu-he-escrito-un-panfleto-contra-el-sistema-literario

¡Feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson
(Reseña redactada originalmente para Anika Entre Libros)

Nines, de Muriel Villanueva (Males Herbes)

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Nines

 

 

Títol: Nines
Autora: Muriel Villanueva
Editorial: Males Herbes
Primera edició: març del 2017
ISBN: 978-84-945877-6-4

 

 

 

Mai m’han agradat les nines. De petita no jugava amb elles i de gran sempre m’han semblat estranyes, petites personetes que ho observen tot, imitacions de la infantesa, de la feminitat, de la maternitat… Per això, quan vaig veure el títol d’aquest recull i la portada, vaig voler endinsar-me en les nines de la Muriel, perquè tenia curiositat en saber com les veuria ella, com en parlaria… I vaig fer bé, perquè aquestes Nines són impressionants.

És el primer cop que llegeixo a la Muriel Villanueva, però no serà l’última. No només per la seva prosa, sinó perquè té una força i una valentia a l’hora d’escriure que cal destacar i aplaudir. De fet, fins i tot m’atreviria a donar-li les gràcies per sacsejar-ho tot. Sé que parlo des de la meva feminitat i que potser per això no sóc del tot objectiva, però els contes que hi ha a aquest recull són una condensació del que probablement sentim, pensem o vivim altres dones. Amb això no vull dir que sigui literatura femenina, que un home no pugui endinsar-se en aquestes històries. Tot el contrari. És una forma perfecte de comprendre el que a vegades vivim, tancant les cames perquè no se’ns escapin les pors i les angoixes, les llàgrimes vermelles que indiquen el que podem perdre.

No sabria amb quin dels relats quedar-me. Tots tenen quelcom especial, tant en la història com en el simbolisme de les nines que l’acompanyen. Nines que són el record d’algú que ja no hi és; nines que són la nostra imatge congelada en un instant d’infantesa, petites i dirigibles, com si fóssim realment nines sense sang ni pensament; nines que representen un desig, una esperança de vida; nines que són miralls on reconèixer-nos i, potser, acceptar-nos.

Poètica i simbòlica, la prosa de Muriel Villanueva té un toc salvatge, directe, cru. I és que hi ha coses que a vegades cal dir d’aquesta manera, perquè et sobti, perquè et quedis parada enmig d’una frase mentre et repeteixes «collons, està parlant del que crec que està parlant?» i lliguis caps, i deixis que les imatges t’arribin carregades de tot el que diuen i amaguen, de tot el que et deixen intuir i et mostren de forma oberta.

Insisteixo, potser parlo des d’un lloc que no és del tot objectiu, però aquest llibre m’ha semblat fascinant, arriscat, cru i ple de força. Una escriptura que ens endinsa en una intimitat real, densa i palpable, amb totes les ombres, amb tots els moments truncats: el dolor, la pèrdua, el descobriment de l’horror, de les formes que pot tenir l’abús i les formes en que ens podem arribar a sotmetre. Dotze nines que ens mostren com podem arribar a callar, però també com podem arribar a cridar.

Així que, si no voleu cridar, com a mínim llegiu aquest llibre, perquè us ajudarà a recordar que la literatura, a vegades, necessita sacsejar-nos, necessita obrir-se la pell per mirar a dins i fer que nosaltres també mirem.

Bon dilluns i bones lectures!

Inés Macpherson

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(en castellano)

Nunca me han gustado las muñecas. De pequeña no jugaba con elles y ahora me siguen pareciendo extrañas, pequeñas personitas que lo observan todo; imitaciones de la infancia, de la feminidad, de la maternidad… Por eso, cuando vi el título y la portada de esta recopilación, quise descubrir las muñecas de Muriel, porque sentía curiosidad por saber cómo las vería ella, como hablaría de ellas… E hice bien, porque estas Nines son impresionantes.

Es la primera vez que leo a Muriel Villanueva, pero no será la última. No sólo por su prosa, sino porque tiene una fuerza y un valor a la hora de escribir que hay que destacar y aplaudir. De hecho, incluso me atrevería a darle las gracias por zarandearlo todo. Sé que hablo desde mi feminidad y que tal vez por eso no soy del todo objetiva, pero los cuentos que hay en esta recopilación son una condensación de lo que probablemente sentimos, pensamos y vivimos otras mujeres. Con esto no quiero decir que sea literatura femenina y que los hombres no puedan adentrarse en sus historias. Todo lo contrario. Es una manera perfecta de comprender lo que a veces vivimos, cerrando las piernas para que no se escapen el miedo y la angustia, las lágrimas rojas que indican lo que podemos perder.

No sabría con cuál de los relatos quedarme. Todos tienen algo especial, tanto en las historias en sí como en la carga simbólica de las muñecas que las acompañan. Muñecas que son un recuerdo de alguien que ya no está; muñecas que son nuestra imagen congelada en un instante de infancia, pequeñas y dirigibles, como si realmente fueramos muñecas, sin sangre ni pensamiento; muñecas que representan un deseo, una esperanza de vida; muñecas que son un espejo en el que reconocerse y, tal vez, aceptarse.

Poética y simbólica, la prosa de Muriel Villanueva tiene un toque salvaje, directo, crudo. Y es que hay cosas que, a veces, es necesario decir de esta manera, para que nos sorprenda, para que uno se quede parado en medio de una frase mientras se repite «joder, ¿está hablando de lo que creo que está hablando?», y ates cabos y dejes que las imágenes te lleguen cargadas de todo lo que dicen y esconden, de todo lo que dejan intuir y lo que muestran abiertamente.

Insisto, tal vez hablo desde un lugar que no es del todo objetivo, pero este libro me ha parecido fascinante, arriesgado, crudo y lleno de fuerza. Una escritura que se adentra en una intimidad real, densa y palpable, con todas las sombras, con todos los momentos rotos: el dolor, la pérdida, el descubrimiento del horror, de las formas que puede tomar el abuso y las formas en que podemos llegar a someternos. Doce muñecas que nos muestran como podemos llegar a callar, pero también que podemos llegar a gritar.

Así que, si no queréis gritar, como mínimo leed este libro, porque os ayudará a recordar que la literatura, a veces, necesita sacudirnos, necesita abrirse la piel para mirar dentro y hacer que nosotros también miremos.

¡Feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson

Maestros del horror de Arkham House (Valdemar)

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En 2017, Valdemar reeditó una maravilla de su catálogo, Maestros del horror de Arkham House, cuya primera edición había aparecido en 2003. Yo hacía algunos años que tenía en mis manos este libro, y por fin he tenido la oportunidad y el placer de leerlo y disfrutarlo con la calma que se merece. Y es que esta antología es mucho más que una simple reunión de relatos, pues, gracias al trabajo extraordinario de Peter Ruber, encontramos no sólo una selección de cuentos, sino una ventana a la historia de la editorial Arkham House, fundada en 1939 por el escritor August Derleth, con la intención de editar la obra de H. P. Lovecraft.

Maestros del horror de Arkham House

El libro empieza con una interesante introducción que nos abre las puertas a la historia de esta editorial de literatura fantástica y de terror que supo reunir a algunos de los autores más prolíficos e interesantes del género. Todos ellos escribían relatos que después se publicaban en clásicos del pulp como Weird Tales. A menudo fueron esas revistas las que los mantenían a flote, porque la vida del escritor en esa época no era fácil. Tampoco la de editor, y si no que se lo pregunten al propio Derleth. Ruber nos explica las complicaciones, las dificultades económicas… Pero también nos explica algo extraordinario: la red de correspondencia entre todos ellos. Era una extensa red de contactos a base de cartas, donde se comentaban escritos, problemas económicos y personales, se discutía sobre literatura, sobre la vida… Hay algo hermoso en eso, en la sensación de que eran todos distintos, pero había algo que los unía. Arkham House intentó reunirlos a todos en su catálogo, con mayor o menor éxito, pero allí estaban. Y Valdemar nos trae un pedacito de ese momento de la mano de Peter Ruber, gracias a la traducción de José María Nebreda.

Además de la introducción histórica sobre la editorial, antes de cada relato encontramos un apunte biográfico del autor. Anécdotas, fragmentos de cartas y un recorrido por la vida de escritores, algunos más conocidos, como Clark Ashton Smith, Rober E. Howard, Ray Bradbury, Robert Bloch o Seabury Quinn, y otros que, como el propio Ruber comenta, quizás han ido cayendo un poco más en el olvido, como Howard Wandrei, Greye La Spina o Mary Elizabeth Counselman. Eso nos permite conocer su relación con Derleth y Arkham House, pero también con Lovecraft y el resto de autores que pasaron por su catálogo.

Respecto a los cuentos, como en toda antología, hay algunos que podrán gustar más que otros. Ante todo, hay que reconocer la diversidad de estilos y temáticas que aparecen. Lo fantástico y el mundo del horror tienen muchas caras, muchas formas de mostrarse y muchos terrenos por los que moverse. Dioses, hombres lobo, pequeños asesinos, asesinos humanos y no tan humanos, maldiciones ancestrales… Encontramos un abanico extenso de universos. No voy a hacer un repaso de todos ellos, porque son veinte relatos (21 si contamos la correspondencia de Lovecraft y Derleth que inicia la antología), pero sí que me gustaría señalar alguno de ellos.

Por preferencia personal desde hace años, debo destacar «El pequeño asesino», de Ray Bradbury, un relato maravilloso, con una carga psicológica muy bien llevada y que te va arrastrando a esa paranoia brutal que lleva al lector a un desenlace inquietante. «Caza del hombre», de Donald Wandrei, es uno de esos relatos que también se centran en la angustia y la psicología de los personajes, con un final que destila un punto de humor que no desentona con el conjunto. También es interesante el relato de Robert Bloch, «El murciélago es mi hermano», que visita un tema clásico de la literatura fantástica y de horror: el vampiro. Los hombres lobo de Greye La Spina también son interesantes, y la atmósfera de «El señor de Cotswold», de Nelson Bond, es una muestra de cómo la imagen de una casa aislada en los páramos siempre es un buen inicio para adentrarse en la oscuridad y los horrores ancestrales.

Para acabar, me gustaría señalar la ilustración de cubierta, de Tony Patrick. Es hipnótica. Ese sillón rojo enmarcando a uno lector esqueleto cuyos colmillos sobresalen, como si fuera un vampiro, destaca y atrae la curiosidad, que va creciendo a medida que descubres, entre las páginas del libro, los títulos de las obras que se publicaron en Arkham House. Entonces te descubres volviendo una y otra vez a la portada para comprobar que están allí, que incluso en algunos casos se puede leer el nombre del autor, y que esa biblioteca sería un buen lugar para estar, aunque esté llena de monstruos, de sombras y de ventanas a la oscuridad.

¡Feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson

Un cementiri de llunàtics, de Ray Bradbury (Males Herbes)

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Quan em vaig assabentar de que Males Herbes publicaria una novel·la de Ray Bradbury, reconec que em vaig alegrar. I després d’anar a la presentació que van fer a la Calders d’aquest meravellós Un cementiri de llunàtics, encara ho vaig tenir més clar. És un gran tàndem. La passió que desprenen per la seva feina i la passió amb la que van parlar d’aquest extraordinari geni són mostres de que hi ha llibres que han de caure en segons quines mans. I aquestes l’han tractat molt bé. La traducció de Martí Sales és genial i fa que l’univers d’en Bradbury cobri vida.

978849472587

A Un cementiri de llunàtics trobem a un Bradbury una mica diferent del que tothom coneix per Cròniques marcianes o Fahrenheit 451. I és que en Bradbury sap ser crític, àcid, fantàstic, misteriós… Sap ser brutal i alhora domina l’humor negre. Aquí trobem un retrat d’un món que ell va conèixer, el dels estudis de Hollywood, un homenatge a un dels seus grans amics, en Ray Harryhausen, i un misteri a resoldre. Però no us penseu que estem davant d’una novel·la de detectius, encara que ho podria ser, perquè la forma en que està narrada fa que al nostre cervell ho vestim tot de blanc i negre i quasi puguem sentir l’aroma de tabac que sempre acompanyava les pel·lícules del gènere.

El protagonista és el propi Ray Bradbury, que comença a despuntar com a escriptor i rep l’encàrrec de fer un guió per un estudi de Hollywood. Allà es troba amb en Roy (Ray Harryhausen), un amic de la infantesa que sap crear tota mena de criatures. Tots dos han de crear el monstre més fascinant i terrorífic que ha existit mai. Però no serà tan fàcil com imaginar un ésser monstruós. I és que, la nit de Halloween, en Ray rep una nota que el convida a anar al cementiri que hi ha just al costat de l’estudi. I allà veu el que sembla el cadàver de l’antic director de l’estudi. És real? És una broma? Aquest fet serà el detonant d’una trama que traurà a la llum els secrets de l’estudi…

Actrius, investigadors, directors, maquilladors i un munt de personatges aniran desfilant per aquest cementiri de llunàtics, entrant i sortint de l’estudi i de tots els decorats possibles. Trobem la casa dels avis del protagonista, Notre-Dame, el Mont Calvari… i, per descomptat, el cementiri. Però aquest no és de mentida. És ben real, i està a l’altra banda del mur de l’estudi. La ciutat dels vius i la ciutat dels morts; la ciutat plena de llums i la que està habitada per les ombres… dos ciutats unides per les històries, les que neixen i les que moren.

Amb una atmosfera que ens recorda al cinema negre, amb personatges memorables i homenatges a grans figures del seu temps, aquesta novel·la és divertida, boja i una mica surrealista. Ens recorda que Bradbury podia tocar tots els gèneres, podia endinsar-se en tots els universos possibles, fins i tot en el gènere negre.

Respecte a això, una petita curiositat… Fa anys, al 1986, Edhasa va publicar Memoria de crímenes, una recopilació de contes de Ray Bradbury de temàtica policial i criminal. Al pròleg del propi autor, ell demana que no siguem gaire crítics, perquè en el fons no pretén ser Chandler o Hammet; ell simplement escriu. El que és curiós és que hi ha certs elements de la novel·la que apareixen a aquesta recopilació. Al conte «Muere un hombre cuidadoso» apareix el Brown Derby, el restaurant on van els protagonistes de Un cementiri de llunàtics i on es descobreix per primer cop a la Bèstia. I el cementiri al costat de l’estudi de Hollywood (una unió inspirada pel Hollywood Forever, un cementiri que estava just al costat dels estudis de la Paramount) també apareix a un dels contes d’aquesta antologia, en concret a «Ayer vivía».

En definitiva, una novel·la meravellosa, divertida, una mica àcida i amb un punt surrealista que ens ajuda a descobrir una altra cara més del gran Bradbury. Espero que aquesta unió entre Bradbury i Males Herbes segueixi donant el seu fruit. Jo, com a lectora, ho agrairé i molt.

Bon dilluns i bones lectures!

Inés Macpherson

Lágrimas y santos, de Emil Cioran (Hermida Editores)

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lágrimas y santos

Título: Lágrimas y santos
Autor: Emil Cioran
Editorial: Hermida Editores
Fecha de publicación: septiembre de 2017
Número de páginas: 200
ISBN: 978-84-946647-5-5

 

 

 

 

Hay libros que te dejan sin palabras, sin capacidad de acotar, de resumir, porque lo que se dice en su interior es tanto que reducirlo a algo concreto y simple sería faltar al respeto a la belleza, tanto en estilo como en contenido, de las páginas que has leído. Es el caso de Lágrimas y santos, de Emil Cioran, un libro que se publicó en 1937 y que, a pesar de ya haber sido publicado en 1988 por Tusquets, ahora aparece de nuevo de la mano de Hermida Editores, con el texto íntegro y traducido por Christian Santacroce directamente del rumano.

En Lágrimas y santos, Emil Cioran plantea una búsqueda, un acercamiento a una visión de la existencia que, a menudo, puede resultar contradictoria, pero que guarda una coherencia interna en medio del caos. El tratamiento de temas como Dios, los santos, la mística o la espiritualidad van desgranándose en estas páginas llenas de una belleza lírica extraordinaria.

Filósofo conocedor de Schopenhauer o Nietzsche, plantea en este libro un viaje mental por las diferentes maneras de entender la religiosidad, siempre con un punto sarcástico, a veces oscuro, pero sin abandonar del todo un extraño himno a la vida cargado de sombras. Y es que la contradicción es algo que parece respirar en el interior de este texto, moviéndose entre las luces y las sombras, entre la vida y la muerte, señalando de una forma brutal, sobre todo para su época, la imagen de Dios y nuestra manera de relacionarnos con él. Y entre medio, siempre las lágrimas, esa imagen preciosa que está cargada de simbolismo y de belleza.

Acostumbrados a leer ensayos en los que la argumentación se sigue entre párrafos, la estructura libre de este libro puede sorprender al lector. No es que sea caótico en la forma, pero cada párrafo es en sí un canto al pensamiento y a la reflexión. Y cada uno de ellos sirve por sí solo. Se podría leer un párrafo por día, perder el hilo, y no pasaría nada, porque la densidad de lo que se dice a cada frase, la brutalidad, a veces cáustica, de sus palabras, son como bofetadas al cerebro. Y a su vez, la belleza de sus imágenes, la forma extraordinaria en que hila los pensamientos, las metáforas, hace que, en ocasiones, olvidemos que estamos ante un libro de filosofía, porque es mucho más que eso.

Es un río, un flujo de reflexiones que van dibujando caminos, salpicándonos con frases que golpean y sorprenden. Los santos aparecen, por supuesto, y también las lágrimas, que sirven como una metáfora extraordinaria, un compendio de algunos de los pensamientos recurrentes del libro. La espiritualidad, el análisis de Dios, su figura o la relación que tenemos nosotros con él, y a la inversa, se mezclan con el canto a la capacidad de elevarse de la música o la poesía. El erotismo de la mística, esa unión voluptuosa de las santas con ese Dios al que se entregan, salpica los párrafos, como también el sufrimiento, la culpa, esa idea de que Dios nos creó porque se sentía solo y necesitaba compañía, alguien que le distrajera.

Se analiza al hombre, su relación con la vida, y con la muerte, por supuesto. Esta última ronda las páginas para teñirlas de un extraño pesimismo, un sentimiento que, a su vez, no se puede desligar de la vida. La melancolía, la nostalgia de algo que no tenemos, esa desgarradora profundidad que nos acecha…

Adentrarse en Cioran es adentrarse en un pensamiento duro, difícil y a la vez hermoso. El caos contradictorio que parece reinar en su prosa está, sin embargo, medido, pues cada párrafo tiene su tempo, su forma de abrirse camino en tu cabeza para sorprenderte, para romperte o escandalizarte incluso. Y es que estamos ante un libro extraordinario, no apto para todos los públicos, pero que resulta un regalo para todos aquellos que se atrevan con alguien capaz de comparar la santidad con la enfermedad, que nos habla de la noche como un «universo de luto», y nos recuerda, con palabras de Dostoievski, que el sufrimiento «es la única causa de la conciencia».

Insisto en que es difícil acotar todo lo que en este libro se apunta, porque es mucho. Son conceptos, ideas, imágenes cargadas de una fuerza desgarradora. Somos seres solitarios a los que Dios no mira a la cara. Seres que sufren, que buscan, que viven y, a veces, se elevan. Cómo elevarse y en qué dirección quizás dependa de cada uno. En uno de los múltiples momentos en que habla de Dios, de la espiritualidad y nuestra relación con ella, nos recuerda que «Toda forma de Dios es autobiográfica. No sólo procede de ti, sino que además te interpretas en ella. Es una doble visión introspectiva que nos descubre la vida del alma como yo y como Dios». Sólo que por reflexiones como esta, ya vale la pena atreverse a abrir este libro y sumergirse en él.

Inés Macpherson
Reseña redactada originalmente para Anika Entre Libros