Mother!, de Darren Aronofsky

Etiquetas

, , ,

Cuando el miércoles pasado fui a ver Mother!, de Darren Aronofsky, no había leído nada al respecto. Sabía que había quien salía del cine indignado, pensando que le habían tomado el pelo, y quien salía fascinado. En ocasiones, las películas que nos explican mucho más de lo que se puede ver a simple vista molestan, incomodan. A menudo queremos que lo que vemos sea lo único que hay, pero al señor Aronofsky siempre le ha gustado jugar con los símbolos, y en Mother! lo hace desde el minuto uno y durante toda la película. Debo reconocer que yo soy de las que ha salido fascinada ante esta cinta que es brutal en su crítica a la humanidad en todos y cada uno de sus aspectos. Es difícil hablar de esta obra sin hablar de lo que ocurre en ella, de las imágenes que se suceden, por lo que hace un comentario libre de spoilers es casi imposible. Haré lo que pueda, pero lo veo complicado.

mother-poster

Ante todo, debo reconocer que, durante una parte de la película, el espectador puede pensar que está ante una cinta de terror: la tensión de la visita de unos extraños, esas sombras que a veces tiñen las paredes, el sótano… Y sí, podría ser de terror, porque es el terror que siente ella ante esa intrusión, ante esas personas que rompen ese paraíso que tienen Él y Madre (una gran Jennifer Lawrence que va in crescendo a lo largo de la película). Pero, ¿es un paraíso? ¿O lo es sólo para ella, que intenta cuidarlo, tenerlo todo perfecto, restaurar la casa quemada? Él casi ni la mira, obsesionado por ese bloqueo creativo que lo vuelve arisco e incluso despreciativo, únicamente pendiente de sí mismo, de su creación, de ser valorado, querido, seguido (como ocurre ahora en las redes sociales). La forma en que Él (un contundente Bardem) la mira es brutal. No hay amor, sino algo extraño. Sí, ella es su hogar, pero parece que nada más.

Sólo con ese juego de miradas que dicen tanto sobre la relación entre hombre y mujer, sobre ese machismo recalcitrante que sigue salpicando nuestra sociedad, ya podríamos hablar largo y tendido. Podríamos pensar que estamos ante una cinta que nos habla de la sumisión, una sumisión que le duele tanto a ella que la casa lo siente, y por eso, de vez en cuando, tiembla, muestra su corazón que poco a poco va sufriendo, se va rompiendo, se va quemando.

Pero Aronofsky nos da mucho más. Hay un relato bíblico y la evolución del ser humano en relación a Dios, desde la veneración sutil al fanatismo más peligroso. Hay momentos de ese relato bíblico que son brutales, simbólicamente extraordinarios, como esa sangre que se cuela por las paredes, que siguen temblando, que siguen sintiendo que la están rompiendo…. Y relacionada con esas paredes, con esa simbiosis entre Madre y la casa, pues son lo mismo, nos encontramos, para mí, con el mensaje más importante de toda la película. Habrá quien se moleste por ciertos acontecimientos que se narran hacia la parte final porque quizás consideren que es una visión muy salvaje de algo que teóricamente es también un símbolo religioso. Pero es una muestra más de algo que el ser humano está haciendo. Es una concreción de la destrucción y el egoísmo salvaje de una humanidad que ha olvidado demasiadas cosas, centrado en su propio ombligo, pendiente de que lo admiren en Internet como Él está pendiente de que lo admiren y por eso invita a extraños a su hogar. Ese mensaje entronca con un relato de la mitología más pagana y clásica, donde Ella, la Diosa Madre, la Madre Naturaleza, lo es todo, pues ella nos da la vida. Es nuestro hogar, nos cuida, nos alimenta… En algunos mitos, la agricultura nace después de la muerte y destrucción de un dios al que se entierra y, de él, nace el grano. La vida y la muerte relacionadas en un círculo que nunca se rompe, que siempre gira, que siempre se repite… El problema es que, en esos mitos, se venera a la Madre Naturaleza, se cuida de la Tierra. Y eso nosotros no lo hacemos. Hace siglos que no lo hacemos, pero últimamente se nos está yendo de las manos. Despreciamos, explotamos, maltratamos y ninguneamos nuestro hogar, el único que tenemos, como si fuera algo que podemos cambiar. Señores, no podemos comprar un planeta nuevo. Si destruimos este, adiós muy buenas. Y lo estamos haciendo. Este es otro de los mensajes que podemos leer a través de las imágenes brutales que nos muestra Aronofsky en uno de los momentos más salvajes, crueles y humanos de la película. Estoy intentando no explicar lo que ocurre en la cinta, pero es complicado, porque en esa espiral de locura que muestra en muy pocos minutos, hace un retrato preciso de la estupidez humana, de nuestra crueldad, egoísmo y violencia, algo que se está viviendo hoy en día en demasiados lugares del mundo, vestido de bandera, patria o religión. Da igual lo que enarbolemos sobre nuestras cabezas. Si seguimos así, no habrá nada… pero nada bajo nuestros pies, porque habremos matado a nuestra Madre.

Creo que Aronofsky ha hecho una obra preciosa. A nivel estético y visual es extraordinaria. Y a nivel simbólico es impresionante, impecable y brutal. Imprescindible, no sólo por su belleza y por las interpretaciones, sino porque de vez en cuando va bien que nos muestren una parte de lo que somos, dónde estamos y que nos recuerden la importancia de empezar utilizar un poco ese cerebro que teóricamente tenemos porque no vivimos en un mito, y de las cenizas probablemente no podamos volver a nacer.

¡Feliz lunes y felices lecturas o visitas al cine!

Inés Macpherson

Anuncios

El gran retroceso, VV. AA. (Seix Barral)

Etiquetas

, , ,

En los tiempos convulsos que corren, aquí y en tantos otros rincones del mundo, hay libros que son necesarios. Lo son porque nos abren la mirada a otros lugares, a otros conceptos que debiéramos mirar de forma más amplia y otros que quizás tendríamos que aprender a acotar mejor. Nos llenamos la boca de palabras a las que damos el significado que muchas veces preferimos, sin saber lo que realmente llevan dentro, lo que acarrean.

En mayo de 2017, Seix Barral publicó El gran retroceso, una serie de ensayos, artículos y reflexiones de diversos pensadores que hablan de la actualidad política y social que estamos viviendo. Un libro altamente recomendable para encender un poco más el cerebro y recordar que a menudo, las reflexiones necesitan más espacio que el que ofrece Twitter.

El gran retroceso

La premisa

La crisis financiera de los últimos años ha llevado a Europa a una política de recortes y austeridad que ha ido hiriendo a los ciudadanos poco a poco. La indignación ante esa realidad hizo que algunos países se levantaran para pedir una nueva democracia.

Mientras eso ocurría, los analistas políticos predecían un futuro político que, tras las elecciones de Estados Unidos y el sí al brexit, ha quedado en entredicho. La fatiga democrática, el cansancio ante unas políticas que no escuchan ni piensan en la gente están teniendo consecuencias insospechables. El crecimiento del odio, la desconfianza y unos nacionalismos cada vez más cerrados están en alza. Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Se puede hacer algo para cambiar este rumbo?

El editor Heinrich Geiselberger decidió pedir a una serie de pensadores que analizaran el momento político y social actual. Todos ellos, desde su punto de vista y desde una perspectiva distinta, intentan exponer un contexto histórico que nos ayude a comprender la situación, mientras reflexionan sobre posibles futuros y plantean posibles estrategias para contrarrestar esta regresión global que no sólo afecta a la política, sino a la sociedad en general, sus valores, sus expectativas. El inicio de un debate que parece que va para largo.

Opinión

Con el título y subtítulo que tiene este libro, El gran retroceso. Un debate internacional sobre el reto urgente de reconducir el rumbo de la democracia, uno ya puede imaginar lo que va a encontrar en estas páginas. Advierto, desde el principio, que no es una lectura amable. Ya no sólo por la densidad de alguno de los artículos, sino porque es un retrato que desgrana y disecciona el momento político y social en el que estamos sumergidos, del que formamos parte y en el que tendríamos que empezar a actuar si queremos frenar este giro regresivo en el que ha caído la sociedad.

La recopilación de ensayos, o artículos, que el editor y prologuista Heinrich Geiselberger reúne aquí es digna de ser leída con pausa, absorbiendo las reflexiones, los análisis históricos y las peticiones que muchos de estos pensadores lanzan al lector, pero sobre todo a esa clase política que parece haberse quedado anclada en un extraño estado de stand by. A la edición original en alemán se han añadido dos artículos, los de Santiago Alba Rico y Marina Garcés, que aumentan así el número de visiones que nos aporta el libro. Antes de entrar en materia, debo decir que este tipo de trabajos, en los que se cuenta con la participación de tantas personas, ya no sólo a la hora de escribir, sino a la hora de traducir, me parecen encomiables de por sí. Hay que tener en cuenta que se han traducido textos del inglés, del alemán, del francés… por lo que el trabajo de los traductores en este caso es imprescindible.

Por sí solos, cada uno de estos pequeños ensayos ya merecería no sólo una reseña, sino un análisis en profundidad que aquí no haré, básicamente porque no hay espacio y tampoco sabría por dónde empezar. Porque la sensación que uno tiene tras una primera lectura de esta gran regresión es de estar ante algo sobrecogedor: tanto por la cantidad de información como por todo lo que implica a nivel de reflexión. Por eso recomiendo que, aquellos que se acerquen a este título, lo hagan con calma, paciencia y con los sentidos bien abiertos. Encontrarán pensadores como Zygmunt Bauman o Slavoj Žižek, dos filósofos de renombre mundial, acompañados de otros muchos pensadores, profesores, sociólogos y expertos en otras materias relacionadas que hacen un análisis minucioso de la actualidad partiendo de distintos conceptos. En algunos casos hay un acercamiento más histórico, pero en otros casos nos encontramos ante una reflexión social, de clase, de conciencia medioambiental o de planteamiento económico.

Para no convertir esto en un resumen de cada artículo, señalaré los dos ensayos que me han llamado más la atención. El primero de todos es el de Nancy Fraser, quien centra su análisis en el caso de Estados Unidos y analiza cómo el neoliberalismo progresista que unió en su sino los movimientos sociales más “progres” con los sectores relacionados con los negocios, como Wall Street, ha fracasado para dar paso a ese populismo reaccionario capitaneado por Trump. El británico Paul Mason también centra su análisis en su país, poniendo como ejemplo su ciudad natal, Leigh. En su «Superar el miedo a la libertad» hace un extraordinario recorrido por la historia reciente de su país, analizando cada década, los cambios políticos y sociales, intentando mostrar por qué se ha podido llegar al brexit. Personalmente, éste ha sido uno de los escritos que más me ha calado, quizás porque, más allá del análisis político y social, hay algo personal, algo que realmente resuena a una realidad más palpable que teórica.

Palabras como neoliberalismo, populismo o postverdad son conceptos que cada vez resuenan más en los medios de comunicación. Pero hablar de ello y pensar realmente sobre ello son cosas distintas. Este libro, del que se podría hablar mucho más, intenta prender la mecha para que apaguemos un poco la tele y las redes sociales y empecemos a pensar, a analizar y observar lo que ocurre a nuestro alrededor, recordando que la democracia, teóricamente, es un tipo de gobierno en el que el pueblo, la gente, tendría que estar presente (como dice David Van Reybrouck al final de su artículo, «La democracia no es sólo el gobierno del pueblo para el pueblo, sino también por el pueblo»). Hace tiempo que no es así. Quizás el primer paso tendría que ser reclamar que no sólo somos un nombre en la lista del censo a quien llamar cada cuatro años. Quizás tendríamos que recordar que somos más que individuos, que no estamos solos y que somos más importantes que la financiarización o esos mercados a los que llevamos un tiempo dando el papel de personas, cuando no lo son.

Inés Macpherson
Fuente: Anika Entre Libros

Cuento con labios

Etiquetas

, ,

Ya que el mundo está patas arriba, habrá que ir aprendiendo a caminar con las manos… Pero mientras tanto, os dejo un micro cuento, que viendo tantos cascos y malas caras, al final se nos olvidarán las historias, las manos y los besos:

Al hombre morado le dolían tanto los besos que no daba, que le crecían los mordiscos por el cuerpo, llenándole la piel de cardenales de labios“.

Inés Macpherson

Clarissa, de Stefan Zweig (Acantilado)

Etiquetas

, , ,

A veces, las pequeñas historias son enormes y guardan entre sus páginas una visión del mundo fascinante. Si a eso le añadimos la pluma de Stefan Zweig, uno se encuentra ante maravillas como su Clarissa, publicado por Acantilado en febrero de 2017.

Clarissa

Argumento

Tras pasar diez años estudiando en un internado, Clarissa, hija de un militar austriaco, con dieciocho años, se encuentra ante un mundo abierto de posibilidades. Consciente de que no sabe qué estudiar realmente, va ampliando conocimientos hasta que encuentra un trabajo que le interesa: ayudante de un doctor especializado en las enfermedades mentales. Animada por el propio doctor, acude a un seminario en Lucerna. Allí conoce a Léonard, un joven socialista francés, del que se enamora.

Tras un idilio extraordinario, estalla la Gran Guerra, y los amantes deben separarse. Poco tiempo después, Clarissa descubre que está embarazada. No tiene manera de contactar con Léonard. De hecho, se supone que es su enemigo. Dividida entre lo que le dice el corazón y el honor que debe defender, sobre todo por su padre, tendrá que tomar una decisión complicada en una Europa que empezaba a romperse.

Opinión

Clarissa es una obra inconclusa y tardía de Stefan Zweig. Pero, a pesar de no tener un cierre al estilo habitual, encierra en su interior un sinfín de elementos que la hacen fascinante. Es un retrato de los dilemas y los silencios impuestos en la Europa de inicios del siglo XX, encarnados en la piel de una joven austriaca, huérfana de madre e hija de militar.

A simple vista, el argumento podría parecer sencillo. Y lo es. Pero lo interesante de este libro no es tanto la historia en sí, sino todo lo que Zweig sabe entrelazar en ella. Se puede leer entre líneas una crítica, pero también un espejo de una sociedad, de una realidad y del papel de las mujeres, esos seres atados todavía al honor, al deber y a la vergüenza por tener sentimientos e ideas propias. Por eso mismo estamos ante una obra moderna, atrevida y arriesgada, tanto para su época como ahora, pues trata algunos temas peliagudos como el aborto de forma abierta y sincera, exponiendo toda una serie de reflexiones que actualmente pocos se atreven a exponer. Cuando se plantea la posibilidad de seguir adelante con el embarazo o acabar con él no se hace un juicio de valor sobre ese tema, sino que se plantea lo que ella querría hacer si las circunstancias fueran otras. Si eso ya es sorprendente, lo es aún más la reflexión que encierran estas pocas palabras: «sólo pensó en cómo traerlo al mundo… pero no se preguntó cómo viviría en este mundo».

Por supuesto, también hay apuntes políticos e ideológicos, charlas y discursos, sobre todo en boca de Léonard. Pero cuando llega la guerra, al tener una protagonista femenina, no retrata la guerra desde el frente, sino que plantea lo que se vive desde fuera, desde los que se quedan al otro lado y, sobre todo, desde los que saben que, en el fondo, tras esa guerra lo que hay son intereses, unos odios construidos y alimentados por unos cuantos, para conseguir algo a cambio. Sólo hay una posibilidad de conservar la cordura cuando estalla una guerra, dice el doctor Silberstein: «verla por ti mismo y no dejar que te la expliquen sus instigadores, que jamás pisarán el frente». Porque ellos nunca están allí. Ni ahora ni nunca. Los que instigan, los que invaden, realmente ni invaden ni luchan: están en un despacho, ajenos, lejanos, sin importarles que la gente se rompa, se siembre el odio y haya un montón de jóvenes dando la vida por una causa que, si se rasca un poco, quizás no sea la que se vende.

Una obra corta pero intensa, bella y escrita con ese estilo limpio de Zweig, que hace que parezca sencillo escribir. Una novela que muestra la red de sentimientos, emociones y pensamientos que intentan sobrevivir a las obligaciones y las tradiciones impuestas y autoimpuestas por las normas sociales y las patrias, siempre las patrias.

Inés Macpherson
Fuente: Anika Entre Libros

Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Butler (Libros del Asteroide)

Etiquetas

, , ,

Hay libros que encierran en sí varias historias, no sólo por la que cuentan sus páginas, sino por la forma en que has llegado a él. Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Butler (Libros del Asteroide, octubre de 2014) es uno de esos libros. ¿Por qué? Bueno… Dejad que os explique una historia…

Tengo cierta tendencia a entrar en las librerías, tanto en las de mi ciudad como en las que encuentro en ciudades que visito. Hace un tiempo, paseando por San Sebastián, descubrimos la Librería Donosti, en la plaza de Bilbao.

IMG_20160518_133305404

Llamaba la atención su puerta verde, pero sobre todo lo hacía su escaparate, no porque fuera llamativo en sí mismo o porque tuviera grandes carteles o dibujos, sino porque tenía una muestra magnífica de algunas de las editoriales más interesantes que hay en el panorama español en estos momentos. Entre ellas, una de esas editoriales que se identifican al instante por su diseño: Libros del Asteroide. Compartía espacio con Impedimenta, con Blackie Books… Y cómo no, entramos. La librera era una mujer magnífica, entusiasta, que destilaba pasión por los libros por los poros. Como casi siempre que entro en una librería, acabé comprando algún libro. Pero esta vez, además, me llevé un montón de recomendaciones. Reconozco que no me hubiese importado comprar alguno de esos otros títulos, pero ni la economía ni la maleta lo permitían. Además, sabía que uno de esos libros tenía que estar en otra de mis librerías preferidas, a la que puedo ir siempre que quiero y puedo coger los libros casi sin pedir permiso. Me refiero a la casa de mis padres. Y es que mis padres, desde hace años, son unos enamorados de Libros del Asteroide. Mercedes y Celia, las libreras de La Gabia de Paper, hicieron muy bien su trabajo, porque nos enseñaron a apreciar esas pequeñas editoriales que ahora empiezan a ser, no sé si grandes en volumen de publicaciones, pero sí en todos los otros sentidos.

canciones de amor a quemarropa

Y como era de esperar, encontré en las estanterías del salón de mis padres estas Canciones de amor a quemarropa. La librera de la Donosti no mentía: es un libro bonito, por la manera en que está escrito y por la sencillez de lo que narra. Y es que, a veces, lo más cercano al mundo, a la realidad, puede convertirse en una gran historia. Quizás es demasiado bonito, pero eso va a gustos. Reconozco que prefiero los retratos de películas como Comanchería, de David Mackenzie, pero a veces también es agradable un retrato amable de la vida. Y este es un canto a la vida, a la amistad, con ese regusto a nostalgia de la infancia y la adolescencia a la que algunos se aferran para no enfrentarse al mundo adulto, al mundo real. Y también es un canto a la vida en el campo, sin olvidar lo duro que puede ser sentirse esclavo de una granja, pero recordando también lo bueno que puede tener sentirse parte de un lugar. Porque, en el fondo, Butler narra una historia sobre le necesidad de pertenecer. Hay quienes prefieren pertenecer al lugar que los ha visto nacer y hay quienes, en el fondo, saben que siempre van a tener que estar buscando otro lugar al que poder llamar casa.

Focalizado en diferentes narradores en primera persona que nos permite ir conociendo no solo los hechos, sino el pasado y el carácter de cada personaje, Canciones de amor a quemarropa propone un cuadro donde encontrar distintas maneras de encarar la vida: el músico que triunfa pero que, a su vez, siente que nunca estará tan bien como en casa; el joven que sueña con ser grande, pero sobre todo con que todo el pueblo lo reconozca como tal; el chico que ha tenido siempre claro lo que quería y ha seguido en su sitio, sin soñar con nada más porque ese es su sueño, o el que a pesar de darse de bruces contra la realidad, consigue encontrar un sitio donde sentirse en casa.

Y aunque es cierto que se podría considerar que esta novela a veces se deja llevar por ciertas imágenes estereotipadas de la vida, de las relaciones entre amigos y los problemas de pareja y de la edad adulta, no es menos cierto que, a menudo, nosotros también podemos encontrarnos ante esas mismas imágenes y vivirlas como reales. Hay quien considera que una novela debe utilizar la ficción para mostrar lo que nosotros no podríamos vivir, unos personajes que llevan las cosas de una forma distinta, casi heroica. Hay quienes prefieren sentirse identificados con las dudas y las miserias de los personajes sobre los que lee. Los amigos creados por Butler tienen un poco de ambos, pues acaban solucionando sus problemas de una manera que tal vez no sea heroica, pero que quizás sea difícil de encontrar en la vida real.

Más allá de esa sensación de estar ante un canto a esa vida de campo, a la amistad y a la familia por encima de todo, lo cierto es que uno se deja llevar por esa prosa sencilla, con algunas imágenes maravillosas, sobre todo a la hora de describir el paisaje, y con el regusto familiar que dejan las historias que, sin ser novedosas, nos hacen vivir otras vidas. Y al final, ¿qué es un libro sino una ventana a otro universo, a otra ciudad… a otra vida?

¡Feliz martes y felices lecturas!

Inés Macpherson

Eres una bestia, Viskovitz, de Alessandro Boffa (Círculo de Lectores)

Etiquetas

, , , , , , ,

La narración oral tiene algo fascinante y es que, cuando vas a escuchar a un narrador, no sólo te dejas llevar por las historias que explica, disfrutando de los universos que crea con las manos y la voz, sino que puedes descubrir autores que no conocías. Hace un tiempo, en junio de 2016, José Luís Guerrero realizó una sesión de cuentos en el antiguo Bar L’Astrolabi, del barrio de Gracia (Barcelona), y nos contó algunas historias de un tal Viskovitz. Me enamoré al instante de ese nombre y decidí buscar el libro en el que se escondían esos relatos de animales que José Luís Guerrero supo plasmar con tanta soltura y gracia que, una vez adquirido el libro fue difícil no leerlo e imaginar a su vez cómo lo habría narrado él. Se trataba de Eres una bestia, Viskovitz, escrito por Alessandro Boffa.

Eres una bestia

Estos relatos de animales no son los que uno podría encontrar en una película de Disney, aunque todas y cada una de las especies que aparecen hablan. Estamos ante un personaje, Viskovitz, que va tomando las distintas formas que requiere cada relato, pasando por esponja de mar, escorpiones, pájaros, mantis religiosas, camaleones y un montón de otros animales. Adopta diferentes cuerpos para representar, en sus reflexiones y comportamientos, muchos de los aspectos de la extraña y, en el fondo un poco bestial, condición humana. Lo acompaña la encantadora Lujba, quien hace que a veces vaya perdido, a veces sueñe despierto y en ocasiones incluso pierda la cabeza.

Algunos relatos tienen más gracia que otros, como ocurre en casi todas las recopilaciones de cuentos, pero hay que reconocer que la frescura y locura que desprenden por norma general hacen que se te escape la risa sin importar que estés en el sofá de casa o en el asiento del metro. Y es que llevada al absurdo, la condición humana tiene algo de ridículo que nos vuelve entrañables, pero, sobre todo, muy peculiares.

Para que podáis disfrutar de una forma diferente de estos relatos, aquí os dejo dos enlaces a esa sesión de cuentos de José Luís Guerrero que hizo que Viskovitz pasara a formar parte de mis estanterías:

Historia sexual de una mantis religiosa: https://youtu.be/TM0f6waBZlQ
Soy una esponja de mar: https://youtu.be/aqT-PoiFKfI

Y ya que hablamos de narración oral… En octubre vuelve el Festival Munt de Mots a Barcelona. Estad atentos, que la ciudad se llenará de cuentos.

Hasta entonces, ¡felices cuentos y felices lecturas!

Inés Macpherson

Un milagro informal, de Fernando Iwasaki (Alfaguara)

Etiquetas

, , , , , , ,

Descubrí a Fernando Iwasaki en una sesión de cuentos. Al finalizar la sesión, las narradoras mencionaron los autores y libros de los que habían extraído sus historias y me quedé con el nombre de uno de ellos: Ajuar funerario, de Fernando Iwasaki. Al entrar en aquel universo de relatos cortos donde la muerte, lo macabro, lo sorpresivo y el humor se daban cita, me quedé fascinada. Y sigo haciéndolo cada vez que me dejo llevar por alguna de sus historias.

Para acabar el ciclo #NoExpliqueu, dedicado al cuento literario, escogí a Fernando Iwasaki y a Lydia Davis como una pequeña muestra de la manera en que se puede tratar el cuento corto o el microcuento. Pero ambos tienen relatos que exceden ese concepto. La obra de Lydia Davis es un universo en sí misma, a menudo difícil de clasificar, pero fascinante igualmente. La de Fernando Iwasaki podría etiquetarse más fácilmente bajo la idea de cuento, aunque sabe perfectamente cómo maniobrar entre géneros, estilos y temas sin inmutarse. Es extraordinario, con una capacidad de narrar inusual y elegante, a la par que gamberra y sutil.

Un milagro informal

En 2003, Alfaguara publicó Un milagro informal, una recopilación de catorce cuentos. Algunos de ellos fueron publicados con anterioridad en sus libros Tres noches de corbata o A Troya, Helena (dos títulos que, por cierto, fueron recopilados en Papel Carbón, un libro publicado por la editorial Páginas de Espuma en 2012), pero otros son nuevos. Gracias a ese paseo por sus distintos relatos, sus distintos años, podemos ver el abanico de historias, estilos y temas que han ido surgiendo de las manos de este autor peruano afincado en Sevilla que domina el arte del cuento. Pero antes de adentrarnos en los relatos, Iwasaki ofrece un pequeño texto preliminar donde nos explica “Por qué escribo relatos o para cuándo novela”. Es un texto que, en sí mismo, aunque no sea un cuento, podría serlo, porque nos explica una historia. Pero no sólo eso. Nos habla, a través de una metáfora culinaria, de la diferencia entre la novela y el cuento. Para él, «la novela quita el hambre y el cuento abre el apetito». Y sus cuentos abren el apetito… de más cuentos.

Entre los relatos de Iwasaki encontramos historias que nos hablan de la irrupción de lo fantástico en lo cotidiano, del erotismo y el humor, pero también encontramos alguna parodia al género policial o juegos intertextuales. El propio autor explica que le encanta jugar con las palabras, con los dobles sentidos. De hecho, en el título de otro de sus libros, Helarte de amar, publicado por Páginas de Espuma en 2006 y cuyo comentario podéis encontrar en este blog, ya deja claro que le gusta la sutileza del lenguaje, la extrañeza que produce leer unas palabras que hacen referencia a ese arte de amar del que también nos habló Erich Fromm, pero que, en el fondo, nos hablan de otra idea, de ese helado, ese hielo que también nos puede recubrir al amar… literalmente. Pero me voy por las ramas.

Son catorce relatos, por lo que no hablaré de todos ellos, pero sí me gustaría destacar alguno. Ante todo, me gustaría destacar «Un muerto en Cocharcas», una especie de parodia sobre las historias policíacas donde encontramos a un muerto a quien muchos querían muerto, pero ninguno parece ser el culpable. Más allá de los diálogos, memorables, y de las explicaciones que dan cada uno de ellos para justificar que ellos no son los asesinos, el final esconde una reflexión sobre el machismo y el maltrato interesante. También en esta línea encontramos «La invención del héroe», un relato policíaco plagado de referencias literarias al género y que demuestra cómo, a veces, la lectura puede servir para mucho más que para dejarse llevar por la ficción.

Otro de los elementos que Iwasaki sabe tratar es el erotismo, pero no en el sentido más ortodoxo del término, ni buscando los extremos más románticos o casi pornográficos a los que se podría llegar en este terreno. No, lo que hace Iwasaki es crear historias donde el erotismo es un elemento más, a veces acompañado de humor, otras veces de un realismo relacionado con la mitología a la que hace referencia el título, como «A Troya, Helena», y otras con cierto toque fantástico, como en «Erde», un relato extraordinario con un final que también tiene ecos mitológicos y demuestra que lo erótico y lo macabro pueden congeniar en buenas manos.

En Ajuar funerario ya demostró su capacidad para manejar lo macabro, los finales sorpresivos y las historias sobre rituales, costumbres y muerte. «El ritual», aunque mucho más largo que los pequeños relatos de ese Ajuar funerario, podría entrar perfectamente en esa categoría. Desde los ojos de un niño, descubrimos la enfermedad del hermano, todo lo que intentan hacer para curarle… y poco a poco nos adentramos en un mundo que no está en la sala de espera de un médico, sino en otro lugar un poco más secreto, quizás más oscuro y ancestral, con regusto a tierra.

Quizás también merece una mención especial «La otra batalla de Ayacucho», una historia donde el paso del tiempo, la soledad y el miedo a la misma quedan patentes en el encuentro entre los soldados de plomo y Luke Skywalker.

Los cuentos de Fernando Iwasaki son una invitación a reencontrarse con el placer de la lectura. El próximo miércoles 19, sus cuentos y los de Lydia Davis se encontrarán en la librería Nollegiu para cerrar el ciclo #NoExpliqueu dedicado al cuento literario.

Hasta entonces, ¡feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson

Los cuentos de Lydia Davis

Etiquetas

, , , , , ,

Lydia Davis es una escritora extraordinaria, que ha hecho del cuento un extraño arte. En una entrevista que le realizaron en el diario El País, en 2015, esta americana nacida en el 1947 definía a la perfección su estilo y su obra tras ser preguntada por su única novela, El final de la historia: «Jamás me he considerado novelista. Desde que empecé a escribir me sentí cuentista… Bueno, si me remonto a los orígenes, lo primero que escribí fue poesía, aunque aquello era más bien una suerte de conjuro verbal. La novela surgió cuando llevaba más de veinte años escribiendo. Tengo un amplio espectro de registros […]. A medida que son más largos se vuelven más narrativos, y cuanto más cortos se parecen más a una canción. Puede que no sean poemas, pero el lenguaje, el ritmo y la forma son de un orden más musical, aspecto que se convierte en el elemento prioritario. Pero incluso entre los textos más breves los hay muy distintos. Algunos son como un grito, otros una especie de meditación».

no-puedo-ni-quiero

Lo cierto es que la primera vez que uno se adentra en los cuentos de Lydia Davis no sabe muy bien a qué atenerse. Lo primero que leí de esta autora fue Ni puedo ni quiero, una recopilación que publicó Eterna Cadencia Editora en 2014. Hay algún relato de una extensión mayor a las dos páginas, pero muchos de ellos son suspiros, pequeños relatos que a veces no ocupan ni media página y que incluso algunos podrían considerar que no son ni siquiera historias, pero eso no quita que no sean fascinantes. Encontramos sueños, reflexiones, cartas de reclamaciones a empresas por los más variopintos motivos, relatos que hablan de la escritura, del proceso de creación y de cómo los personajes pueden desviarse de su lugar, como el genial «Dos personajes en un párrafo», o relatos que juegan con el lenguaje de maneras increíbles. Ácida y sutil, crítica y mordaz, también deja caer pequeñas bombas existenciales, pensamientos de una profundidad vital (y mortal) que, a pesar de ser como una ráfaga de viento, una ilusión que hay que mirar dos veces para descubrirla escrita en tinta sobre el papel, se adentra en nosotros a su manera.

Cuentos completos Lydia Davis

Pero antes de esta recopilación, Lydia Davis había escrito mucho más. En 2009 aparecieron sus Cuentos Completos, que fueron publicados en castellano por Seix Barral en 2011. En sus más de 700 páginas hacemos un recorrido por todas las facetas de los relatos de Davis, desde los micro relatos a los más extensos, pasando por los cuentos-cartas, los que se asemejan a monólogos y los que son pequeños homenajes a grandes de la literatura como Kafka o Flaubert. Algunos desprenden un realismo fotográfico, lento y con una cadencia mesurada que nos recuerda a la vida misma, tan sencilla que uno se pregunta si valdría la pena ser narrada. Por supuesto, todo cabe en una historia. Pero también los hay ácidos, ingeniosos e irónicos, muestras del malabarismo lingüístico y conceptual que puede extenderse en varias páginas o condensarse en tres líneas.

Es difícil definir la obra de esta mujer. Es única. Sí, podría decir que hay en ella algún eco de otros autores de relatos, quizás Kafka, quizás muchos otros de los que ha traducido su obra. Pero no creo que sea necesario compararla con nadie. Es ella. Y eso es decir mucho.

El miércoles 19, los cuentos de Lydia Davis se encontrarán con los de Fernando Iwasaki en la Nollegiu en la última sesión del ciclo #NoExpliqueu. Así que si queréis adentraros de una manera diferente en sus historias, allí estaremos.

Hasta entonces… ¡Feliz lunes y felices lecturas

Inés Macpherson

Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson (Editorial Minúscula)

Etiquetas

, , , , , ,

SIEMPRE HEMOS VIVIDO EN EL CASTILLO, de Shirley Jackson (Editorial Minúscula) Segunda edición de enero de 2017, traducción de Paula Kuffer, revisión de Marta Hernández Pibernat.

Siemprehemovividoenelcastillo

 

Escrita en 1962, Siempre hemos vivido en el castillo es una pequeña pero inmensa novela creada por Shirley Jackson. Pero, ¿qué tipo de novela es? Tras haberla leído, no sabría qué decir. Si consideramos su relato «La lotería» como una historia de terror, esta novela también podría encajar en esa categoría. Pero no estamos ante un terror sobrenatural, ni sangriento o burdo. Es sutil, muy sutil, con una capacidad extraordinaria de mostrar, como un espejo interior, la oscuridad humana.

La novela empieza con una primera persona que, en unas ocho líneas, hace una presentación de su persona y su situación que parece muy sencilla, muy cotidiana, pero que poco a poco se tiñe de algo extraño, de una imaginación fantástica… hasta que llegamos a la última frase: «Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto».

La primera persona de Merricat nos explica un día a día ordenado, donde cada día tiene su rutina y cada objeto, su lugar. Podría parecer, de nuevo, todo normal, cotidiano, pero cuando la muchacha va al pueblo a comprar, notamos la tensión, esa manera que tienen sus vecinos de mirarla, de hablar de ella, con ella o a ella… y de cantar sobre ella y su hermana. Intuimos, comprendemos, que hay algo que rodea a esas chicas, algo oscuro, pero no en el sentido sobrenatural. Aunque Merricat considera que seguir sus rutinas, sus caminos marcados y vigilar que los objetos que ella ha ido enterrando y situando en lugares específicos del jardín y de los caminos que conducen a la casa son maneras de protegerse, de proteger a Constance y a su tío Julian, la presencia de la magia o lo sobrenatural se queda en ese terreno, no va más allá.

Como en el relato «La lotería», Shirely Jackson ofrece una visión de la crueldad del ser humano que da escalofríos. Porque lo curioso es que, aunque haya hechos en la historia más truculentos y más salvajes que el simple comportamiento humano de los hombres y mujeres del pueblo, es su manera de actuar la que nos incomoda. Sí, Merricat coloca libros en los árboles para proteger la casa y piensa a menudo que sus vecinos morirán y ella podrá ir a comprar pisando sus cadáveres. Pero la manera en que lo cuenta parece una fantasía… La fantasía de una niña de dieciocho años. Y quizás ahí radica la cuestión. Que aunque al principio nos ha dicho ella misma la edad que tiene, nos olvidamos y dejamos que el tiempo se suspenda en esa casa en la que no sabemos realmente qué ha pasado ni cómo, no sabemos cuándo. Sí, se nos dice, pero la atmósfera, la manera en que la voz de Merricat nos conduce por esa mente salvaje y fantástica que tiene y que ve el mundo de forma distinta, hace que nos dejemos llevar y nos sintamos parte de esa familia reducida y extraña.

La crueldad humana, la avaricia revestida de buenos modales que poco a poco se derrumban para mostrar el egoísmo más despreciable y una inocencia a base de capas que, poco a poco, se van cayendo, construyen este castillo literario en el que la sutileza, la atmósfera y, sobre todo, la voz narrativa, dibujan una historia impecable sin artificios, sin excesos y sin fantasmas con cadenas. Los fantasmas aquí son los recuerdos, los rumores, la extrañamente hermosa cárcel vital a través de la que poco a poco Shirley Jackson nos deja mirar.

La elegancia con la que sabe asestar los golpes esta escritora es increíble. Queda claro en esta novela y queda claro en sus Cuentos escogidos, también publicados por Minúscula, que, por cierto, se encontrarán con los relatos de Ray Bradbury este miércoles 21, a las 19:30, en la sesión dedicada a ambos autores del ciclo #NoExpliqueu de la librería Nollegiu.

Hasta entonces, ¡feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson

Futuros perdidos, de Lisa Tuttle (Ediciones Gigamesh)

Etiquetas

, , , ,

Todo el mundo sueña. Y todo el mundo, por norma general, piensa en algún momento esa famosa frase que empieza con un «Y si…». Esos «y si…», esas posibilidades que baraja nuestra mente, que se dibujan ante nosotros como opciones, tienen dos direcciones: hacia delante o hacia atrás. Todos sabemos que con cada acción, con cada decisión, estamos escogiendo un camino y desechando un sinfín de otras rutas, de otras posibles vidas, de otros futuros… Y Lisa Tuttle recoge precisamente la idea de esos futuros perdidos y los convierte en el hilo conductor de una historia que se publicó por primera vez a principios de los años noventa y que Gigamesh publicó en castellano en octubre de 2016; novela que, por cierto, ha sido nominada a los premios Kelvin 2017 del Celsius 232, como mejor novela traducida.

futuros-perdidos

Futuros perdidos es una novela que destila la esencia de Tuttle por los cuatro costados. No he leído otras novelas de esta autora, pero sí sus relatos y, como en ellos, esta historia se adentra en la psique humana, en el peligroso juego de desear siempre lo que no se tiene, de desear escapar de la realidad como elección, pues la huida como existencia tiene sus peligros y sus trampas. La insatisfacción está en nuestra naturaleza. Se supone que, de hecho, esa insatisfacción puede llegar a ser el motor para el cambio, para que alguien con iniciativa decida hacer algo para transformar lo que no le gusta. Pero hay cosas que no se pueden cambiar. El pasado no se puede cambiar. Pero, ¿y si existieran realidades paralelas, esos universos cuánticos donde los acontecimientos del pasado fueran distintos? ¿Y si pudiéramos acceder a ellos? ¿Sería algo bueno o caeríamos en una trampa todavía más peligrosa? Cuando huimos, al menos seguimos conectados a este mundo, aunque no nos gusta. Pero, ¿qué pasa si lo hacemos hacia otros lugares que no sabemos si existen o no más allá de nuestra mente?

La vida de Clare Beckett es anodina. Lleva desde la adolescencia cargando con el peso de algo que ocurrió y que no puede cambiar. Desea con todas sus fuerzas poder cambiarlo y sueña con poder escapar a un mundo en el que las cosas hubiesen sido distintas, a un mundo donde ella hubiese podido ser distinta. Poco a poco, sus sueños son tan reales que ella empieza a confundirse, a perderse entre sus posibilidades, acumulando en su interior todas las vidas posibles sin saber cuál es real, a qué mundo pertenece…

Narrada con su habitual prosa tranquila y sencilla, Lisa Tuttle nos adentra en un laberinto argumental y mental para mostrarnos la angustia que supone no saber quién es uno mismo, pero también para mostrarnos la importancia que tiene ser consecuente con uno mismo. Estamos sometidos a un sinfín de conceptos vitales que nos marcan lo que debe ser la vida y, más allá de lo que ocurrió en el pasado, la insatisfacción de Clare va más allá de esa culpa, de esa tristeza, porque, en el fondo, se pregunta si su vida es plena, si ha hecho lo que quería. Intentar llenarla con sueños de vidas posibles, de futuros que se perdieron porque no tomó la decisión que otra posible Clare sí tomó, es sumergirse en un intrincado pozo que, en el fondo, es otra huida, otra forma de negarse, de no atreverse. Y al final, la vida es eso, atreverse.

Con pinceladas terroríficas que nos muestran la angustia de esa multiplicidad personal, de esas sombras que acechan y que no sabes de donde salen, quiénes son, si es que son reales, la novela avanza jugando con los conceptos de la física cuántica, los universos paralelos y el sinfín de posibilidades que tiene una vida, para retorcer a Clare y al lector, haciéndole recorrer una serie de caminos en los que esas vidas soñadas tampoco son lo que parecen, no porque lo que ella imaginaba feliz no lo sea, sino porque nunca nada es lo que parece cuando está pendiendo de un hilo tan frágil como el deseo, el sueño de otra realidad que no sea la nuestra. Si los «y si…» sólo sirven para anclarnos a las sábanas y maldecir la mala suerte que hemos tenido, para envidiar los futuros que hemos perdido y que imaginamos en manos de otras versiones de nosotros mismos, corremos el riesgo de quedarnos para siempre atrapados en una mente que no es vida, porque aunque respiremos, no vivimos.

Y creo que es por eso que me fascina Lisa Tuttle. Porque más allá de conseguir que te angusties y que se te encoja el corazón o se te erice la piel, te está hablando siempre de mucho más, observando el comportamiento humano, señalando la complejidad de la mente y los deseos, de lo que se supone que hay que hacer y lo que realmente queremos, mostrando el horror que puede desatarse cuando esos conceptos chocan y nos quedamos en medio, incapaces de movernos, incapaces de saber quiénes somos.

Os animo a adentraros en el universo de esta fascinante mujer. Tiene algo extraño y a la vez cercano que hace que sus historias sean siempre más de lo que parecen.

¡Feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson