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Existen libros difíciles de clasificar. Kassel no invita a la lógica, de Enrique Vila-Matas (febrero 2014, Seix Barral), es uno de ellos. Entre la novela y el reportaje narrativo, Vila-Matas se adentra en el mundo del arte de vanguardia para pasear y hacernos pasear por la Documenta de Kassel.

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ARGUMENTO:

Un escritor recibe una llamada de una desconocida. Al principio, ella le informa de que ha sido invitado a cenar con los McGuiffin, una pareja que quiere desvelarle el secreto del universo. Pero tal pareja no existe (o sí, eso nunca lo llegaremos a saber). Ha sido un pretexto para arrancar al escritor del confort de su hogar y atraerlo a un lugar donde recibirá una propuesta aún más extraña: participar en la Documenta de Kassel, una feria de arte contemporáneo donde se dan cita las propuestas artísticas más rompedoras, vanguardistas y reflexivas. ¿Y cómo quieren que participe? Convirtiéndose en una instalación viviente: deberá sentarse en un restaurante chino de las afueras de la ciudad a escribir y a ser observado por todo aquel que se acerque a mirar.

Sin embargo, lo que debía ser simplemente una participación esporádica en el restaurante, acaba convirtiéndose en un paseo por las diferentes instalaciones, que despiertan en el escritor recuerdos, reflexiones sobre el arte y la historia del país y de Europa en general, sobre la literatura y el pensamiento y que lo llevarán a observar el mundo, el arte y la escritura, desde diferentes perspectivas.


OPINIÓN:

Desde hace tiempo se dice que el arte ha muerto, o que está moribundo, o que ya no hace o dice nada nuevo. Pero como se repite en varias ocasiones a lo largo del libro, «el arte hace y ahí te las compongas». Que nosotros tiremos la toalla ante algo que no comprendemos o que no sabemos identificar es nuestro problema, no el del arte. Ante un reto, debemos descubrir qué hacer, qué pensar. Y lo mismo parece ocurrir con el arte: nos lanza un reto y allá nosotros. Podemos decir que no entendemos lo que nos plantean porque simplemente no queremos hacer el esfuerzo de intentarlo, o podemos inventar, conjeturar, pensar… Porque el arte, la escritura… ¿no estaban aquí para hacernos pensar, para remover nuestras entrañas, para despertarnos? Entonces, ¿por qué querer dormir si nos lanzan un reto?

Y es que todo empieza con un reto. No exactamente un reto, sino una invitación, pero que para el protagonista de este extraño e intenso viaje que plantea Vila-Matas es un reto. Y lo es porque debe superar las tardes de angustia, porque debe encontrar la manera de lidiar con ese restaurante chino en el que supuestamente debe escribir y porque quiere comprender qué hace allí él y todo lo que hay en Kassel y mucho más. Por eso, en lugar de sentarse en esa silla en la que debería hacer de instalación viviente, se pasea para descubrir y descubrirnos los misterios que se ocultan en ese arte que no tenemos ganas de entender.

Hay que tener en cuenta que la invitación que recibe el protagonista de la novela la recibió realmente Vila-Matas. Es a partir de su experiencia y sus reflexiones que nace Kassel no invita a la lógica; experiencia y reflexiones que pasan por el tamiz narrativo del autor para crear el viaje físico y existencial de un escritor que encuentra el empuje para seguir adelante en una brisa artificial, un impulso invisible que, de hecho, es el que todos vivimos por dentro cuando sentimos esas renovadas ganas de dar el siguiente paso y que a veces olvidamos. Quizás por eso nos lo recuerda el autor.

Kassel no invita a la lógica no miente: hay momentos de embrollos ilógicos, de conexiones mentales que saltan de un lugar al otro, de propuestas artísticas extrañas que nos descolocan y de las que el protagonista nos da su particular visión, de reflexiones que encadenan una idea con la siguiente y luego saltan a otra. Es un flujo de conciencia ordenado que va hilándose a través de instalaciones, caminatas y conversaciones para exponer la unión entre la vida y el arte que parece que hayamos olvidado. El arte de vivir, el arte de sorprenderse, de aceptar los retos y las preguntas que nos lanzan… o nos lanzamos.

Quienes esperen una novela a la usanza, se llevarán una sorpresa. Es difícil encajar ese libro en una única casilla; de hecho, no es necesario que encaje en ningún sitio. Es una obra lúcida, divertida, que nos invita a reflexionar, a perdernos entre las páginas y las experiencias que se narran, a dejarnos llevar por la imaginación, por la fascinación, la extrañeza; un viaje, una novela, un estudio sobre el arte, un reportaje… Podría ser eso y mucho más. Pero lo que está claro es que, a pesar de escaparse a etiquetas, lo nuevo de Vila-Matas es brillante, no solo en su pulido estilo y su capacidad comunicativa, sino también por las pequeñas joyas reflexivas que nos invitan a pensar. Porque Kassel quizás no invite a la lógica, pero si a utilizar ese órgano que tenemos en la cabeza y que a veces dejamos dormir en exceso: el cerebro. Eso sí, hay que tomárselo con calma. Leer este libro de corrido sería perderse matices. Hay que degustarlo. Y quizás ir después a pasear para que las ideas se vayan colocando en su sitio, o fluyan libres para encontrar otras ideas.

INÉS MACPHERSON
FUENTE: Anika entre libros (http://www.anikaentrelibros.com/)