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En marzo de 2013, Debolsillo publicó un ensayo de Umberto Eco, Los límites de la intepretación, donde el autor se adentra una vez más en el universo de la filosofía del lenguaje, la semiótica, la hermenéutica y la interpretación de textos. Una joya en tamño bolsillo para todos aquellos interesados en profundizar en estos temas de la mano de uno de sus estudiosos más ilustres.

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ARGUMENTO

Bajo el título de Los límites de la interpretación encontramos una recopilación de diversos ensayos y conferencias que Umberto Eco ha realizado a lo largo de estos años para abordar cuatro grandes problemas de la semiótica moderna: los límites de la interpretación, el excesivo dispendio de energía interpretativa, los criterios de economía de lectura y la práctica de la deconstrucción.
A través de estas páginas y mediante referencias a otros autores, como Rorty o Peirce, y ejemplos comentados de textos de Joyce o Dante, Umberto Eco busca encontrar y exponer el equilibrio entre la intención del lector, la intención de la obra y la intención del autor, mientras intenta demostrar a su vez que, a pesar de que los textos pueden tener una infinidad de interpretaciones, no todas son buenas y que, aunque no podemos saber cuáles son mejores, sí podemos saber cuáles son inaceptables.

OPINIÓN

Dividida en cuatro grandes grupos (Intentio lectoris. Apuntes sobre la semiótica de la recepción; Aspectos de la semiosis hermética; El trabajo de la interpretación y Las condiciones de la interpretación), esta recopilación de diversos ensayos, que ahondan en las posibilidades del texto y sus interpretaciones, es un recorrido no sólo por el pensamiento del autor, sino por el de diversos autores a los que él recurre y comenta para ejemplificar y exponer su punto de vista: que la semiosis ilimitada no puede consistir en una derivación incontrolable del sentido y que la interpretación de un texto puede ser infinita, pero aunque no podamos saber qué interpretación es mejor, sí podemos saber cuáles son intolerables.

Sus tesis principales quedan expuestas en la introducción gracias a un estudio exhaustivo de un ejemplo muy interesante sobre el fascinante universo de la palabra y el lenguaje oral y escrito. Se trata de una historia narrada por John Wilkins en la que se expone la extraña relación entre un esclavo indio que no conocía la palabra escrita y una carta. En dicha carta aparece el número de higos que se supone que el esclavo entrega, pero como éste no lo sabe, se come unos cuantos y recibe una reprimenda por habérselos comido. ¿Cómo sabe el otro que se los ha comido? ¿Cómo sabe cuántos había? ¿Acaso la carta se ha chivado? ¿Qué magia oculta ese trozo de papel? La extrañeza que muestra el esclavo le sirve a Eco para exponer las diferentes interpretaciones que distintas personas en distintas situaciones podrían dar acerca de ese trozo de papel en el que aparece el número de higos. ¿Y si «higos» fuera una palabra clave para soldados? ¿Dónde está el límite de las posibles interpretaciones? ¿Cuándo saber que esa interpretación no es posible, que no entra en contacto con la coherencia del lenguaje o del texto?

Supondría una tarea ardua intentar resumir el contenido de este trabajo minucioso de historia y de reflexión y, además, le quitaría la gracia a la lectura. Sin embargo, sí que podemos señalar algunos de los puntos por los que el autor pasa para exponer sus tesis. Uno de los aspectos más interesantes de estos ensayos, más allá de las tesis finales defendidas por este filósofo italiano especialista en semiótica, es el recorrido histórico que realiza por las diferentes corrientes del pensamiento que han estudiado el lenguaje y la interpretación del mismo, desde la teoría de la recepción al hermetismo, pasando por la mnemotécnica o el discurso alquímico. El hermetismo, por ejemplo, defendía un pensamiento en el que el lenguaje, cuanto más ambiguo y polivalente, más adecuado era para nombrar el Uno en el que coincidían los contrarios. El pensamiento hermético, según Eco, aceptaba cualquier criterio de semejanza, aunque fueran contradictorios. De esta manera era posible crear una interpretación infinita del mundo: pasamos de secreto en secreto y el significado final siempre queda oculto.

Pero no sólo habla del hermetismo o de la alquimia, a la que, por cierto, le dedica un interesante apartado donde desgrana algunos de sus misterios. También reflexiona sobre la interpretación sospechosa, aquella en la que el exceso de analogías e interpretaciones puede llevar a un punto de falsedad que se escapa y va más allá del propio texto y las intenciones que éste o el autor tienen. Querer ver lo que no hay en ningún estrato del texto o de la creación es signo de un pensamiento que sospecha. Asimismo, querer crear analogías por qué sí, como por ejemplo comparar a Aquiles con un reloj porque ambos son objetos, implica una voluntad de crear una comparación innecesaria, sin importancia, que no aporta nada y que no supone nada.

Por otro lado, encontramos una interesante reflexión sobre los mundos posibles y los mundos narrativos. Aunque sabemos que los animales no hablan, en los mundos narrativos de las fábulas o de las películas de Disney vemos peces, zorros o leones parlantes. No es posible en nuestro mundo, pero sí en ese mundo narrativo que podemos concebir, aunque sea inverosímil.

Por último, reflexiona sobre la semiótica de Peirce y la semiosis hermética, y las compara. Según el primero, al conocer un signo, éste nos hace conocer algo más, mientras que según la semiosis hermética, al conocer un signo, éste nos hace conocer algo diferente, es decir, nos lleva a un nuevo secreto, a un nuevo misterio.

Tras la exposición de toda esta serie de pensamientos, podemos llegar a la conclusión de que el lector, su interpretación, se basa en las conjeturas que hace sobre la intención de la obra; conjetura que deberá ser aprobada por el texto en sí mismo, por su coherencia. Por eso mismo, aunque las conjeturas puedan ser infinitas en un principio, al necesitar ser aprobadas por la coherencia del texto, algunas quedarán fuera. ¿Y la intención del autor? Bueno… como el mismo autor comenta, a veces el texto dice más de lo que el autor pensaba; y a veces no dice tanto como el lector piensa. Si tienes la suerte de poder preguntarle al autor mismo, quizás obtengas respuestas, o quizás el autor obtenga preguntas sobre cuál fue el motivo por el que escribió esa frase.

En definitiva, Los límites de la interpretación es uno de esos libros que los interesados en la hermenéutica, la semiótica o la interpretación de textos no se deben perder. También es recomendable para aquellos que sientan curiosidad por estos temas o se hayan preguntando alguna vez cómo se interpreta un texto, si el lector interpreta lo que el autor ha puesto en el texto o va más allá, e incluso si la obra puede contener más de lo que el autor mismo sabe. Eso sí, hay que decir que el lenguaje que utiliza Eco en estos ensayos es complejo y a veces puede resultar difícil seguir sus argumentaciones, por lo que es recomendable ir poco a poco y no tener miedo a volver sobre las páginas ya leídas para captar todos los matices de lo que se expone en este libro.

Inés Macpherson
FUENTE: ANIKA ENTRE LIBROS (http://www.anikaentrelibros.com/)

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