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En septiembre de 2012, Blackie Books publicó un curioso libro: LA TIENDA Y LA VIDA, de Isabel Sucunza. Es uno de esos libros que cuesta clasificar, ya que camina entre la recopilación de anécdotas, el diario o el artículo. En la misma portada vemos que anuncian que se trata de un “dietario”, pero es algo más que eso, pues entre sus páginas podemos hallar un sinfín de reflexiones con las que nos podremos identificar.

la tienda y la vida

ARGUMENTO
Isabel Sucunza, pluriempleada y adicta a la lectura y al cine, trabaja durante dos semanas en una tienda de ropa, durante la época de rebajas. Rodeada de camisas, pantalones, trajes y corbatas, inicia una serie de reflexiones, no sólo sobre las personas que entran en la tienda y que sirven como reflejo de la condición humana, sino también sobre la política actual, la crisis económica, el mundo editorial o su pasión por la lectura. Mediante reflexiones que no tienen mayor extensión que la de un artículo, Isabel Sucunza habla de Nietzsche, de Sísifo, de Deleuze, pero también de la serie Mad Men o de la prensa escrita; en definitiva, sobre la vida misma.

OPINIÓN
«¿Se puede ir por la vida sin Nietzsche? Sí, definitivamente. Sin camisa, no; sin camisa no se puede ir». Esta es una de las frases que encontramos en este compendio de reflexiones que Isabel Sucunza lleva a cabo y que define, en cierta manera, todo el libro. Porque a pesar de encontrar referencias al filósofo alemán y a muchos otros filósofos y escritores clásicos como Homero o Proust, el libro no pretende ser una ristra de reflexiones rimbombantes llenas de elucubraciones filosóficas, ni una demostración de la sabiduría de la autora. Se trata más bien de una concatenación de pensamientos sobre lo cotidiano, sobre las pasiones humanas, la actualidad y los libros; una serie de artículos, reflexiones que ahondan en temas que, probablemente, todos nosotros nos hayamos planteado más de una vez. Así que, no tengan miedo por esa referencia a Nietzsche. Es simplemente una referencia más, como lo es Endesa o el diario ABC, que aliña el día a día de cualquiera de nosotros.

Lectora voraz, cada día hace referencia a uno de los libros que se está leyendo en ese momento. Aburrida en la tienda, es una de sus mejores distracciones y uno de los motores que ponen en marcha la capacidad reflexiva de la autora. Con su capacidad de concatenar un pensamiento con el siguiente nos deja momentos y comparaciones curiosas, como la crítica que hace un autor sobre la posibilidad de que Homero fuera una mujer porque no sabía de barcos y dijo que los barcos griegos tenían dos timones, uno a cada lado. A lo que la autora contesta, pues claro, como el tren, y mira que bien va. O como el momento en que ella se ve ordenando camisas para que luego llegue un cliente, las desordene y ella tenga que volver a ordenarlas,l convertida en un Sísifo cualquiera, castigado a subir una piedra hasta la cima de la montaña, para luego verla caer de nuevo y tener que subirla otra vez. Una imagen curiosa que entronca con otras reflexiones que ahondan en lo absurdo de ciertos comportamientos humanos y de ciertas normas sociales que la autora pone sobre la mesa para destriparlas, con suavidad, pero sin tapujos

Como su título indica, La tienda y la vida se mueve entre esas dos realidades: la de la tienda y sus anécdotas (los diálogos entre parejas que van a comprar una camisa o un traje, y las reflexiones que despiertan en la autora); y la de la vida en general, con todos sus aspectos, desde la crítica social y política a la reflexión sobre el mundo del periodismo y el mundo editorial. Lo que consigue Isabel Sucunza es centrarse en lo cotidiano para sacar punta a todo lo que ocurre a su alrededor y a sí misma y rodearlo de reflexiones que pueden moverse entre la profundidad más sorprendente y el humor sutil. La reflexión sobre la presencia de un astrolabio y una esfera armilar en una tienda de ropa, o la certeza que los ferreteros deben sentirse como Dios al comprobar el rostro de ignorancia de sus clientes cuando les pregunta por el número de tornillo que quieren, se suman a la sensación desesperante que comparte con el lector al encontrar una notificación de Endesa que avisa que te han cortado la luz, o la sensación de caer en los estereotipos que tanto odia. La fina línea que separa la reflexión de la anécdota personal se pierde en este libro para dar paso a una mezcla curiosa que va de la mera observación a la crítica, pasando por comentarios literarios.

Se podría decir que este ejercicio de observación y reflexión que hace la autora es algo que hacemos todos. Es posible. Pero ella ha sido capaz de ponerlo sobre un papel, ordenarlo, escribirlo con una precisión milimétrica y darle un toque distendido, alegre. Y es que además de gran lectora, se ve que la autora conoce el lenguaje, lo saborea y lo disfruta. Y ha decidido compartir una visión de la realidad, que puede coincidir con la nuestra o no, pero que es, como mínimo, curiosa. Sin pedantería, sólo como una muestra de su opinión sobre el mundo.

La tienda y la vida es, por lo tanto, uno de esos libros distraídos, sin ningún tipo de pretensión y que no intenta arrasar en la lista de los best-sellers, pero que destaca por su singularidad. Puede recordar a otros libros en los que el autor reflexiona sobre su vida o sobre la actualidad, como Casi todos mis secretos de Víctor Amela, aunque en el caso de Isabel Sucunza sus artículos van más hacia fuera, hacia la vida que observa, no sólo tras el mostrador, sino en su día a día. Es, en definitiva, un libro que puede leerse del tirón o disfrutar artículo a artículo, reflexión a reflexión, para saborear lo que piensa la autora y quizás preguntarse qué piensa uno al respecto.

Inés Macpherson
FUENTE: ANIKA ENTRE LIBROS (http://www.anikaentrelibros.com/)