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Acostumbrados como estamos a que el terror en pantalla cada vez abuse más del susto, lo grotesco, lo salvaje y, en ocasiones, lo repulsivo, es de agradecer la sutileza de Aquesta nit no parlis amb ningú, de Josep Sampere (Males Herbes). Con esto no quiero decir que estas páginas no se adentren de pleno en el género, pero lo hacen desde escenas que se cuelan lentamente bajo la piel, creando una inquietud que no dura el momento del susto, sino que se queda, probablemente porque llama a la puerta de miedos universales, ofreciendo una pequeña grieta por la que mirar al otro lado, ese lugar donde hay presencias que nos observan y nos persiguen; ese lugar donde no podemos fiarnos de ninguno de nuestros sentidos, porque la realidad se transforma para someternos a la angustia de no saber ni siquiera quiénes somos.

9788494310867

Debo reconocer que me acerqué a este libro por dos razones. La primera, por admiración al trabajo que está haciendo Males Herbes desde hace unos cuantos años en el mundo editorial, publicando pequeñas joyas para enmarcar. La segunda, porque me quedé prendada de la forma que tiene Josep Sampere de gestionar el miedo en su novela juvenil, El pou darrere la porta (publicado en catalán por Barcanova y en castellano por Anaya). La capacidad de convertir la atmósfera en un personaje más, que se adhiere a la piel, que no te suelta y que va haciendo mella, fue una de las razones por las que me fascinó esa pequeña novela. Y en esta lo vuelve a hacer.

Aquesta nit no parlis amb ningú es una historia de fantasmas que se aleja en cierta medida del clásico espíritu, porque en este caso tenemos a un ser que puede hacer algo fascinante: cambiar de forma. Como los shape-shifters que pueblan el folklore y la literatura universal (y más recientemente series como Fringe o la saga de Canción de Hielo y Fuego), este ser deambula por las páginas del libro haciendo la vida imposible a sus personajes, padre e hijos, jugando con la realidad, pero, sobre todo, con la identidad. Y es que la identidad, eso a lo que nos aferramos con tanta fuerza para definirnos y definir al prójimo, es algo que, en manos de este ser, se convierte en maleable. Uno de los ejemplos más inquietantes de esta idea aparece en el capítulo de Màscares (capítulo, por cierto, que merece ser enmarcado por la precisión con la que va generando un desasosiego que va in crescendo, aislando a los protagonistas en una situación que te deja un mal rollo en el cuerpo de los que persisten).

El poder sugestivo de los fantasmas, los guiños a leyendas urbanas, a otros títulos del género y la capacidad de crear escenas visuales e impactantes, hacen que Aquesta nit no parlis amb ningú sea un libro redondo. Pero la gracia es que Josep Sampere no se queda sólo en la superficie, en la historia y en esas escenas tan bien perfiladas. También se sumerge en la psique de sus personajes. Por un lado, nos presenta un espíritu vengativo que lleva la idea de castigo a límites insospechados, jugando con la imagen, la voz, recreando escenas, jugando con los sentimientos más profundos para después asestar el golpe de gracia, desdibujando los límites de la identidad y la cordura, transformando la realidad externa e interna de los personajes hasta llevarlos a un precipicio ante el que nadie quiere estar: ellos mismos. Por otro lado, tenemos a tres hombres que luchan, cada uno a su manera, por ser queridos, pero sin conseguirlo, mientras son perseguidos por ese fantasma que está dispuesto a actuar – y nunca mejor dicho – hasta conseguir la mejor ovación posible: la rendición, la súplica y una disculpa, que, en el fondo, llegará siempre demasiado tarde.

En definitiva, una novela impecable que vale la pena degustar a solas, con la pequeña luz de la mesilla de noche, para dejarse llevar por esa voz, por ese rostro que siempre cambia y nos refleja.

Inés Macpherson