PAREJA DE SAN VALENTÍN
(original escrito en catalán)

Ella se despierta y se va a la ducha. Hoy utilizará un buen perfume y se pondrá ese vestido tan magnífico que sus padres le regalaron por su cumpleaños.
Él se despierta y mira el regalo que descansa sobre la mesilla de noche. ¿El lazo es del tamaño adecuado? ¿Y el rosa, es el correcto?
Ella envuelve el perfume para él (no es el mismo que se ha puesto ella, porque ese ya estaba empezado) y se revisa la manicura. Ups, quizás tendría que arreglársela… qué mal quedaría que acariciara a su hombre con unas manos así, se dice a sí misma. Aprovecha que sale a la calle para pasar por la pastelería y recoger el paquete de bombones que encargó hace dos semanas. Hay que ser previsora.
Él se viste y se desviste cinco o seis veces hasta que encuentra el conjunto que mejor le queda. Además, es consciente de que si se pone una camisa a ella la hará feliz. Sobre todo si es una de esas camisas que ella le ha regalado a lo largo de sus años de enamorados.
Y es que ya hace muchos años que son dos perfectos enamorados. Se conocieron hace cinco años y desde entonces celebran el día de San Valentín como si fuera el día de su aniversario… porque el día de los enamorados es su día: eso lo tienen muy claro.
Se ven por la noche. Él pasa a buscarla. Está preciosa.
Ella sonríe al verlo llegar. Va tan arreglado… ¡y lleva una bolsa! ¿Qué será?
Él le ofrece asiento. Han reservado mesa para dos en uno de esos restaurantes caros. Es el preferido de ella. Él no tiene preferidos, pero ella no lo sabe.
Sonríen durante toda la cena. ¡Son tan felices! Ella suspira mirando a sus ojos (los de él). Él suspira mirando a sus ojos (los de ella). El camarero tiene que carraspear para que le hagan caso y pidan los postres.
Como cada año, primero abre ella el regalo. Es un collar de plata. Sonríe, le abraza, le besa.
-¿Te lo pruebas? – pregunta él. Ella sonríe y hace un gesto afirmativo con la cabeza. Se lo prueba mientras reza para que no roce en exceso la piel. Es alérgica a la plata. Desde siempre. Y él no lo sabe. Nunca se lo ha dicho. Por eso él siempre le regala collares o pulseras de plata -. Te queda muy bien – dice él, mientras ella se lo quita en seguida, dejándolo sobre la mesa.
Él abre su regalo. Un perfume (el mismo de cada año) y unos bombones. Siempre bombones en forma de corazón dentro de una caja en forma de corazón…
-¿Por qué no pruebas uno? – pregunta ella.
-Mejor que no, cariño, que quizás molesta a los del restaurante – dice como excusa. Nunca se lo ha dicho, pero es alérgico al chocolate.
Ella insiste. Nunca prueban los bombones juntos. Quiere ver como él se los come y los disfruta.
Él no sabe qué decir, qué hacer. No quiere decirle que no puede tomar chocolate, porque si lo hace, sería como reconocer que se han mentido. Así que se arriesga. Se pone un bombón en la boca. Ella sonríe. Él lo muerde. Una mitad para ella. La otra… para él.
Ella es tan feliz… tanto, que coge el collar con la mano para demostrarle lo mucho que le ha gustado.
De repente, él le coge esa mano con fuerza… porque se está ahogando. Ella nota como empieza a quemarle la piel.
Mientras escuchan la sirena de la ambulancia y la vista se les vuelve borrosa, los dos piensan que quizás hubiese sido mejor decir las verdades desde un principio. Pero eso tampoco lo dicen, porque no quieren romper su perfecto amor.

Inés Macpherson

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