La parábola del sembrador, de Octavia E. Butler (Capitán Swing)

Etiquetas

, ,

Pensar el futuro como metáfora de nuestra realidad, observar lo que hay del presente en aquello que imaginamos hacia delante, quizá para reflexionar sobre lo que podemos hacer, o no; quizá para reflexionar sobre nosotros mismos, sobre la naturaleza humana, sobre nuestra forma de relacionarnos con el otro, con la tierra. Esto es lo que nos ofrece Octavia E. Butler en La parábola del sembrador, un libro que acaba de publicar Capitán Swing y que nos lleva a un futuro que, para nosotros, es muy cercano en el tiempo, ya que empieza en el año 2024, pero que quizá nos resuena también porque podemos reconocer algunos aspectos de la sociedad que nos presenta. Como dice Gloria Steinem en el prólogo que «si hay algo más aterrador que una novela distópica sobre el futuro, es una novela distópica sobre el futuro que se escribió en el pasado y que ya ha empezado a hacerse realidad».

Lo cierto es que La parábola del sembrador es un libro que podrías subrayar por diferentes motivos, tanto por su calidad como por lo que dice, por la manera en que intuyes entre las descripciones de ese mundo ecos que te conectan con la realidad.  ¿Y cuál es el mundo que describe Octavia E. Butler? Estamos en California, en el año 2024. El planeta está marcado por el calentamiento global: el clima se ha vuelto extremo en muchos lugares, no llueve en muchas zonas, y si lo hace es en forma de huracanes, de tormentas salvajes que arrasan con todo. Eso lleva a unas diferencias sociales brutales. La comida es cara, la vivienda también; el agua es más cara que la gasolina; los ricos y los poderosos poseen el agua, la electricidad y el cultivo de alimentos; poseen las empresas y las utilizan para explotar a los de abajo, porque saben que no tienen nada: se ofrecen trabajos a cambio de comida y techo, y en algunos casos, a cambio de un mísero sueldo que te obliga a endeudarte, porque te pagan con dinero que solo puedes utilizar comprando en las tiendas de la empresa y los productos son demasiado caros para que puedas comprarlos… Una esclavitud encubierta.

Podríamos decir que esos poderosos son una de las realidades sociales que conviven en ese futuro que imaginó Butler. La segunda realidad es la de la clase media baja, esa clase media que conoció el bienestar y que vive en vecindarios cercados por muros, armados, intentando conservar el orden de un pasado que no vuelve, confiando en que en algún momento las cosas irán a mejor, esperando que los políticos consigan mejorar la situación. Pero ¿puede mejorar? ¿A los poderosos les interesa perder esa posibilidad de seguir ahondando en la desigualdad? Una desigualdad que llega al extremo cuando observamos a los últimos, a los que realmente no tienen nada: los sin hogar, los indigentes, los que viven en las calles, en las autopistas; los que roban a los vivos y a los muertos para sobrevivir.

En este mundo, donde las mujeres y las niñas son violadas, donde algunas mujeres incluso son compradas o vendidas, vive Lauren Olamina, una adolescente de quince años, hija de un predicador. Ella es una de las privilegiadas, de las que todavía tiene una casa y un muro que la protege, a ella, a su familia y a sus vecinos. Se trata de una joven especial, no solo por su manera de pensar, lúcida y directa, sino porque sufre hiperempatía, una sensibilidad extrema que hace que sienta lo que sienten los demás, sobre todo el dolor.

A través de una primera persona impecable, Lauren nos ofrece su visión del mundo, pero también reflexiona sobre la actitud de todos aquellos que la rodean, y lo hace desde una mirada y una voz que desprenden belleza y crudeza por partes iguales. Sabe cómo utilizar la metáfora para explicar el deseo de ser, de volar, de salir de esa realidad, de la que no se puede salir realmente, solo sobrevivir, solo intentar tirar adelante; sabe cómo reflexionar sobre Dios y la religión, sobre el comportamiento humano y sobre la inacción, sobre esa manera que tenemos los humanos de indignarnos verbalmente (gritándole a la tele, a la radio o en Twitter, actualmente) por lo que ocurre, sea político o climático, mientras no nos movemos, no actuamos, no hacemos. Al principio del libro, se enteran de que ha habido un ciclón inmenso en el golfo de México. Lauren observa, reflexiona: «hasta el momento ha provocado más de setecientos muertos, que se sepa. Un solo huracán. ¿Y cuánta gente ha sufrido daños? ¿Cuánta va a pasar hambre después, por la destrucción de las cosechas? Así es la naturaleza. ¿Eso es Dios? La mayoría de los muertos son indigentes que no tienen adonde ir […]. Cada vez hay menos trabajo, más nacimientos, más niños que crecen sin nada a lo que aspirar. De una u otra forma, algún día todos seremos pobres. Los adultos dicen que las cosas irán a mejor, pero eso nunca llega». Esos adultos, esa gente que conoció una realidad mejor y espera que vuelva por arte de magia; esos adultos para quienes ir a una iglesia de verdad es «como volver a los viejos tiempos, cuando había iglesias por todas partes y demasiadas luces, cuando la gasolina era para los coches y los camiones, en lugar de para prender fuego a las cosas». Pero los viejos tiempos no volverán, porque la desigualdad crece, porque no parece que haya futuro o, como mínimo, un futuro que no implique la pobreza; Lauren lo sabe, y por eso su narración es afilada cuando debe serlo, disparando a todo aquello que consideramos inamovible, establecido, casi sagrado.

La mirada de Lauren sabe transmitir también la de aquellos que la rodean a través de diálogos, de comportamientos y de silencios. Nos permite dibujar un cuadro completo de la diversidad de su comunidad y de la realidad en la que viven; una realidad en la que el cielo está presente. El cielo lo observamos desde dos puntos de vista. Tenemos el cielo de la religión, esa promesa de un lugar mejor; y después está el otro cielo, el que vemos desde la Tierra, ese universo lleno de estrellas en el que quizá podremos vivir. Porque en medio de la pobreza, tenemos misiones espaciales, misiones que son vistas como un despilfarro por algunos, pero que también podrían ser una posible esperanza. Como dice Lauren, «Marte es una roca fría, vacía, casi sin aire, muerta. Y, sin embargo, en cierto sentido es un paraíso. Vemos el planeta en el cielo nocturno, un mundo totalmente distinto, pero demasiado cercano, demasiado al alcance de la mano de la gente que ha hecho de la vida en la Tierra un auténtico infierno». Este segundo cielo, el real, el que contemplamos con nuestros ojos, es importante para Lauren, porque se va mezclando en su conjunto de reflexiones, en la construcción de una teoría o religión (Semilla Terrestre) que pretende describir el mundo, no prometer uno más allá, tras la muerte.

Y es que La parábola del sembrador es una novela que habla del cambio climático, de la crueldad humana y la supervivencia, pero también de la posibilidad de crear una nueva ideología, de transformar una visión que parece no contemplar del todo la realidad. Es un libro que se atreve a reflexionar de una manera profunda sobre la religión y sobre el concepto de dios. «Semilla Terrestre tiene que ver con la realidad constante, no con figuras de autoridad sobrenaturales. La adoración no sirve de nada sin acción», dice en un momento Lauren. Y es que, para ella, dios es cambio, no un ente sobrenatural al que haya que adorar, un ser que ofrece un cielo al que poder aspirar en la otra vida. De hecho, para ella, ahí está la clave, porque el cielo que ella ofrece existe de verdad y no hace falta morir para llegar a él. ¿Es un cielo posible? ¿Se puede llegar realmente a él? ¿Es realmente la solución? Eso no lo sabemos, ni siquiera lo sabe ella, pero es un camino, es la idea de avanzar, de pensar en sembrar diferentes semillas y esperar que alguna crezca, que consiga caer en buena tierra, nacer, crecer, dar frutos…

La posibilidad de reflexionar de esta manera sobre la ideología y sobre la religión, permite que Butler construya una novela que sabe cómo gestionar la acción, pero sobre todo como gestionar el pensamiento. Tenemos un mundo dividido por muros, con miedo al de fuera, con miedo al otro, al pobre, al que ya no tiene nada que perder. Tenemos la violencia, salvaje, despiadada, explicada con una crudeza y una sencillez que hace que parezca casi normal, algo a lo que te acostumbras, provocando discusiones muy interesantes entre los protagonistas; tenemos las violaciones, la droga, una droga que hace que la gente lo quiera quemar todo. El fuego, ese fuego que parece que avance a medida que avanzas entre las páginas de la mano de Lauren. Observamos y caminamos por un mundo destruido, sin esperanza, salvaje y devastado. Y entre medio de ese horror, encontramos el oasis interior de una joven que no quiere darse por vencida, que, a pesar del dolor que siente, golpea; que, a pesar del hambre y el miedo, camina y piensa (de forma poética, pero también práctica): sus poemas, sus anotaciones, la forma en que observa la necesidad de actuar, de aprender y enseñar, de comunicar, de mirar más allá, no tras la muerte, sino en la vida, la propia o quizá la de las otras generaciones.

Lo que resulta fascinante es cómo, entre las descripciones y las reflexiones, nos podemos ver a nosotros mismos. Nos ofrece un país que «estaba lleno de gente que podía comprar o robar comida y agua, pero a la que le resultaba imposible alquilar siquiera un catre». Si miramos desde nuestra realidad actual, ¿esta frase puede despertarnos alguna imagen? ¿Un mundo en el que trabajas, pero no puedes permitirte ni siquiera un piso? ¿Un mundo en el que vamos construyendo muros que nos ciegan para no ver lo que hay a nuestro alrededor?

Podría seguir hablando de este libro, de las discusiones filosóficas y religiosas que encontramos, de la forma en que todo se desmorona por no querer ser consciente de lo que está ocurriendo y mirar hacia otro lado. Podría señalar la manera en que lo sencillo y lo poético se dan la mano en la prosa de Butler, en una gran traducción de Silvia Moreno Parrado. Podría seguir anotando aquí pequeños fragmentos que he señalado a lo largo del libro para guardarlos, para volver a ellos. No lo haré. Simplemente os animo a leer este libro y a descubrir a Octavia E. Butler (su trilogía Xenogénesis, publicada en castellano por Nova y en catalán por la editorial Mai Més, es otra maravilla).

¡Feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson

Fer picar els anells, de Jordi Casals (Llibres del Delicte)

Etiquetas

, ,

La primera vegada que vaig veure al cinema la pel·lícula The Boat That Rocked, de Richard Curtis (aquí es va traduir com Radio encubierta), vaig tenir la sensació d’estar veient a un grup de persones que estaven gaudint molt de la seva feina. La història és senzilla i divertida, la banda sonora és immillorable i té moments memorables, però sobretot transmet una mena de gaudi que s’encomana, que fa que allò no sigui simplement una feina feta, una pel·lícula, sinó una experiència viscuda. Per què dic tot això? Perquè hi ha llibres on també sents això: més enllà de la història, notes que l’autor ha gaudit escrivint, imaginant els personatges i imaginant també com ho rebrà el lector. Aquest és el cas de Fer picar els anells, de Jordi Casals i Merchán, una novel·la juvenil, publicada per Llibres del Delicte a la seva nova col·lecció Delictes juvenils, que aconsegueix transmetre allò que deia el gran Ray Bradbury sobre l’escriptura: «writing is not a serious business. It’s a joy and a celebration. You should be having fun with it». I quan l’autor ho gaudeix, el lector ho nota.

Portada d’Àlex Santaló

Feia molt de temps que no parlava d’una novel·la juvenil, bàsicament perquè per algun lloc he de posar un límit a les lectures, però m’ha semblat que podria ser interessant fer-ho en aquest cas per diversos motius. Primer de tot, perquè voldria fer una petita reivindicació des d’aquí, encara que sembli que jo mateixa no segueixo l’exemple: la literatura juvenil necessita molt més espai als mitjans, a les xarxes, a tot arreu, perquè a vegades es deixa de banda, com si fos una germana petita, quan no ho és. És una porta al món de la ficció escrita que pot atrapar a petits, joves i no tan joves. Tinc certa tendència a regalar llibres a la meva fillola, i a la resta de nebots també, perquè són grans lectors, i a vegades trobo a faltar saber més dels llibres que tinc al davant. Per sort sempre hi ha llibreters i llibreteres que et comenten i et guien, però la sensació que un té al final és que se’n parla molt poc d’aquesta literatura i és imprescindible fer-ho perquè arribi a més gent i per conèixer el ventall de possibilitats que tenim i que els joves lectors tenen a l’abast.

El segon motiu és que la novel·la del Jordi Casals em permet parlar també d’aquesta nova col·lecció que ha iniciat l’editorial Llibres del Delicte, una editorial a reivindicar, que porta anys publicant autors catalans que es mouen per les fronteres del gènere negre, cercant els seus límits, dialogant entre ells i, en el fons, també gaudint i fent gaudir al lector, que d’això es tracta. Delictes juvenils aposta per acostar el misteri als més joves i ho fa des de diferents espais i, en alguns casos, barrejant gèneres, com fa en Jordi Casals a Fer picar els anells, una novel·la on trobem rastres de ciència-ficció i fantasia i un munt de referències cinematogràfiques, literàries i del món dels còmics.

I arribo per fi al motiu principal, que és parlar del llibre en qüestió. Fer picar els anells és una novel·la que veu en certa manera del món dels còmics, perquè ens planteja un dilema clàssic del món dels superherois: què fer quan descobreixes que tens una habilitat, un poder? L’oncle Ben d’Spiderman ja ho deia: un gran poder comporta una gran responsabilitat. Però fins i tot tenint clar el que diu l’oncle Ben, a vegades no saps realment què fer amb el que tens entre mans o, en aquest cas, als dits.

La història que ens planteja en Jordi Casals té un punt de partida senzill i clàssic: l’Eva, una noia de catorze anys, i el seu germà, en Jordi, s’han traslladat a Figueres a viure amb el seu pare, perquè la mare ha marxat als Estats Units. L’Eva no s’adapta gaire al nou institut i sembla que el pare tampoc s’adapta gaire a la nova feina, que no té res a veure amb la seva vocació. Potser per això, el pare intenta trobar algun invent que solucioni els seus problemes econòmics.

I l’invent arriba: uns anells teletransportadors. Ara imagineu que teniu catorze anys, o menys, i descobriu que podeu anar allà on vulgueu (bé, amb algunes limitacions, que els poders sempre n’han de tenir algunes, perquè fins i tot Superman té un punt dèbil). Què faríeu? I què faríeu si no fóssiu ni nens ni adolescents, si fóssiu adults i tinguéssiu una empresa o un imperi tecnològic? La màgia i els interessos, dos maneres d’observar un invent que ho podria canviar tot. Però, en benefici de qui?

Un dels elements que funcionen molt bé en aquest llibre són els personatges, sobretot el de l’Eva, el Jordi i el Marc, l’amic del Jordi. Són propers, creïbles, pels problemes i els dubtes que tenen, per la forma de parlar, perquè respiren una autenticitat que no busca les grans gestes ni els grans drames, sinó plasmar els problemes quotidians. A través de la primera persona de l’Eva, compartim amb  les seves inquietuds, els seus dilemes, el dia a dia a casa, a l’institut, les petites batalles internes… El Jordi i el Marc són un bon contrapunt, més vitals, amb un xic d’inconsciència que topa amb les preocupacions de l’Eva.

La desaparició del pare i la necessitat de saber què ha passat farà que els dos germans i l’amic hagin de convertir-se en investigadors enginyosos i valents. El ritme de la novel·la és àgil, els capítols passen volant, sense necessitat d’anells, perquè l’autor sap com barrejar els diàlegs i l’acció, les descripcions amb les escenes més ràpides. Entre les pàgines del llibre trobem espais que coneixem, també propers, sobretot si els has visitat en algun moment de la teva vida i pots somriure quan els reconeixes i t’imagines que a tu també t’agradaria ser un d’aquests personatges i poder amagar-te a cert indret del Cap de Creus.

La novel·la avança i, més enllà dels paisatges familiars i les diferents estratègies de l’Eva, el Jordi i el Marc per trobar el seu pare, anem descobrint apunts sobre física i física quàntica,  referències a clàssics del cinema, fragments de lletres de cançons de grups mítics i picades d’ullet a personatges de sèries que van marcar una època (penso en el canvi de lloc instantani, aquella meravella de tècnica que va aprendre en Goku). Hi ha elements de la novel·la que beuen de la ciència-ficció i dels còmics, però això no treu que la novel·la no estigui farcida de reflexions sobre la realitat més punyent: la precarietat, els problemes econòmics, els drames que es viuen massa sovint a les aigües del Mediterrani…

En definitiva, Fer picar els anells és un llibre divertit, ben estructurat i amb reflexions interessants que pot agradar a un públic jove divers. Esperem que aquesta nova col·lecció de Llibres del Delicte segueixi creixent, com ho fan els títols de l’editorial mare. 

Bon dimecres i bones lectures!

Inés Macpherson

El cuerpo (Cegador, 2), de Mircea Cărtărescu (Impedimenta)

Etiquetas

, , ,

El cuerpo es el segundo volumen de la trilogía «Cegador» (1996-2007) que publicó Impedimenta en marzo de 2020. Es el cuerpo central de la mariposa que Mircea Cărtărescu escogió como imagen para este ejercicio que bucea en el yo, en la figura de la madre y del padre, pero también en la ciudad. Una ciudad que se observa desde la ventana, pero también a pie, aprendiendo a caminar, a bajar las escaleras, a descubrir el cuerpo de los edificios, del asfalto y todas las criaturas que lo habitan, reales o imaginadas, en un caleidoscopio que permite contemplar a su vez la compleja realidad del momento histórico en el que estaba sumida Bucarest y Rumanía. 

Con esta segunda entrega, Cărtărescu retoma su viaje, una arqueología emocional y vivencial de su familia y su ciudad, un viaje que va más allá del yo para contemplar un sinfín de historias que nos hablan del descubrimiento y el dolor, del silencio y la miseria, de los sueños y el deseo, la magia rota de aquellos que intentan volar, pero solo tienen alas imaginadas. Nos muestra la Bucarest de los años sesenta y setenta, una capital y un país marcados por la realidad política que se cuela entre las rendijas de su observación, de la narración que fluye a través de sus dedos, desde su cráneo que sabe leer lo que sus ojos retuvieron para guardarlo en forma de recuerdo. Todo va y viene, entre presente y pasado, pero también entre lo palpable y lo onírico, entre el yo y el otro. Es un retrato que se convierte en exploración, bajando las escaleras, seleccionando fragmentos de vidas y sueños que van tejiendo un cuadro complejo donde el cuerpo se torna cada vez más presente, consciente de un yo que es y no es.

Sobrecubierta

Quien ya haya leído a Cărtărescu, y se haya acercado al primer volumen de «Cegador», sabrá que adentrarse en su prosa es adentrarse en el asombro, en lo inesperado, en un viaje único que fluye a través de las páginas. Esta segunda entrega de la trilogía, de nuevo con una extraordinaria traducción de Marian Ochoa de Eribe, sigue ahondando en los recuerdos de la infancia, pero de una infancia que está abandonando el universo del niño para adentrarse en la adolescencia; un joven Mircea que, movido por la curiosidad, la de su cráneo y la de su cuerpo, bucea por la ciudad de forma más presente, observando no solo aquello que sueña, lo que resuena en su interior, sino lo real, la historia que palpita y transforma su mundo. Por eso no escatima en descripciones, mostrando la miseria y el desencanto que rezuman las casa y las calles. Porque aquí entramos en el cuerpo, en el humano, pero también en el de la ciudad: los edificios, los rincones, azoteas y escaleras tienen piel, carne… Y para que eso quede claro, nos ofrece descripciones que juegan con lo que vemos y lo que está más allá, buscando una simbiosis entre la carne y el cemento, entre la forma estática y el cambio, entre la luz y la oscuridad, mostrando la materia, las entrañas y las raíces de un edificio y una ciudad que, como cuerpos que son, pueden respirar y morir, ser destruidos o descubiertos.

En esta segunda parte, en este cuerpo central de la trilogía, la ciudad tiene una importancia quizá mayor, porque sin decirlo, nos muestra esa Bucarest sombría, marcada por la situación política que quizá esos ojos de niño empiezan a intuir. Quizá por eso la piel y el cuerpo, las terminaciones nerviosas y las entrañas del cuerpo y del cemento se confunden, se entremezclan en este extraño viaje. Pero entre la realidad encontramos un universo inmenso que se adentra en el laberinto de las calles y se cuela por las rendijas de esa fina línea que separa lo que vemos de lo soñado, de lo imaginado. Y el relato crece, fusionando el pasado y el presente para abrirnos la puerta entre las paredes de la ciudad, donde descubrimos historias fascinantes que destilan distintas capas de imposible: las alfombras que teje su madre, donde hay quien cree ver secretos de Estado; la niña María, a quien le crecen alas de mariposa y se eleva cada noche más allá de la ciudad, más allá de esta realidad tangible que nos liga a un cuerpo que no sabe mudar, o los hombres estatua que nos invitan a imaginar qué ocurriría si todos aquellos que fueron desde siempre estatua decidieran abandonar su inmovilidad.

El cuerpo es la parte central de la mariposa, de esa imagen escogida para hablar de la transformación, de aquello que cambia sin dejar de ser, sin abandonar lo que ha sido. El lenguaje fluye, pero entre las páginas de este libro nos vamos encontrando con muchas mariposas, todas ellas con una función simbólica y narrativa; con efectos cegadores que son como un flash de luz que nos sorprende entre frases, como si fuera un toque de atención, una forma de recordarnos que hay que mirar más allá de la palabra, de la piel, ver el esqueleto, lo que ocurre, esto que es y que se escapa en cuanto lo escribes. La palabra y el lenguaje son importantes en la obra de Cărtărescu, al igual que la mirada, como si se buscara recordar que los ojos crean una realidad, que todo lo que vemos, lo que escribimos, lo que decimos, pasa por un filtro, el nuestro, y que cuando volvemos hacia dentro, hacia la creación de la escritura, mundo ficticio y mundo real transitan por los espacios del cuerpo, del cráneo de aquel que emplea la palabra, la imaginación, la vista o la observación…  

Su prosa está marcada por su capacidad poética, por las imágenes que saben tejer una membrana donde cohabitan lo real y lo espectral, lo onírico y lo político, la carne y el pensamiento. Sus frases fluyen entre la descripción y la filosofía, entre la vida cotidiana y las reflexiones sobre la creación, salpicando de imposibles un relato bello y extraño, que se mueve entre lo histórico y auténtico para escaparse después a la fábula fantástica, las leyendas que construyen una cartografía personal.

El cuerpo es un libro extraño, abrumador; una muestra más del genio de Cărtărescu y su capacidad para moverse entre lo visible y lo invisible, lo real y lo irreal, la imaginación y la memoria como elementos para construir un cuerpo donde la historia y las historias sirven también para reflexionar sobre la vida y la muerte, la creación y el deseo, lo carnal y lo espiritual en un relato evocador, que nos muestra las alas y las entrañas, la oscuridad y la luz cegadora de una mariposa de la que nos queda por descubrir su ala derecha. 

Inés Macpherson

(Reseña escrita originalmente para Anika Entre Libros)

Connectar, de Kae Tempest (Més Llibres)

Etiquetas

, ,

Hi ha llibres que, per una banda, et provoquen la necessitat de parlar-ne i, per l’altra, la necessitat de pair-los amb calma, perquè voldries guardar al cervell moltes frases, sí, però també ampliar-les, comunicar-les, compartir-les. Fa anys que em dedico a la narració oral i estic acostumada a llegir per fixar al cervell frases, fils conductors, paraules concretes que després ajuden a donar vida a una història que creix a través de la veu i del cos per intentar arribar a l’altre. Però, com fer això a través de la paraula escrita, com transmetre el que has pensat d’un llibre des de tots els llocs possibles si ja l’has acabat? Potser no l’has acabat encara que hagis arribat al punt final de l’última frase, perquè segueix amb tu. És curiós com, a vegades, els pensaments neixen durant la lectura i després sembla que s’amaguin, a l’aguait, esperant el moment per tornar a sortir.

La veritat és que Connectar, de Kae Tempest, publicat en català per Més Llibres i en castellà per Sexto Piso, em provoca una barreja de totes aquestes sensacions: el cervell vol copsar-ho tot, vol que amb el llapis les paraules es quedin marcades no només al llibre, sinó al cap; però alhora vols que flueixi, que segueixi bategant, que tingui veu, i per això voldries llegir els fragments en veu alta perquè arribi als altres, perquè connecti, per crear una mena de cadena que no s’atura, perquè així no deixes que s’apagui, que calli. I és que, mentre llegeixes les paraules de Tempest, connectes amb el que diu i amb com ho diu; en el cas del català, gràcies a la feina de Martí Sales. De fet, en Martí Sales i l’obra de Kae Tempest ja s’havien trobat abans i potser per això funcionen tan bé, perquè en Sales coneix els ritmes, les paraules, i sap com transmetre-ho de forma natural.  

Reconec que mentre llegia el llibre, tenia ganes de parlar-ne i això és el que intentaré fer: parlar d’ell, del llibre en sí, però potser també del fet de llegir, de ser lector i autor i connectar i sentir la necessitat de comunicar i alhora sentir aquesta connexió que va més enllà del jo i que ens porta als concerts, a aquella sensació de formar part d’un tot que et posa la pell de gallina durant uns instants. Kae Tempest diu al principi «com més atenció parava a la meva “particularitat”, més possibilitats tenia d’arribar a tu en la teva particularitat». I potser es tracta d’això, de parlar del que ha suposat la lectura, aquesta connexió, per a mi com a lectora, com algú que de tant en tant també puja a un escenari i explica històries i les dansa i necessita els ulls dels altres, no per trobar aprovació, sinó per comunicar, per connectar, per sentir que allò que neix de tu pot sortir i arribar als altres, perquè això és el que realment busques: arribar, tocar l’altre, encara que sigui amb les paraules, amb la música, amb el moviment d’un cos que s’explica i t’explica.

El llibre està dividit en set parts que fan referència a un acte, actuació, concert, recital, o el nom que cadascun vulgui buscar. Tenim el muntatge, la prova de so, l’obertura de portes, els teloners, els preparatius, sortir a la palestra i sentir com passa alguna cosa. Per si mateixos, els títols dels capítols ja ens expliquen una història, però aquí Tempest no ha vingut a explicar una ficció lineal, una successió d’actes en el temps, sinó a explorar els abismes (quan entreu al llibre, entendreu el motiu d’aquestes dues paraules, temps i abismes). O potser ha vingut a senyalar una altra mena de ficció, aquesta imatge que ens construïm per encaixar, aquest jo que no sabem si és nostre o és una resposta, que accepta un joc i una insensibilitat que ens deixa a tots en un estat neutre de no implicació, de no connexió. Cal tenir present que Tempest parla de connectar de veritat, no a través de la pantalla, no a través d’aquest món virtual que ens serveix de màscara, de valoració pròpia i aliena, d’excusa, de coixí per sentir una companyia que, com hem vist durant aquest any, no pot suplir del tot el contacte i l’escolta real, la presència de la mirada de l’altre, però també la pròpia, perquè, sovint, ens hem desconnectat tant de nosaltres que ni tan sols som conscients de qui som, de com som. Tempest parla de connectar per ser més humà, més empàtic, més conscient.

Vivim en una realitat, diu Tempest, on probablement «ara mateix es ven una capsa d’anell que també és una funda de mòbil, perquè quan demanis matrimoni a la persona estimada i obri la capsa de l’anell, apareixerà la teva parella, perfecte per compartir el moment del prometatge a les xarxes». Aquesta i moltes altres reflexions sobre la nostra societat donen peu a les altres reflexions, aquelles on Tempest s’observa: observa la seva carrera, la seva necessitat de dir, el personatge que es va buscar, la manera d’acceptar aquella insensibilitat de què parlàvem abans, per poder sobreviure, per ser allò que s’esperava d’ella o ella esperava de sí mateixa, una peça més de l’engranatge del món on vivim, forçant la veu, aquesta veu que necessitava, però que en algun moment es va trencar. I aquestes confessions donen peu al veritable cor d’aquest llibre: la possibilitat de connectar, de dir, de ser, de llegir i realment llegir, no només passar pàgines, no només ajuntar les lletres, sinó escoltar l’altre a través de les paraules, dels gestos, de la connexió. «Una història no cultiva l’empatia només en virtut d’haver estat pensada; t’hi has de relacionar perquè es torni potent; la història s’ha de llegir i la cançó s’ha d’escoltar per tal d’assolir tota la seva força», diu en algun moment del llibre. I es tracta d’això, de compartir, de comunicar. Potser per això, mentre llegeixes el llibre voldries dir-ho tot en veu alta, donar vida a les paraules a través de la veu, del gest, del cos, perquè ella ho ha escrit de tal manera que batega, que camina, que busca despertar-te. O potser és que simplement ha connectat amb mi perquè m’interpel·la i em sacseja, perquè les preguntes troben un mirall en les preguntes que jo em faig. Potser és aquella particularitat seva que ha trobat un camí similar per arribar a la meva.

Les paraules flueixen amb una naturalitat i una honestedat senzilla, directa. Tempest exposa la seva experiència personal, els seus dubtes, les seves pors i inseguretats sense maquillar-les ni exagerar-les. Són allà i són les encarregades de provocar el diàleg que podem trobar en mig d’aquest viatge pels escenaris (els reals i els simbòlics) i per les possibilitats de connectar entre nosaltres. Una part de mi voldria anar cosint cites, reflexionant sobre paràgrafs, però una altra part de mi voldria acabar oferint també una particularitat. Com he dit abans, soc narradora oral i durant aquest any he viscut el que implica explicar contes a una pantalla, sense saber si hi ha realment algú escoltant a l’altra banda. I per molt que t’hi esforcis, saps que hi ha alguna cosa que potser no acaba de funcionar, perquè el triangle queda trencat a través de la pantalla, aquest triangle d’autor, obra, lector o espectador. També ho hem viscut parlant amb els familiars i amics: mancava alguna cosa, era una connexió descafeïnada. La presència, la resposta real dels ulls i del cos de l’altre tenen una importància immensa i ens pensàvem que sempre hi serien. Però no ha estat així. Potser per això Kae Tempest acaba el llibre amb una mena de llista, parlant de la possibilitat de fixar-se més en els detalls, en la possibilitat de compartir, de gaudir de l’espontaneïtat i la complicitat que et feia anar a fer un cafè amb algú. Estar, connectar, parlar i llegir, però no només llegir un llibre o escoltar una peça musical, sinó llegir l’altre, escoltar l’altre a través de la creativitat entesa més enllà de l’obra; la creativitat entesa com a espai per observar i entendre l’altre.

Aquest Connectar de Kae Tempest no és un llibre llarg, però sí és intens i, sobretot, honest i sincer. Et parla a tu. Que tu connectis o et sentis interpel·lat suposo que depèn de com t’apropis al llibre. Jo m’he deixat atrapar i la veritat és que el tornaria a començar de nou.

Bon dilluns i bones lectures!

Inés Macpherson

Alba (Saga Xenogènesi I), d’Octavia E. Butler (Mai Més)

Etiquetas

, , ,

Aprofitant que aquests dies arriben a les llibreries dues novetats d’Octavia E. Butler, La parábola del sembrador, publicada per Captian Swing en castellà, i Ritus de l’edat adulta, la segona part de la saga Xenogènesi publicada per Mai Més en català, em sembla un bon moment per tornar a Alba, el primer títol de la saga, un d’aquells llibres que t’acompanya un cop l’has acabat, perquè és punyent, intens, complex i molt ben escrit (i traduït, en aquest cas, per Ernest Riera). Probablement no digui res que no s’ha dit, i potser dic més del que hauria de dir, però és difícil parlar d’aquest llibre sense que se t’escapin les ganes de compartir tot el que hi ha entre les seves pàgines.

La coberta és de Vorja Sánchez i és una meravella que encaixa perfectament amb el llibre.

Alba ens atrapa des del començament amb un personatge que, malgrat no estar escrit en primera persona, podria ser-ho perfectament, perquè respirem amb ella, observem, sentim i pensem amb ella. Es tracta de la Lilith, una dona que es troba reclosa a una habitació i que recorda la seva vida anterior: recorda el seu marit i el seu fill, que van morir abans que la guerra ho destruís tot; també recorda la guerra, però el que no aconsegueix recordar és com ha sobreviscut, ni per què està dins d’aquesta mena de cel·la on, de tant en tant, sent una veu que li fa preguntes. Qui fa les preguntes és un dels Oankali, una espècie extraterrestre que ha rescatat als humans que han sobreviscut al desastre.

Hi ha quelcom fascinant en aquesta veu narrativa, en la seva manera d’exposar el que observa, el que sent, el ritme dels pensaments que venen i van i que s’intercalen amb unes descripcions precises, visuals i que, sovint, podries quasi tocar. A poc a poc descobrim que els humans estan en estat letàrgic i que els Oankali han despertat a la Lilith perquè és l’escollida per a despertar a altres humans i veure si es pot començar a recuperar la vida al planeta. Volen veure com reacciona a ells, al seu aspecte. I és que els Oankali són físicament molt diferents a nosaltres (hi ha un moment on ella els associa amb les meduses). Les reaccions i reflexions que fa la Lilith quan els veu per primer cop i l’evolució que fa també són un mirall que ens obliga a mirar i a mirar-nos, a observar les reaccions que nosaltres tenim davant d’allò que no encaixa en la normalitat que hem establert com a acceptable i bona. Perquè, sovint, sense ser conscients, associem un concepte estètic amb un d’ètic, com si la bellesa o la normalitat fossin per si mateixes bones, com si allò diferent sempre fos dolent o perillós. Però, també sovint, allò diferent també és allò que desconeixem, que no entenem, que ens demostra la diversitat, les possibilitats que hi ha més enllà de la nostra rigidesa.

Un dels aspectes més interessants de la novel·la (en té molts) és la creació d’aquesta espècie alienígena que busca l’intercanvi de material genètic com a manera de sobreviure i evolucionar. La seva nau és orgànica, està viva; viuen en una mena de comunitat que va molt més enllà del nostre propi concepte de comunitat i de comunió amb l’altre i l’entorn. A més, Butler planteja els Oankali com una espècie on hi ha tres gèneres, mascle, femella i l’ooloi, un trio que ofereix una forma diferent d’interactuar, de tenir relacions sexuals, i que l’autora explora de forma magistral, tant pel que mostra com pel que ens pregunta sense preguntar. 

Es tracta d’una novel·la que proposa una acció pausada, que busca l’equilibri entre el que passa a fora i el que passa a dins, a la intimitat mental i emocional de Lilith. Per això el desenvolupament del seu personatge està tan ben treballat i planteja una evolució plena de dubtes, pors i desitjos que ens connecten amb nosaltres mateixos: les seves pors i els seus dubtes són els nostres a cada passa, a cada situació que observa, a cada decisió que ha de prendre. Aquest món interior està teixit de tal manera que flueix alhora que observem el món exterior, la nau i els seus habitants; descobrim els altres humans que van apareixent, veiem el seu comportament, com es repeteixen patrons, actituds, desconfiances… El llibre ofereix una visió antropològica doble, perquè ens veiem a través dels nostres ulls (els de la Lilith, que, sovint, també són els nostres) i ens veiem a través dels ulls dels Oankali. Per tant tenim un doble mirall que ens posa en contacte amb les nostres misèries, les nostres debilitats i les nostres pors: la por a l’altre, al diferent (la paraula xenofòbia té la mateixa arrel que aquesta xenogènesi que ens presenta Butler; xenos, del grec, vol dir estrany o estranger), però també la por al canvi, a deixar de ser nosaltres mateixos i, alhora, a ser-ho, a observar la nostra essència, les nostres limitacions, la repetició constant dels nostres errors.

Un dels altres encerts d’aquest llibre és la relació entre els humans i els Oankali que explora Octavia E. Butler, perquè pot provocar una sèrie de sensacions i reflexions molt interessants. Es tracta d’una relació complexa, perquè per una banda, els Oankali han salvat a uns quants humans, els volen ajudar i fins i tot els volen “millorar”. Ens observen com una espècie que ha estat capaç de destruir el seu propi planeta i que es destrueix a ella mateixa moguda per l’odi, la violència o l’avarícia (i tenen raó). Per d’altra banda, sabem que són una espècie que sobreviu gràcies a la barreja amb altres espècies, és la seva manera de funcionar i, per tant, potser no ens han salvat perquè vulguin ajudar, sinó per necessitat. L’intercanvi que plantegen sembla que neix, en part, de la seva necessitat i això podria fer-nos pensar que, per a ells, som simplement una altra espècie que utilitzen per aconseguir la seva finalitat. Ells busquen conèixer i créixer a partir dels altres, una mena de simbiosis o mestissatge que els permet sobreviure i evolucionar. Vist així, no sembla tan dolent, no? Però, què demanen a canvi? Què passa amb nosaltres? I amb el planeta?

Per què la seva manera d’actuar és millor que la nostra? Semblen savis, pacients i amb un sentiment de comunitat, comunicació i comunió amb l’entorn molt més saludable que el nostre. Però què passa amb el tipus de relacions afectives i sexuals que ells imposen? Què passa amb la possibilitat d’escollir o d’equivocar-se? He dit imposar perquè és un dels jocs més hàbils de Butler: sembla que no imposen i alhora imposen; sembla que et diguin que pots escollir, però, realment pots? Què implica escollir segons què? La gràcia és que Butler no planteja una espècie violenta, despòtica i opressora segons els paràmetres humans: no hi ha una violència salvatge, una humiliació o una violació amb força del nostre cos o de la nostra essència; no hi ha esclavitud, però hi ha quelcom en el relat que incomoda, que fa que entenguis els dubtes, que t’ho preguntis tot constantment, que miris l’essència humana, amb tots els seus defectes, la seva tendència a la destrucció i a l’odi, però també puguis mirar els Oankali i entendre que tampoc són tan meravellosos com voldries pensar.

El dubte és constant i això fa que ens ho estiguem preguntant tot. Hi ha moments de tensió importants, tant entre humans com amb els Oankali, però també trobem moments que ens porten cap a reflexions filosòfiques, sociològiques o antropològiques. Hi ha un treball de ficció exuberant, sensorial en alguns moments, físic i emocional, però també hi ha un rerefons potent que ens sacseja i ens interpel·la com a espècie i com a individus. Som Lilith i entenem el seu viatge; un viatge que és una oportunitat per gaudir d’una prosa impecable, d’una exploració profunda de l’ésser humà i de la seva relació amb sí mateix i amb l’altre.  

I callo, perquè aquest és un d’aquells llibres que voldries poder comentar pàgina a pàgina, detall a detall, gaudint de tot el que hi ha, de les parets que s’obren, dels boscos que habiten una nau, de les inseguretats, del racisme, de l’odi, de les possibilitats, dels humans i la seva essència…

Ara podeu gaudir de la segona part que acaba de publicar Mai Més i, després, seguir navegant per l’obra de Butler, que va omplint els prestatges de les llibreries.

Bon dimarts i bones lectures!

Inés Macpherson

L’illa del doctor Moreau, d’H. G. Wells (Angle Editorial)

Etiquetas

, , ,

A principis del segle XIX, una jove va escriure un llibre que, per a molts, és la primera obra de ciència-ficció: Frankenstein, de Mary Shelley (encara no existia el terme, però alguns dels elements hi són, com també es poden trobar elements de narracions gòtiques). A finals d’aquell mateix segle, l’any 1896, Herbert Gerorge Wells va publicar L’illa del doctor Moreau, un clàssic del gènere (de fet, l’autor va escriure uns quants títols que s’han convertit en clàssics, com La màquina del temps o La guerra dels mons). En aquella època encara no es parlava de ciència-ficció (les obres de Wells, com molt bé explica Albert Pijuan a la introducció, descansaven a les lleixes de scientific romance), però els elements, de nou, hi són i de forma molt clara.

Angle Editorial ha decidit publicar L’illa del doctor Moreau, amb una nova traducció d’Albert Pijuan, per celebrar els 125 anys de la publicació d’aquesta novel·la i per fer gaudir al lector que tingui ganes de retrobar-se amb aquesta obra que, com també explica Pjuan a la introducció, té una ombra llarga. I és que recuperar títols com aquests és important perquè formen part de la història de la literatura i ens permeten veure com van néixer certs temes, com es va anar construint el món de la ciència-ficció i com dialoguen certes obres entre elles. Per això és tan interessant la introducció d’Albert Pijuan, perquè és un complement perfecte, que situa el llibre en el seu context i mostra el seu camí fins als nostres dies a través de referències i influències. Una introducció que aconsegueix que tinguis encara més ganes d’endinsar-te en el món de Wells i, a més, vulguis buscar les obres que van ser tocades per l’ombra de Moreau.

Què planteja L’illa del doctor Moreau? Es tracta d’una història que es presenta com el dietari personal del protagonista. Com comença? Amb un preàmbul que situa al lector i que està escrit pel nebot del protagonista: al febrer de 1887, Edward Prendick va desaparèixer a alta mar; onze mesos després, va ser trobat en un bot a la deriva. La història que està a punt de llegir el lector és la història que Prendick explica en primera persona, i que fa que molts el prenguin per boig. I és que relata la seva estada a una illa on es troba amb éssers d’aparença humana, però grotescs, amb malformacions que semblen animals, bestials; una illa on, a més, resideix el famós Doctor Moreau, un científic polèmic que va abandonar Anglaterra, indignat amb la comunitat científica, i que ara efectua investigacions biològiques que no semblen del tot ètiques.

Podríem dir que Moreau és un exemple del científic que es deixa portar per la curiositat, però també per l’arrogància, pel poder o pel desig de jugar a ser un déu creador. Es tracta d’un home que experimenta amb humans i animals perquè pot, perquè vol veure fins a on pot arribar. És possible que els experiments de Moreau puguin semblar anacrònics actualment, però en aquell moment obrien un debat sobre els límits de la manipulació biològica i la relació entre els avenços científics i l’ètica que ha arribat fins als nostres dies. Fins a quin punt tenim dret a experimentar amb animals? I amb humans? Fins a quin punt podem millorar l’espècie? Una de les llavors del debat sobre el posthumanisme i el transhumanisme es troba aquí.

L’atmosfera tenebrosa de l’illa es va dibuixant poc a poc. El protagonista intueix formes i sorolls entre els arbres. Tancat a la seva cambra, imagina, especula, deixa que els crits li penetrin la pell, el cervell… Aquests crits entronquen amb el tema del dolor, un tema que té un pes important en aquest llibre. Hi ha un moment on Prendick explica: «A fora els esgarips encara sonaven més fort. Era com si tot el dolor del món hagués trobat una veu». Aquest dolor, aquests esgarips que impregnen el relat i l’espai, l’exterior i l’interior, que anuncien quelcom espantós, disparen encara més la imaginació del protagonista. Però també permeten una reflexió per part de Moreau, que parla del dolor associat a les idees del bé i el mal: «Perquè és només aquesta qüestió del dolor la que ens separa. Mentre el dolor visible o audible l’afecti, mentre es deixi guiar pel seu propi dolor, mentre el dolor estigui present en la seva idea de pecat… mentre ocorri tot això, vostè serà un animal…».  

Idees, diàlegs i reflexions es barregen amb l’acció i l’angoixa del protagonista, creant un equilibri perfecte. Perquè podem observar el comportament humà i l’animal, veure les pors i els dubtes, els instints i les passions, i ens podem preguntar qui és realment més bestial, quina és l’ànima més cruel. El desig de poder, de dominar, de ser superior… El ritme no és accelerat, però mai decau; et deixes portar, t’atrapa, camines i et poses a córrer amb Prendick, observes la foscor i el mar i et deixes impregnar per l’atmosfera, cada cop més angoixant, amb la presència constant d’aquests éssers que Prendick intenta comprendre. O és als homes a qui ha d’intentar comprendre per veure què és allò que ens defineix com a humans? Intensa, a estones quasi terrorífica, i amb un final brillant, aquesta novel·la demostra una força visual i narrativa que deixen clar per què és un clàssic.

Si no heu llegit mai L’illa del doctor Moreau, ara teniu una magnífica oportunitat. Si coneixeu la història, també teniu una magnífica oportunitat per tornar-hi, per deixar-vos atrapar per Wells, i l’ombra de Moreau, com diu Albert Pijuan.

Bon dimarts i bones lectures!

Inés Macpherson

No entres dócilmente en esa noche quieta, de Ricardo Menéndez Salmón (Seix Barral)

Etiquetas

, ,

Hace más de un año, a principios de 2020, Seix Barral publicó No entres dócilmente en esa noche quieta, de Ricardo Menéndez Salmón. En según qué momentos las etiquetas pueden servir para definir un libro, pero creo que en otros casos es mejor no querer encerrar una obra bajo un concepto que la puede ahogar, porque entre sus páginas podemos encontrar mucho más de lo que esperábamos. Tras la muerte de su padre, el autor decidió adentrarse en su historia, en la suya propia y en la de su padre, y eso le permitió reconstruir una existencia que se nutre de recuerdos y anécdotas, de reflexiones y observaciones que van más allá de la relación paternofilial y que recorren los recovecos de la vida y la muerte, de la enfermedad y las heridas, para ofrecer un retrato, una elegía, una manera de reconocerse y también de despedirse.

La narración no como expiación ni como carta abierta, sino como una manera de ahondar en la forma en que nos construimos y nos construyen; un repaso vital que no se ahorra los detalles, que no busca endulzar ni criticar. Simplemente narra y nos permite caminar entre el dolor y la miseria, entre la enfermedad y el desdén, pero también entre el gozo, la bondad o la sonrisa silenciosa de aquel que mira por la ventana y comprende que a veces no hay revelación alguna. Simplemente hay una vida y un final. 

Hay libros que te atrapan por su argumento, por el ritmo, por la construcción a base de cliffhangers bien colocados. Hay otros que te atrapan por la sinceridad y la humanidad que desprenden sus páginas, por la profundidad de sus reflexiones y a su vez por la cercanía de lo que relata. Lo que ha hecho Ricardo Menéndez Salmón en este libro pertenece al segundo grupo. Es uno de esos textos que merecerían ser descubiertos sin más, sin guía, porque sí, porque probablemente cada uno extraerá algo distinto, a pesar de ser la misma historia, estar compuesto por las mimas palabras y explicar lo mismo en cada uno de los ejemplares.

Hay en No entres dócilmente en esa noche quieta una historia, personal y familiar, que nos ofrece el retrato de una enfermedad, de una relación entre padre e hijo, pero que también reflexiona sobre la vida y la muerte, sobre la identidad, la memoria o la literatura. No es un relato ordenado y por etapas, desde la frialdad de un narrador que simplemente observa. Aquí asistimos al intento de un hijo por recordar, por reconstruir una vida sin acercarse a la ficción ni buscar una precisión biográfica. Es un trabajo de exploración y de reflexión, mental y emocional, que nos permite observar de cerca la enfermedad, una enfermedad que, al ser crónica, acaba siendo no solo del padre, sino de toda la familia,  un elemento más de la vida que marca al entorno y a su manera de observar y comprender la vida. Y es que aquellos que nos rodean y sus circunstancias pueden marcarnos y formar parte de la manera en que nos construimos como personas y la manera en que observamos y comprendemos el mundo y la vida misma.

La enfermedad y la conciencia de la muerte están presentes en este libro, como también lo está el alcoholismo, un dolor añadido a una realidad compleja. Pero también hay creación, conversaciones que tuvieron lugar y otras que se quedaron por el camino, recuerdos, recortes de prensa, el placer de comer o la mirada del otro, que a veces nos es ajeno, pero también es nuestro. El lenguaje cuidado, a veces poético y evocador, permite que las descripciones y la recreación del pasado que hace el autor sean dolorosas, pero de una forma amable que te acompaña, provocando una extraña paradoja que es a su vez un retrato de lo que es la vida. Mientras lees, sabes que es la historia de otro, pero lo que subyace, o lo que va más allá de esa individualidad, hace que sepas que es algo más grande que nos habla de lo más humano. 

Querer contener este libro en una página es difícil. Es una obra que guarda en su interior la narración de una vida, de una enfermedad y una muerte; la narración del dolor, de aquello que no hemos dicho y de aquello que quizá no hemos sido.

¡Feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson

(Reseña originalmente escrita para Anika Entre Libros)

Parcs, titelles i nostàlgia

Etiquetas

, ,

Els parcs, aquests espais que ara, amb la pandèmia, s’omplen més sovint, perquè un es pot reunir a l’aire lliure amb els amics o pot anar a llegir al banc o a prendre una estona el sol o a jugar. Els nostres parcs no són com els de les pel·lícules americanes o britàniques, no són immensitats verdes, però tenen el seu encant. Aquests dies, tornant a passejar per alguns, he recordat un petit ritual de diumenge que teníem amb la meva mare quan jo era petita. Bé, només un diumenge al mes, però era especial i tenia a veure amb el parc. Aquell dia no tocava anar a jugar, sinó a passejar, perquè un diumenge al mes hi havia unes quantes paradetes, allà, entre els arbres, al costat de la font. Soc incapaç de recordar quin tipus de paradetes eren, perquè de totes, només en recordo una. La meva paradeta, la de les titelles.

No vaig ser mai de nines, no m’agradaven gaire, ni pels ulls ni pel tacte. Potser per això, quan la mare va veure com mirava aquelles titelles va decidir que podria comprar-ne alguna. Eren fines, delicades, amb el cap de paper maixé i un vestit de tela d’un únic color. De dit. Gràcies a elles, les meves mans es van convertir en personatges. Al principi en tenia poques, el sol, la lluna, un cavaller, una princesa, però a poc a poc van anar apareixent d’altres cares, d’altres ulls menuts, senzills: dos punts negres, un somriure vermell fet amb un simple traç, com a molt dos. No calia res més. L’art de les coses petites.

Però un diumenge les paradetes van desaparèixer. Vam buscar les titelles per altres mercats i fires, però no les vam trobar. I van passar els anys, i l’adolescència i després els estudis i la vida, que pica a la porta i vas amunt i avall, i no les oblides, però les deixes allà, com una part de la teva infantesa, com allò que saps que va ser important, però que s’ha de quedar a casa, perquè ja ets gran. Així que les titelles es van quedar allà, esperant, observant el món a través de la seva finestra de vidre, un món que era la meva habitació.

Amb els anys van tornar a ser importants, potser per la nostàlgia, potser pel fet de saber que, per a mi, eren úniques, eren aquell petit mirall d’una època, del parc, d’aquella il·lusió que és un record. Tenia coll avall que aquella seria la meva col·lecció, que no en trobaria mai de noves. Però estava equivocada. Les vaig veure un dia, passejant pel carrer Princesa, a l’Arlequí Màscares, més enllà de l’aparador, al costat de la caixa. No eren exactament les mateixes, perquè eren més grans, potser esperant una mà que no fos de nena. Jo tampoc tenia els mateixos ulls, però veure aquells caparrons allargassats i aquell somriure fet amb una petita línia vermella em va fer entrar, feliç per un retrobament que creia que mai tindria lloc.

Ara les meves titelles tenen dues germanes grans. La família no ha pogut créixer més, perquè la tenda va tancar. Sí, és cert que els anys fan que les coses canviïn, però també ho fa aquesta ciutat, que ho va engolint tot, per deixar-la sense essència, sense espais autèntics. No sé què passarà amb aquella tenda. Fa uns mesos hi vaig passar i vaig trobar una màscara blanca a l’aparador, donant les gràcies. Potser el proper dia, quan torni a caminar pel carrer Princesa, la màscara no hi serà, com tantes altres coses, que van desapareixent, tapiades o convertides en fotocopies. Però les tinc a elles, tinc els parcs i aquesta nostàlgia que de tant en tant em visita.

Bon divendres i bones lectures (també al parc)

Inés Macpherson

Adzum i els Monoculars, de Sergi G. Oset (Edicions SECC)

Etiquetas

, ,

Quan entre les pàgines d’un llibre et trobes l’expressió «per la mare d’en HarryJausen», o sales de naus amb noms com J. Parutxo, Bram Stroker o Pol i Dori, saps que estàs entrant en un joc, en un viatge que et proposa una aventura divertida i esbojarrada plena de picades d’ullet i homenatges oberts a la cultura i als referents del gènere. I això és, en part, el que proposa Adzum i els Monoculars, de Sergio G. Oset, publicat per Edicions SECC.

Per aquells qui no coneguin l’autor (en aquest cas, com s’indica des d’un bon començament, en un altre joc de lletres, no sabem realment si l’autor d’aquest pastitx sideral és ell o algun dels altres Sergis, o Serchis), en Sergi G. Oset és un escriptor que s’ha mogut sobretot pel relat i el relat hiperbreu, com demostra, per exemple, a Hipermatrònic, l’hiperbreu que va sorgir de l’espai profund, publicat per Orciny Press. Però amb Adzum i els Monoculars es decanta per la novel·la, una novel·la que ens planteja una aventura espacial amb un esperit, com ja he dit abans, de pastitx sideral, és a dir, amb ànima de ser una barreja heterogènia i sense criteri (aparent), on els estils, les veus narratives i els formats segueixen les normes que l’autor ha decidit seguir, jugant amb expectatives, construccions, convencions i elements de l’estructura. Un exemple: a la pàgina 20 (la novel·la en té unes 210) ja trobem el final o, com a mínim, la paraula «fi», amb una nota de l’autor on ja podem intuir la mena de joc a que ens està convidant. Et diu, per tenir la consciència de creador tranquil·la, que t’ha plantejat l’essència de la història i que, per tant, pots estalviar-te, si vols, tota la resta. Després d’això ja estem preparats per trobar capítols amb «deus ex gallina» i cliffhangers de regal, informes, dietaris on les paraules s’escriuen tal com sonen, sense corrector ortogràfic (cosa que pot arribar a estressar una mica al lector), fitxes de personatges i molt més. Però anem a pams.

Aquesta novel·la, que porta com a subtítol «Fusió! Cicle de l’expansió galàctica cataclana» (mentre escric això veig com el corrector automàtic em transforma l’última paraula que hi ha abans de les cometes i hi he de tornar per reescriure-la, i m’imagino a l’autor fent el mateix viatge força sovint explicant-li a l’ordinador que no s’ha equivocat, que aquesta és la paraula escollida), és en part també una expansió, una història relacionada amb l’univers del planeta Goblin, un món que Edicions SECC ha desenvolupat a través de diverses obres, sobretot relats, encara que també podeu trobar un joc de rol. He de reconèixer que no he llegit tot el que està relacionat amb aquest univers, i per tant és possible que m’hagi perdut certes referències internes, però el llibre funciona en solitari perfectament i també pot ser una porta d’entrada per descobrir aquestes obres i els seus creadors.

Aquesta expansió veu de la història catalana i les seves llegendes, dels seus noms i la seva geografia. Trobem el Concili Fetiller Estel·lar d’Esterri d’Àneu-X, els Astrogàvers i un munt de referències i noms transformats lleugerament perquè ens facin somriure i ens evoquin una familiaritat que ens porta a casa i a l’espai. La veritat és que, com a lector, un té la impressió que l’autor s’ho ha passat força bé escrivint aquesta novel·la i que és molt conscient del que té entre mans i del que ofereix, sensació que sempre és d’agrair. Tornant a les referències, cal destacar, com ja he comentat abans, que no són només catalanes (hi ha homenatges a escriptors del fantàstic català actual, com l’Enrico Ecce), sinó que l’autor veu de noms d’escriptors, títols de llibres o pel·lícules que vesteixen aquest viatge galàctic amb un aire de joc, de caricatura, de diversió.

Adzum i els Monoculars ens presenta a un fetiller, Adem Microzoom, Monocle segons la Perpètua, que no sembla tenir gaire clar el seu paper en aquest món. La Perpètua és la nau que comanda, o ho intenta; es tracta d’una nau amb una personalitat potent, un xic gòtica, per no dir molt, i una tendència golafre que fa que endrapi més gatets virtuals dels que serien recomanables per la seva dieta. El Concili l’ha enviat a investigar les activitats de l’empresa Tinell al planeta Golbin, però durant el viatge alguna cosa no va bé i acaben estavellant-se. Per sortir d’allà, l’Adem coneixerà als pardinots, un dels quals adoptarà; a la Titània, una fada canó que parla okcità (el llenguatge i les seves possibilitats són una constant en el llibre), i una sarga guerrera, la Montícola Miralpeix. Tots junts aconseguiran fugir, i formaran els Monoculars del títol (l’Adzum és l’Adem rebatejat), un grup eclèctic d’antiherois que decidirà arribar a Beta-Llers, capital del desaparegut imperi revivent del comte Estruc.

No vull entrar molt més en la trama, però sí que vull parlar del final, aquest altre segon final que apareix on un espera, encara que no acabi del tot, perquè després arriben els E-π-tafis finals, que serveixen com a tancament, però que tampoc serveixen com a final, perquè després trobem notes finals, telegrames, correus de l’autor, o autors, on es tanca el cercle del joc que estableix amb el seu propi nom (i amb el món editorial).  

Com es pot veure, estem davant d’un llibre peculiar, conscient del seu paper d’entreteniment, de proposta juganera i esbojarrada dins d’un univers en construcció. Sempre és interessant saber que les diferents vessants del fantàstic segueixen avançant, buscant el seu espai, la seva forma i el seu llenguatge. Aquí en trobareu un exemple.

Bon dilluns i bones lectures!

Inés Macpherson

La oscuridad es un lugar, de Ariadna Castellarnau (Destino)

Etiquetas

, ,

Cada vez son más los autores y autoras que muestran su interés por el género fantástico y todas sus posibilidades, la de vestirse con él completamente o la de utilizar lo fantástico para tensar la realidad, para deformarla, retorcerla y ofrecer una mirada inquietante que busca exponer las costuras humanas, las sombras que se pueden colar en nuestra realidad, en nuestros ojos, bajo la piel; en definitiva, los lugares en los que palpita lo extraño. Porque, como ya nos anuncia el título de esta recopilación de cuentos, y uno de los cuentos que encontramos en ella, la oscuridad es un lugar, y la luz también lo es. ¿Dónde queremos estar? ¿Sabemos diferenciarlos? Porque, a veces, esperamos que esos lugares oscuros sean lejanos, que estén al otro lado, como si hubiera una barrera que los separara y nos separase de los monstruos. Pero ¿qué pasa cuando la oscuridad es el lugar que habitas? ¿Qué pasa cuando lo monstruoso está ante tus ojos y no parece que haya otro lugar al que escapar?

La oscuridad es un lugar, el nuevo libro de Ariadna Castellarnau, publicado por Destino, nos propone un viaje por las relaciones y las heridas humanas donde lo extraño camina junto a lo cotidiano de forma sutil y la oscuridad adquiere distintas formas, reales o simbólicas. Los personajes y los vínculos que dibuja están marcados por dinámicas familiares asfixiantes, destructivas y autoritarias, pero también por cicatrices que no se curan, por heridas abiertas en canal por las que se pierde la humanidad y supura un vacío que lo impregna todo. El miedo, la culpa, la frustración o el odio anidan en los corazones de los individuos que transitan estas páginas; la maternidad, la soledad o las expectativas también se entremezclan en las distintas tramas, que juegan a menudo con finales que no son abiertos, pero tampoco cerrados. Acaban sin acabar, dejan que intuyas, que te dejes llevar por la atmósfera que se ha creado. De esa manera, la oscuridad queda suspendida en el punto final, observándote, preguntándote si la has visto, si ya has decidido en qué lugar quieres estar.

En el primer relato, que da nombre a la recopilación, encontramos a una niña y un bosque, una combinación que a muchos nos puede llevar a lo legendario, a lo mítico, al cuento popular. Y hay algo de eso, de niña que debe cumplir lo que le dicen, pero que quiere escapar, huir de una familia tóxica, con un padre autoritario, un hermano autoritario y una madre que no parece tener mucho que decir. La aparición de un joven en medio del bosque hace que de nuevo el imaginario colectivo se dispare, recupere todos esos bosques donde se ocultan las sombras. Pero, en este caso, ¿dónde está la oscuridad, en casa o en el bosque?

El segundo relato, «Calipso», nos presenta a un hombre que se encarga de secuestrar y llevar chicas a un prostíbulo de carretera. La trata de blancas, la esclavitud sexual, ya es en sí misma una historia de terror, y muy real, pero cuando la criatura a la que debe entregar es una niña, la tripa se regirá, porque aquí la realidad y lo que hemos leído en los periódicos palpita con fuerza. La oscuridad se respira, nos observa.

Otra relación familiar tóxica es la que encontramos en «Marina Fun», donde unos padres han convertido la peculiaridad de uno de sus hijos en un espectáculo empresarial, mientras obligan al otro a ser simplemente parte de ese circo, no parte de la familia. La lucha por el afecto, el odio fraternal o la negligencia paterna se combinan en un retrato humano que, a pesar de lo fantástico en la naturaleza del hermano, nos muestra una oscuridad que nos resulta creíble, cercana, real.

Las heridas de la pérdida quedan retratadas de manera magnífica en uno de los relatos más poéticos de la recopilación, «De pronto un diluvio». De la mano de un niño (hay muchos niños en estos cuentos; niños y jóvenes que observan la oscuridad, pero que también la traen), contemplamos a un padre que recoge los huesos de su hija muerta para reconstruirla, para que esté con ellos, como si pudiera llenar un vacío que va creciendo a su alrededor. También habla de la pérdida el relato «Los chicos juegan en el jardín», aunque lo hace de otra manera, a partir de tanatorios y jóvenes rapaces.

También encontramos extrañas relaciones familiares en el relato «Al mejor de todos nuestros hijos», aunque en este caso, la palabra hijo hace referencia a esa idea del hijo de un pueblo, ese famoso que vuelve a casa para ser homenajeado de una forma peculiar. Un niño que no parece real aparece en la puerta de la pareja de «La isla en el cielo», y cierra la recopilación «El Hombre del agua», un relato que habla de la relación padre-hija, de las expectativas, de la sensación de defraudar, hagas lo que hagas, y de la posibilidad de ser más allá de lo que todo el mundo cree que serás.

Una recopilación que explora lo extraño de manera sutil, con un lenguaje cuidado que no busca florituras, sino dibujar una atmósfera que te inquieta sin horrorizarte, poco a poco, mostrando esas pequeñas sombras que palpitan en los lugares, y en lo cuerpos, que habitamos.

¡Feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson