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Hace más de un año, a principios de 2020, Seix Barral publicó No entres dócilmente en esa noche quieta, de Ricardo Menéndez Salmón. En según qué momentos las etiquetas pueden servir para definir un libro, pero creo que en otros casos es mejor no querer encerrar una obra bajo un concepto que la puede ahogar, porque entre sus páginas podemos encontrar mucho más de lo que esperábamos. Tras la muerte de su padre, el autor decidió adentrarse en su historia, en la suya propia y en la de su padre, y eso le permitió reconstruir una existencia que se nutre de recuerdos y anécdotas, de reflexiones y observaciones que van más allá de la relación paternofilial y que recorren los recovecos de la vida y la muerte, de la enfermedad y las heridas, para ofrecer un retrato, una elegía, una manera de reconocerse y también de despedirse.

La narración no como expiación ni como carta abierta, sino como una manera de ahondar en la forma en que nos construimos y nos construyen; un repaso vital que no se ahorra los detalles, que no busca endulzar ni criticar. Simplemente narra y nos permite caminar entre el dolor y la miseria, entre la enfermedad y el desdén, pero también entre el gozo, la bondad o la sonrisa silenciosa de aquel que mira por la ventana y comprende que a veces no hay revelación alguna. Simplemente hay una vida y un final. 

Hay libros que te atrapan por su argumento, por el ritmo, por la construcción a base de cliffhangers bien colocados. Hay otros que te atrapan por la sinceridad y la humanidad que desprenden sus páginas, por la profundidad de sus reflexiones y a su vez por la cercanía de lo que relata. Lo que ha hecho Ricardo Menéndez Salmón en este libro pertenece al segundo grupo. Es uno de esos textos que merecerían ser descubiertos sin más, sin guía, porque sí, porque probablemente cada uno extraerá algo distinto, a pesar de ser la misma historia, estar compuesto por las mimas palabras y explicar lo mismo en cada uno de los ejemplares.

Hay en No entres dócilmente en esa noche quieta una historia, personal y familiar, que nos ofrece el retrato de una enfermedad, de una relación entre padre e hijo, pero que también reflexiona sobre la vida y la muerte, sobre la identidad, la memoria o la literatura. No es un relato ordenado y por etapas, desde la frialdad de un narrador que simplemente observa. Aquí asistimos al intento de un hijo por recordar, por reconstruir una vida sin acercarse a la ficción ni buscar una precisión biográfica. Es un trabajo de exploración y de reflexión, mental y emocional, que nos permite observar de cerca la enfermedad, una enfermedad que, al ser crónica, acaba siendo no solo del padre, sino de toda la familia,  un elemento más de la vida que marca al entorno y a su manera de observar y comprender la vida. Y es que aquellos que nos rodean y sus circunstancias pueden marcarnos y formar parte de la manera en que nos construimos como personas y la manera en que observamos y comprendemos el mundo y la vida misma.

La enfermedad y la conciencia de la muerte están presentes en este libro, como también lo está el alcoholismo, un dolor añadido a una realidad compleja. Pero también hay creación, conversaciones que tuvieron lugar y otras que se quedaron por el camino, recuerdos, recortes de prensa, el placer de comer o la mirada del otro, que a veces nos es ajeno, pero también es nuestro. El lenguaje cuidado, a veces poético y evocador, permite que las descripciones y la recreación del pasado que hace el autor sean dolorosas, pero de una forma amable que te acompaña, provocando una extraña paradoja que es a su vez un retrato de lo que es la vida. Mientras lees, sabes que es la historia de otro, pero lo que subyace, o lo que va más allá de esa individualidad, hace que sepas que es algo más grande que nos habla de lo más humano. 

Querer contener este libro en una página es difícil. Es una obra que guarda en su interior la narración de una vida, de una enfermedad y una muerte; la narración del dolor, de aquello que no hemos dicho y de aquello que quizá no hemos sido.

¡Feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson

(Reseña originalmente escrita para Anika Entre Libros)