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Cuando uno necesita reconciliarse con la palabra escrita, hay autores que nunca fallan. Últimamente se han ido añadiendo algunos a la lista, pero desde que descubrí, hace unos años, a Toni Morrison, su voz es una de esas a las que vale la pena volver para recordarnos que la literatura es una ventana al mundo, una forma de descubrir realidades que existen, aunque estén agazapadas, o que, como mínimo, han existido.

Así que, cuando el otro día pasé por una librería y vi esos Ojos azules (Debolsillo, 3ª edición, 2017), decidí dejarme atrapar por ellos.

ojos azules

No diré mucho, porque ella misma lo dice todo al inicio de la novela:

«A ninguna de las dos se nos ocurrió que la tierra misma pudo haber sido improductiva. Habíamos dejado caer nuestras semillas en nuestra parcelita de tierra negra exactamente igual que el padre de Pecola depositó su simiente en su propia parcela de tierra negra. Nuestra inocencia y nuestra fe no resultaron más productivas que su lascivia o su desesperación. Lo que está claro hoy es que de todos aquellos temores, esperanzas, lujuria, amor y pesadumbre, no queda nada con excepción de Pecola y de la tierra improductiva. Cholly Breedlove ha muerto; nuestra inocencia también. Las semillas se secaron y murieron; el bebé también.
En realidad nada más habría que decir, salvo por qué. Pero, dado que el porqué es difícil de manejar, será mejor refugiarse en el cómo«.

A partir de esta premisa, nos adentramos en el universo de Pecola, de Claudia y Frieda… un universo donde las muñecas bonitas son blancas y tienen los ojos azules; donde tener esos ojos es sinónimo de tenerlo todo, de tener belleza, de poder huir de la realidad…. Pero la realidad, por desgracia, no suele soltar su presa tan fácilmente.

Un retrato intenso que sabe ahondar en el presente y en el pasado, en la construcción de una persona, pero también en su destrucción. Al llegar al final, descubrimos que nos han traspasado la piel, porque todos en algún momento hemos soñado con ser otra cosa para no ser lo que duele, pero probablemente no seríamos capaces de describirlo así.

¡Feliz viernes y felices lecturas!

Inés Macpherson