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A veces, insistimos en crear fronteras entre los distintos lenguajes artísticos. ¿Se puede ser músico y poeta? ¿Se puede además escribir ficción? ¿Por qué separarlo todo, etiquetarlo todo, cuando en el fondo lo que se pretende es transmitir algo, observar el mundo y plasmarlo con un lenguaje propio?

Kate Tempest es una de esas artistas que parece dispuesta a desmontar fronteras artísticas. Utiliza la palabra en diversos ámbitos y, uno de ellos, es el de la narrativa. En marzo de 2017, Sexto Piso publicó Cuando la vida te da un martillo, una novela que nos habla de la generación perdida, de esta sociedad en la que estamos sumidos donde, por un lado nos dicen que todo es posible y, por el otro, nos van arrancando las alas, cortando el camino y destruyendo derechos.

Cuando la vida te da un martillo

Argumento

Harry y Leon tienen un sueño: ahorrar para poder montar un local que, además de ser bar y restaurante, sea una especie de centro social y cultural para el barrio. Pero, ¿cómo conseguir dinero cuando es tan difícil encontrar un trabajo de esos que la gente llama normal? Becky quiere ser bailarina, coreógrafa, pero lo único que consigue es aparecer en los vídeos de un tipo ególatra y engreído, y cobrando una miseria. Por si eso fuera poco, para seguir progresando en ese mundo e intentar encontrar su lugar, necesita más clases, más dinero… Y si ya trabaja en el negocio de sus tíos sin cobrar y necesita tiempo para bailar, ¿qué tipo de trabajo le queda? Pete, por su parte, es un joven inquieto, lector… pero sin futuro, sin trabajo y sin ninguna perspectiva de tenerlo.

Esa es la realidad de estos jóvenes en un Londres que lleva su propio ritmo, con sus escaparates y sus bares de moda, con su imagen grandilocuente, como la de otras tantas ciudades que, sin embargo, siguen dejando de lado a quienes viven en ella. Luchar para abrirse camino no es fácil en un mundo como este, y los protagonistas de esta novela lo hacen a su manera, dando tumbos, a veces a dentellada limpia, a veces cayendo en picado por un precipicio que ni siquiera habían visto. Un retrato de una generación que sigue buscando una manera de avanzar, intentando no dejar por el camino los anhelos, los sueños, las ganas de vivir que a veces se escapan entre la frustración y la desorientación de una sociedad que parece haber perdido el norte.

Opinión

Para aquellos que no la conozcan, Kate Tempest no es simplemente una novelista. Es poeta, rapera, dramaturga… Le gusta la palabra, tanto escrita como oral, y baila con ella hasta hacerla vibrar, dándole una extraña vida que hace de la lectura de esta novela una experiencia peculiar. Y es que en su prosa encontramos ecos de sus otras facetas, en el ritmo de sus frases, en la intensidad de las imágenes que salpican la narración, creando juegos poéticos que sorprenden tanto por sí mismos como por el hecho de encontrarlos en medio de una escena en la que uno quizás esperaría otro tipo de escritura. Pero se nota que no puede hacerlo de otra manera: es como le fluye el lenguaje a esta joven británica y eso se agradece, porque es sincera.

Preocupada y comprometida con la realidad de su ciudad y su país, Kate Tempest nos ofrece, en Cuando la vida te da un martillo, el retrato de unos jóvenes golpeados por la violencia del sistema económico, por la salvaje jungla en la que se ha convertido la sociedad, anclada a la imagen de la pantalla para no mostrar todo lo que queda al otro lado, la realidad que ahoga con precios de alquiler imposibles y un mercado laboral cada vez más precario y difícil. Una realidad que ahoga a cualquiera, que destripa los sueños y te los lanza a la cara con una carcajada. Los personajes intentan sobrevivir en este mundo a su manera, sin mucho éxito, pues cuando a tu alrededor parece imperar ya no la ley del más fuerte, sino la ley del que más tiene, es difícil encontrar un camino digno.

Con apuntes sobre el pasado familiar de los personajes, mostrando las maneras en que se podría ir avanzando e igualmente fracasar, porque tampoco encontramos un retrato de familia feliz, como si quisiera remarcar que cualquier pasado fue mejor, la autora retrata una realidad y una ciudad que se aleja de los estereotipos para mostrarnos las entrañas hipócritas, sucias e ignoradas que toda ciudad, y toda sociedad, tiene. La falta de autoestima, la desconfianza, el miedo, la desesperación y la huida hacia adelante son algunos de los elementos que unen a estos personajes a pesar de sus diferencias. Y el amor, también el amor, aunque no uno de esos amores salvadores y emocionalmente equilibrados. Kate Tempest nos enseña los peligros de la obsesión, de la necesidad, de aferrarse a otra persona como único faro de la vida cuando todo lo demás está patas arriba. Porque todo está patas arriba.

Apunte aparte merece la portada y el título. Me parece extraordinario el juego que da esa cuchilla en medio de los rascacielos, recordando que la ciudad hiere, que la vida hiere o que quizás somos nosotros los que nos herimos. No se sabe. Pero esa cuchilla es un eco del título. El título original habla de los ladrillos con los que se construyeron las casas… unos ladrillos que se convierten, en la portada, en el filo helado y sangrante de una cuchilla. Unos ladrillos que son abandonados para hablarnos en castellano de ese martillo que nos da la vida, porque cuando no tienes otra forma de avanzar, cuando lo único que tienes es un martillo, lo más normal es que todo acabe rompiéndose. Y rompiéndonos.

Esta es la primera novela de esta polifacética artista británica. Podrá gustar más o menos su estilo, a veces extraño, a veces enredado y en ocasiones de un lirismo fascinante. Pero lo cierto es que es un recordatorio del mundo que parece seguir en auge aunque algunos digan que no.

Inés Macpherson
Reseña redactada originalmente para Anika Entre Libros