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Lydia Davis es una escritora extraordinaria, que ha hecho del cuento un extraño arte. En una entrevista que le realizaron en el diario El País, en 2015, esta americana nacida en el 1947 definía a la perfección su estilo y su obra tras ser preguntada por su única novela, El final de la historia: «Jamás me he considerado novelista. Desde que empecé a escribir me sentí cuentista… Bueno, si me remonto a los orígenes, lo primero que escribí fue poesía, aunque aquello era más bien una suerte de conjuro verbal. La novela surgió cuando llevaba más de veinte años escribiendo. Tengo un amplio espectro de registros […]. A medida que son más largos se vuelven más narrativos, y cuanto más cortos se parecen más a una canción. Puede que no sean poemas, pero el lenguaje, el ritmo y la forma son de un orden más musical, aspecto que se convierte en el elemento prioritario. Pero incluso entre los textos más breves los hay muy distintos. Algunos son como un grito, otros una especie de meditación».

no-puedo-ni-quiero

Lo cierto es que la primera vez que uno se adentra en los cuentos de Lydia Davis no sabe muy bien a qué atenerse. Lo primero que leí de esta autora fue Ni puedo ni quiero, una recopilación que publicó Eterna Cadencia Editora en 2014. Hay algún relato de una extensión mayor a las dos páginas, pero muchos de ellos son suspiros, pequeños relatos que a veces no ocupan ni media página y que incluso algunos podrían considerar que no son ni siquiera historias, pero eso no quita que no sean fascinantes. Encontramos sueños, reflexiones, cartas de reclamaciones a empresas por los más variopintos motivos, relatos que hablan de la escritura, del proceso de creación y de cómo los personajes pueden desviarse de su lugar, como el genial «Dos personajes en un párrafo», o relatos que juegan con el lenguaje de maneras increíbles. Ácida y sutil, crítica y mordaz, también deja caer pequeñas bombas existenciales, pensamientos de una profundidad vital (y mortal) que, a pesar de ser como una ráfaga de viento, una ilusión que hay que mirar dos veces para descubrirla escrita en tinta sobre el papel, se adentra en nosotros a su manera.

Cuentos completos Lydia Davis

Pero antes de esta recopilación, Lydia Davis había escrito mucho más. En 2009 aparecieron sus Cuentos Completos, que fueron publicados en castellano por Seix Barral en 2011. En sus más de 700 páginas hacemos un recorrido por todas las facetas de los relatos de Davis, desde los micro relatos a los más extensos, pasando por los cuentos-cartas, los que se asemejan a monólogos y los que son pequeños homenajes a grandes de la literatura como Kafka o Flaubert. Algunos desprenden un realismo fotográfico, lento y con una cadencia mesurada que nos recuerda a la vida misma, tan sencilla que uno se pregunta si valdría la pena ser narrada. Por supuesto, todo cabe en una historia. Pero también los hay ácidos, ingeniosos e irónicos, muestras del malabarismo lingüístico y conceptual que puede extenderse en varias páginas o condensarse en tres líneas.

Es difícil definir la obra de esta mujer. Es única. Sí, podría decir que hay en ella algún eco de otros autores de relatos, quizás Kafka, quizás muchos otros de los que ha traducido su obra. Pero no creo que sea necesario compararla con nadie. Es ella. Y eso es decir mucho.

El miércoles 19, los cuentos de Lydia Davis se encontrarán con los de Fernando Iwasaki en la Nollegiu en la última sesión del ciclo #NoExpliqueu. Así que si queréis adentraros de una manera diferente en sus historias, allí estaremos.

Hasta entonces… ¡Feliz lunes y felices lecturas

Inés Macpherson

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