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Todo el mundo sueña. Y todo el mundo, por norma general, piensa en algún momento esa famosa frase que empieza con un «Y si…». Esos «y si…», esas posibilidades que baraja nuestra mente, que se dibujan ante nosotros como opciones, tienen dos direcciones: hacia delante o hacia atrás. Todos sabemos que con cada acción, con cada decisión, estamos escogiendo un camino y desechando un sinfín de otras rutas, de otras posibles vidas, de otros futuros… Y Lisa Tuttle recoge precisamente la idea de esos futuros perdidos y los convierte en el hilo conductor de una historia que se publicó por primera vez a principios de los años noventa y que Gigamesh publicó en castellano en octubre de 2016; novela que, por cierto, ha sido nominada a los premios Kelvin 2017 del Celsius 232, como mejor novela traducida.

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Futuros perdidos es una novela que destila la esencia de Tuttle por los cuatro costados. No he leído otras novelas de esta autora, pero sí sus relatos y, como en ellos, esta historia se adentra en la psique humana, en el peligroso juego de desear siempre lo que no se tiene, de desear escapar de la realidad como elección, pues la huida como existencia tiene sus peligros y sus trampas. La insatisfacción está en nuestra naturaleza. Se supone que, de hecho, esa insatisfacción puede llegar a ser el motor para el cambio, para que alguien con iniciativa decida hacer algo para transformar lo que no le gusta. Pero hay cosas que no se pueden cambiar. El pasado no se puede cambiar. Pero, ¿y si existieran realidades paralelas, esos universos cuánticos donde los acontecimientos del pasado fueran distintos? ¿Y si pudiéramos acceder a ellos? ¿Sería algo bueno o caeríamos en una trampa todavía más peligrosa? Cuando huimos, al menos seguimos conectados a este mundo, aunque no nos gusta. Pero, ¿qué pasa si lo hacemos hacia otros lugares que no sabemos si existen o no más allá de nuestra mente?

La vida de Clare Beckett es anodina. Lleva desde la adolescencia cargando con el peso de algo que ocurrió y que no puede cambiar. Desea con todas sus fuerzas poder cambiarlo y sueña con poder escapar a un mundo en el que las cosas hubiesen sido distintas, a un mundo donde ella hubiese podido ser distinta. Poco a poco, sus sueños son tan reales que ella empieza a confundirse, a perderse entre sus posibilidades, acumulando en su interior todas las vidas posibles sin saber cuál es real, a qué mundo pertenece…

Narrada con su habitual prosa tranquila y sencilla, Lisa Tuttle nos adentra en un laberinto argumental y mental para mostrarnos la angustia que supone no saber quién es uno mismo, pero también para mostrarnos la importancia que tiene ser consecuente con uno mismo. Estamos sometidos a un sinfín de conceptos vitales que nos marcan lo que debe ser la vida y, más allá de lo que ocurrió en el pasado, la insatisfacción de Clare va más allá de esa culpa, de esa tristeza, porque, en el fondo, se pregunta si su vida es plena, si ha hecho lo que quería. Intentar llenarla con sueños de vidas posibles, de futuros que se perdieron porque no tomó la decisión que otra posible Clare sí tomó, es sumergirse en un intrincado pozo que, en el fondo, es otra huida, otra forma de negarse, de no atreverse. Y al final, la vida es eso, atreverse.

Con pinceladas terroríficas que nos muestran la angustia de esa multiplicidad personal, de esas sombras que acechan y que no sabes de donde salen, quiénes son, si es que son reales, la novela avanza jugando con los conceptos de la física cuántica, los universos paralelos y el sinfín de posibilidades que tiene una vida, para retorcer a Clare y al lector, haciéndole recorrer una serie de caminos en los que esas vidas soñadas tampoco son lo que parecen, no porque lo que ella imaginaba feliz no lo sea, sino porque nunca nada es lo que parece cuando está pendiendo de un hilo tan frágil como el deseo, el sueño de otra realidad que no sea la nuestra. Si los «y si…» sólo sirven para anclarnos a las sábanas y maldecir la mala suerte que hemos tenido, para envidiar los futuros que hemos perdido y que imaginamos en manos de otras versiones de nosotros mismos, corremos el riesgo de quedarnos para siempre atrapados en una mente que no es vida, porque aunque respiremos, no vivimos.

Y creo que es por eso que me fascina Lisa Tuttle. Porque más allá de conseguir que te angusties y que se te encoja el corazón o se te erice la piel, te está hablando siempre de mucho más, observando el comportamiento humano, señalando la complejidad de la mente y los deseos, de lo que se supone que hay que hacer y lo que realmente queremos, mostrando el horror que puede desatarse cuando esos conceptos chocan y nos quedamos en medio, incapaces de movernos, incapaces de saber quiénes somos.

Os animo a adentraros en el universo de esta fascinante mujer. Tiene algo extraño y a la vez cercano que hace que sus historias sean siempre más de lo que parecen.

¡Feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson

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