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Hay nombres que, al leerlos en la prensa, te llaman la atención. Hace algunos años, leí una crítica sobre Samanta Schweblin y me quedé con su nombre, sobre todo porque escribía uno de los géneros que más me fascina, tanto como lectora como narradora: el relato corto. Así que decidí adentrarme en su obra. Hoy me gustaría hablar de Pájaros en la boca, una recopilación de cuentos que Lumen publicó en 2010.

Pájaros en la boca

Pájaros en la boca está compuesto por dieciocho narraciones que saben adentrarse en lo extraño desde distintas perspectivas. El universo de Schweblin es peculiar, y nos lo deja claro desde el principio. Al abrir el libro, nos encontramos con el relato «Irman», una historia que nos habla de algo cotidiano, como el hecho de parar en un restaurante de carretera, para convertirlo en algo distinto cuando descubren que el camarero no puede llegar a la heladera, porque es muy bajo, y la mujer que normalmente lo hacía está en el suelo, probablemente muerta. La capacidad de mezclar lo cotidiano y lo extraño, lo fantástico, la imperturbabilidad de algunos de sus personajes y sus narradores ante lo que ocurre, hace que Samanta Schweblin entronque con autores como Cortázar o Kafka, ambos maestros del arte de hilvanar lo normal y lo extraño, difuminando la línea divisoria entre esos dos mundos e introduciendo personajes que deambulan por esos mundos, atrapados y a la vez sin inmutarse, aceptando lo que ocurre sin más.

Algunos de sus relatos hablan de la mujer, de la feminidad y de su condición, retorciendo algunos elementos para llevar ciertos temas un poco más allá. Por ejemplo, el segundo cuento de la recopilación, titulado «Mujeres desesperadas» (nada que ver con la serie de televisión), nos habla de novios a la fuga. En un ambiente rural, en medio de la nada, hay una carretera. Una mujer recién casada es abandonada por su marido cuando éste para el coche para que ella pueda ir al baño. Lo ve alejarse por la carretera, envuelta en la oscuridad, y decide esperar a que vuelva. Pero otra mujer que está allí le dice que se ha ido para siempre. No seguiré explicando el relato, porque vale la pena sumergirse en él, pero diré que la atmósfera que crea, las voces en la oscuridad, el miedo que se va cerniendo sobre la mujer y el final, memorable, hacen que sea, para mí, uno de los mejores cuentos de la recopilación. Siguiendo con el tema femenino, más adelante encontramos un relato extraordinario, «Conservas», que se adentra en un tema muy peliagudo, pero usando de manera magistral lo fantástico para darle un giro a la realidad.

Relatos como «Hacia la alegre civilización», «En la estepa» o «La furia de las pestes» utilizan la atmósfera, el lugar mismo en el que se sitúa el relato, para crear un marco ya de por sí extraño. Sentimos, mientras nos adentramos en sus historias, que hay algo oscuro, algo inquietante que nos rodea; algo que poco a poco se va mostrando. En estos casos, lo interesante es cómo van sugiriendo las cosas, cómo los personajes van desgranando los elementos que el lector necesita para comprender, para intuir lo que se está llevando a cabo entre las páginas.

También encontramos la figura del niño como elemento central en algunos de los relatos de esta recopilación. «Pájaros en la boca», relato que le da título al libro, nos presenta a una niña muy peculiar. La manera en que este cuento se adentra en la extrañeza no es tanto a través de lo que hace la niña, que ya es raro de por sí, sino a través de los padres, de su actitud, y de lo que uno puede pensar que hay tras esa extraña afición infantil. «Papá Noel duerme en casa» nos muestra una realidad adulta a través de los ojos de un niño, con una reflexión final genial, y «Bajo tierra» nos lleva de la mano de unos niños a un universo inquietante y oscuro.

Hay relatos que utilizan un acto espantoso para hacer una crítica brutal a la hipocresía y al mundo del arte, como en el caso de «La pesada valija de Benvides», y otros que utilizan la sutileza para tratar temas complejos, como en el caso de «La medida de las cosas». Me dejo alguno en el tintero, no porque no tengan calidad, sino porque a veces es mejor no desgranar todos y cada uno de los cuentos, sobre todo cuando hay dieciocho, por no alargar excesivamente el comentario.

En definitiva, como en toda recopilación, hay relatos con una fuerza más impactante que otros, pero en general, todos deambulan por un universo que hace que sepas que has entrado en el mundo de esta interesante autora que vale la pena descubrir. Por cierto, para aquellos que quieran descubrirla de otra manera distinta a la lectura, el día 24 de mayo sus relatos se encontrarán con los de Ana María Matute en la próxima sesión de la #NoExpliqueu de la Nollegiu.

Hasta entonces, ¡felices lecturas!

Inés Macpherson

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