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Hay películas que marcan un momento. Trainspotting fue una de ellas. La vi con unos 15 años, en ese momento en que parece que el mundo se va abriendo ante ti, aunque lo único que ves es tu reducido universo. Trainspotting fue una puerta, una herida abierta en canal a otra realidad distinta a la que yo conocía, por lo que contaba y por cómo lo contaba. El ritmo, la música, y ese mítico inicio y, por supuesto, ese mítico final en el que Renton cogía la bolsa de deportes y decidía “escoger la vida”. Sí, escoger la vida, pero teniendo las cosas claras, porque hay que recordar también la frase final: «looking ahead to the day you die», es decir, «siguiendo adelante hasta el día en que la palmes». Simple, sencillo y cierto. Porque si algo quedaba claro en la primera entrega de Trainspotting, y también en la segunda, es que la vida y la muerte van unidas. Y por mucho que la televisión, los anuncios, las nuevas tecnologías y todas las malditas fotos retocadas de instagram que quieras colgar, vas directo a ese día en el que morirás. Tú escoges cómo vivir.

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Teniendo en cuenta la situación vital del grupo formado por Mark Renton, Simon “Sick Boy” Williamson, Franco Begbie y Spud, querer o esperar algo distinto a lo que nos ofrece Trainspotting 2 me parece absurdo. Habrá quien dirá que no tiene el mismo ritmo que la primera, que falta esa locura que empapaba las escenas de esa primera cinta o que es una historia mucho más “normal”. Por supuesto. Han pasado veinte años. Por muchas ganas que tengan de huir o de vivir a lo loco, la edad no perdona. Sí, hay momentos en los que se repiten locuras que podrían haber encajado en la primera, pero un poco más calmadas, porque en este caso están sobrios casi todo el rato. Pero hay que reconocer que la manera en que deciden conseguir dinero para su proyecto y todo lo que rodea dicha idea es bastante memorable.

Lo que también hay que tener en cuenta es que, si la edad no perdona, tampoco lo hace la realidad. Porque ninguno de ellos es un triunfador. Son lo que son, un grupo de personas que sigue luchando por sobrevivir en un mundo que no tenía espacio para ellos y en el que siguen sin tener cabida. Porque aunque dejaran las drogas, el mundo parece estar hecho para unos cuantos. Esos brillan, o dicen brillar. El resto, transita por la sociedad intentando encontrar un lugar al que pertenecer. Y a veces, aunque el lugar no sea el más bonito, es el tuyo.

Pero vayamos por partes. En el tráiler de la segunda parte, se juega con el monólogo de Renton y se van enlazando elementos de lo que ocurrirá en la película. Hay que decir que, como era de esperar, hay un nuevo monólogo por parte de Mark, y es memorable. Lo interesante de ver esta película en versión original es que puedes descubrir cómo los actores recuperan ese acento que tanto los caracterizó en la primera, y también su velocidad (mención aparte merece Robert Carlyle, quien demuestra de nuevo que es un pedazo de actor, ya que vuelve a ser Begbie al cien por cien, sin que haya en él un ápice de Carlyle o del Mr. Gold de Once Upon a Time). La manera en que encadena ideas en ese monólogo es impresionante, y también lo que dice. Es imposible reproducirlo tras verla únicamente una vez, pero es una gran reflexión sobre nuestra realidad.

En Trainspotting, a pesar de haber escenas de exterior, como esa inigualable persecución o la visita al verde campo con Tommy, casi todo ocurría en espacios cerrados, acotados. En cambio, en esta segunda, hay más exteriores. De hecho, parece que Boyle ha intentado mostrar cómo se ha ido destruyendo una parte física del pasado de ese grupo de chicos, para encajar en esa nueva ciudad que te recibe con un “Welcom to Edinburgh” en el aeropuerto y que parece envuelta en un glamur que no tenía entonces. El paseo de Renton en ese nuevo tranvía, la escena de ese edificio aguantando, solitario, en un descampado en el que se acumulan los coches que ya se han dado por muertos… Parece que todos ellos, como sus lugares, están aguantando, observando cómo todo cambia a su alrededor de una forma extraña, dejándolos de lado. Es una manera de demostrar un contraste, y creo que está muy buscado, porque creo que lo que Danny Boyle pretende resaltar es esa forma en que la sociedad evoluciona como todo, como algo global, mientras que los individuos que la forman, no van a la par.

Relacionado con esta idea, creo que con Trainspotting 2 Danny Boyle está llamando a la nostalgia de los espectadores de la primera. Y ellos, como Renton, están dispuestos a vivir por un instante de esa nostalgia. Hay un momento de la película en el que Simon “Sick Boy” le dice a Renton algo así como: «estás haciendo turismo por tu propia juventud». Y es cierto. Los recorridos, los homenajes que aparecen en la pantalla son un llamamiento a esa nostalgia de la juventud que ellos tuvieron y que nosotros, espectadores, también. Ambos la hemos perdido y siempre queda ese regusto, esa sensación de que aquello estuvo realmente bien y esto no tanto. ¿Es cierto? A saber. Pero, aunque no sea como esa primera, aunque no sea como la juventud, es una película que vale la pena.

Para acabar, me gustaría dedicarle un espacio aparte a Mark y Spud. Su relación de amistad tiene algo especial, aunque no es como la que tiene con Sick Boy. Pero es que Spud en sí mismo es especial. Su reencuentro se puede resumir en una frase que Renton le dice a Spud en un momento de la película (más o menos, mi memoria no da para tanto): «Eres un adicto. Pues sigue adicto, pero busca otra cosa a la que engancharte». Engánchate a tus amigos, al deporte, a la escritura… Engánchate a algo que haga que tengas ganas de seguir viviendo.

Acabo con ese final que nos dejó fascinados en 1996 y que sigue pareciéndome perfecto: https://youtu.be/6ZU6sMlqHEI

¡Feliz viernes!

Inés Macpherson

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