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Y ya que en el post anterior he hablado precisamente de la editorial Impedimenta, hoy la recomendación literaria es de uno de sus títulos: los Cuentos Inquietantes, de Edith Wharton (Impedimenta, noviembre de 2015).

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Ante todo, debo decir que la portada fue una de las cosas que más me llamó la atención. Incluso antes de leer el título o el nombre de la autora, esa casa con claroscuros destacaba en la oscuridad de esa noche irreal que la envuelve, y también entre las otras portadas, llamándote a pararte, a acercarte. No es casual que la imagen que acompaña esta recopilación de cuentos sea una casa, pues en muchos de sus relatos, y en sus novelas, el paisaje vital de los personajes, es decir, la casa, la ciudad, lo que los rodea, es importante.

Al adentrarnos en el libro, lo primero que encontramos es un prefacio de la traductora del texto, Lale González-Cotta, una magnífica presentación para aquellos que desconozcan a Edith Wharton y una acotación interesante para definir los cuentos que uno va a poder ir encontrando un poco más adelante. Y es que debemos recordar que estos son «cuentos inquietantes». Y ese adjetivo no está allí por azar. Edith Wharton escribió relatos de fantasmas. De hecho, existe una recopilación en castellano de los mismos, editada por Alianza Editorial, donde encontramos uno de los relatos que también aparecen en esta antología de Impedimenta. Pero lo que encontramos aquí, en estos Cuentos inquietantes, es algo distinto, más sutil.

Como bien señala Lale González, hay unos relatos que se acercan al mundo sobrenatural, pero nunca de forma burda, obvia o visceral. Son trazos, sensaciones que subyacen, presentes pero a la vez volátiles, perdiéndose y encontrándose para crear esa inquietud de la que se habla en el título. A su vez, hay relatos que se alejan de lo sobrenatural para adentrarse en una extraña ironía, en un humor negro que podrían recordarnos a Roald Dahl. Por ejemplo, en el relato titulado «La plenitud de la vida» podemos encontrar ecos de esa crítica al matrimonio que, años después, tan bien perfilaría el maestro Dahl. En este cuento, Edith Wharton se acerca al mundo del más allá, pero no para aterrarnos narrando lo que allí nos espera, sino para lanzar una sutil pero brutal crítica a la sumisión, a la concepción del matrimonio como ese deber carcelario al que se han sometido tantas mujeres.

Relatos como «Una botella de Perrier», «La duquesa orante» o «Después» tienen aires más fantasmales, más sobrenaturales. En ellos, Wharton muestra su extraordinario don para la atmósfera, la descripción precisa y esa sensación envolvente que te lleva, de forma suave y pausada, hacia una realidad inquietante que nunca te mira de frente, pero te va rozando cuando debe, creando un desasosiego fascinante.

Otros relatos, como el ya citado «La plenitud de la vida», «Los otros dos», «Un cobarde» o «El mejor hombre», se mueven por otro terreno un poco distinto. Son inquietantes, pero no por su oscuridad fantasmal o espiritual, sino porque se adentra en otro concepto de espíritu; se adentra en el alma humana, en su comportamiento, y aprovecha para presentar una realidad que se iba abriendo poco a poco camino y que, probablemente, debía aterrar a muchos. Con ironía, se acerca a temas como el divorcio, la política, la corrupción y la manipulación, o uno de los temas más universales del mundo, la culpa. Y lo hace con elegancia, con un estilo impecable y envolvente, que te invita a navegar por sus historias.

Una lectura interesante, de una autora fascinante que, por cierto, será una de las “invitadas” al ciclo #NoExpliqueu de la Nollegiu. El miércoles 25 de enero sus cuentos se encontrarán con los de Roald Dahl. Así que, si os apetece escucharla, ya sabéis.

¡Feliz lunes y felices lecturas!

 

Inés Macpherson

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