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«Mi criterio se basa en la influencia. Influencia ejercida sobre las formas, sobre las ideas, sobre las costumbres. Existe una literatura “abierta”, igual que existe una moral “abierta”, por utilizar el admirable concepto introducido por Bergson en su última obra.
[…]
No tiene sentido defender algo que se defiende muy bien por sí solo, ayudar a lo que es mucho más poderoso que tú. Me viene a la cabeza una anécdota. Un día, hará de esto doce años, un joven novelista, bastante conocido ya por entonces, me dijo mientras observaba mi escaparate: “Mejor haría en poner mi libro, que se vende como pan bendito, en vez de esas poesías de Mallarmé que nadie comprende”. Como imaginarán, le respondí que si su libro se vendía como pan bendito, entonces no tenía ninguna necesidad de mí, y que ya podía dejarle a Mallarmé el modesto beneficio de mi modesta casa».

Creo que, con este párrafo uno puede intuir el tipo de mujer que fue Adrienne Monnier, y el tipo de librería que era La Maison des Amis des Livres, situada en el número 7 de la Rue de l’Odéon, justo delante de otro mítico lugar: la Shakespeare & Co., regentado por Sylvia Beach. Ambas mujeres y ambos establecimientos forman parte de la historia de la literatura contemporánea y son, probablemente, dos figuras inigualables por su valentía y su tenacidad a la hora de defender el noble arte de la escritura, de la lectura… y de ser librero.

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Rue de l’Odéon (Gallo Nero, 2011) es uno de esos libros fascinantes y extraños que probablemente no verían la luz en castellano si no existieran editoriales como Gallo Nero, que saben arriesgar y saben seguir un criterio propio que tiene claro lo que busca en un libro y lo que pretende ofrecer al lector.

Quien se adentre en este libro no encontrará una crónica al uso. Se trata de pequeños fragmentos, reflexiones, cartas, relatos de encuentros, de traducciones, como la del Ulisses, de James Joyce, o recuerdos sobre autores y las relaciones que se establecían con ellos, tanto dentro como fuera de aquellas cuatro paredes convertidas en santuario de libros y lectores. Insisto en el concepto de lectores porque la Maison des Amis des Livres no era únicamente una librería, sino una especie de biblioteca de préstamo, un gabinete de lectura y un lugar de encuentro para aquellos que comprendían la belleza y el poder de los libros y las ideas que aguardan entre sus páginas.

Tras un prólogo magnífico de Simone de Beauvoir, nos encontramos una especie de introducción en forma de puzle de testimonios de amigos y clientes que ofrecen su personal visión de esa extraordinaria mujer y su librería. Entre ellos encontramos a Paul Claudel, Jacques Prévert, Michel Cournot y muchos otros. Después, desde las palabras de la propia Adrienne Monnier, nos adentramos en su vida y en la creación de esa casa de los amigos de los libros que fundó en 1915 y que mantuvo hasta 1951. Por su pluma y su librería pasan Beckett, Hemingway, Walter Benjamin o James Joyce, así como Valéry o Fargue.

Entre los relatos de sus descubrimientos y su relación con los autores, el lector encuentra reflexiones sobre movimientos literarios, sobre el mundo del libro o las dificultades de publicar o traducir según qué textos.

Más adelante, sobre todo en la tercera parte titulada «Los Amigos de los Libros», hallamos reflexiones un poco más personales sobre la librería en sí, sobre el gabinete de lectura, las dificultades de sobrevivir en la época en la que este lugar se alzó como un estandarte de la Orilla Izquierda y sobre ese criterio del que se puede leer al principio. En estos pasajes encontramos a una mujer con una prosa extraordinaria, capaz de tejer un universo propio y literario especial.

Rue de l’Odéon es una obra interesante por varios motivos: por ser un fragmento de historia en sí mismo; por ser una ventana a una época y a unos hombres de los que normalmente sólo conocemos sus libros, no sus personas… Pero sobre todo porque es un canto a un concepto de libro y de librería. Es un homenaje al libro, al lector, a la valentía del criterio propio y la capacidad de defender dicho criterio. Es un pedazo de vida convertido en letra, en frase y en párrafo que transporta al lector a otra época, a otra idea del libro y a un lugar donde sentirse arropado entre estanterías dispuestas a ofrecer ideas.

Una mujer extraordinaria a la que, tras leer sus páginas, a uno le gustaría haber llegado a conocer en persona y haber cruzado el umbral de ese lugar llamado La Maison des Amis des Livres.

¡Feliz lunes y felices lecturas!

Inés Macpherson

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