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Se acerca una fecha que, últimamente, ha alzado algunas voces críticas con esta curiosa globalización de las fechas. Muchos critican que se haya adoptado Halloween en un país, el nuestro, en el que tenemos otras maneras de celebrarlo, como la «castanyada» o el peregrinaje a los cementerios el día de Todos los Santos. Pero, como circula por las redes… Jesucristo tampoco nació en Burgos… Y, de hecho, el origen de esta celebración parece ser más pagana que religiosa, como tantas otras. De hecho, debemos recordar que la noche de difuntos y el día de Todos los Santos se celebran de formas muy distintas en muchos países. Hay algunos que prefieren el recogimiento y otros que lo celebran con mucho más color. Todo depende de cómo queramos entender la muerte, como tabú o como algo natural que nos acompaña desde que nacemos y de la que quizás tendríamos que hablar más y con más naturalidad. Pero ese es otro tema…

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Se dice que, de hecho, esa idea de corretear con calabazas convertidas en calaveras es más antigua que la religión católica. Según cuentan, los celtas dedicaban una noche a sacar las calaveras de los enemigos iluminadas para ahuyentar a los malos espíritus en la época del año en que la oscuridad se hacía más presente. Dicen que de ahí nació lo de las calabazas. No lo sé. No soy experta en el tema. Pero sí que es cierto que en las culturas celtas existían diversas noches en las que era mejor no salir, como cuando se rompe el velo entre el mundo humano y el otro mundo, no el de los muertos únicamente, sino el de las hadas, pues si éstas te encontraban… no era para concederte deseos precisamente.

Lo cierto es que la cohabitación de tradiciones es algo que ha ocurrido siempre. Es curioso que se ponga el grito en el cielo por esta festividad y no por haber adaptado el fast food, algo que va muy bien para la salud, o los programas de televisión, que también van muy bien para la salud…

Personalmente, una de las consecuencias de esta nueva manera de vivir la noche de difuntos que más me gusta es la posibilidad de encontrar narradores de cuentos por doquier, relatando historias de brujas, de muertos, de cementerios… El gran Bécquer tiene entre sus leyendas una historia maravillosa, «El monte de las ánimas», que se adentra en esa noche en la que los muertos se levantan. Hay otros autores, como Edgar Allan Poe o Henry Kuttner que se adentran más en ese mundo de los cementerios, donde se entierran a personas que no están muertas, consiguiendo que, durante un tiempo, se atara una campanita al ataúd, por si el muerto se despertaba y necesitaba llamar para que lo sacaran de allí.

Las leyendas, los cuentos, son magníficas maneras de comprender la manera en que el ser humano se enfrenta a ciertos temas a lo largo de la historia. Cada uno lo plantea desde su universo, desde la realidad que vivía y, por supuesto, desde su mundo interior. Poe era un maestro en hacer temblar, pero siempre desde el interior, desde el miedo psicológico.

Y precisamente con Poe quiero acabar este post, por dos razones distintas. La primera es que, el mes que viene, los cuentos de Poe y los cuentos de Lisa Tuttle se encontrarán en la segunda sesión del #NoExpliqueu que llevo a cabo en la librería Nollegiu. La segunda es que, en 2013, un día como ayer, 27 de octubre, moría Lou Reed. Y ya que hablamos de muertos y de Poe, creo que es interesante recordar una de sus obras más conceptuales: The Raven, basada en textos de Poe. La idea nació de una propuesta del director teatral Robert Wilson, y pudo contar con las voces de Williem Dafoe o Steve Buscemi…

Así que… aquellos que no quieran leer en esta noche de difuntos, pueden escuchar algún cuento o escuchar a Lou Reed y su Raven: https://youtu.be/rrys8knY53I

¡Feliz viernes y felices lecturas!

Inés Macpherson

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