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Con el título de este volumen de cuentos, Polpa (Males Herbes) el autor ya está haciendo un guiño al lector. La “polpa” hace referencia a las revistas pulp, unas publicaciones rústicas y baratas donde, durante años, se publicaron relatos de distintos géneros destinados al gran público. Desde la ciencia ficción, la fantasía o el terror de Weird Tales a los relatos de detectives de Black Mask, las revistas pulp consiguieron distribuir autores que han llegado a consolidarse como maestros del género.

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Por eso, no es de extrañar que estos catorce cuentos (y un curioso y sorprendente epílogo escrito por un tal Valeri Nebot, erudito con mala leche y muy poco tacto) sean un curioso homenaje a esas historias que poblaron las páginas de aquellas míticas publicaciones. Eso sí, Jordi Masó visita los distintos géneros con un toque personal, mezclándolos, desmitificándolos, llevándolos a veces a un terreno cómico cercano a la parodia, otras veces con una visión un poco más irónica…

En cada relato, encontramos un elenco de personajes dignos de enmarcar. Desde la pareja de víctima y matón de «Sísif», pasando por el protagonista de «Ampolla al mar», que descubre un inquietante paralelismo entre su persona y una novela de detectives, hasta el fascinante marido de «Aflicció» o el especial pianista de «L’art del pastix», todos y cada uno de ellos tienen algo memorable que los acerca y al a vez los aleja de los personajes del género. Encontramos historias de espías, de detectives, de fantasmas; relatos donde se juega con la idea de la resurrección o la reencarnación, con el espiritismo o con ese universo de los precogs, con los que ya Philip K. Dick jugó en su momento (y que fueron llevados a la pantalla por Steven Spilberg), y a los que aquí Jordi Masó sabe dar un giro aún más curioso si cabe.

No entro en detalle en cada relato porque creo que la mejor manera de adentrarse en este libro es a ciegas, dejarse sorprender por cada historia, encontrar los paralelismos con el género y descubrir cómo el autor les da la vuelta o los lleva a un lugar al que nunca habían ido. Y todo ello con una prosa cuidad y precisa.

Una lectura divertida, curiosa que demuestra que los cuentos siguen creciendo en nuestro país, dispuestos a ocupar el lugar que les corresponde, no como un género menor, sino como una forma condensada de entender y disfrutar la literatura.

Inés Macpherson