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A veces descubres obras extraordinarias por casualidad. Por deformación profesional de narradora, tengo tendencia a enamorarme de los libros de cuentos. Y, a menudo, me agencio alguno sin tan siquiera saber qué encontraré o si me puede gustar el/la autor/a. Otras veces, intuyes, por lo que aparece en la contraportada, que probablemente vas a acertar… Y ese es el caso de Cuentos escogidos, de Shirley Jackson (Editorial Minúscula, diciembre 2015). Conocía a la autora de nombre, pero todavía no me había adentrado en su prosa. Y tras haber degustado estos ocho cuentos, puedo asegurar que me he quedado con ganas de más y, probablemente, acabe por caer en las garras de su Siempre hemos vivido en el castillo y en las de sus otras novelas.

Cuentos escogidos

Si hay algo extraordinario en los cuentos de Shirley Jackson es su capacidad de crear extrañeza en lo cotidiano, de dibujar lo inquietante de forma sutil, permitiendo que la sensación de que algo no encaja te vaya abrazando y no te suelte hasta el final. Esto no quiere decir que sus cuentos sean relatos de terror al uso o historias de intriga clásicas. La gracia de estas historias es que, sin salir de lo cotidiano, muestran ciertas sombras, ciertas fronteras psicológicas que incomodan, que desasosiegan el espíritu sin necesidad de grandes oscuridades ni grandes aspavientos. Y lo hace con una claridad y una concisión en el lenguaje y en las descripciones que permiten que no haya artificios. Desgrana las historias de tal manera que, sin necesidad de horrores ni sobresaltos, van haciendo mella y van creando esa turbadora sensación que no te suelta. Pero vayamos por partes.

Esta recopilación de Cuentos escogidos, contiene 8 relatos y 3 conferencias sobre literatura, creación y sobre el impacto que tuvo la publicación de su relato «La lotería», uno de sus textos más celebrados y más polémicos en su momento. En dicho relato, Shirley Jackson logra crear un ambiente malsano en el seno de uno de esos pueblecitos adorables y encantadores, de postal, que oculta en sus tradiciones algo realmente brutal. La forma en que va presentando a los personajes, cómo va tejiendo el desenlace desde una distancia que todavía aumenta más la extrañeza de la situación, es extraordinaria.

En «Charles», la autora nos presenta una historia donde podemos contemplar, también con una limpieza y una prosa precisa, la perversidad a la que puede llegar un niño. De nuevo, no estamos ante una historia obvia, con crueldad visible y acciones desmesuradas y salvajes; todo tiene un aire cotidiano que, al final, adquiere unos tintes de horror perverso que hacen del cuento otra de las joyas de la antología.

También podemos encontrar «La muela», un relato que, a priori, podría parecer sencillo, pues nos explica el viaje de una mujer al dentista para que le extraigan una muela, y que, en realidad, nos muestra cómo, cuando la mente está acosada por el sueño y el dolor, podemos llegar a confundir la realidad y lo imaginado. Otro ejemplo de relato donde lo cotidiano se cubre de extrañeza es «El amante demoníaco», donde una mujer aguarda a su novio el día de su boda. Aquí, lo interesante es ver cómo, al carecer de datos, al igual que la protagonista, deambulamos con ella, seguimos sus pasos en búsqueda de ese hombre que no sabemos si existe o no, si es un producto de la imaginación de la chica o si realmente ha jugado con ella de la forma más perversa posible: otorgando esperanzas de una vida que nunca tendrá, con la que siempre soñará y que irá persiguiendo en una bajada a la locura de la soledad y la incapacidad de comprender qué es la vida y que un sueño.

Además de los ocho relatos, encontramos tres conferencias fascinantes sobre la creación literaria y, como ya hemos dicho, sobre la repercusión que tuvo su relato «La lotería». Entre las páginas de estas conferencias el lector encuentra los mecanismos creativos de la autora, pero también pequeñas píldoras de sabiduría creativa, consejos sobre cómo escribir y cómo enfrentarse a una historia. Si esas eran las normas que ella seguía a la hora de enfrentarse a la página en blanco, bienvenidos sean los consejos, pues su prosa es elegante, precisa y sabe crear atmósferas sin abusar de obviedades, moviéndose siempre bajo la superficie para remover lo que parece normal y convertirlo en extraordinario, en perturbador. Un libro imprescindible para aquellos que disfruten leyendo entre líneas, dejándose seducir por las sombras extrañas que se ocultan en lo cotidiano y nos inquietan.

Inés Macpherson

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