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Hace ya tiempo que se oyen rumores de que el mundo del libro está en crisis, de que las grandes superficies están matando a las librerías de toda la vida, al igual que las grandes editoriales están devorando a las pequeñas. Y es posible que haya casos que lo demuestran, pero también hay casos que contradicen esa afirmación. Desde hace unos años, en Barcelona van apareciendo librerías de barrio llenas de ganas, con un fondo cuidado y una agenda cultural envidiable (ejemplos como Casa Usher, Nollegiu o la librería Pere Calders, o más recientemente Barra/Llibre). Y van apareciendo editoriales que quieren demostrar que, a pesar de ser pequeñas, se puede tener un catálogo impresionante. Ejemplos de ello son Males Herbes, que ya llevan un tiempo ofreciendo joyas en forma de libro, o Dirty Works, la editorial que ha publicado precisamente Trabajo sucio, de Larry Brown.

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ARGUMENTO

Walter y Braiden son dos veteranos de la Guerra de Vietnam. Walter es un hombre blanco con la cara completamente desfigurada; Braiden, un hombre negro al que le amputaron brazos y piernas. Ambos coinciden en un hospital de veteranos y, postrados en cama, comprenden que solo tienen al otro para poder lidiar con sus propias sombras.

Poco a poco, y gracias a un buen surtido de cerveza y marihuana, van explicándose su vida. Rememoran dolorosas experiencias, pero no solo de la guerra, sino de la época previa, pues ambos comparten un pasado de miseria, de problemas y violencia. Aprovechando el silencio de la noche, se hacen confidencias, revelan secretos, sueños incumplidos y que nunca se podrán cumplir, y descubren sus miedos. Y en el proceso de confesar la propia vida, cada uno de ellos se ve tocado por la historia del otro de forma irreversible.

OPINIÓN

«Llueve mierda y a veces te cae encima. O le cae al tío que tienes al lado», piensa el personaje de Walter. Y, mal nos pese, es una verdad como un templo. Y, aunque también nos duela reconocerlo, como el propio Walter piensa a continuación, siempre deseamos que la mierda le caiga al de al lado. Pero, ¿qué pasa cuando también te da a ti? El sufrimiento es algo que existe, por mucho que insistamos en mirar hacia otro lado. En el caso de Braiden y Walter, el problema es que aunque miren a otro lado, el sufrimiento les devuelve el reflejo, porque ellos lo llevan grabado en el cuerpo: Walter en su cara y Braiden en su cuerpo sin extremidades.

Trabajo sucio es la primera novela que publica una nueva editorial, Dirty Works, y, ante todo, debo darles las gracias por haber apostado por esta historia. Debo reconocer que es la primera vez que me encuentro con este autor, al que no conocía. También es cierto que, hasta la aparición de esta traducción, su obra solo se había podido encontrar en una recopilación de relatos del autor titulada Amor malo y feroz (Bartleby Editores). Eso sí, tras sumergirse en su universo, uno tiene ganas de leer más, de adentrarse en es brutal y humana realidad.

Porque lo que narra Brown es una realidad muy humana: la del sufrimiento, la de la desesperación, la de la amistad y la compasión. Esos dos soldados comparten un pasado en muchos sentidos. Y en vez de centrarse en las diferencias raciales, se centran en lo que los une: el dolor y, curiosamente, el humor. Porque a veces hay que utilizar el sarcasmo y el humor negro para poder sobrevivir. Y porque, a veces, tienes que confiar en la persona que tienes al lado de forma ciega. Lo hicieron como soldados, confiando su vida al hombre que tenían al lado; y ahora, veinte años después, Braiden y Walter deciden confiar en el otro, exponer sus entrañas y sus miedos. Cada uno de ellos narra su historia al otro, y nos la narra a nosotros. Porque además del diálogo entre ellos, nos sumergimos en sus pensamientos; en los sueños de Braiden, donde habla con Dios o donde se imagina lo que podría haber sido su vida en otra realidad, y en las cavilaciones de Walter, consciente de lo que Braiden quiere, pero incapaz de aceptar la propuesta.

Brown tiene una prosa directa, cruda y fascinante, pues sabe deslizarse por la zona poética de los sueños que imagina Braiden, pero también se sumerge en la descripción cruda de la guerra, de la sangre, de la violencia y el dolor de saber que no tienes más futuro que el de seguir atado a una cama el resto de tu vida. Lo curioso es que, a pesar del sufrimiento, Brown no se recrea ni se ceba en ello; sabe dosificar perfectamente cada elemento y regarlo con un humor negro que te golpea de forma más directa que una imagen, porque uno puede imaginar de dónde nace esa brutalidad y sinceridad al hablar. Su lenguaje, bruto y ágil, puede recordar en algún momento a Bukoswki, pero lo cierto es que tiene un estilo particular que sabe llevarte por ese diálogo entre dos hombres rotos que saben que, de la guerra, nunca se vuelve igual.

Trabajo sucio, además, tiene un pequeño regalo extra para el lector. Y es que, tras finalizar la novela, encontramos «Cómo me convertí en escritor. Un comienzo tardío», un fragmento de una charla que ofreció el propio Larry Brown en una conferencia de literatura sureña en 1989, donde explica cómo se convirtió en escritor y qué lo empujaba a escribir de aquella manera, sobre aquellos temas: para encontrarse con los personajes reales del mundo real. Porque, aunque algunos se hayan olvidado, una de las funciones de la literatura es plasmar la realidad, mostrar las entrañas, las sombras y los monstruos que habitan la realidad, aunque duela mirarles a la cara. Y Brown sabe hacerlo de forma magnífica en este relato que, a pesar de su crudeza, es un canto a la sensibilidad, a la humanidad y a la compasión.

Inés Macpherson
FUENTE: Anika Entre Libros (http://www.anikaentrelibros.com/)

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