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En junio de 2015, la editorial Alfaguara publicó El amor y los bosques, de Éric Reinhardt, una novela extraordinaria, con un lenguaje impecable y, en ocasiones, lírico, que ahonda en el mundo de la pareja, en el maltrato psicológico y en la claudicación de aquellos que dejan de lado su vida, con sus sueños y esperanzas, para vivir en la imagen de una vida, una mentira de cara a la galería, que solo oculta la oscuridad en la que se vive. Pero también ahonda en el poder de la literatura, en la capacidad que tiene la palabra, la imaginación, para poder evadirse, para poder huir de la realidad y crear otro mundo, o al menos soñarlo en el único reducto de libertad que tenemos: nuestra mente, a la que nadie más puede acceder, si no le damos permiso.

AL10609_El amor y los bosques

ARGUMENTO

Bénédicte Ombredanne es una mujer enamorada de la literatura, del lenguaje y de la belleza. Tras haberse quedado prendada de un libro que dice haberle cambiado la vida, Bénédicte decide contactar con el autor de dicho libro, Éric. Queda con él en dos ocasiones y poco a poco entablan una relación epistolar (por e-mail), en la que ella va abriendo su existencia al escritor. Lentamente iremos descubriendo el infierno en el que vive, sometida a un marido controlador y cruel, y los intentos de Bénédicte de evadirse de esa cárcel, a través de los libros y de un amante al que conoce por internet.
Aunque su contacto no es constante, sí que es bastante regular. Por eso, cuando Éric comprueba que lleva sin saber de Bénédicte mucho tiempo, empieza a indagar para descubrir la verdad oculta tras el silencio de su amiga. Pero lo que encontrará será mucho más de lo que esperaba, pues por fin podrá dar con las piezas que faltaban para comprender el cuadro de la vida de Bénédicte… y el dolor que se esconde en él.

OPINIÓN

«Prefiero la profundidad, aquello en lo que se puede penetrar, en lo que es posible hundirse, camuflarse: el amor y los bosques, la noche y el otoño…». Sin saberlo el lector, cuando se topa con esta frase se encuentra con un resumen preciso y sutil del personaje de Bénédicte, una mujer que está fascinada por todo aquello que trasciende lo sencillo; una mujer enamorada de la belleza, de la literatura y las palabras, capaz de crear imágenes poéticas ante la imagen de un árbol o un arco; una mujer soñadora y con las ideas claras que, por desgracia, no se deja seducir por esa profundidad con alas que es la cultura que tanto admira, sino que se deja absorber por otras profundidades mucho más oscuras y peligrosas, donde camuflarse tras la imagen de una vida perfecta y un amor ideal, que solo es eso: una imagen.

Pero en esa frase también nos encontramos con una sutil pincelada sobre la intención que ha llevado a Éric Reinhardt a escribir este libro: adentrarse en lo profundo, en la psique de un personaje fascinante y doloroso, en una historia que, por desgracia, ha tenido muchas protagonistas con nombre propio en el mundo real. Penetra en la intimidad de una relación de maltrato psicológico y desgrana los motivos y las formas que puede ir tomando dicha relación. Al tratarse de un proceso de inmersión lento pero constante, no nos encontramos ante situaciones de una violencia obvia enseguida, sino que el relato va minando poco a poco la barrera que la propia protagonista construye para ocultar al lector y a sí misma la realidad, y nos deja ir viendo retazos, pinceladas, hasta que al final llega la oleada y nos derrumba.

El mayor acierto de Reinhardt es el narrador. Hay que tener en cuenta que la novela se inicia con el encuentro de un escritor, Éric, y una lectora que admira profundamente su trabajo, Bénédicte. Tras ese capítulo inicial narrado en primera persona desde el autor, que nos hace pensar que estamos ante una novela que va a ahondar en la metaliteratura, nos encontramos con algo totalmente distinto: un narrador en tercera persona que nos explica la historia de Bénédicte y que solo en contadas ocasiones vuelve a la primera para que recordemos quién es el que nos cuenta esta desgarradora historia. La distancia narrativa que consigue esa tercera persona es extraña, pues el relato nos llega desde lejos, pero desde una intimidad y una profundidad tan intensa que sorprende; y es que son las palabras de él, pero la historia que ella le ha hecho llegar.

Asimismo, también hay un sutil cambio narrativo en la parte en la que llega la tormenta en la que vemos por fin la realidad en la que vive Bénédicte, el infierno de desprecio y opresión en el que ha aceptado sobrevivir, sometida a un marido que no sabe lo que es el afecto. En este caso, siguen siendo las palabras del escritor, Éric, quienes narran, pero es otra persona quien le relata lo sucedido, creando una nueva distancia que nos convierte en espectadores, incapaces de hacer nada, solo beber ese goteo de dolor que se muestra con una sutil elegancia que desgarra aún más.

El amor y los bosques profundiza en los personajes de forma pausada, dejando que imaginemos para luego desvelar lo que se oculta tras la fachada. Sabe trabajar la psicología de cada uno de ellos, dibujar la compleja intimidad de Bénédicte y su marido, lo que se ve y lo que subyace; sabe mostrar la fascinación de ella por lo hermoso, pero también la frustración por no poder disfrutar libremente de esa belleza. Y es que la historia que Reinhardt nos cuenta no solo se adentra en el maltrato por parte de él, sino en la claudicación por parte de ella. Claudicar a los sueños y a la vida, aceptar un sucedáneo de existencia donde se sueña por dentro y se finge por fuera para mantener silenciado el deseo, la pasión y el hambre que realmente habitan en ella.

Se trata de un libro brillante, de principio a fin, con una escritura trabajada, profunda y lírica, capaz de atravesarte sin que te des cuenta y de regalarte un capítulo final lleno de belleza, ternura y paz, algo que sería, probablemente, lo que Bénédicte siempre habría soñado escribir, o vivir.

Inés Macpherson
FUENTE: Anika entre libros (http://www.anikaentrelibros.com/)

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