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Un cuento puede ser un suspiro, una historia pequeña que se cuela por tus oídos cuando menos te lo esperas. Un cuento a veces lleva viajando años por el mundo, convertido en tradición oral, compartiendo con aquellos que lo escuchan las historias de antaño, las que recogen culturas que desconocemos y que, a su vez, comprendemos a través del relato. Muchos estudiosos han encontrado paralelismos en las leyendas e historias de países que ni siquiera son vecinos. ¿Por qué? Porque los cuentos se mezclan, se trasladan, se escuchan y se comparten; porque todas las historias beben de una misma esencia: el ser humano.

Un cuento puede quedarse encerrado en un libro, pero cada vez que lo abres, cada una de sus imágenes se escapa y se desliza para quedarse guardado en la memoria. Lo mismo ocurre cuando escuchas un cuento: las manos de una persona dibujan el paisaje, y su voz te transporta a un mundo y a una serie de personajes que, poco a poco, van cobrando vida ante tus ojos.

Desde hace años, bueno, siglos, los cuentos habitan el mundo. Y desde, ahora sí, muchos años, la narración oral se ha ido instalando en Barcelona y otras ciudades, para demostrar que los cuentos no solo son para niños ni tampoco para ser acumulados en un libro. Los cuentos pueden ser para adultos, para adolescentes y para todos aquellos que disfruten de los relatos, tanto tradicionales como literarios, cotidianos o ancestrales, eróticos, de terror o con una buena dosis de humor. Hay cuentos para todos los gustos y lugares donde ir a escucharlos para todos los gustos. Y esos lugares se dan cita durante una semana para llenar de cuentos todos los rincones gracias al Festival de Narració Oral de Barcelona, Munt de Mots, que este año llega a su sexta edición.

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En el marco del festival, L’Astrolabi de Gràcia, un local que lleva años programando música, teatro, cuentos y poesía para las noches barcelonesas, tuvo el placer de acoger, el jueves 22 por la noche, una sorprendente y magnífica sesión de cuentos, bajo el nombre Nit de Mots. En ella se reunieron algunos de los narradores que están participando en esta edición, para compartir historias entre las paredes de este bar que amarró hace casi veinte años en una calle del barrio de Gracia y que sigue ofreciendo cultura y cerveza por partes iguales. Un lugar íntimo que el jueves por la noche se llenó de forma impresionante para disfrutar de las historias de Itziar Rekalde, Ferran Martín, Rubén Martínez, Anolis Annelore, Pablo Albo y Boni Ofogo.

DSC_2355DSC_2360En este rincón de Gracia, Itziar Rekalde nos regaló una historia artesanal; Ferran Martín dejó que los sonidos y los personajes de siempre salieran a pasear por ese bar de marineros y piratas, y Rubén Martínez demostró, para cerrar la primera parte de la sesión, que la fina línea entre el cuento y el canto se puede cruzar sin ningún problema, porque las historias pueden contarse de todas las formas que queramos: con palabras, con mímica, con ilustraciones, pero siempre desde la pasión que él DSC_2368sabe demostrar en cada uno de sus relatos. Por algo él es el responsable de que Barcelona lleve llenándose de cuentos seis años seguidos durante la semana del Festival. Gracias a él, se abre un espacio para conocer y compartir, no solo con los que vienen a escuchar, sino con los que narran, pues algunos de los narradores que participan en el festival vienen de lejos.

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La segunda parte de la sesión tuvimos el placer de escuchar a Anolis Annelore, una narradora francocolombiana que nos regaló dos pequeñas historias, una contada y otra cantada, que demostraron que algunas historias IMG-20151023-WA0003no tienen edades, porque pueden arrancar sonrisas a pequeños y mayores. Después llegó Pablo Albo y su capacidad de arrancar carcajadas a los oyentes con una historia sobre una calle (y es que las calles, señores, tienen muchas historias, pero no todo el mundo sabe encontrarlas). Y por último, Boni Ofogo nos regaló un relato con aires sensuales y tradicionales, una forma DSC_2394perfecta para acabar una noche mágica, donde los cuentos fueron los protagonistas más destacados, pero donde la calidez de este pequeño local también tuvo mucho que ver. Y es que los cuentos a corta distancia siempre tienen algo especial, sobre todo cuando hay tantas ganas de escuchar y compartir historias como ayer. Gracias por una noche difícil de olvidar para las personas que programamos cuentos en el Astrolabi.

Y gracias por seguir contando con nosotros.

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