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A veces, hay películas que quieres ver en el cine, pero nunca encuentras el momento. Y van pasando los años y nunca encuentras el momento. Pues bien, hace poco conseguí encontrar dicho momento y pude ver y disfrutar de la extraordinaria Winter’s Bone, una película dirigida por Debra Granik y protagonizada por Jennifer Lawrence antes del boom de Los juegos del hambre y todas las películas que ha realizado desde entonces. Para aquellos que no lo sepan, esta maravillosa historia está basada en un libro de Daniel Woodrell, que Alba Editorial publicó en castellano en 2013: Los huesos del invierno.

WintersBone-PosterZ01Probablemente, a estas alturas no pueda decir mucho más sobre la película de lo que ya se haya dicho, pero igualmente, creo que se merece otro comentario, porque es realmente brillante, tanto en factura como en interpretación (por algo ganó el Festival de Sundance de 2010). Así que, vayamos por partes.

Winter’s bone narra la búsqueda que emprende Ree, una joven de 17 años, para encontrar a su padre, Jessup. La razón es de peso: si él no se presenta en el juzgado, su familia perderá la casa, pues la puso como aval. El reducido núcleo familiar de Ree – dos hermanos pequeños, una niña y un niño, y una madre enferma – la deja a ella como la única adulta y responsable de la seguridad y el futuro de esa casa y de su familia. En un entorno social donde la pobreza ha anidado en cada puerta y donde la cocción y venta de droga es uno de los pocos mecanismos de supervivencia, Ree sabe que no puede contar con nadie, porque todos quieren protegerse a sí mismos. Nadie le dirá dónde está su padre. Y aunque muchos le advierten que deje de buscar, ella insiste, porque necesita seguir cuidando de sus hermanos para intentar que puedan separarse, ni que sea un poco, de la realidad en la que se han criado.

Ante todo, hay que reconocer que se trata de una historia cruda y dura, que consigue plasmar de forma certera una situación social desgarradora, creíble y que te pone la piel de gallina: los paisajes, la sensación de frío, y no a nivel térmico, sino a nivel emocional, y escenas como la de Ree enseñando a sus hermanos pequeños a disparar un rifle para poder cazar y así llevarse algo al estómago, hacen que cada fotograma se te cuele por los poros. Durante buena parte del metraje, solo sabemos que van pasando los días por el cambio de gorro de la protagonista, Ree; y me parece un acierto extraordinario, porque es una gran manera de mostrar lo relativo del tiempo y cómo todo lo que podría parecer importante se queda suspendido ante una búsqueda vital que solo tiene un fin: sobrevivir.

A pesar de la crudeza de la historia, de la pobreza y la situación límite en la que viven muchos de los personajes, es una película bella que nos muestra unos paisajes fríos, agrestes y reales que atrapan y sitúan al espectador en el contexto de una realidad que puede parecernos muy lejana, pero que no lo es tanto. Daniel Woodrell, el autor de la novela en la que se basa la película, dice que sus historias son del género “country noir”, y parece una definición acertada, pues la melancolía que transmite, sumada al paisaje de las montañas (en la novela la situación geográfica es en las montañas de Ozark, en Missouri, frontera con Arkansas, pero en la película creo recordar que no se hace mención del lugar concreto, para universalizar un poco más la historia) y al ambiente criminal que se huele en el aire, y que poco a poco iremos descubriendo que es algo más que solo ambiente, hace que pueda ser una especie de historia sacada de una novela negra, pero sin los típicos elementos de detectives o policías que uno suele esperar en estos casos, y situada en un lugar cercano al western, pero sin serlo del todo.

No he leído el libro, pero tengo ganas de saber cómo el personaje de Ree Dolly cobra vida en el negro sobre blanco: una heroína de esas características, con coraje y vulnerabilidad por partes iguales, con ese empeño en conseguir algo, en defender lo que es suyo cueste lo que cueste, en enseñar a sus hermanos una manera de vivir que no pase por la cocción de drogas que los rodea y que ha llevado a su padre a la cárcel…me parece un personaje que merece ser descubierto con la profundidad que la novela sabe darle. A menudo, muchos personajes tienen más cuerpo sobre el papel que en la pantalla, y me intriga saber si este es el caso. Lo cierto es que la literatura juvenil, y sus adaptaciones a la gran pantalla, nos ha acostumbrado a heroínas que son un compendio de virtudes y rebeldía, pero que a veces carecen de ese punto sombrío, profundo y escondido que sí tiene Ree. Porque, en este caso, el personaje de esta adolescente les da mil vueltas a las otras, pues sus circunstancias son un verdadero infierno y está rodeada de hombres y mujeres que solo miran por sí mismos y no están dispuestos a escuchar lo que tiene que decir. Es una verdadera luchadora, una defensora de los suyos muy bien interpretada por Jennifer Lawrence.

Una mención especial a mi parecer se merece el personaje de Teardrop, interpretado por John Hawkes, uno de esos secundarios fascinantes y que, en esta ocasión, borda un papel que parece hecho para él. Los diálogos que tiene con Ree son dignos de enmarcar, por su crudeza y a la vez por su sutileza, pues consiguen dejar en el aire muchas cosas sin acabar de decirlas, por lo que uno tiene que saber leer entre líneas para comprender lo que va a pasar después.

Por otro lado, hay que reconocer que esta historia plantea un extraño y siniestro concepto de lo que es la solidaridad familiar. No quiero decir más sobre el tema, porque es algo que merece la pena ir comprobando a medida que avanza el relato, pero los vínculos que plasma la directora en la pantalla son brutales en varios sentidos.

11302010_hawkes1Winter’s bone es una película redonda, cruda, de las que golpean de forma sutil, pero golpean; tiene un toque de ternura, un toque de crueldad y un toque de historia iniciática, de lo que ahora se conoce como “coming of age”, aunque matizada, pues el personaje de Ree es más adulto que muchos adultos que nosotros conocemos y sabe muy bien qué tipo de golpes te da la vida: por mucho que quiera mantenerse alejada, sabe lo que se cuece a su alrededor y sabe que si tira del hilo, las cosas se caen y, normalmente, nos aplastan. Este compendio de elementos hace que encuentre un equilibrio perfecto y que, a pesar de lo dramático de la situación, no resulte en absoluto dramático lo que vemos, lo que sentimos, lo que pensamos. Simplemente es un cuadro real, bien trazado, bien llevado y que hace que sintamos el frío de ese invierno del que nos habla el título sin juzgar, sin provocar, sin aliñar o añadir nada que no sea necesario.

Y para muestra, un botón: https://youtu.be/xM-MBc9zvDQ

Inés Macpherson

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