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La editorial Cátedra publicó, en noviembre de 2014, una de esas obras que vale la pena descubrir poco a poco y con calma. Se trata de El espejo en el espejo. Un laberinto, de Michael Ende, un compendio de relatos donde la fantasía, la mitología, la filosofía y el arte se unen para crear historias que nos llevan al peculiar universo del creador de Momo y La Historia interminable.

9788437633442

ARGUMENTO

El espejo en el espejo es una recopilación de treinta narraciones, pero es mucho más que eso. Los relatos tienen entidad propia, pero están relacionados en un laberinto creado por un juego de espejos que el propio Ende va tejiendo a medida que avanzan las historias hasta confundirnos y hacernos llegar al final para volver al principio, pues el mismo personaje habita el primer y el último cuento.

Con ecos kafkianos y borgianos, Michael Ende se adentra en un mundo imaginario plagado de ángeles, funambulistas, personajes sin nombre, actores sin público, magos, llamas que danzan y laberintos de los que solo se puede huir si uno tiene alas, como el Ícaro de la mitología griega. Mediante esos personajes nos habla de la identidad, de la fe, la desolación de la guerra, la libertad o la falta de imaginación de un mundo que, a pesar de ser fantástico, nos puede recordar en muchas ocasiones al nuestro. La falta de tiempo, el miedo a la acción y a la inacción, la idea de infinito o el poder de la imaginación son algunos de los temas que también se apoderan de estas páginas. Cada historia resuena en el lector a su manera, pues cada historia es un espejo en el que nos miramos al leer. ¿O es a la inversa?

OPINIÓN

Hay dos maneras de leer este libro. La primera es de forma lineal: empezar por la introducción (magnífica, por cierto) y seguir con los relatos, cosa que puede facilitar su comprensión; o enfrentarse a los relatos y después adentrarse en la historia y vida del extraordinario hombre y escritor que fue Michael Ende para descubrir lo que se acaba de leer. Incluso se podrían leer los cuentos de forma desordenada, aunque hay cierto orden en el laberinto creativo que nos regala Ende: principio y final están conectados por un personaje, Hor, un minotauro que nos trae ecos mitológicos; y más o menos en el centro de la recopilación aparece un relato en el que una pareja visita una exposición en la que algunos de los elementos de las otras historias están presentes. Hay narraciones que conectan con otras más adelante, temas que se repiten, escenarios (literalmente) que nos plantean enigmas similares, que nos hacen preguntarnos si somos meros actores, meros soñadores en un circo ajeno o quizás propio.

Todos conocemos a este genio de la imaginación por La historia interminable o Momo: brillantes novelas que uno puede leer decenas de veces sin aburrirse, con la certeza de que irá descubriendo nuevos matices ocultos en las escenas, en las tramas y en los personajes que tan bien traza el autor. Y aunque es cierto que ambos libros son un portento de imaginación y saben señalar algunas de las sombras del ser humano y nuestra sociedad, en estos relatos que se recopilan en El espejo en el espejo, el autor va mucho más allá y exprime su imaginario para plantear preguntas universales. Con un estilo y unos elementos que en ocasiones pueden recordar a Kafka o a Borges (con quien coincide tanto en la fascinación por el infinito como en la compleja paradoja de querer crear algo soñado y ser a la vez un sueño en sí mismo), sus relatos tienen un aire que podría definirse en ocasiones como surrealista, pero también como crítica o reflexión filosófica. Son como cuadros de Magritte pasados al papel, compuestos por palabras que resuenan con fuerza y nos asombran y nos dejan perplejos.

Hay que reconocer que no es una lectura fácil y que algunos de los relatos pueden resultar extraños. Pero no estamos ante un cuento típico, sino ante pequeños cuadros construidos con palabras; reflexiones que se adentran en temas tan trascendentales como la identidad, la angustia vital o el miedo a morir y despertar o no despertar jamás. Sin títulos, los relatos se suceden para preguntarse y preguntarnos por lo absurdo de un mundo mercantilista, por la obsesión por el dinero o el terror a moverse del escenario cuando está a punto de empezar una obra que, de hecho, nunca empieza. Con unas descripciones llenas de magia, fantasía y, a veces, oscuridad, Ende nos traslada a un universo donde existen puertas en medio del desierto de las que nadie sale, por las que se supone que nadie entra, al menos voluntariamente, y que sin embargo son custodiadas por soldados que no saben que hay al otro lado, porque no hay otro lado; nos deja entrar en un mundo de islas, en una de las cuales hay una estación de ferrocarril y la fábrica de dinero, de la que nadie puede salir, porque el dinero siempre fluye, pero no el tiempo… o quizás sí. Relatos abiertos, historias que nos dejan con una incógnita más en la cabeza o que nos regalan relecturas del mito de Ícaro, convertido esta vez en un joven que vive en un laberinto y debe soñar pluma a pluma las alas que le dejarán salir volando de allí… o no.

Analizar cada relato requeriría horas y muchas líneas, pues cada uno de ellos está cargado de significados que, probablemente, varíen según el lector que se enfrente a ellos. Lo que está claro es que esta recopilación es un placer, y un reto; un canto a la imaginación y una crítica a nuestro mundo, ciego y sordo a tantas cosas que siguen ocurriendo a pesar del paso del tiempo. Una joya para los sentidos y para aquellos que no temen enfrentarse a un libro que puede que nos devuelva el reflejo o nos dé la espalda, pero que seguro que nos adentrará en un laberinto mental fascinante y memorable.

Inés Macpherson
Fuente: Anika entre libros (http://www.anikaentrelibros.com/)

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