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Vaya por adelantado que no suelo realizar reseñas sobre los libros que han escrito amigos porque sé que me cuesta ser objetiva y dejar a un lado el conocimiento que tengo de dicha persona, pero esta vez haré una excepción. ¿Por qué? Porque creo que el libro se lo merece. Y aunque solo se ha publicado en catalán, es una lectura que muchas personas tendrían que hacer para recordar algo muy importante y es que, a lo largo de la historia, a medida que han pasado los siglos, ha habido una lucha que nos une a todos: la lucha por la libertad. Y es precisamente esa lucha de la que trata este libro.

el brigadista

El brigadista, de Jordi Cantavella (Rosa dels Vents, febrero de 2015), nos habla de una época que, por desgracia, conocemos perfectamente: la Guerra Civil española. Pero más allá del nombre, mucha gente, sobre todo las nuevas generaciones, desconoce qué se oculta tras esa historia. Recuerdo que al acabar el instituto, sabía más de los condes de Barcelona y de la unión entre el Reino de Castilla y el Reino de Cataluña y Aragón, que de los acontecimientos más cercanos, como la Guerra Civil o las Guerras Mundiales. ¿Currículum escolar mal planteado? Puede ser. Pero lo cierto es que fueron las películas, y sobre todo los libros, los que me enseñaron los entresijos, los nombres, los sucesos. Gracias a Silencio Roto, del director Montxo Armendáriz, descubrí la existencia de los maquis. En la escuela no me habían hablado de ellos. Pues bien, gracias a El brigadista podréis saber un poquito más de unos extraordinarios seres humanos que decidieron cruzar medio mundo para venir a luchar a España y defenderla de un hombre que se convertiría en dictador durante casi cuarenta años. A través de un personaje de ficción, Raimond Freeman, y de otros que sí existieron realmente, como Milton Wolff, Oliver Law o Jack Shirai, nos adentramos en el horror de la guerra, pero también en la valentía y la dignidad que, a veces, se oculta en el interior de los seres humanos.

El título del libro hace referencia a las Brigadas Internacionales: personas que no tenían nada que ver con España, personas que no tenían por qué luchar por nosotros porque ya habían luchado sus propias batallas o las estaban luchando a otros niveles, pero que igualmente vinieron. Porque creían en lo que hacían. Creían en unas ideas, algo que, por desgracia, a veces parece que olvidamos en la actualidad. Por si eso fuera poco, plantea una paradoja fascinante, y es que el protagonista de libro es negro. Hay que recordar que en esa época, en Estados Unidos, los afroamericanos muchos derechos no tenían. Sin embargo, ese hombre, que era ninguneado y menospreciado en su país, decidió luchar por algo más grande y fue recibido con los brazos abiertos, como un igual. Porque a veces el ser humano sabe ver más allá de su ombligo y sus prejuicios.

Al conocer al autor, debo decir que le reconozco en el personaje principal y en algunos de los que lo rodean. Y es que cuando uno escribe una historia así es difícil no dejar un pedacito entre las páginas. Y también debo confesar que, al terminar la lectura y contemplar las fotos de esas personas que pisaron nuestra tierra para luchar, al leer lo que fue de sus vidas, no pude evitar sentir una extraña tristeza. Porque aunque Jordi Cantavella les ha dado en el libro un pedazo de ficción, existieron realmente, y es difícil no hacerlos propios, no sentirlos cercanos.

Para aligerar la narración, el autor nos ofrece dos historias, la del brigadista y la de Joan, un joven catalán que conoce a la nieta de Raimond. Dos historias paralelas: una con la tragedia de la guerra como telón de fondo, otra con el recuerdo de esa guerra y los secretos que pudo generar en la vida de aquellos que la vivieron. Dos historias diferentes, pero similares en cierto sentido, pues en ambas apunta el amor; en ambas apunta la importancia de luchar por lo que uno cree, por lo que uno quiere, porque, como nos recuerdan en la contra del libro: «debes ser un brigadista de tu vida y luchar por tus ganas de vivir, luchar a golpes de fusil contra el fascismo del fracaso y la infelicidad».

Podría seguir hablando largo y tendido sobre el libro, pero solo quiero acabar dándole las gracias a Jordi Cantavella por haberlo escrito y por haber dejado que, en cierto sentido, pudiera participar de un proyecto como este.

Inés Macpherson