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Hace ya unos años, la editorial Debolsillo publicó un libro que me llamó la atención por su título: El verano de los juguetes muertos, de Toni Hill. No sabía de qué iba, pero me lo compré igualmente. Y acerté. En junio de 2012, se publicó el segundo título de la serie del Inspector Salgado: Los buenos suicidas. De nuevo, el título era llamativo, y ahora que ya conocía al inspector, ¿cómo no iba a leerlo?

los buenos suicidas

ARGUMENTO

En septiembre de 2010, un hombre normal decide matar a su familia y pegarse un tiro. ¿Un crimen como muchos otros? ¿Cómo es posible que una familia normal acabe de esta manera? ¿Cómo es posible que un hombre amable que jamás levantó la mano a su mujer acabe cometiendo un crimen tan atroz?

La noche de Reyes de 2011, el inspector Salgado recibe una llamada de Fort, el nuevo agente a sus órdenes. Una mujer, Sara Mahler, se ha lanzado a las vías del tren. Normalmente no le llaman por estos casos, pero este es distinto. A simple vista parece un suicidio, pero el único mensaje que aparece en el móvil de la víctima hace sospechar que hay algo más tras esa muerte.

Mientras Salgado y Fort tiran de los hilos de la muerte de Sara Mahler, Laire Castro, de baja por maternidad, decide investigar por su cuenta la desaparición de Ruth, la ex mujer de Salgado. Cada uno por su cuenta descubrirá que, a veces, tras ciertos crímenes se ocultan sombras mucho más profundas y alargadas de lo que uno podría imaginar.

OPINIÓN

«El amor genera deudas eternas» es una de las frases que encontramos entre las páginas de Los buenos suicidas, la segunda entrega de la serie de Inspector Salgado creada por Toni Hill (publicada por DeBolsillo, aunque con un formato mayor que el típico de bolsillo que permite una lectura más fácil). Y aunque la autora de la frase es Ruth Valldaura, la ex mujer de Salgado, lo cierto es que muchos de los personajes principales de esta serie podrían afirmar que esa frase es cierta. Porque a veces, por amor, hacemos locuras que tienen consecuencias imprevisibles, peligrosas y que nos persiguen durante el resto de nuestras vidas. Porque, a veces, para proteger a los que queremos hacemos lo impensable. Aunque, a veces, hacemos lo impensable simplemente para protegernos a nosotros mismos, nuestros intereses, nuestro poder o nuestro dinero.

Habiendo leído previamente El verano de los juguetes muertos, a uno no le sorprende encontrarse ante una novela coral en la que, además de seguir las investigaciones del inspector Salgado o de Leire Castro, podemos ir desgranando las personalidades de los implicados en los crímenes que vamos descubriendo. Con apenas un capítulo, el autor nos permite conocer los impulsos de los compañeros de trabajo de Sara: cuáles son sus deseos, sus secretos, sus miedos… Como hizo con el primero, Toni Hill va creando un entramado de hilos que se van uniendo poco a poco, creando una red en la que nos atrapa y atrapa a los personajes, llenos de sombras.

De forma paralela, seguimos la investigación de los crímenes que rodean el suicidio de Sara y la investigación de la desaparición de Ruth Valldaura. La forma en que Leire y Salgado se enfrentan a sus respectivas incógnitas nos permite ir creando en nuestra mente un cuadro de sus personalidades. Los que hemos leído El verano de los juguetes muertos, conocemos parte de esos personajes, pero poder seguirlos de nuevo hace posible ir descubriendo otros matices. Y no sólo de ellos. Para mí, uno de los aciertos de esta saga es que, más allá de la investigación policial, más allá de los crímenes, existe una intención de plasmar la personalidad de todos y cada uno de los personajes. Y es que es esa personalidad, esa psicología, la que nos permite creer lo que ocurre en esas páginas. Siempre que un personaje sea creíble, siempre que podamos comprender sus motivos, podremos dejarnos llevar por los acontecimientos y dejarnos sorprender por lo que son capaces de hacer.

Lo interesante de esta novela plural es que nos permite ir siguiendo todas las pistas, maquinando en nuestro interior las posibles razones, los posibles culpables. El ritmo, aunque no es trepidante, no te suelta. La forma en que está narrado hace que te sumerjas en las vidas de todas esas personas, en sus miedos (miedo a no estar a la altura, a repetir los errores de un padre al que odiaron, a ser culpable de una desaparición…) y en sus secretos; secretos que irán aflorando poco a poco y que, sobre todo en el caso de la investigación de la desaparición de Ruth, demostrarán ir mucho más allá de lo que nosotros podíamos imaginar.

Para los amantes del género, este libro es una nueva muestra de que, en nuestro país, la novela negra también tiene nombre propio. Y también sabe dejarnos con el corazón en un puño y con ganas de leer la siguiente entrega. Porque el final que ha escrito Toni Hill en este libro te deja con ganas de más; y no tanto por saber quién sino el porqué. Y es que el porqué siempre es la clave. Una clave que sabemos que nos irá desgranando en la tercera entrega. Porque si algo caracteriza a este autor es que, como tejedor de redes, nunca deja un hilo suelto.

Inés Macpherson
(también se puede encontrar la reseña en la web de Anika entre libros: http://www.anikaentrelibros.com/)