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Ante todo debo reconocer que no me he leído el libro de Irvine Welsh en el que está basada la película. Pero, todo hay que decirlo, tras ver lo que ha hecho John S. Braid tengo muchas ganas de descubrir el mundo de Bruce Robertson sobre el papel. Porque de lo que podéis estar seguros es que Filth, os guste o no, no os dejará indiferentes. Debemos recordar que Irvine Welsh fue el padre de Trainspotting, y de los memorables personajes de Renton, Sick Boy o Begbie que Danny Boyle llevó de forma magistral a la pantalla. Pues bien, con Filth nos vuelve a regalar un personaje memorable, el de Bruce Robertson, interpretado por un brillante James McAvoy en su, para mi gusto, mejor papel hasta la fecha. Pero, ¿de qué va Filth?

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Traducido por algunos como “Escoria” o “El sucio”, esta película nos presenta un tipo drogadicto, borracho, pervertido, violento, corrupto… un cabronazo sin escrúpulos que produce rechazo en muchos momentos (por sus actos, su tendencia a manipular y a destruir lo que toca) y que, curiosidades de la vida, es policía. Y para que nos quede claro el tipo de persona que es, solo hay que ver el inicio de la película, lleno de un sarcasmo ácido, un humor cáustico bajo el que se oculta una crítica feroz:

Welsh es un retratista crítico del mundo en el que vive. Pero no es un retratista al uso, sino que lleva a sus personajes al extremo para mostrar la suciedad, la escoria que repta por nuestras ciudades, por nuestras vidas y que, en ocasiones, viste de gala y ostenta cargos importantes (aunque esté situado en Escocia y se trate de un policía, todos sabemos que gente aprovechada, hipócrita y corrupta hay en todas partes). Nos enseña el extremo de esa fachada que utiliza mucha gente para ocultar lo que es, lo que teme o lo que realmente desea. En este caso, lo hace mediante la bajada al infierno de su personaje en un delirio que Braid ha sabido llevar al terreno visual de forma increíble. Nos sentimos incómodos, abrumados y sorprendidos por la espiral en la que se sume Bruce Robertson en una lucha por conseguir lo que quiere y ocultar lo que realmente ocurre a su alrededor. Las escenas, a veces recargadas, a veces incluso desagradables, nos arrastran hacia abajo con él hasta que nos damos de morros contra el suelo. Porque, señores, el final no es el típico final made in Hollywood. No señor. Welsh y Braid nos dan una bofetada sin avisar y para enseñar que la vida es lo que es y mejor dejarse de tonterías.

Se trata de una película incómoda pero divertida, crítica y sarcástica pero con un grado surrealista que hace que comprendamos esa espiral descontrolada y sucia por la que caemos en picado junto al protagonista y que nos sacude de distintas maneras. Es extrema, salvaje y divertida. Es un retrato de un individuo que representa todo lo que es políticamente incorrecto que no tiene pudor en enseñarnos toda la basura que hay en él y a su alrededor. Habrá quien se pueda sentir ofendido, molesto… Pero uno de los talentos del arte es provocar, y esta película provoca, por lo visual y por la historia. Así que, tras ver la película, habrá que leer el libro…

Inés Macpherson

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