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Seix Barral publicó en junio de 2014 el Premio Pulitzer 2013: El huérfano, de Adam Johnson, una novela que se adentra en el desconocido universo de Corea del Norte para narrar el paso a la edad adulta de un niño que descubre, desde muy pequeño, que el sufrimiento es algo que existe sobre la faz de la Tierra y que hay que aprender a sobrevivir para que ese sufrimiento no te devore. Una novela que nos permite ahondar en el poder de las historias, de los relatos y cómo al inventarlos, al modificarlos, también se modifica la Historia, el pensamiento, la verdad… Porque las palabras, por mucho que algunos se nieguen a creerlo, tienen mucho poder.

el huerfano

ARGUMENTO:

Jun Do vive en un orfanato, pero no es un huérfano sensu stricto. Su padre es el vigilante de Feliz Porvenir, uno de los hogares de los niños sin padres, y su madre es una cantante desaparecida, como tantas otras personas en su Corea del Norte natal. Desaparecen niños, desaparecen adultos, pero la vida sigue, porque el sufrimiento es algo contra lo que no se puede luchar. Hay que aceptarlo y aprender a seguir adelante. Y eso Jun Do lo descubre muy pronto.
Capaz de decidir qué niño duerme cerca de la estufa y qué niño no come más que agua caliente, Jun Do comprende en seguida que en el mundo hay que hacer ciertas cosas para sobrevivir. Y si el Gobierno llega y te recluta para que seas parte del ejército norcoreano y aprendas a ser soldado de túneles, lo haces. Y eres el mejor.
Quizás por eso, por su capacidad de adaptarse, por su capacidad de interpretar el papel que le toca en cada momento, Jun Do va ascendiendo en ese universo militar donde se construyen mentiras y se secuestran vidas. Pero, ¿y el amor? ¿Dónde se puede secuestrar el amor? ¿Dónde se puede inventar? ¿O existe de verdad?

OPINIÓN:

Definir esta ganadora del premio Pulitzer es una tarea difícil, pues es una novela que incluye en sus páginas géneros y estilos diversos. Tiene un punto de aventura, otro de romance; tiene aspectos que la enlazan con la crónica, y otros que la acercan a las historias de misterio; podemos encontrar toques de thriller y de evolución personal y emocional mezclados con complejas historias de espionaje y poder militar… pero al final, se trata de una obra que retrata una realidad… ¿O es una irrealidad, una mirada que juega con la parodia y el límite del absurdo, para retratar una realidad compleja, difícil de descubrir bajo la férrea frontera tras la que se oculta? Y al final, lo que uno se plantea es ¿cuál es la historia verdadera?

Y es que uno de los juegos que nos ofrece Adam Johnson en esta obra es el de descubrir cuál es la historia real. A lo largo de las páginas de El huérfano nos enfrentamos a unas cuantas situaciones en las que el narrador nos ha explicado una historia para que después los protagonistas expliquen otra, para salvar el pellejo, para acusar a otra persona o para explicar la pérdida del retrato del Gran Líder. Sobre todo en la segunda parte de la novela, nos hallamos ante un cambio de narrador que va oscilando de punto de vista y que nos plantea diferentes versiones, matices de un mismo hecho. De esta manera, lo que se dice en un momento parece quedar desmentido por el siguiente punto de vista, trazando un juego de relatos que demuestran lo fácil que es transmitir una historia, sobre todo si es buena, y hacer que la gente se la crea. Pero, al final, ¿cuál es la verdad? Habrá que seguir leyendo para descubrirla.

En los altavoces que se distribuyen por calles, casas y fábricas, los encargados de propaganda emiten anuncios, noticias… pero sobre todo historias, cuentan historias. Como si se tratara de la distopía de 1984 de Geroge Orwell, el autor nos ofrece una mirada a ese mundo dominado por la manipulación. Retrata un mundo donde se secuestran cantantes de ópera y no pasa nada, donde los niños desaparecen y no pasa nada, donde los ancianos supuestamente se jubilan pero nunca nadie vuelve a oír hablar de ellos… Y no pasa nada. Porque el Gobierno lo controla todo: la comida que comes, la hora a la que empiezas a trabajar y el trabajo que tienes, o el ocio del que dispones. O sí pasa, y las personas dudan, y se preguntan… pero no saben realmente a quién preguntar ni por qué. Y descubren paradojas, contradicciones, pero no pueden hablar, porque si no, desaparecen. Porque no hay salida, como en ese mundo orweliano donde no podías ni pensar con libertad. Retrata un mundo lleno de un miedo que el autor lleva al absurdo en algunos momentos (memorable la situación entre el interrogador y sus padres, que desconfían incluso de su propio hijo), quizás para demostrar que cuando se vive con miedo, llegas a temer incluso a tu propia sombra.

Adam Johnson explota su capacidad narrativa y ofrece dos tipos de estilos muy distintos para las dos partes del libro. En la primera seguimos exclusivamente a Jun Do, desde su niñez, pasando por su paso por los túneles, los estudios de inglés o su estancia en el barco pesquero, hasta llegar al suceso que desencadenará los acontecimientos que lo llevan a desaparecer… o no. Y es que Jun Do es, en muchos sentidos, un huérfano, alguien sin hogar, sin lugar, que no sabe qué busca, ni a dónde va. Hasta que lo sabe. Entonces llegamos a la segunda parte de la novela, donde aparecen más personajes, donde la identidad de quienes habla queda desdibujada porque, como dice uno de los protagonistas, lo importante es la biografía, arrancarla de la persona, para que la persona desaparezca, pero no su historia. Como la historia de las dos remeras a las que escucha Jon Du desde su radio, en el barco pesquero. ¿Qué hacen? ¿Por qué lo hacen? A él le da igual no conocer su nombre o su rostro… Lo que quiere es conocer su historia, sus razones, porque muchas veces son esos relatos, esos motivos los que nos hacen quienes somos. Y si nadie los conoce, si eres un huérfano sin identidad, tienes el poder de decidir quién eres.

Lo cierto es que El huérfano tiene momentos de thriller, momentos de romance; elementos que permiten retratar una realidad y una evolución personal… Pero en definitiva es una historia, una historia que nos habla de los mecanismos que mueven a las personas a escuchar, a crear relatos, a vivir relatos: los que los inventan para ocultar la verdad y manipular a un pueblo; los que los inventan para conseguir salvarse o condenarse; y aquellos que los callan, porque su historia es suya y de nadie más. Ahí radica su poder.

Inés Macpherson
FUENTE: Anika entre libros (http://www.anikaentrelibros.com/)