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En junio de 2014 Alianza Editorial publicó, en su colección Alianza Literaria, una osada novela corta, con una voz narrativa directa y en ocasiones cruel, que se adentra en la mente de un adolescente que descubre el poder que el amor puede darnos para controlar al otro. Estoy hablando de El diablo en el cuerpo, de Raymond Radiguet, una pequeña joya que sorprende no tanto por la temática si no por la personalidad de esa voz narrativa que juega contigo como con su amada.

el diablo

ARGUMENTO:

Ha estallado la Primera Guerra Mundial. Un horror para muchos, pero el inicio de unas extrañas vacaciones para nuestro joven protagonista. Unas vacaciones que lo llevarán a conocer a Marthe, una mujer dos años mayor que él, prometida a un hombre, Jacques, que está en el frente.
Entre ellos nace una conexión, que ambos intentan negar, hasta que vuelven a encontrarse y se inicia el juego. Un juego que los llevará a convertirse en amantes. La inmadurez, la osadía de la edad, hace que ese juego los lleve a verse en público, como si algo mágico los protegiera. Pero todo el mundo habla. Ella va quedando aislada de la sociedad, pero atada a él. Una unión que culminará cuando descubra que está embarazada.

OPINIÓN:

Ante todo, cabe destacar que lo inusual, lo que hace especial esta obra, es la temprana edad con la que la escribió Raymond Radiguet, un autor que murió con veinte años y que, probablemente, podría habernos dejado otras muchas obras en las que desgranar el alma humana. En su momento, hubo cierto revuelo por la temática del libro, no tanto por el adulterio – pues el libro se escribió en el país en el que nació Madame Bovary – sino por la idea de que el amante fuera un adolescente y el marido cornudo un soldado que estaba luchando en el frente. Pero quedarse solo con la trama, sería como decir casi que uno se queda con la portada del libro. En El diablo en el cuerpo, lo que prima es la voz narrativa, una primera persona rompedora, con un tono directo que, a pesar de mentir a quienes le rodean, no miente al lector. Muestra sus pensamientos, su cinismo, el orgullo que le supone saber que puede maltratar y dominar a una mujer a la que ama y cree no amar, a la que cree no amar y ama, en un bucle de contradicciones, una montaña rusa amorosa en la que se desgranan los celos, las obsesiones, la necesidad de poseer, mezcladas con la incomprensión de la realidad, mucho más grande de lo que ven los ojos de un adolescente que está todavía aprendiendo a vivir.

Esa primera persona nos cuenta, desde cierta distancia, lo que ocurre a su alrededor, pero también lo que le ocurre a él. Analiza sus sentimientos, sus decisiones y muestra como las lleva a cabo: desde jugar con su amada hasta mentir por principio a todos los que le rodean. Hay un punto infantil, inocente en algunos momentos y brutal, cínico y salvaje en muchos otros. Nos movemos entre las dudas sobre el amor – el mismo protagonista afirma no saber si ama o no a Marthe, pues tampoco sabe exactamente lo que es el amor; y luego afirma todo lo contrario, que la ama porque nunca ha sentido algo así – y la certeza de que puede hacer lo que quiera con su amada, algo que sorprende por tratarse de una mujer algo mayor que él y a la que cabría suponer una capacidad de acción mayor que la del chico. Quizás esté en este punto ese diablo en el cuerpo del que nos habla el título: no en el adulterio, como en su época debieron pensar, sino en esa posibilidad de dañar al prójimo en nombre del amor; ese diablo que habita en muchos cuerpos que juegan con su pareja, que la obligan a hacer lo que no quiere, a que le guste lo que no le gusta… Un juego perverso que, además, es narrado desde la distancia, porque es la mejor manera de analizar sin implicarse, de observar, como si no fuéramos protagonistas.

Lo cierto es que, con la guerra, hay una parte de la población que queda olvidada, abandonada: los niños y las mujeres. En muchos casos ellos son las víctimas de las atrocidades. En el caso de El diablo en el cuerpo la guerra es algo lejano que no les afecta directamente en bombardeos constantes; es simplemente un acontecimiento que aleja a ciertas personas de sus casas. Una infancia olvidada, una mujer olvidada, lanzados a vivir una vida distinta a la que se esperaba de ellos: el protagonista jugando a ser adulto y la mujer, sin marido, buscando a otro que le haga compañía.

La narración avanza de la mano del protagonista, que nos muestra el paso del tiempo, el cambio de sus emociones y acciones, como si todo estuviera planeado al milímetro, como si fuera un juego en el que pone patas arriba todo lo que está establecido, quizás para mostrar una sociedad sin conciencia, o quizás lo fácil que es dejar la moral al lado, o el amor. La finalidad última de la obra solo la conocía Radiguet. Lo que nosotros podemos hacer es dejarnos llevar por esa extraña voz, distante, cruel, pero en ocasiones con rasgos aún infantiles, inocentes y que, incluso en las peores circunstancias, consigue darle la vuelta a la tortilla, para leer la realidad a su manera, orgulloso de saber que seguía dominando la situación aun sin tenerla delante.

Inés Macpherson
FUENTE: Anika entre libros (http://www.anikaentrelibros.com/)