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En mayo de 2014, Montena publicó el primer volumen de la serie Agencia Lockwood, de Jonathan Stroud, una novela juvenil donde el misterio, la aventura y los fantasmas se unen en una novela ágil que sabe jugar con las sombras.

Agencia Lockwood. Los visitantes - Jonathan Stroud

ARGUMENTO:

Durante un tiempo, la existencia de fantasmas, de Visitantes, era esporádica e incluso difícil de probar. Pero tras el Problema, cada vez hay más Visitantes. Hay algunos que simplemente molestan, incordian y asustan por el mero hecho de existir. Pero también existen algunos peligrosos… muy peligrosos.
La Agencia Lockwood es una de las múltiples agencias encargadas de hacer frente a la epidemia de fantasmas que asola Inglaterra. ¿Y quién la forma? Tres personas: Lucy Carlyle, que tiene el don del oído para detectar espíritus; Anthony Lockwood, propietario de la agencia y experto en ver rastros espectrales; y George, encargado de buscar información y poner un poco de sentido común en el grupo… o no.
La peculiaridad de estos tres agentes es que son jóvenes; muy jóvenes. Porque son los únicos que pueden ver fantasmas.

OPINIÓN:

Siempre se ha dicho que los niños tienen una capacidad sensitiva mayor que los adultos: se fijan en detalles que los nosotros pasamos por alto, se hacen preguntas que  no logramos comprender o explicar y ven cosas que nosotros no vemos. Han sido muchas las películas y novelas que plantean la capacidad sensorial de los niños: desde la película española Nos miran (dirigida por Norberto López Amado en 2002, con Carmelo Gómez e Icíar Bollaín) hasta la serie Fringe, donde se potenciaba esa capacidad infantil para que siguiera funcionando en adultos.

En el caso de la saga de la Agencia Lockwood, se plantea una realidad en la que los fantasmas han decidido actuar con libertad e impunidad, sin esconderse, sin control. Es como si se hubiese abierto la puerta de los espíritus y todos estuvieran pululando. Y los únicos que pueden verlos son los niños, los jóvenes; los adultos pueden sentirlos, quizás ver algunas sombras, pero no los perciben con la misma intensidad. Por eso los agentes son jóvenes, como Lucy, Anthony Lockwood y George.

En esta primera entrega, el autor nos presenta a los personajes. Narrada desde la visión de Lucy, vamos descubriendo su historia y sus misterios. Porque aunque ella trabaja con Lockwood y parecen confiar el uno en el otro, él nunca cuenta nada, ni de su pasado ni de su experiencia con fantasmas. ¿Qué oculta? Nadie lo sabe, ni siquiera el lector. Intuimos que algo ocurrió con sus padres, pero ¿qué?

Lo interesante de esta novela es que, a diferencia de las escritas por Kendare Blake, Anna vestida de sangre y Anna desde el infierno, donde también nos adentrábamos en la historia de un cazador de fantasmas, los personajes, a pesar de ser expertos, son un tanto impetuosos, caóticos y algo despistados. En plena caza de fantasmas se olvidan armas, discuten… Es precisamente ese despiste el que los lleva a enfrentarse a una casa encantada llena de peligrosos Visitantes. Aunque en cierto sentido es bastante predecible tanto el motivo por el que acaban en esa casa como la identidad del asesino, la tensión que crea el autor y la atmósfera terrorífica mantienen al lector en el sofá, pasando una página tras otra.

Es una novela entretenida, con un toque desenfadado y dinámico que sabe unir misterio y humor, atmósferas opresivas y oscuras con diálogos punzantes. Porque es en los diálogos donde descubrimos las personalidades de los protagonistas, donde compartimos sus relaciones, sus puyas, sus miedos… Y en este sentido, Jonathan Stroud ha conseguido un gran trío. George es quizás el más rarito de los tres, con un punto infantil pero con mucho sentido común; Anthony es el más activo, mental y calculador, aunque a veces tiene tantas ganas de acción que se olvida de ciertas cosas; y luego está Lucy, emocional, sensitiva, algo impulsiva y capaz de improvisar cuando su instinto se lo dice. Los tres forman un equipo extraño pero efectivo, que sabe conectar con el lector y llevarlo a ese Londres plagado de Visitantes, donde el hierro y la sal proliferan, donde las lámparas antifantasmas están encendidas toda la noche, donde el toque de queda hace que los adultos se queden en casa, mientras los niños se preparan para vigilar, para cazar…

Un libro ágil, rápido y que, a pesar de ser algo predecible, engancha hasta la última página. Una lectura para pasar una buena tarde de verano o de invierno. Eso sí, si se lee por la noche, quizás queráis tener varias luces encendidas, por si acaso se acerca alguna sombra.

Inés Macpherson
FUENTE_ Anika entre libros (http://www.anikaentrelibros.com/)