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En junio de 2014, Nova publicó La tierra en llamas, la segunda entrega de la Primera Guerra Fórmica, una serie de novleas escritas por Orson Scott Card y Aaron Johnston que nos trasladan a un tiempo anterior a Ender.

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ARGUMENTO:

Cien años antes de que Ender naciera, una raza alienígena llegó a la Tierra para destruirla: los fórmicos.

Pero antes de llegar a la Tierra, destruyeron las naves que encontraron en su camino. Fue el caso de la nave minera Cavadora, de la que Víctor Delgado consiguió escapar para llevar la noticia a la Luna y así prevenir a la Tierra. Pero un vídeo de unos extraterrestres con forma de insecto no parece despertar la alerta de ninguna nación. De hecho, se lo toman a broma, como si fuera un montaje, algo falso. Pero no lo es. Víctor lo sabe. Y lo sabe Lem, el hijo de Ukko Jukes. Ambos estuvieron presentes. Ambos vieron la destrucción de la que la nave fórmica es capaz. Saben que deben hacer algo. Pero, ¿qué?
Mientras esto ocurre en el espacio exterior, en la Tierra, Mazer Rackhman se dirige a China para enseñar a los soldados a pilotar una de sus máquinas. Lo que no sabe es que está a punto de encontrarse en el epicentro de un ataque devastador que amenaza con acabar con toda la humanidad.
El inicio de la Primera Guerra Fórmica está a punto de estallar en la Tierra. Por suerte, algunos están dispuestos a luchar.

OPINIÓN:

La Tierra en llamas es la segunda entrega de la trilogía de la Primera Guerra Fórmica, una trilogía que se sumerge en el universo que los seguidores de Orson Scott Card conocemos perfectamente: el universo de Ender. Situada un siglo antes de la aparición de este pequeño gran héroe, la trilogía presenta a uno de los personajes míticos de la saga: Mazer Rackhman. Aunque no es el protagonista de las novelas, vamos descubriendo su personalidad y su historia, así como la de muchos otros. Y es que en esta trilogía, Scott Card y Aaron Johnston han decidido regalarnos diferentes puntos de vista, diferentes personajes para crear una red de seres humanos que viven y sufren la invasión de distintas maneras. Porque como bien dice Miquel Barceló en la presentación de este segundo libro, la invasión alienígena es algo que afecta a toda la humanidad, y eso requiere muchos puntos de vista, muchos protagonistas y muchas voces.

En esta entrega, además de los personajes que ya aparecieron en la primera, nos encontramos con uno nuevo: Bingwen, un niño chino mucho más listo que sus compañeros y que tendrá una importancia clave a lo largo de la novela, aunque al principio no lo parezca. La presencia de este joven y la relación que establece con Mazer Rackhman es, probablemente, el embrión de lo que después será la escuela de batalla, de la misma manera que las armas que van apareciendo son embriones de las que después veremos en la saga Ender. Son relaciones que pueden resultar obvias, pero que sirven a los autores para crear un hilo temporal que explique cómo se llega a la realidad en la que nace Ender.

La trama es sencilla: ante el aviso de que hay una nave alienígena a punto de atacar la Tierra, la reacción es ignorarlo, pues es demasiado increíble, demasiado fantasioso. Hasta que es demasiado tarde, nadie está preparado, y el ataque empieza. Mediante este universo de ciencia ficción, los autores muestran diversas sombras humanas que definen nuestros puntos débiles, nuestra incapacidad de pensar más allá de nuestro ombligo. Hay una crítica a la ineptitud política y social ante una amenaza global: paralizados por el miedo y la desconfianza ante los otros países, en lugar de pensar en el planeta, en la humanidad en sentido absoluto, se quedan en sus fronteras, pensando en sí mismos (algo que no resulta del todo increíble, teniendo en cuenta la poca capacidad de acción que tiene el hombre ante aspectos como el cambio climático, algo que afecta a nivel global, a nivel planetario, pero que ignoramos como si lo que pase en el futuro no nos afectara a todos). La situación que exponen Scott Card y Johnston también sirve para denunciar la ineficacia qua a veces supone un mundo jerarquizado y lleno de normas que abogan siempre por la inacción, por la obediencia. La necesidad de seguir las normas de la nación por encima de la decencia humana; la necesidad de sentirse superiores a los otros; la individualidad por encima de la globalidad, de la conciencia de que todos somos humanos… Todo ello supone un problema: la Tierra no está preparada, y en lugar de confiar los unos en los otros, quieren proteger sus fronteras, no aceptar ayuda extranjera… Y la desgracia llega. Sin embargo, curiosamente es a su vez la individualidad, la de unos cuantos que se saltan las normas y las jerarquías, la que permite avanzar en la defensa de la Tierra, en el conocimiento sobre los fórmicos y en la destrucción de su ataque.

Aunque en ocasiones algunas escenas pueden resultar un poco lentas, lo cierto es que la construcción de personajes, la forma en que van encajando los unos con los otros y la manera en que la red de relaciones y acciones va quedando trazada es interesante. Y, a pesar de esos momentos más descriptivos, más pausados, también es cierto que avanza a un buen ritmo, casi cinematográfico (tal vez la presencia de un guionista como Aaron Johnston ayude a conseguir ese estilo, aunque la capacidad narrativa de Scott Card está más que demostrada), creando imágenes que uno puede dibujarse perfectamente en la mente. Y al final, eso es lo que cuenta: la manera en que se nos pega a la retina la imagen del joven Mazer, la forma en que vemos el futuro que se encontrará Ender…

Una novela que puede atraer a los seguidores del autor y a los fans del género. Quizás no sea la mejor novela que tiene, pero siempre es interesante sumergirse en los universos de Scott Card.

Inés Macpherson
FUENTE: Anika entre libros (http://www.anikaentrelibros.com/)