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Soy lo que podría llamarse fan incondicional de David Fincher con algunas excepciones. Y debo confesar que, a pesar de no estar a la altura de las grandes Se7en o El club de la lucha, Perdida (Gone Girl) sí que se acerca a la magnífica y retorcida The Game, pues, como su predecesora, nos mantiene en vilo durante toda la película, y eso es decir mucho, pues son más de dos horas.

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No sé cuál será la experiencia de aquellos que han leído el libro de Gillian Flynn. En mi caso, a pesar de tener el libro en la lista de pendientes, decidí ser fiel a Fincher e ir a ver su adaptación primero. La primera grata sorpresa es que la guionista es la propia autora y que, como ella misma explica, ha cambiado un poco el final de la historia para mantener el suspense entre los lectores. ¿Eso que consigue? Que tras ver la película, los que no hemos leído el libro nos planteemos la posibilidad de leerlo ipso facto para tener fresca la red que crea Fincher y encontrar las diferencias, las similitudes… Y sobre todo disfrutar de la versión escrita de una trama de mentiras magníficamente narradas, en las que nada ni nadie es lo que parece.

El problema de una película como Perdida es que a uno le encantaría poder analizar cada uno de los puntos de la trama, comentar los giros, las sorpresas, las ganas de pegarle un guantazo a alguno de los personajes… Pero no puedes, porque sería un continuo spoiler. Y no se lo merece. Si se puede, hay que ir sin saber nada. Es posible que sospeches al minuto diez, al minuto veinte (sinceramente, no sé cuando fue porque en ningún momento miras el reloj, demasiado pendiente de lo que pasa en la pantalla), cuál es la trampa. Y sí, es posible que aciertes. Pero solo en parte. Porque lo que hay tras la trampa es todavía más retorcido, más cruel y despiadado.

Me pareció curiosa la elección de un actor como Ben Affleck para el papel de Nick Dunne. Más curioso todavía cuando descubres que el nombre de su mujer es Amy, pues no es la primera vez que el personaje de Ben debe perseguir a una Amy (lo hace en la memorable Persiguiendo a Amy de Kevin Smith). Es un actor poco expresivo, normalito, y presuponía un papel dramático. Pero no. La gracia aquí es que el personaje es ese tipo normal, incluso desagradable en según qué momentos, al que te gustaría pedirle que expresara un poco más, que se emocionara… pero no tiene que hacerlo. Lo mismo ocurre con la interpretación de Rosamund Pike. Estamos completamente perdidos porque no sabemos qué nos está diciendo con su mirada, con su expresión. Tanto él como ella son dos máscaras, y eso es probablemente lo que buscaba el director. Transmitir que los protagonistas de la historia, como muchos seres humanos, lo que hacen es actuar, interpretar una versión de sí mismos: la que los demás esperan, la que uno espera… Y al final no sabes muy bien quién hay debajo o lo que piensa, lo que siente.

También se puede decir, sin desvelar mucho sobre la trama, que además de retratar una de las caras más oscuras del matrimonio, la historia de Perdida retrata el poder de la manipulación, de los medios de comunicación para controlar la opinión pública y de las ideas preconcebidas. Porque los estereotipos tienen mucho poder, y siempre tenemos tendencia a hacer que lo que vemos encaje en esos estereotipos. Así que si uno es un ángel, el otro es el demonio. Pero, ¿qué ha realmente tras la máscara del ángel? ¿Y tras la del demonio?

Me encantaría poder ahondar en la psicología de los personajes, en el retrato social y el retrato del matrimonio que han hecho Gillian Flynn y David Fincher, pero habrá que quedarse con las ganas para no desvelar la trama a aquellos que no hayan leído el libro o visto la película. Solo decir que cuando dos horas y pico de película pasan como un suspiro en el que te has ido clavando cada vez más en el asiento, cuando aunque puedas intuir por dónde van a ir los tiros te sorprenden con una perversidad mucho mayor que la que esperabas y comprendes que el ser humano puede estar realmente muy podrido por dentro, hay que darle las gracias a los que han maquinado esta trampa. Porque aquí volvemos a ver al Fincher de The Game, de Zodiac, con su precisión narrativa y estética, capaz de lanzarnos al laberinto y perdernos en él.