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En 2012 tuve la suerte de leer La Kamikaze, de Mayte Carrasco (Esfera de los Libros) y, para mí, fue un gran descubrimiento. Acostumbrados a ver la guerra como algo lejano que sólo intuimos tras la frialdad de una pantalla, con unas imágenes crueles y salvajes, pero siempre dese un objetivo, nunca de cerca, ese libro me pareció una forma mucho más personal y real de adentrarse en la realidad del horror de la guerra. Esta vez, con Espérame en el paraíso (mayo 2014, Plaza & Janés), lo ha vuelto a hacer: ha vuelto a mostrar una realidad que a nosotros nos llega sesgada. Una realidad que ahora, tras los acontecimientos más recientes, es aún más dolorosa. La guerra de Siria.

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ARGUMENTO:

Yulia, una corresponsal de guerra que cubre la Primavera Árabe, quiere entrar en Siria en plena guerra civil. Y no lo quiere hacer de la manera legal, siguiendo las normas del régimen, porque sabe que si lo hace, no podrá contar la verdad, lo que está ocurriendo realmente en las ciudades sirias. Por eso, junto a Ludovico, su amigo fotógrafo, cruzan la frontera ilegalmente con la ayuda de un grupo que apoya a los rebeldes.
En su camino hacia Baba Amro, en Homs, conocerá a Omar, un joven poeta que ha sobrevivido de milagro a su paso por la cárcel y que ahora es perseguido por los hombres del Gobierno de Al Assad. Entre ellos crecerá el amor. Pero a su alrededor, la guerra sigue creciendo y tomando un aspecto que va más allá de la guerra civil y amenaza con transformarse en algo aún más cruento.
Entre dos mundos, entre dos realidades (la de la periodista que quiere narrar desde la imparcialidad y la de la persona que ha visto demasiada sangre y demasiadas muertes con nombre propio como para ser imparcial), Yulia intentará sobrevivir y luchar por mantener sus principios y su amor. Pero, ¿podrá hacerlo rodeada de tanta violencia?

OPINIÓN:

¿Qué define una revolución? ¿Y una guerra civil? ¿Qué línea separa una guerra política de una religiosa? ¿Y por qué tiene que salir Dios en una guerra, cuando es cosa de hombres y de poder? ¿Qué ocurre si para liberarnos de un opresor, de un dictador, acabamos tomando un camino que mata, pero quizás no libere? ¿Dónde está la frontera entre la guerra y la masacre, entre la lucha y la destrucción? Y, ¿quién mueve los hilos desde la sombra?

Una guerra nunca es bonita, ni fácil, ni agradable. Una revolución tampoco lo es, porque requiere muchos sacrificios, sobre todo cuando uno se enfrenta a un gigante poderoso que puede bombardear durante horas un barrio sin inmutarse, sin importar si mata a niños, a ancianos o a cualquiera que esté cerca. Pero la libertad vale la pena, ¿no? Esa es la idea que tienen los protagonistas que acompañan a Yulia en su viaje por Siria: luchar para liberarse del dictador vale la pena, al precio que sea.

En Espérame en el paraíso, Mayte Carrsco vuelve a llevarnos de la mano de Yulia, la periodista que ya conocimos en La kamikaze, publicada por La Esfera de los Libros en 2012. Y lo hace para introducirnos en un conflicto que nos suena, porque lo hemos visto en las noticias, pero del que realmente desconocemos el interior. Y eso hace ella: enseñarnos las entrañas. Y es que la autora pudo verlas en primera persona, pues vivió la ofensiva en Baba Amro, en Homs.

Con una narración visual y unas reflexiones personales que nos hacen preguntarnos qué sabemos realmente de esa cultura que está tan cerca y a la que juzgamos sin miramientos y qué nos hacen creer desde fuera, Mayte Carrasco nos muestra las diferentes caras y perspectivas que pueden encontrarse en una guerra como la de Siria: los que luchan por la libertad, los que sobreviven ante los bombardeos y los francotiradores como pueden, los que piensan en la vida a pesar de la muerte que los rodea… y los que piensan en la muerte a pesar de la vida que les espera. Contar la guerra desde fuera, sin entrar, sin sentirla en tu propia piel da una perspectiva. Contarla cuando la bala que mata da en el cuerpo de una persona a la que conoces, de la que sabes el nombre y que estaba a tu lado, hace que veas la guerra de otra manera. ¿Es bueno que un periodista se implique personalmente, que cuente lo que ocurre de forma individual, no como observador? Yulia sabe que tendría que mantenerse al margen, pero no es capaz. Se implica. Se enamora y su forma de narrar, de vivir, cambia.

Aunque es posible que la historia de amor pueda resultar repentina, excesiva y en ocasiones poco creíble, le sirve a la autora para plantear, sin juzgar, la posibilidad de romper esas barreras inamovibles que, en ocasiones, las religiones parecen erigir… O que los humanos erigimos en nombre de la religión, pues recordemos que somos nosotros quienes trazamos barreras; siempre somos nosotros los que alzamos los muros. Que sea en nombre de la patria o de Dios no importa. Es una excusa para señalar las diferencias y no querer ver que todos, en definitiva, somos humanos, y que todos, sin importar raza, color o creencia, sangramos de la misma manera. Y, probablemente, amamos de la misma manera.

En su viaje por el interior de la guerra, Yulia nos muestra la resistencia, la lucha, la esperanza… Pero también nos muestra una de sus caras peligrosas: la de aquellos que aprovechan una lucha por la libertad para convertirla en una lucha religiosa llevada por el fanatismo. Y aunque no lo recalque, queda perfectamente claro: hay personas a las que les mueve ese fanatismo, pero no es la religión en sí la que es fanática. Esa idea errónea, fruto del miedo, hace que se estigmatice a toda una comunidad por sus creencias. De la misma manera que tildamos a los franceses o a los ingleses de ser de una manera concreta, acabamos tildando a una religión de extremista, cuando son las personas que la utilizan quienes son extremistas. Y extremos existen en todas partes.

Y al final, uno se da cuenta de que además de haber leído una historia trepidante, donde la autora no te ahorra detalles ni maquilla la crudeza de la guerra, lo que ha hecho es pensar, durante un rato, en los conflictos, la religión, las diferencias y las igualdades… Y es que libros como Espérame en el paraíso producen ese fogonazo reflexivo que nos abre por un instante los ojos y la mente.

Inés Macpherson
FUENTE: Anika entre libros (http://www.anikaentrelibros.com/)