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En febrero de 2014, Errata naturae publicó Musketaquid, de Henry David Thoreau, autor mundialmente conocido por su extraordinario Walden que, con esta obra, mezcló el libro de viajes y el ensayo filosófico con un canto a la amistad y a la naturaleza.

musketaquid

ARGUMENTO:

Musketaquid es un libro que contiene muchos libros en su interior. Escrito tras la muerte de su hermano John, con quien hizo el viaje que relata, es un libro de viajes que se adentra en el río Concord, un recorrido por la memoria histórica de un país y un ensayo sobre religión, filosofía, literatura, arte y, ante todo, sobre la naturaleza, tanto la humana como la que surge de las entrañas de la tierra.

Como retrospectiva y como homenaje a su hermano, Thoreau se adentra en los recuerdos de un viaje a través del río Concord, cuyo nombre indio es Musketaquid (río herboso), y nos regala reflexiones vitales y filosóficas que destilan la esencia del pensamiento del Thoreau que todos conocemos.

OPINIÓN:

Errata naturae publica por primera vez en castellano A Week on the Concord and Merrimack Rivers bajo el título Musketaquid, el nombre indio que recibía el río en su época. Este libro, escrito tras la muerte del hermano del autor, es un canto a la naturaleza, a la vida, a la amistad, y al contacto real con todo ello. Es un relato de observación y fascinación por el mundo que nos rodea y al que, ya entonces, se le daba la espalda y se explotaba, como señala Thoreau. Porque ya en su época se observaba el mundo, tanto el natural como el intelectual, con ostentación, con afectación, no para sentir la tierra y respetarla, sino para recrearla a nuestro antojo, hombres capaces de arrasar y dominarlo todo, sin ser capaces de contemplar la belleza del río. Por eso había que construir un barco de madera y navegar por sus aguas: para comprender el río, para comprender al hombre y su pensamiento, para comprender la necesidad de la lentitud, de la contemplación, de la comunión que existe entre el hombre y la naturaleza, por mucho que éste se niegue a verla. Porque a veces es mejor escuchar al leñador o al pescador que están en contacto realmente con el mundo, que al naturista que se cree superior y observador externo, sin comprender que forma parte de lo que observa.

Estructurado en forma de diario o libro de viajes y separado por los días de la semana que viajaron, esta obra que bascula entre la descripción y la reflexión, se adentra en los acontecimientos que sucedieron durante aquella aventura fluvial, pero, sobre todo, se adentra en las reflexiones que surgieron con el trayecto. Con la fluidez de un río que se mezcla con sus afluentes, se apacigua en los llanos y se agita en las cascadas, las reflexiones de Thoreau se entrelazan con las descripciones sobre la naturaleza y los relatos de los acontecimientos del viaje; y lo hacen con la lentitud de quien sabe que todo requiere su tiempo para ser contado.

Con esa prosa precisa y sencilla que le caracteriza, nos regala un viaje por sus pensamientos, unos pensamientos que beben de los clásicos, a los que admira y de los que habla constantemente. Circula por el terreno de la religión para recordarnos que por mucho que queramos diferenciarnos, somos todos iguales: las mitologías de nuestras religiones son iguales porque existe una unidad; por mucho que queramos creernos diferentes, todos nacemos del mismo lugar: la tierra. Por mucho que admiremos la civilización, a menudo es una afectación de modales falsos, y a veces en la rudeza de un leñador que te deja dormir en su cabaña sin preguntar radica la verdadera hospitalidad, la verdadera capacidad de compartir.

También circula por la literatura, ese lugar en el que, según él, se escribía por escribir, vulgarizando lo que debiera ser un arte. Defiende con ahínco la poesía por ser la forma más pura de expresarse, como la manera más cercana de decir lo que fluye de dentro, aunque para él, «el Arte jamás podrá igualar el lujo y la exuberancia de la Naturaleza. En el primero todo está a la vista, pues no puede permitirse ocultar la riqueza; sin embargo, es tacaño en comparación con la Naturaleza, pues, aun cuando ésta sea escasa y pobre en el exterior, nos satisface con la garantía de la generosidad de sus raíces». Y circula también por la amistad y el amor, y lo hace para exponer la importancia de saber que el otro nos exige, no voluntariamente, pero que nos exige para sacar de nosotros lo mejor; que nos acompaña y que nos respeta, y que por eso, en ocasiones, no necesita decir más que las palabras exactas para dejar que sigamos nuestro camino. Pero el corazón es inexperto, y a menudo abandonamos a los amigos reales para buscar los ideales. El recuerdo, la imagen mental de lo que debiera ser siempre nos aleja de lo que realmente es: tanto en la relación humana como en la relación con la naturaleza. Casi siempre somos incapaces de ver lo que subyace realmente bajo la superficie. Quizás por eso seamos humanos y nos equivoquemos. Quizás por eso haya que volver a la naturaleza y fluir con ella: para no olvidar el lugar del que procedemos, el que nos sustenta y nos deja vivir.

Pero Thoreau también narra. Describe los lugares por los que navegan con una precisión increíble que, en ocasiones, resulta casi poética. Nos regala retazos de recuerdos de otros viajes, fragmentos de historia que se desprenden de la tierra que transitan, donde nombres indios se mezclan con los de colonos, soldados, historiadores, que nos sirven para recordar la importancia del respeto, de la lucha, de la vida. ¿Quién está más vivo: el hombre de cuyo nombre nos acordamos porque erigimos un monumento en su honor, o los hombres que ahora habitamos la tierra? ¿Quién vivió realmente: el que conmemoramos con nuestras fiestas o aquel que vivió realmente su tierra, su vida, aunque no le recordemos?

Henry David Thoreau pasó a la historia por escribir Walden, por vivir en los bosques y extraer de ellos unas teorías y reflexiones que hoy en día todavía se estudian. Fue un hombre que supo observar más allá de las estructuras sociales, políticas y estéticas impuestas por la humanidad, y quiso vivir en consecuencia. Musketaquid es otra muestra de su capacidad de observación. Más allá de las reflexiones elevadas, más allá de las incursiones en la literatura o la religión, lo que subyace es un canto a la naturaleza, a la vida y al saber disfrutar lo que realmente importa, más allá de lo que nos digan que importa. Un libro para leer con calma, como fue escrito, como el río por el que navega y nos lleva.

INES MACPHERSON
FUENTE: Anika entre libros (http://www.anikaentrelibros.com/)