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Valdemar siempre ha sido sinónimo de buen hacer editorial y literario. Sus colecciones y antologías saben dar al lector lo que necesita: en muchos casos, pequeñas dosis de relatos góticos; en otros, novelas clásicas del género de terror o antologías cuidadosamente seleccionadas. Por eso mismo, había que acercarse a la nueva colección que estrenaron a finales de 2013: Insomnia, una colección que se acerca al terror de la mano de autores contemporáneos, de manera ecléctica, y dispuesta a no apartarse de lo inquietante, lo extraño o lo grotesco. Uno de los títulos de esta nueva colección es el que nos ocupa aquí El hijo de la bestia y otros relatos de terror y sexo extravagante, de Graham Masterton.

el hijo de la bestia


ARGUMENTO


El hijo de la bestia y otros relatos de terror y sexo extravagante
es una recopilación de relatos que mezclan el erotismo, el sexo en estado puro y desmesurado con situaciones de horror en el sentido más amplio del término. Desde asesinatos rituales en los que se seduce a la víctima para tener relaciones sexuales con ellos y así poder pedir que entreguen, literalmente, su corazón, hasta cocineros dispuestos a probar la cocina más extrema y salvaje que se haya podido contemplar jamás, pasando por historias de venganza, placer y fantasía donde el sexo tiene un papel importante, o por historias inquietantes donde el sexo es una excusa, un elemento de attrezzo para mostrar algo todavía más oscuro de la mente humana.

OPINIÓN

Hay que avisar de antemano que este libro entra en lo que podríamos llamar literatura de género pulp y que, por lo tanto, es posible que aquellos a los que no les atraiga alguna de sus vertientes probablemente no puedan disfrutar de esta antología de relatos. Dicho esto, hay que reconocer que el adjetivo extravagante se queda corto. Esta es una antología que se pasea por el mundo de lo inquietante, lo bizarro y lo extraño. Sin llegar a entrar dentro del terreno del terror en sentido clásico, se adentra en situaciones que rozan lo aberrante, sin ser este un adjetivo peyorativo, y en algunos tabús como el canibalismo o las prácticas sexuales que juegan con la muerte para poder llegar al clímax. Hay que tener en cuenta que en título original hace referencia al terror erótico, es decir, a historias en las que el elemento sexual es el aberrante, no tanto la historia en sí. Por eso mismo, en muchos casos más que encontrarnos ante un relato que produzca miedo o terror, nos hallamos ante situaciones y escenas donde las perversiones, tanto a nivel sexual como a nivel carnal (hay una diferencia que se ve claramente en el relato El Shih tan secreto, que sabe unir ambos conceptos en uno solo) no tienen límites.

Las escenas de sexo son explícitas y detalladamente carnales, traspasando la barrera del erotismo para llegar a rozar lo que podríamos llamar pornografía, sobre todo si se toma como baremo el erotismo de series como Cincuenta sombras de Grey. El problema es que, a menudo, son descripciones demasiado repetitivas: exceptuando dos de los cuentos, en todos los demás, las mujeres tienden a ser delgadas pero con unos pechos inmensos; todos se excitan tan velozmente que no da tiempo a acabar la frase que están en pleno «aquí te pillo aquí te mato». Por supuesto, es un cliché que funciona en películas, publicidad, revistas, por lo que también podría funcionar en literatura, pero quizás es excesivamente tópico. Es una fantasía, pero quizás demasiado sobada, y nunca mejor dicho. Eso sí, encaja a la perfección con las ilustraciones que acompañan el libro. Y es que cada cuento cuenta con una ilustración en blanco y negro realizada por Rick Melton y que son una especie de condensación, de resumen de la historia.

Si nos centramos en los relatos en sí mismos, hay que decir que hay algunos que saben mantener la tensión y otros que saben despertar la repulsión más absoluta. Películas como Caníbal, de Manuel Martín Cuenca, se adentran en tabús como el canibalismo mostrando poco pero haciendo reflexionar mucho. En cambio, lo que hace Masterton es ser excesivo y mostrar hasta el sudor y el hedor que desprenden sus personajes. En algunos casos, el sexo que aparece en los relatos tiene sentido, está bien hilado dentro del relato y aporta algo a la historia, pero en otros casos, como en el relato de Camelot, rompen en cierta manera el ritmo de la narración. Camelot plantea una historia en sí misma aterradora sin necesidad de extravagancias ni excesos y, en medio de esa atmósfera de ansiedad, la escena sexual parece un añadido. En cambio, en relatos como La suite nupcial, Sufre Kate o El escarabajo de Jajouka, el relato gira en torno a algún aspecto del sexo, por lo que las escenas que se suceden una detrás de la otra hasta el exceso enfermizo, tienen sentido dentro de la historia.

El cuento que da nombre a la antología, El hijo de la bestia, tiene aires de relato detectivesco, con un depravado criminal al que perseguir y el descubrimiento de unos experimentos inimaginables que cambiarán toda la historia. La suite nupcial es quizás el más sutil de todos los relatos del libro, por su magnífica e inquietante atmósfera y por el aire tétrico que desprende. Picnic en el Lac du Sang es también otro de esos relatos cuya atmósfera está muy bien conseguida y la sensación de intranquilidad y miedo puede más que la sexualidad.

Quizás Epifanía sea uno de los relatos más eróticos del conjunto, entendiendo el erotismo desde la vertiente más suave y fantasiosa del término y no tanto a nivel sexual. Es, además, uno en los que las fantasías femeninas pueden quedar mejor retratadas, apartadas al fin de la absurda e insultante manía de pensar que a la mujer le gusta imaginar que la fuerzan. Pero ese ya sería otro tema. Tanto este relato como Rococó o El sustituto utilizan la sexualidad para demostrar algo más: castigo, tanto a la vanidad de las que se adoran a sí mismas, como a los que sólo observan a las mujeres como objetos sexuales. Hablando de objetos sexuales, el relato que lleva también ese nombre, así como Sufre Kate son dos de los que exploran los límites de la sexualidad y la locura que puede desencadenar el descontrol de las pulsiones. Por último, Sepsis podría considerarse una extraña y enfermiza historia de amor en la que el concepto de somos uno se lleva a un extremo demasiado real.

No son relatos que busquen la exquisitez literaria, ni visual. Buscan transgredir, molestar, incomodar, hacer que se revuelvan las tripas y otras cosas… Pero, como decía antes, hay un exceso de descripciones similares, de ideas sexuales que se repiten convirtiéndose en clichés que hacen que se pueda perder el interés. En otras ocasiones, hay escenas e ideas tan revulsivas, que al lector que no esté acostumbrado le harán sentir cierto rechazo. Y si uno tiene demasiada imaginación, es posible que hasta le hagan cerrar el libro por haber visualizado ese exceso carnal y visceral que aparece en algunos momentos.

En definitiva, no es un libro para todos los públicos, sino solo para aquellos a quienes les guste el género y que tengan ganas de adentrarse en las sombras del ser humano de la mano de un autor que no es ni fino ni sutil ni elegante, porque el mundo que retrata no lo permite.

INÉS MACPHERSON
FUENTE: http://www.anikaentrelibros.com/

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