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En febrero de 2014, La Factoría de Ideas publicó Conociendo a Quarry, una novela de Max Allan Collins, conocido por la novela gráfica que inspiró la película Camino a la perdición. Se trata de una novela negra con toques de intriga, asesinos a sueldo y humor negro de factura correcta, efectiva y con los ingredientes necesarios para hacer que, si te engancha, sigas leyendo. Un libro sin pretensiones pero bien estructurado para aquellos que disfruten de cualquier vertiente del género.

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ARGUMENTO

Quarry es un veterano del Vietnam que, al llegar a su hogar, descubrió que su mujer le estaba engañando con otro. El hombre en cuestión sufrió “un accidente” y, desde entonces, Quarry es consciente de lo que es capaz de hacer: puede matar sin estar en una guerra. Eso le conlleva ciertos problemas a la hora de encontrar un trabajo normal. Sin embargo, un día Broker aparece y le ofrece un trabajo a medida: asesinar por dinero.
Y todo iba bien. Hasta que Quarry se da cuenta de que algo no encaja. Su jefe le ha encargado un trabajo poco usual, con un objetivo que es todavía menos usual. Su compañero no parece preocupado, pero Quarry sigue teniendo el instinto alerta y éste le está diciendo que vigile porque algo no está bien.
Cuando se encuentra en la tesitura de tener que escoger entre seguir las normas o saber lo que oculta ese trabajo, tendrá que decidir: o sigue con su vida, o se arriesga a perderla.

OPINIÓN

Max Allan Collins, además de ser el creador de la novela gráfica que inspiró la película Camino a la perdición, es un autor prolífico que ha tratado tanto la novela como el mundo de los cómics o los guiones. Es uno de esos autores capaces de crear personajes propios y también de encargarse de algunos ya conocidos, como Dick Tracy o Batman. Quarry es una de sus creaciones. Y el libro que La Factoría de Ideas publica bajo el título Conociendo a Quarry es el primero de la serie dedicada a este asesino a sueldo.

Quarry es un personaje prototipo: veterano del Vietnam, frío y calculador, capaz de matar sin preguntar, con mala leche, un sentido del humor algo macabro, y cierto grado de conciencia que hace que se plantee algunas preguntas. Por supuesto, es un hombre que no se ata, que tiene un código vital al que se ciñe siempre… o casi siempre. Porque cuando sabe que se la están jugando, se salta todas sus normas para destapar el engaño. Es, como decía, un prototipo, un tópico con todos los ingredientes que nos encantan en estos individuos que viven en el papel. Quizás no tenga las sombras o la dualidad que le otorgan profundidad a otras creaciones literarias y resulte algo plano, pero tiene la dureza y la voz que le convierte en un personaje perfecto para el papel de duro que sabe compenetrarse con el lector.

Conociendo a Quarry es una novela sencilla, que no aparenta ni pretende ser lo que no es. Escrita en primera persona, para que podamos seguir las cavilaciones de su protagonista, nos presenta al personaje y nos lleva de su mano a una trama que, aunque no sorprende por sus giros o sus imprevistos, mantiene la curiosidad por saber qué pasará después. Con algunas palabrotas dispersas entre las páginas para que podamos creernos los diálogos (que en algún momento abusan de los vocativos y uno acaba cansado de «Dime, Quarry», «Dime, Peg», «¿Qué pasa, Quarry?»), es una obra de lectura amena que busca entretener. En ocasiones las descripciones son algo excesivas y en otros momentos caen en otros tantos tópicos, pero no podríamos creernos a Quarry en un mundo en el que no encontrara otros prototipos como él, otros personajes que encajan a la perfección en la imagen mental que tenemos de este género gracias a las películas estadounidenses. Seguramente, si el personaje de Peg no apareciera, la novela quedaría huérfana de mujer cañón y sentiríamos que falta algo, ese ingrediente sensual pero algo burdo que encandila al protagonista. Eso sí, dicho ingrediente, Peg, es la causante de algunos de los diálogos más divertidos y afilados de toda la novela. Forma, junto a Quarry, un dúo potente al que el autor sabe sacar partido.

El argumento es otro tema. Desde el principio sabemos que algo no va bien. De hecho, es una sensación que Quarry nos transmite constantemente, por lo que estamos esperando a que pase algo que salga mal. El problema es que tarda un poco en pasar. Tenemos nuestras sospechas, estamos tan intranquilos como el protagonista ante ese trabajo que no acaba de encajar porque no comprendemos por qué alguien querría matar a ese tipo. Pero hasta que las cosas realmente se ponen feas, pasa un tiempo. No es que durante la primera parte de la novela no ocurran cosas o no sean interesantes. Pero el detonante, el giro en la acción que hace que Quarry se plantee saltarse todas las normas, tarda en llegar.

En definitiva, esta es una de esas novelas que sabe mezclar todos los ingredientes del género de forma correcta para ofrecer una lectura amena y ligera que nos haga sentir cierta curiosidad por seguir leyendo. Sin pretensiones, pero efectivo.

INES MACPHERSON
FUENTE: http://www.anikaentrelibros.com/

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