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En enero de 2013, Ediciones B publicó Un plan de evasión, de Leigh Stein, una de esas novelas de personajes que intenta indagar en uno de los múltiples aspectos que ofrece llegar a la edad adulta.

un plan de evasión

ARGUMENTO

Esther ha acabado su carrera universitaria. No encuentra trabajo y no tiene muy claro qué es lo que va a hacer con su vida. Por ahora tiene dos opciones: ir ocupando los sofás de sus amigos o volver a casa de sus padres para no gastar y pensar en su futuro. Pero el problema es que si mira hacia delante no ve ningún camino. Sus compañeras de universidad están viviendo la vida, se han ido de viaje, trabajan… Ella no. Hasta que su madre le ofrece una posibilidad: hacer de canguro de May, la hija de los Brown.

Parece el trabajo perfecto para la época de impasse en la que se encuentra Esther. Y además la pequeña May es adorable y le permite seguir siendo esa niña que no quiere dejar de ser. Pero no todo es tan sencillo. Los Brown han perdido a su segundo bebé y eso les ha afectado profundamente. Mientras Nate, el padre, parece querer escapar del hogar, Amy, la madre, se encierra en el ático a crear. Pero, ¿qué crea? ¿Qué oculta tras su secretismo?
Abrumada por la realidad que la rodea, Esther deberá aprender lo que significa ser adulto y decidir sobre lo que quiere para su vida.

OPINIÓN

Actualmente son muchos los jóvenes que se encuentran ante la misma situación que Esther, la protagonista de este plan de evasión que Leigh Stein ha creado. Han acabado la carrera, no encuentran empleo, no saben qué hacer y no pueden independizarse de sus padres. Algunos tienen la suerte de encontrar algún trabajo que les permite ir tirando, pero muchos sienten la frustración y el peso del fracaso, pues se suponía que tras acabar la carrera debían tener el camino abierto de posibilidades. Y no es así.

En el marco de esa juventud que no sabe muy bien por dónde ir y a dónde quiere llegar, Un plan de evasión se adentra en la realidad de una joven cuyos sueños se han quedado en stand-by. ¿Por qué? Quizás por miedo, por inseguridad, por desgana… o por todo en general. De la vida que uno sueña para uno mismo a lo que acaba siendo, hay un largo camino. Y no siempre se consigue llegar a la meta soñada. Así que… por qué luchar, se pregunta Esther. Decide quedarse en casa de sus padres, seguir viendo a los mismos amigos de siempre, con los que simplemente pasa el rato, se droga o juega a la consola. Porque, ¿para qué hacer algo más? Cambia sus sueños de actriz por el de tener una enfermedad que le permita vivir de renta sin hacer nada más. Una esperanza que demuestra la sensación de fracaso que siente la protagonista, al igual que muchos otros jóvenes de su generación. Y que a su vez demuestra que, algunos, tiran la toalla ante el panorama que les espera.

Por suerte para Esther, la realidad llama a su puerta en forma de niña a la que debe cuidar, a la que debe salvar de dos adultos perdidos en un drama personal y emocional que los convierte en dos cuerpos inestables, llenos de miedos, dudas y sentimientos confusos. Acostumbrada al remanso de paz de su hogar, a sus amigos y a esa vida soñada que ella tenía pensada para sí misma, la realidad de los Brown le hará abrir los ojos al fin a lo que significa ser adulto: tomar decisiones, acertadas o equivocadas; cuidar de uno mismo y de los demás y, sobre todo, ser uno mismo. Pero, ¿cómo saber quiénes somos?

Aunque se comentan las similitudes de la primera novela de Leigh Stein con la Jane Eyre de Charlotte Brontë, lo cierto es que la importancia y la repercusión de Esther en la vida de Nate son mucho menores que la que tiene Jane en la vida del señor Rochester. En cambio, la implicación emocional de Esther con la familia Brown es más amplia que la que siente Jane Eyre, pues así como Jane no tiene relación con la “loca del desván”, Esther sí que mantiene una relación estrecha con Amy y con la dimensión de su dolor y la profunda tristeza que hace que roce en algunos momentos la locura. De hecho, Esther se implica – o la implican, pues todos acuden a ella para contar sus penas – con toda la familia, algo que no ocurría en la novela de Charlotte Brontë. Sin embargo, Jane Eyre y Esther comparten en cierto sentido la necesidad de autoafirmarse más allá de la familia a la que cuidan para encontrar su propio camino.

Un plan de evasión es una novela sencilla en su forma y en su estilo, ágil y fácil de leer. Sin embargo, la historia que narra no entra en las profundidades del dolor de Amy o en las verdaderas dudas de Nate; no ahonda en la locura o en la pérdida que encarnan a la perfección esos dos personajes. Sí que vislumbramos algo de ese dolor en las acciones de May, una niña que esconde, tras su jovialidad, cierta tendencia oscura y triste que se ve reflejada en su relación con los “bichitos”.

Al narrarse desde la perspectiva de Esther, perdemos la complejidad de la familia Brown, aunque ganamos en conocimiento sobre el mundo interior de Esther y sus propios miedos. Y es que, además de ver el mundo a través de sus ojos, vemos el suyo propio a través de la historia de unos pandas que emula las aventuras de los hermanos Pevensie (los protagonistas de Las Crónicas de Narnia, de C.S. Lewis), y que recorre tanto la condición judía de Esther como la sensación que tiene de estar sola en el mundo.

En definitiva, Un plan de evasión es una novela sencilla y ágil que revisita de nuevo el complejo proceso que viven los jóvenes que deben abandonar el nido, hacerse mayores y descubrir quiénes son, qué quieren en su vida y cómo lo van a hacer. Una lucha a la que todos llegamos tarde o temprano y que cada uno lidia como mejor puede. Como Esther.

Inés Macpherson
FUENTE: ANIKA ENTRE LIBROS (http://www.anikaentrelibros.com/)

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