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En mayo de 2013 Alfaguara publicó La invención del amor, de José Ovejero (Premio Alfaguara de novela 2013). Entre sus páginas, navegamos por el mundo de las relaciones humanas, las crisis personales, las existenciales… Y nos preguntamos, ¿qué pasaría si realmente nos reinventáramos a nosotros mismos? ¿Qué pasaría si nos inventaramos una vida? ¿Acabaría siendo cierta?

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ARGUMENTO

Samuel vive solo en su ático de Madrid. Disfruta de su terraza, desde la que contempla el mundo, el ir y venir de esa sociedad a la que pertenece, pero a la que mira desde lejos. Vive sin esforzarse, sin esperar nada más de lo que tiene: un trabajo que ni le va ni le viene, unos amigos con los que se ve de vez en cuando y unas novias, que van y vienen y desaparecen. Superados los cuarenta, Samuel es un hombre sin pareja estable, sin hijos y que tiene muy claro que no quiere un para siempre en su vida.
Sin embargo, una madrugada recibe una llamada y todo cambia. Un desconocido le da la noticia de que Clara ha muerto en un accidente. Samuel no conoce a ninguna Clara, pero decide asistir al funeral, hacerse suya esa relación de la que le hablaba ese desconocido; llegar a conocer a Clara. Y para ello, deberá inventarse una vida, una vida que podría salvarle o hundirle para siempre, devorado por una mentira que cada vez se expande más.

OPINIÓN

¿Quién no ha soñado alguna vez con vidas posibles, con vidas imaginadas? «¿Qué habría pasado si…?», es una de esas frases que, a menudo, los seres humanos nos preguntamos. En La invención del amor, parece que José Ovejero ha llevado al límite esa idea y hace que el protagonista viva realmente esa vida imaginada, que la haga suya… hasta que esa vida imaginada acabe siendo más real que su propia vida.

Ovejero juega con la fina línea que separa la realidad de la ficción, ese lugar en el que los hombres juegan a pensar en lo que podrían haber sido sus vidas si no fueran como son ahora. Sin embargo, ¿por qué necesita inventarse una vida Samuel? ¿Por qué necesita saber quién era Clara, si jamás la conoció? ¿Tan vacía está su vida real que necesita inventarse una nueva persona para sentirse vivo? Es tentador poder reinventarse, crearse un nuevo pasado para, tal vez, llegar a un futuro diferente al que vislumbras cuando te miras al espejo. Pero eso es algo que hacen personas cuyo pasado es demasiado duro, o demasiado peligroso; o son ellos quienes son peligrosos y se inventan una nueva identidad. ¿Por qué lo hace Samuel? Es difícil de saber. Deambulamos por el libro siguiendo su narración, sus indagaciones y sus acercamientos a la vida de Clara. Y lo hace de la mano de Carina, la hermana de la fallecida, que pasa de odiar al amante de Clara a jugar su juego. ¿Por qué? Quizás porque su vida está tan vacía como la de Samuel, y quizás porque sabe que, en el fondo, ese no es el Samuel del que le habló Clara.

La invención del amor es una novela bien escrita. Pero tiene un problema: cuesta creerse la trama. No porque no esté bien llevada, sino porque en ciertos momentos no comprendes a los personajes ni sus motivos. Es cierto que existen personas que van a funerales de personas desconocidas para compartir la pena ajena. Pero, de ahí a inventarse una vida entera… Necesitamos comprender los motivos, y en ocasiones es difícil vislumbrarlos en la narración. El autor plantea una trama fascinante, pero no ahonda en lo importante, en las profundidades de los personajes, en las necesidades que los mueven. Quizás Samuel simplemente se aferra a su vida imaginada porque es más fácil que reconocer que no le gusta la vida que tiene e intentar cambiarla realmente. Esa podría ser una buena explicación. Pero no acaba de cuajar; hay momentos en que no es verosímil.

En el terreno de los otros personajes, pasa algo parecido. Las intenciones son buenas, pero hay algunas lagunas, falta profundidad. Carina, la hermana de Clara, entra enseguida a formar parte de la vida de ese Samuel al que despreciaba. ¿Por qué? No lo sabemos. No la entendemos. Y eso la hace poco creíble; le falta peso. Lo mismo ocurre con la hermana de Samuel, que aparece de vez en cuando, pero sin saber muy bien cuál es su papel en toda la historia. Tenemos pinceladas, retazos. Y eso hace que, por un lado, la novela sea muy real, ya que a menudo solo conocemos retazos de las personas que nos rodean. Pero la ficción debe dar un poco más, debe llenar esos huecos para hacer que el lector comprenda, comparta y siga el mismo camino que los personajes a los que está leyendo. Y eso es lo que, a veces, no consigue esta novela.

Es, en definitiva, una gran premisa, una buena prosa y una gran idea. El libro destila un buen estilo y una capacidad creativa intensa. Pero podría haber ofrecido mucho más con una historia como esta.

Inés Macpherson
FUENTE: ANIKA ENTRE LIBROS (http://www.anikaentrelibros.com/)

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