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La magia de las antologías que reúnen la obra de diversos autores en relación a un mismo tema es que, a menudo, descubres perspectivas que nunca te hubieras planteado. En marzo de 2013 se publicó Del miedo y otras islas, un título sugerente que nos invitaba a visitar un archipiélago imaginario para descubrir lo que sus islas ocultan: fantasía, terror, fantasmas; islas externas, pero también islas internas.

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ARGUMENTO

Del miedo y otras islas es una curiosa antología de relatos escritos por el colectivo literario La Tribu 11, compuesto por los escritores Antonio Romero Montilla (Harvey), Edgardo Benítez (Edgardo), Esther González (Esther), Fernando Castellano Ardiles (Gothian), Jesús García Lorenzo (clarinete), Manuel Navarro Seva (Boris Rudeiko), Manuel Pérez Recio (Nelo), Montse de Paz (Elisabet), Natalia Rubio (Natts), pepsi, Plácido Fernández González (Plásido), Rafael Homar Ferragut (Rafa), Sergio José Martínez Valls (Valls) y Zoquete.
Se trata de una antología que sitúa todas sus historias en un archipiélago imaginario, las islas Circinus, a veces en el pasado, otras en el presente o en el futuro y que se adentran en los diferentes significados e interpretaciones del miedo y de las islas y de aquellos que las habitan. A través de personajes que se ocultan o se desvelan por completo, a través del misterio, la fantasía o la realidad, estos relatos nos hablan del miedo (a lo que hay fuera, a perder lo que tenemos, a tomar decisiones, a lo que se oculta en la oscuridad o en la naturaleza), de las islas (tanto interiores como exteriores) y, sobre todo, de la vida, repleta de recovecos, secretos… e islas, muchas islas.

OPINIÓN

Del miedo y otras islas no es la primera antología de este colectivo literario llamado La Tribu 11. Ya en 2012 publicaron Necroslogia, una antología de la muerte. Gracias a la variedad de estilos de escritura que cada uno de los autores domina, sus antologías permiten adentrarse en una temática desde distintos puntos de vista, consiguiendo que ningún cuento tenga que ver con el siguiente, y sin embargo, estén todos conectados por una misma sensación difícil de clasificar. Es lo que ocurre en esta antología, donde el miedo y las islas se palpan desde distintos ángulos, desde distintos conceptos, hasta llegar a mostrarle al lector que el miedo (y a veces la vida) puede convertirse en una isla. Una isla interior en la que nos aferramos a los recuerdos, a una imagen que proyectamos al exterior; una isla interior en la que nos resguardamos de la cárcel insular de una relación tóxica, de la que no sabemos huir. Una red de islas que nos obsequian con un mapa de las diferentes facetas del ser humano y sus temores.

En 2002, Paul y Chris Weitz dirigieron la película Un niño grande, con Hugh Grant. En esa película, el protagonista decía ser una isla, Ibiza, porque era divertido y no necesitaba nada de los demás. Sin embargo, a lo largo del film comprendía que ser una isla no está mal, pero que a veces se necesita un archipiélago para sentirse realmente vivo, para que las islas tengan sentido, se comuniquen y formen una comunidad. En esta antología, los autores que forman La Tribu 11 han creado un archipiélago de islas imaginarias para dar vida a sus historias, a sus personajes y a sus miedos y otorgarles un universo particular a cada uno de ellos. Pero, ¿por qué las islas? ¿Y por qué relacionarlas con el miedo?

Hay quien considera que una isla en sí misma es aterradora, pues llegará un momento en que no podrás continuar caminando, en el que no podrás huir, porque ante ti sólo queda el mar, y las oscuras y profundas aguas del océano guardan tantos o más misterios que las pequeñas extensiones de tierra. Durante siglos, escritores y creadores se han sumergido en las posibilidades de las islas desiertas y todo lo que en ellas puede ocurrir. Desde el Robinson Crusoe de Daniel Defoe o El señor de las moscas de William Golding, hasta la serie de televisión Lost, muchos han indagado sobre lo que puede ocultarse en esas pequeñas tierras circundadas por agua. Llegar a una puede ser la manera de descubrirse a uno mismo, de descubrir la bestia que uno lleva dentro o de comprender que hay muchos más misterios en el mundo de los que podamos llegar a desvelar.

En esta antología, encontramos la figura de la isla y del miedo en todas sus facetas. Por ejemplo, en el relato «En la cocina», de Manuel Navarro Seva, el concepto de isla sirve como metáfora para hablar de las relaciones humanas, sobre todas aquellas en las que te sientes prisionero, de las que no sabes cómo escapar y te aterran. Pensar una isla como una cárcel, una prisión para el cuerpo o el alma también es una idea que aparece en el relato «Cobarote, paraíso», de Natalia Rubio, o en «Marea Gris», de Manuel Pérez Recio, donde el protagonista se encuentra en una complicada situación que lo lleva a la locura (o a la lucidez, depende de cómo se mire). Otros autores, como Montse de Paz o Jesús García Lorenzo se adentran en los misterios que pueden ocultar una isla. La primera, en su relato «Marooned», examina el miedo a ser perseguido, el miedo a sentirse observado en un lugar tan pequeño como una isla de la que no sabes salir; pero a su vez expone la fascinación por el misterio que los niños sienten, sobre todo cuando reciben mensajes en una botella de un desconocido. Un canto a la imaginación y a la necesidad que tiene todo aquel que escribe, incluso un simple mensaje en una botella, de ser leído. El segundo se adentra, con «La Salvadora», en la idea más clásica del misterio de las islas: los fantasmas de piratas que aguardan su venganza y el miedo que acecha al que no sabe si creer o no en las leyendas.

Entre los otros relatos encontramos referencias a las islas interiores en las que habitan los recuerdos o las islas exteriores a las que una tribu envía a sus jóvenes a convertirse en adultos. Curiosamente, el último relato de la antología se acerca mucho más a la realidad actual que el resto de los cuentos, al plantear un concepto que nos resulta bastante familiar: si el gobierno puede crear bancos malos, ¿por qué no crear islas malas como antaño, para enviar a los culpables de la crisis?

Entre islas interiores y islas exteriores, encontramos relatos escritos con precisión milimétrica y otros que fluyen con más dificultad; algunos con finales bien trabajados y otros que te dejan a medias; algunos de una originalidad increíble y otros que recuerdan a otras historias ya escritas (algo que no impide que sean igualmente interesantes). Lo que está claro es que, en general, todos ellos demuestran una pasión por la escritura que se transmite en sus historias y que deja un buen sabor de boca. ¿Un consejo? No leerlo del tirón. Intentar saborear cada uno de los cuentos por separado, adentrándose en el universo que cada autor ha creado y decidir con cuál te quedas.

Inés Macpherson
FUENTE: ANIKA ENTRE LIBROS (http://www.anikaentrelibros.com/)