Etiquetas

, ,

En mayo de 2013, apareció uno de los títulos del nuevo sello fantástico de RBA, Literatura Fantástica. Se trataba de La senda del dragón, de Daniel Abraham. Se habló del cierre del sello, de un nuevo enfoque para el sello… Más allá de esos temas, hay que reconocer que la primera entrega de la saga La daga y la moneda tiene todos los ingredientes para funcionar. A ver cuándo llega la segunda entrega…

la-senda-del-dragon_daniel-abraham_libro-OAFI833

ARGUMENTO

Una misteriosa diosa que amenaza con acabar con el mundo que nosotros conocemos. Un pasado en el que los dragones dominaron la tierra y crearon las razas de los humanos que ahora, tras la extinción de los dragones, pueblan la tierra. Un pasado envuelto en la bruma de la especulación que nadie está interesado en descubrir, demasiado ocupados en planear intrigas y engaños. ¿Nadie? No. Hay alguien que está fascinado por el ensayo especulativo, por la historia y los libros: Geder Palliako. Una afición que conlleva un gran desprecio por parte de sus compañeros de campaña pero que, de hecho, lo hace ser único.

La senda del dragón es el camino que cruza la tierra que pueblan las razas humanas; pero también el camino que lleva a la guerra. Y es que parece que las rencillas y los odios que se han ido incubando están empezando a ver la luz. ¿Quién quiere atentar contra el rey? ¿Qué alianzas se están cociendo en la corte y con qué reinos enemigos?

Ajenos a estas intrigas, los caminos de Marcus, un mercenario especializado en proteger caravanas y con un pasado casi mítico, de Cithrin, una adolescente huérfana que se ha criado en un banco, y de Maese Kit y su compañía de teatro, se cruzarán para transportar una gran cantidad de riquezas a través de esos caminos en los que se respira guerra. También se cruzarán con el camino de Geder Palliako, aunque él será el protagonista de un viaje muy distinto, uno que lo conducirá a un descubrimiento que podría cambiarlo todo.

OPINIÓN

¿Quién tiene el poder: quien tiene el dinero o quien tiene las armas? ¿Quién puede gobernar un país: el que siendo rey no toma decisiones o quien siendo un noble en la sombra mueve todos los hilos? ¿Quién puede cambiar la historia: el peón al que utiliza el poderoso o el que cree dominarlo todo?

Este escritor prolífico que ha escrito varias sagas y que ha conseguido ser nominado con alguna de sus novelas a los premios más prestigiosos del género, como los Hugo Awards o el World Fantasy Award, nos trae, con La senda del dragón, la primera entrega de la saga La daga y la moneda, una novela épica con ingredientes ya conocidos y otros que resultan sorprendentes. Autores como George R. R. Martin ya nos han acostumbrado a las intrigas palaciegas, a las alianzas y las conspiraciones para matar al rey, a sus descendientes o a quien, simplemente, moleste en el camino al trono y al poder. Pero en ningún momento había planteado una protagonista como Cithrin. Aunque no sea el personaje más interesante de la novela (hay que reconocer que el dueto creado por el capitán Marcus Wester y su inseparable Yardem es memorable, así como el personaje de Maese Kit), Cithrin es una novedad sorprendente. Huérfana criada por un banquero, es todo lo contrario a un personaje de acción: sabe pensar a nivel de números, de bonos, de dinero y no sabe nada del mundo de la guerra ni la espada. Es curioso que en una época como la actual, donde la desconfianza hacia los bancos haga que la gente tenga cierto resentimiento hacia la figura del banquero, una de las heroínas de Daniel Abraham sea, precisamente, una banquera con una capacidad para engañar y para sacar provecho de todo lo que toca que incluso inquieta al capitán Wester, uno de los soldados más valientes que ha existido.

Uno de los aspectos más interesantes de la novela es que, aunque sabemos que existen personajes más importantes que otros, todos juegan un papel imprescindible para el avance de la trama. Ninguno está para rellenar ni para distraer la atención; todos están allí por algo. Como decía antes, los personajes de Marcus Wester y Yardem son fascinantes. Los diálogos que mantienen, la complicidad que desprenden sus palabras, hace que sean entrañables y consiguen arrancarte una sonrisa de vez en cuando, sobre todo cuando sus frases van cargadas de ironía. Por otro lado tenemos a Maese Kit, un personaje misterioso al que iremos descubriendo poco a poco, y su compañía de teatro. La idea de hacer pasar a unos actores por soldados para proteger una caravana en la que va una chica que se hace pasar por chico y que lleva un cargamento que es mucho más valioso de lo que el resto cree, parece una mezcla entre Shakespeare (maestro en disfrazar a sus personajes) y un chiste. Es, para mí, la parte más divertida y mejor estructurada de la novela.

Hay que tener en cuenta que Abraham ha dividido la novela en una serie de capítulos en los que el narrador va cambiando. La historia va avanzando pero el lector sólo sabe lo que cada personaje le va contando en el momento. La parte que nos cuentan Cithrin y Marcus es, al principio, la más entretenida, la más alejada de las intrigas de Dawson Kalliam, amigo del rey Simeon (una amistad que recuerda en ciertos momentos a la de Robert Baratheon y Ned Stark de Juego de Tronos), Feldin Maas o Alan Klim. No quiero decir con esto que la parte de las conspiraciones no sea interesante, pero queda deslucida y se hace algo tediosa al lado de los otros personajes y la otra trama. Por otro lado, tenemos a Geder Palliako, un peón en las manos de los poderosos que decide acabar con esa situación, porque está cansado de sentirse utilizado, de ser el bufón o la diana de la burla de los demás.

Aunque el libro está muy bien estructurado y los personajes tienen una fuerza, un peso y una voz propia muy bien encontrada, hay un pequeño pero en esta novela. Y es que sólo al final podemos empezar a comprender lo que aparece en el prólogo, lo que narra el Apóstata. No es hasta el final que empezamos a saber quién es la diosa araña, cuáles son sus poderes y cuál es su objetivo. Y no es hasta el final que vuelve a aparecer este tema. Durante toda la novela es un tema que queda sumergido en la sombra y llegas incluso a olvidarte de él como lector. Por suerte aparece de nuevo y se resuelven algunas dudas.

En definitiva, La senda del dragón es una novela entretenida, con momentos divertidos, otros que se acercan a la épica sin llegar a ella y, en general, unos personajes redondos a los que, esperemos, el autor siga sacando jugo en las siguientes entregas. Es posible que la parte de las intrigas palaciegas y las triquiñuelas bancarias de Cithrin puedan acabar siendo algo tediosas, pero en conjunto, es una lectura distraída, amena y perfecta para aquellos que quieran sumergirse en mundos imaginarios. No tiene ni la envergadura ni la complejidad ni la calidad estilística de Geroge R. R. Martin, pero tiene un estilo propio y unos buenos personajes que la hacen interesante.

Inés Macpherson
FUENTE: ANIKA ENTRE LIBROS (http://www.anikaentrelibros.com/)

Anuncios