Etiquetas

, , ,

A finales de 2012 Anagrama publicó una magnífica obra de Delphine de Vigan. A medio camino entre la novela y la autobiografía, la autora explora de forma extraordinaria los entresijos de la familia, del complejo mundo de la enfermedad mental para ofrecernos una crónica novelada del pasado de su familia, en especial el de su madre, de manera cruda, pero bella. Estoy hablando del libro Nada se opone a la noche, una pequeña joya a tener en cuenta, como toda la obra de esta mujer que sabe ahondar en las profundidades humanas.

nada se opone

ARGUMENTO
Tras encontrar a su madre muerta, Delphine de Vigan decide emprender una compleja tarea: la de reconstruir la vida de su madre para hacerle un pequeño homenaje, regalarle, como ella misma dice en el libro, una tumba de papel, que es lo mejor que ella, como hija, puede hacer.
A través de los diarios, las fotografías, los papeles, las cintas de súper ocho, las crónicas registradas en casete por George, el abuelo de Delphine, y las entrevistas que ella misma realiza a los familiares vivos de Luclie, el sobrenombre que recibe la madre de Delphine, la autora consigue crear una cartografía de la vida de esta familia, los Poirier, con sus momentos álgidos y sus desgracias, con la alegría y la devastación emocional que inunda sus vidas. Descubrirá, poco a poco, las diferentes versiones, los silencios que ocultan más de lo que dicen, y los recuerdos, que la empujan a realizar una crónica novelada del pasado de su madre, a veces crudo, pero a su vez lleno de belleza y vitalidad.

OPINIÓN
Todas las familias tienen su mitología. Adentrarse en ella para descubrir, no sólo las imágenes recordadas por todos – como la de la abuela Liane haciendo un spagat con setenta años –, sino también las sombras que se ocultan tras esa mitología es un trabajo complejo y que afecta emocionalmente, tanto a la autora, como al lector que decida sumergirse en el camino de investigadora y cronista familiar que inicia Delphine de Vigan tras la muerte de su madre.

A través de las páginas de Nada se opone a la noche, la autora realiza dos tareas: la de recopilar la información sobre su familia y su pasado y rellenar los huecos transformando esta peculiar biografía en novela y, a su vez, la de reflexionar sobre la necesidad de escribir, sobre la escritura como homenaje, como catarsis, como instrumento para estar en paz con uno mismo y con el pasado que nos precede. Delphine de Vigan escribe, según dice en un apartado de la novela, para internarse en la vida de su madre, descifrar sus misterios, comprender su sufrimiento, qué la llevó al internamiento y al límite del abismo; es decir, una escritura que funciona no tanto como terapia sino como acercamiento, como descubrimiento de la madre que acaba de perder. A través de los relatos de los hermanos de Lucile – sobrenombre que recibe la madre de Delphine –, a través de las películas familiares, las cartas, los recortes de prensa, las grabaciones o los diarios que Delphine escribió cuando era niña, va reconstruyendo retazos de existencia. Una existencia marcada por la muerte y el dolor, pero también por la alegría, la vitalidad y la familia, siempre acogedora, siempre en movimiento (los veranos en Alicante, la casa de Pierremont); un mundo siempre activo y brillante; a veces demasiado brillante, quizás movidos por la necesidad de dejar apartada la sombra de la desgracia.

Lo interesante de Nada se opone a la noche es que no es únicamente un relato o una crónica familiar, que también lo es. Es también una ventana a la historia, a una época, a un estilo de vida. Y también una ventana a la estructura emocional que conforma a una familia, y a las personas que la habitan.

La autora consigue, a través de esta mezcla de narrativa y biografía, desnudar las emociones, transmitir con sencillez la manera en que uno puede enfrentarse a la pérdida, a la locura, al dolor, como partes integrantes de la vida. Consigue, a pesar de la devastadora realidad que ella y su hermana vivieron con su madre – y que su madre vivió a su vez en su hogar, rodeada de gente pero aislada en su mundo, llena de miedos –, transmitir un canto a la vida, a las emociones humanas. Analiza la necesidad de huir hacia delante, de dejar de sentir porque el sufrimiento es excesivo, de negar la realidad, de encontrar la manera propia de sobrellevar la vida y de, al final, saber disfrutarla con todas sus aristas y sus redondeces.

Escrita en según qué momentos como si el narrador observara a Lucile, otras en la primera persona de Delphine, que recuerda y reflexiona a su vez sobre la escritura y el viaje emocional que le supone este libro, esta novela biográfica o biografía novelada, según se quiera mirar, desprende una autenticidad emocional extraordinaria, cargada de profundidad y esencia. Con imágenes magníficamente mostradas y pasajes que rozan la poética, la autora consigue que cada frase traspase la piel. No eres únicamente observador, sino que vives cada una de las anécdotas, cada uno de los recuerdos, cada una de las pérdidas.

Es, en definitiva, una novela imprescindible que ahonda en las luces y las sombras, los recuerdos y las emociones, los mitos y los abismos que nos conforman como personas.

Inés Macpherson
FUENTE: ANIKA ENTRE LIBROS (http://www.anikaentrelibros.com/)