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Hace poco, la Editorial Bubok publicó Vida normal, un libro de relatos de Luisa Horno Delgado en el que recorrer pequeñas parcelas de la vida cotidiana, y de la no tan cotidiana.portada

Cuando uno se enfrenta a una recopilación de relatos, puede encontrarse ante un concepto clásico de lo que es un cuento, o con lo que se encuentra en esta recopilación: un compendio de retazos, pequeños recortes de vida y de historias que no tienen una estructura precisa de relato, pero que sirven de ventana a ficciones que no tienen un inicio y un final marcado, pero que muestran sus entrañas.

El libro está dividido en tres bloques. El primer bloque está ambientado en las vacaciones y está compuesto por tres relatos, donde destaca “Los hermanos no se van”, una historia entrañable y dolorosa en la que, a través de pinceladas que, al principio creemos inconexas, nos narran la complejidad de las relaciones entre hermanos, el dolor de la pérdida, pero también el dolor de comprender que, a veces, lo que pensamos que es hermoso puede ocultar algo más oscuro detrás.

El segundo bloque, dedicado a la vida diaria, está compuesto por diez relatos, entre los que destacan “Deshabitada” o “Ni con fantasmas”, historias que, como en el caso anterior, no tienen una estructura clara de principio y fin, pero crean atmósferas interesantes. Puede resultar algo molesto no encontrar el final de la historia, que la autora nos deje constantemente a medias, como en suspenso para que nosotros acabemos el retazo que nos ha dado. Pero hace tiempo que las estructuras narrativas del relato han servido para experimentar y puede ser que aquí estemos ante un caso de experimentación.

El último apartado es, sin duda, el más extraño. Son ocho cuentos dedicados a “Otras vidas”, donde se mezclan extraterrestres, superhéroes, animales, aparecidos… Un compendio extraño de historias entre los que destaca esa “Superheroina” que va al psicólogo para intentar humanizarse.

En definitiva, Vida normal, de Luisa Horno, es una recopilación de relatos sencillos, sin pretensiones, que muestran trocitos de vida cotidiana y no tan cotidiana. Lo hace a veces a bocajarro, empezando la historia sin más y descolocando al lector, que en varias ocasiones no acaba de comprender lo que está ocurriendo sobre el papel; en ocasiones también lo hace sin acabar algún relato, dejándolo en suspenso, haciendo que nos preguntemos, ¿y ahora qué?; pero se notan las ganas y la pasión de la autora por lo que escribe y eso es siempre de agradecer.

Inés Macpherson

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