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¿Hasta qué punto nos conocemos a nosotros mismos? ¿Dónde están nuestros límites? ¿Qué pasaría si alguien nos pusiera contra las cuerdas, contra esos límites? ¿Los pasaríamos? ¿Seríamos capaces de cruzar la línea?

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Estas son algunas de las preguntas que plantea Prisioneros, la última película de Denis Villeneuve, protagonizada por Hugh Jackman y Jake Gyllenhaal. El argumento presenta una de las peores pesadillas de cualquier padre: la desaparición de una hija. Tanto los Dover como sus amigos descubren, tras una reunión de Acción de Gracias, que sus hijas pequeñas han desaparecido. Como es de esperar, la imaginación en estos casos vuela y, como el personaje de Hugh Jackman, Keller Dover, dice “hay que esperar lo mejor, pero prepararse para lo peor”. Con este lema por bandera, Keller Dover sabe que no hay tiempo que perder, que deben encontrar a su hija. Y si la policía no lo hace, lo hará él. Pero, ¿hasta dónde llegará? ¿Qué líneas estará dispuesto a cruzar? ¿Y sus amigos, las cruzarán también?

Se nos enseña, desde pequeños, que hay una línea que separa el bien y el mal, pero no nos enseñan que, a veces, esa línea se tambalea cuando entra lo personal en juego. En el terreno de la moralidad, esta película plantea muchos dilemas, pero sobre todo nos habla de los límites de nuestra humanidad, de nuestra capacidad de saltar esa barrera y de poder ser animales. ¿Podemos hacerlo? ¿Está bien hacerlo? ¿El fin justifica los medios? Ya se ha escrito mucho sobre este tema. Páginas y páginas de filosofía han tratado el complejo entramado de la moralidad y la ética. No es que Prisioneros resuelva ninguna de esas preguntas o plantee nuevas; tampoco muestra dilemas que otras historias no hayan planteado ni sorprende con giros argumentales. Pero lo que sí hace es golpear en lo más hondo y dejarnos con la inquietud en el interior.

Pero, probablemente, esta película no tendría la fuerza ni la densidad que tiene si no fuera por las magníficas interpretaciones de todos los actores que trabajan en ella. Tanto Terrence Howard como Maria Bello están impecables, pero son el dueto creado por Hugh Jackman y Jake Gyllenhaal el que sorprende gratamente. Al primero es difícil reconocerlo en ese papel oscuro, denso y agresivo, con muchos más matices y sombras que sus últimos Lobeznos. Y al segundo hay que reconocerle un trabajo magistral de caracterización. Uno se llega a preguntar si ese tic de los ojos lo ha tenido siempre, si siempre ha tenido esa extraña contención en su rostro, como si estuviera luchando por no saltar a la primera de cambio. No es la primera vez que Jake Gyllenhaal trabaja con Denis Villeneuve (interpreta al protagonista de Enemigo, una adaptación libre de El hombre duplicado, de José Saramago, que Villeneuve ha dirigido este año), ni tampoco es la primera vez que nos sorprende con su capacidad interpretativa. Por sí mismos funcionan a la perfección como personajes, pero juntos generan una tensión que te deja aferrado al asiento.

Prisioneros es un thriller tenso, complejo y magistralmente interpretado, con una atmósfera inquietante que únicamente tiene un pequeño fallo al final. Y es que el personaje de Keller Dover, a quien hemos seguido durante toda la película en su ir y venir, en sus dudas y en sus luchas internas, con esa fuerza brutal que lo sostiene e impide que se desmorono, de repente, hace algo que no es creíble. No diré más porque sería desvelar demasiado, pero es la única pega que le puedo encontrar a una película que, a mi entender, es redonda.

Inés Macpherson

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