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Cuando por pura casualidad me encontré ante el libro de Anna vestida de sangre, de Kendare Blake (Alfaguara), fue un gran placer descubrir su prosa y su personaje principal, Cas, un chico con una voz que enganchaba desde la primera página. Ahora, al haberme reencontrado con la autora en su Anna desde el infierno, debo decir que el placer ha sido menor. No sé si se debe a que ya no me sorprende como la primera vez, o si se debe a que la trama es menos intensa y menos interesante que en el primer libro, pero no me atrapó de la misma manera. No es que sea un mal libro, pero la primera entrega había dejado el listón tan alto, que esta parece descafeinada. Pero vayamos por partes.

Anna desde el infierno

ARGUMENTO

Anna desde el infierno empieza unos meses después de que acabara Anna vestida de sangre; unos meses después de que el fantasma de Anna Korlov desapareciera tras una puerta que, supuestamente, conducía al infierno, o al menos a un lugar en el que ella podría descansar. Si ese caso hubiera sido como cualquier otro, Cas se habría marchado de la ciudad, habría olvidado ese fantasma y habría ido a cazar a otro. Pero esta vez es diferente. Cas ha decidido quedarse en la ciudad porque tiene amigos allí, porque su madre parece haberse asentado bien… pero, sobre todo, porque es incapaz de olvidar a Anna. Y no sólo porque ninguna chica viva puede compararse a ella, sino porque, además, parece que Anna no le abandona.

Y es que, de vez en cuando, Anna aparece ante Cas. A veces en sueños, a veces cuando está despierto. Y Cas siempre tiene la misma sensación: Anna está sufriendo. Algo o alguien la está torturando, la está desgarrando.

¿Y si Anna no puede descansar a pesar de haber cruzado al otro lado? ¿Y si está atrapada en un lugar peor que el infierno? Cas no sabe dónde está Anna, pero sí sabe que ella se sacrificó para salvarle la vida. Ahora le toca a él salvarla a ella. Pero primero tendrá que encontrarla, aunque eso signifique abrir una puerta al infierno.

OPINIÓN

Como premisa argumental, la idea de que el fantasma de Anna sigue en contacto con Cas no está mal. No es tan original ni sorprendente como la primera parte (algo normal si tenemos en cuenta que estás siguiendo ese hilo argumental del primer libro y no creando uno nuevo), ni desprende la fuerza y la oscuridad que desplegaba Anna vestida de sangre. El argumento resulta algo más simple en todos sus aspectos, aunque ofrece una visión más intimista de los personajes. Si la primera novela hacía que el lector tuviera ganas de saber más sobre Cas, sobre sus amigos y sobre Anna, en esta simplemente paseamos por los sueños, los miedos y las inquietudes de Cas. Y eso, por desgracia, hace que sea todo un poco repetitivo. Las visitas a Morfran, las explicaciones de Gideon y las advertencias de que Cas no debe escuchar las súplicas de Anna porque hay cosas que es mejor dejar tranquilas se suceden una y otra vez, para alargar un hecho que el lector sabe que ocurrirá sí o sí: que Cas pasará olímpicamente de las advertencias e irá a buscar a Anna. Por lo tanto, el misterio y la intriga de saber qué ocurrirá no es tal. Sigues leyendo porque quieres saberlo seguro, porque quieres saber cómo lo hará. Pero en el fondo sabes que lo va a hacer.

Más allá de este argumento principal, encontramos a los inseparables amigos de Cas, Carmel y Thomas, quien seguirá demostrando tener unas dotes de magia impresionantes. La relación entre ambos amigos es uno de los puntos divertidos de la historia, incluso entrañable, ya que representan dos mundos cuyas diferencias son, a veces, insalvables: él domina la magia y ella… parece que preferiría ser una cheerleader a estar cazando fantasmas. Y sobre todo teniendo en cuenta las situaciones en las que se encuentran cada vez que entran en una casa a cazar a uno y aparece el espectro de Anna llamando desde el otro lado. Respecto a estos momentos, hay que reconocer que Kendare Blake consigue que Cas entre en un estado de estrés y confusión que se transmite perfectamente al lector.

Como es de esperar en una segunda parte que se precie, aparecen nuevos personajes, subtramas relacionadas con el athame que nos desvelan piezas de la historia de Cas y de su familia que desconocíamos, y sectas secretas que velan por el orden entre los dos lados: el de los vivos y el de los muertos. Esta parte, que podría resultar interesante, aparece muy tarde y con pinceladas escasas, por lo que queda bastante deslucido. Pero lo que más he añorado en este segundo libro ha sido el universo oscuro del primero. No digo que en Anna desde el infierno no haya oscuridad. Sí que la hay, pero no abunda tanto y, lo que es peor, no parece que la autora se sienta tan cómoda hablando de ella como en la primera entrega.

En definitiva, esta es una de esas lecturas ágiles y agradables, que atrapan a aquellos que hemos leído el primer libro, pero que, por desgracia, al llegar al punto final, te dejan con la sensación de que te han dejado a medias. ¿Era realmente necesaria la segunda parte? Habrá quienes consideren que sí, habrá quienes consideren que no. Pero lo cierto es que ahí está y, si uno siente curiosidad por ver cómo evoluciona Cas, es un buen libro para hacerlo. Si lo que se quiere es encontrar el mismo misterio y la misma magia que en el primero, hay que reconocer que se ha quedado a medio camino. Pero, a pesar de todo, sigue siendo una lectura entretenida.