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«Cuando una película podría haber dado mucho más de sí». Ese podría haber sido el subtítulo de The East, dirigida por Zal Batmanglij y escrita por él mismo y por la actriz Brit Marling, con quien el director ya había colaborado en Sound of My Voice. Curiosamente en ambas cintas encontramos historias de infiltrados, pero mientras en una hablaban del complejo mundo de las sectas, en The East se adentran en la vida de un grupo eco-terrorista que ha decidido que los culpables, y no solo de los desastres naturales, no pueden quedar impunes.

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Esta cinta que nos presenta una nueva lectura del clásico «ojo por ojo» es de esas películas bien intencionadas con un mensaje claro, pero un trasfondo mediocre. ¿Por qué? Porque el director convierte al grupo de eco-terroristas en una panda de hippies naifs que además de querer justicia, se bañan todos juntos y en pelotas, porque tener conciencia social y mundial es equivalente, según él, a tener diez años y jugar a la botella para robar besitos a los compañeros. Y me sabe mal decir esto, porque la premisa de la película me parece interesante, sobre todo en un momento social en el que parece que los de arriba siempre se salen con la suya, hagan lo que hagan, y siempre pagan los mismos. La impunidad de los poderosos es algo que revuelve las tripas a cualquiera, y la idea de denunciar esa impunidad en una película me parecía magnífica. Pero por desgracia la cinta acaba siendo demasiado blanca. No le quita mérito al intento, pero podría haber sido más hiriente.

Es el problema de muchas películas con mensaje, de esas que te hacen pensar a la salida del cine: que, a veces, quieren enviar tantos mensajes a la vez que la denuncia queda un poco diluida. Eso sí, es interesante que de vez en cuando la industria del cine y la televisión – una de esas industrias que se supone que llega a todo el mundo y que tiene peso, ya que establecen modas y quizás abran alguna que otra conciencia – puedan poner su granito de arena en la crítica social de este absurdo mundo en el que el ser humano está destruyendo el planeta sin ningún miramiento y encima está jodiendo al prójimo en su propio beneficio sin importar las consecuencias. Ya sé que eso es lo que ha ocurrido siempre… pero, ¿no va siendo hora de poner un poco de cabeza? Si no, ¿a qué nos llamamos seres racionales?

Pero, The East no es solo una película denuncia. Es una mezcla de drama y espionaje industrial que demuestra cuán podridos están todos los estamentos de nuestra sociedad, y que hay que ser muy ingenuo para no pensar que todos y cada uno de ellos lo único que hacen es pensar en sí mismos. Eso le ocurre a la protagonista, Sarah (interpretada por Brit Marling) al descubrir que a sus jefes les importan sus clientes no atrapar a los eco-terroristas. Quizás por eso, o quizás porque el hecho de pasar tanto tiempo con el grupo la cambia, Sarah empieza a tener dudas existenciales sobre lo que es importante realmente. Si todos fuéramos como ella, otro gallo cantaría… Pero para eso está la ficción, ¿no?

En el reparto, además de esta actriz estadounidense, encontramos al sueco Alexander Skarsgard (conocido por su papel de Eric Northman en la serie True Blood y por su papel de Brad Colbert en Generation Kills), a la polifacética Ellen Page y a un elenco de secundarios que juegan su papel correctamente.

The East podría haber sido mucho, pero se queda en buenas intenciones, algo que, actualmente, ya es mucho.