Etiquetas

,

La premisa de Hansel y Gretel, cazadores de brujas es sencilla: tras sobrevivir al abandono por parte de los padres y acabar en una casita de caramelo en la que están a punto de morir cocidos y devorados por una bruja, estos dos hermanos se acostumbran a matar brujas. Normal: una se los intentó comer y han decidido acabar con todas ellas. Hasta aquí se podría pensar que es una prolongación del cuento clásico aceptable (como lo podría ser que alguien mirara por el ojo de la cerradura del palacio de Cenicienta y el príncipe, para saber cómo es la convivencia y si la obliga a fregar el suelo como hacía la madrastra). Pero, como pasa a menudo con estas adaptaciones… Hansel y Gretel más que cazadores de brujas son un pastiche absurdo de héroes de acción supuestamente modernos.

hansel-y-gretel-interior

Pero vayamos por partes. Si la premisa argumental puede ser comprensible y puede llegar a parecer interesante, el desarrollo de la misma no lo es. Las cosas pasan sin ningún motivo y hay personajes y escenas completamente innecesarias la escena de Hansel y la chica pelirroja en el lago es absurda y no viene a cuento, así como el personaje del sheriff, un tipo cutre que muere de una manera ridícula y a manos de un personaje que, sinceramente, tampoco viene a cuento (aquí podría decirse que viene un spolier, aunque es una pregunta que me asaltó mientras veía la película: ¿por qué está en el bosque de las brujas el hermano pequeño de King Kong? ¿Quién es? ¿Es un engendro de las brujas? ¿Por qué no pueden dar una explicación plausible a la mitad de las cosas que ocurren en la película?) La historia es bastante previsible y no aporta nada al género del cine de acción ni de fantasía. Además, como si pretendieran emular el concepto del steampunk, aquí nuestros héroes tienen armas increíbles, desfibriladores, CD’s (o vinilos, como prefiráis) e incluso inyecciones de insulina (y es que Hansel tiene diabetes a causa de los atracones de dulce de su infancia… elemento argumental que sólo sirve para crear una supuesta tensión al final de la película que, de hecho, lo único que hace es elaborar una escena absurda). Para rizar el rizo y hacer de estos héroes unos verdaderos investigadores y cazadores modernos, el alcalde que los contrata lleva archivos policiales de los niños desaparecidos, con dibujos de las caras de los niños en lugar de fotos: como si estuviéramos en una serie policial Todos estos elementos podrían no molestar (e incluso ser una forma interesante de modernizar el cuento) si realmente aportaran algo a la acción o al argumento, pero sólo son una muestra de lo “guays” que son los hermanos.

Por otro lado tenemos a las brujas, diferenciadas por algo tan sencillo como su belleza: las buenas son guapas porque la maldad no deteriora su cara (ni su alma, claro está) y las malas son feas con ganas. ¡Qué digo feas! Son una mezcla de Marilyn Manson y orcos de El Señor de los Anillos que más que aterrorizar provocan risas. El aquelarre que organizan parece una rave de frikis y gente con un nefasto gusto a la hora de vestir más que otra cosa.

Y por último, tenemos a los actores. Siento tener que decir que el señor Jeremy Renner (Hansel) me fascinó en la película de Kathryn Bigelow, En tierra hostil, y no me desagradó en The Town, de Ben Affleck. Sin embargo, aquí deja mucho que desear. No puede explotar ni su capacidad como héroe de acción ni trabajar su parte más irónica. Y su compañera de reparto, Gemma Arterton (Gretel), a quien vimos en Prince of Persia, de Mike Newell, tampoco da mucho juego.

No es que esperara gran cosa de la película, pero, incluso sin esperar nada, me sigue pareciendo decepcionante. Será que me gustan demasiado los cuentos para ver lo que hacen con ellos…

Anuncios