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Hace unas semanas tuve la suerte de poder leer Si nunca llego a despertar, de Javier Yanes (Primera edición en Debolsillo: septiembre 2012). Es una de esas novelas que profundizan en la capacidad de la mente humana para engañarse, para permanecer dormida y no aceptar la realidad. Pero también es una novela sobre la infancia, los sueños, la imaginación…y la amistad más allá de los lazos familiares fraternales. Un libro mágico, lleno de dolor, pero también ternura.

ARGUMENTO

El día de su boda en África, Toño decide ir a visitar con su hermana la ciudad perdida de Gedi, un viaje que le permite adentrarse en los recuerdos de su infancia, en especial los de aquel verano en el que él y sus dos hermanos, Nico y Miguel, iban a acompañar a sus padres a descubrir esa misma ciudad perdida.
Miguel, Toño y Nico estaban emocionados por el viaje al corazón de una ciudad perdida en África, pero aquel verano su mente estaba más centrada en los monstruos ocultos en las cuevas, en los bosques y en las historias de piratas y fantasmas que formaban parte de las aventuras que cada mañana iniciaban al abandonar la casa de sus padres y subirse a la bici. Un universo maravilloso, lleno de aventuras y descubrimientos que, sin embargo, llegó a confundirse en la mente de Toño, sumiéndolo en un sueño del que no pudo o no quiso despertar. ¿Qué ocurrió realmente durante aquel verano?

OPINIÓN

¿Quién no recuerda los veranos de su niñez, donde lo corriente podía convertirse en una increíble aventura, donde los muebles viejos eran cofres pirata o las casas abandonadas la gruta que llevaba a otro mundo lleno de criaturas fantásticas? Como si de unos continuadores de Los Goonies se trataran, Toño, Miguel y Nico viven el verano como una continua aventura donde la imaginación no tiene límite y el miedo no es una excusa para no adentrarse en el bosque.

Aunque la novela empieza en África, la trama se mueve sobre todo en un verano en Torrelodones, años atrás; un verano que cambió por completo la vida de toda una familia, a la que iremos conociendo poco a poco a través de los recuerdos, sueños y pesadillas de Toño, que irá narrando lo ocurrido durante aquel verano… o lo que cree él que ocurrió.

Javier Yanes ha sabido plasmar el mecanismo de la mente infantil a tres niveles diferentes gracias a estos tres hermanos tan bien definidos y construidos. Cada hermano tiene su papel en la “hermandad” que forman. Miguel, el mayor, es el que aporta las historias, casi siempre de miedo, y el que motiva a sus dos hermanos a seguirle en descabelladas aventuras para descubrir bestias o escondites secretos de piratas sanguinarios. Toño, el protagonista principal de la historia, presenta esa dualidad entre el niño que sabe que está creciendo y el que no quiere crecer; el que quiere tener una novia pero a su vez quiere atrapar fantasmas; el que debería no tener miedo y sigue teniéndolo… el que preferiría seguir soñando a despertar a la realidad. Y después está Nico, el pequeño. Nico es ingenuo, infantil en todos los sentidos. Pero lo que hace que le cojas un cariño especial es que Yanes le ha otorgado una lógica sencilla y a la vez extraña, que permite presenciar escenas memorables y llenas de humor, como por ejemplo el momento en que la familia debe parar ante un “club de adultos” en el que hay dibujada una mujer, y Nico comenta que debe ser un club sólo para mamás y pregunta qué diferencia un bollo para mayores de los que se come él.

Uno de los grandes logros que Javier Yanes ha conseguido con la voz narrativa de este Si nunca llego a despertar, es que no puedes soltarlo una vez has entrado a formar parte de la comunidad de estos extraordinarios hermanos. La trama retrotrae al lector a la infancia, a ese mundo imaginario lleno de aventuras y misterios, donde las sábanas podían convertirse en tiendas indias, las sombras en monstruos y los rumores y leyendas en realidades demostrables. La manera en que trata la infancia, y sobre todo su capacidad de imaginar, de vivir cada día como si fuera una gran aventura, es entrañable y conecta con los recuerdos que cada uno puede tener de sus propios veranos. Y también con los campamentos del colegio, en los que los monitores o los mayores contaban historias de terror para asustar a los pequeños, que después imaginaban en la sombra de un árbol la silueta del Chupacabras. Sin embargo, aquí Miguel consigue que estas historias se conviertan en realidad, que sus hermanos le sigan para descubrir si existe o no la bestia que trajo de África el pirata Marcosa.

Un capítulo aparte merece la fascinación de los tres niños por Harrison Ford y sus películas. Los tres “juran por Ford”, porque un día descubrieron que las mejores películas de aventuras y los mejores personajes que habían visto nunca estaban interpretados por la misma persona: Harrison Ford. Por eso mismo, cada uno de ellos recibe un apodo que proviene de dichos personajes: Indiana Jones, Hans Solo (Star Wars) y Deckard (Blade Runner). Y como esos personajes, ellos se enfrentan a las aventuras y a los misterios con fuerza, con ganas de sobreponerse al miedo que les despierta la oscuridad y lo desconocido y, a veces, olvidando que la realidad puede ser mucho más peligrosa que la fantasía que la condimenta.

Escrita con una sencillez precisa que emula a la perfección los mecanismos de la mente infantil y que se mueve sin vacilar entre las dos realidades de Toño (que en el libro se diferencian porque son una cuenta atrás o hacia delante del día D que Toño no consigue recordar), esta novela nos presenta una situación en la que la imaginación puede ser el refugio para no crecer y para no reconocer la realidad; donde despertar puede ser una pesadilla peor que las que nos despierta en medio de la noche. Y es que la mente tiene mecanismos muy poderosos para defenderse, para mantenerse en un lugar seguro donde el mundo no pueda herir, donde protegernos de los recuerdos que nos duelen y que preferimos negar. Pero al final, el mundo casi siempre golpea con fuerza y te despiertas.

Si nunca llego a despertar es un libro mágico, tierno y a la vez doloroso, porque la realidad a veces duele, sobre todo cuando te crees responsable de esa realidad que tan poco te gusta. Una historia sobre la infancia, la imaginación, la realidad pero, sobre todo, una historia sobre la amistad más importante que tuvo Toño: la de su hermandad con sus hermanos.

INES MACPHERSON
FUENTE: ANIKA ENTRE LIBROS

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