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En julio de 2012 falleció Maeve Binchy, novelista irlandesa conocida, sobre todo, por ser la autora de Círculo de amigos, novela que se pasó al cine en los 90, con la participación de Chris O’Donnell. Este Bajo el cielo de Dublín es uno de sus últimos trabajos. Un libro ambientado en la crisis económica, en esa ciudad de Dublín en la que cuesta ver un futuro… Pues bien, Maeve Binchy supo verlo, o al menos se lo otorgó a los personajes de esta novela.

ARGUMENTO

El mundo de Noel Lynch es monótono y parece destinado a acabar convirtiéndose en un desastre. Sus padres están obsesionados con la religión y con St. Jarlath, el santo que da nombre a su calle y no se dan cuenta de lo que ocurre con su hijo, quien tiene un trabajo mediocre y un grave problema con el alcohol.
Sin embargo, todo cambiará en el momento en que Emily, una prima de la familia, llegue de Estados Unidos para instalarse y revolucionar no sólo la familia de Noel, sino a todo el vecindario.
Aunque no es únicamente Emily quien dará un vuelco radical a la vida de esa pequeña comunidad. La noticia de que Stella, una joven que está embarazada y que al dar a luz morirá, corre como la espuma, y no es para menos. Y es que el padre de la futura Frankie es nada más y nada menos que Noel. Conociendo sus antecedentes, Moira, la trabajadora social que lleva el caso de Stella vigila con lupa todos sus pasos. ¿Podrá Noel superar su problema con el alcohol para hacerse cargo de esta pequeña o seguirá aferrándose a lo que él cree que le sirve para sobrevivir: beber? Y el resto del barrio, ¿cómo reaccionará ante la noticia?

OPINIÓN

¿Qué pasaría si de la noche a la mañana toda tu vida se viera afectada por la llegada de un nuevo ser, uno pequeñito e indefenso que te necesitara para sobrevivir? Eso es lo que le ocurre a Noel Lynch, el hombre menos preparado para la paternidad, según la imagen que, tanto Moira como él mismo han decidido crear sobre su persona.

Maeve Binchy, conocida sobre todo por su novela Círculo de amigos, que pasó a convertirse en película en 1994 gracias al director Pat O’Connor y en la que actuaron Chris O’Donnell y Minni Driver, era una escritora enamorada de su país. Y eso lo desprende su prosa y la manera que tiene de describir los barrios de Dublín y su gente. Incluso ese Dublín castigado por la crisis, empobrecido y lleno de dificultades, brilla en las manos de Maeve Binchy, quien lo pinta con una paleta llena de colores y de luces. Y una de esas luces es Emily Lynch, el personaje que, a pesar de ser extranjero, consigue enamorarse de la ciudad hasta considerarla su propio hogar y consigue a su vez que todos aquellos a los que se acerca se enamoren de la vida.

Bajo el cielo de Dublín es una de esas novelas plurales donde, a pesar de haber personajes principales y una trama principal, todo cobra importancia y todos los personajes son imprescindibles para el conjunto de la novela. La vida de Noel y Frankie no es la de una típica familia monoparental, pues a su alrededor crece una gran red de personas que se ayudan las unas a las otras y que consiguen generar un entramado que es el perfecto ejemplo de lo que la solidaridad y el afecto humano pueden alcanzar cuando las circunstancias son las adecuadas. No se puede hablar de Noel sin pensar en Lisa o en Emily, y tampoco se puede pensar en Lisa sin pensar en Anton o en April o en Katie, y Katie lleva al padre Brian y así uno detrás del otro. Cada uno de los personajes secundarios es imprescindible y entrañable, incluso Moira, el perro guardián-trabajadora social que acecha a la vuelta de la esquina, esperando que Noel cometa algún error y que, poco a poco, descubrirá que es difícil encontrar una grieta en una familia tan poco común y a la vez tan unida como la que se crea entre los vecinos de Noel.

La pareja que hacen Emily y el señor Hat (conocido así porque siempre lleva sombrero); Declan, su esposa Fiona y su hijo Johnny, que nació el mismo día que Frankie y que ayudan en lo que pueden a Noel; Dingo, el conductor de la furgoneta de la tienda de caridad; el padre Brian, Mude y Simon y tantos otros personajes crean una red social llena de calidad humana. Se podrían analizar cada uno de los personajes y descubrir que tras ellos se esconde una profundidad mayor de la que aparenta, pero hay muchos y muy diversos. Emily, por ejemplo, es el prototipo de persona incansable, capaz de desvivirse por los demás sin pedir nada a cambio, de dar fuerza y energía, no porque le sobre, sino porque sabe ver el potencial que hay en cada uno de ellos. Aunque Emily también podría entenderse como detonante del bullicio de vida que explota en el barrio y, en consecuencia, de la trama. Y no es que ninguno de ellos no tuviera vida antes. Simplemente necesitaban un empujoncito, una excusa para sacudirse el polvo de encima, la desgana que atrapa en la tristeza y el aislamiento, y empezar a vivir hacia afuera, conectando con lo que les rodean, aprovechando las oportunidades que el mundo y la vida te presenta sin miedo, atreverse a vivir.

Lisa y Katie, dos hermanas marcadas por una familia desestructurada donde la única comunicación afectiva era un simple hola a la hora de llegar a casa porque sus padres no hablaban, y que sin embargo consiguen, cada una a su ritmo y cada una enfrentándose a la realidad de manera diferente, encontrar su camino en la vida. Y así sucesivamente. Porque si algo tiene Bajo el cielo de Dublín es que cada persona tiene su espacio y su lugar, tanto en el barrio como en el libro.

Esta es una de esas novelas que deja un buen sabor de boca cuando la cierras, aunque a veces pueden parecer algo forzados los engranajes que se mueven en el universo de Dublín para que todo vaya funcionando. Porque son unos cuantos obstáculos con los que se encuentran los personajes que habitan Bajo el cielo de Dublín: alcoholismo, paro, proyectos que no salen, miedo al fracaso, miedo a fallar a los demás, miedo a enfrentarse a la realidad, miedo a amar… Obstáculos que, ya por si solas son difíciles de sobrellevar, y que juntas parecen todavía más difíciles de enfrentar. Y sin embargo, ahí está Emily, como un faro que ilumina el camino para iniciar, paso a paso, un viaje que, para otros, parecería imposible. Y es que se podría decir que Maeve Binchy hace un canto al esfuerzo, a la capacidad de superación en tiempos adversos. Con este pequeño retrato que nos aproxima a tantas y tan diversas situaciones vitales nos muestra una manera diferente de enfrentarse a la vida y anima a las personas a no anclarse en la oscuridad y la apatía del “yo no puedo” o “yo no valgo”; los insta a buscar sus sueños, a ponerse metas y a conseguirlas a pesar de que el mundo sea gris y esté en crisis.

En definitiva, una novela amena, entrañable que muestra un pedazo de mundo que desprende muy buenas intenciones.

INES MACPHERSON
FUENTE: ANIKA ENTRE LIBROS

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