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El libro del cementerio de Neil Gaiman e ilustrado por Dave McKean (Roca Editorial; primera edición en febrero 2011) es uno de esos libros que transforma tu imaginario, como en definitiva lo hace cualquier obra de Gaiman. Una pequeña joya para paladares dispuestos a descubrir la belleza y la magia que esconden los cementerios y las pequeñas historias que se ocultan tras sus muros.

ARGUMENTO

Contra todo pronóstico, sobre todo teniendo en cuenta su corta edad, un bebé se escapa de la cuna en medio de la noche y huye del hogar guiado por un instinto que le hace comprender que lo que está ocurriendo en su casa no es nada bueno. Perseguido por el hombre Jack, quien ha acabado con toda su familia y ahora quiere acabar con él, el pequeño se aleja de su casa hasta llegar a un cementerio, donde los espectros deciden protegerle. El siniestro hombre Jack no da con él y desiste, aunque sabe que tarde o temprano volverá a encontrar al pequeño y acabará la tarea que le fue encomendada. Mientras tanto, en el cementerio, los difuntos que habitan el camposanto deciden quedarse con el pequeño y cuidarle. Como padres adoptivos, los señores Owens deciden darle un nombre al niño: Nadie Owens. A partir de ese momento, Nadie vivirá en el cementerio, ajeno al funesto destino que le espera más allá de las verjas que mantienen el mundo exterior alejado de él. Pero, ¿por cuánto tiempo?

OPINIÓN

Cuando Neil Gaiman decide reinventar la historia de Mowgli y El libro de la Selva, El libro del cementerio es el resultado: un libro fascinante donde la selva se transforma en un camposanto y los animales que cuidan del niño pasan a ser espectros de siglos pasados. En un mundo donde la noche y las sombras de los difuntos se alargan para cuidar del pequeño Nadie, el cementerio se convierte en un lugar familiar y fascinante. Esta novela, ganadora de la Medalla Newberry 2009, es una pequeña joya para disfrutar del mundo imaginario de Gaiman.

Narrada con un lenguaje sencillo y directo, con las palabras justas y las imágenes perfectamente perfiladas, Gaiman recorre el mundo de los fantasmas con una delicadeza cuidadosa, quizás movido por la pasión que le ha transmitido, como comenta en los agradecimientos, la gran Audrey Niffenegger, enamorada del cementerio de Highgate. Las descripciones de las tumbas y de las inscripciones en las lápidas, con las que Nadie Owens aprende a leer, son la manera que tiene Gaiman de transportar al lector a ese universo concreto que habita entre las criptas y los sepulcros que guardan en su interior siglos de historia.

La ristra de personajes que acompañan a Nadie, desde el misterioso Silas, que es el único habitante del cementerio que puede abandonarlo a placer, hasta la pequeña Scarlett, una niña viva que juega en el cementerio vestida de colores y que se hace amiga del niño, todos y cada uno de ellos tiene algo que aportar a la historia, sea como educador de Nadie, como amigo o como reto. Porque en el cementerio en el que vive Nadie hay oscuros secretos ocultos más allá de la tierra consagrada, donde moran los más viejos del cementerio o aquellos a quienes no se les permitió descansar en tierra consagrada, como Liza, la pequeña bruja sin lápida. Y no sólo en esa zona habitan los secretos. Entre las lápidas se ocultan puertas a mundos que los vivos desconocen y que Nadie tendrá que ir descubriendo para sobrevivir entre los muertos.

El libro del cementerio es, en definitiva, una pequeña ventana a la magia oculta en los cementerios, esos lugares que por un lado producen un respeto reverencial y, por otro lado, despiertan la curiosidad y la fascinación por la belleza que oculta el silencio de las piedras y la historia que una vez vivieron aquellos que descansan bajo ellas. Un libro que tanto puede gustar a jóvenes como a adultos con ganas de sumergirse en el descubrimiento del mundo a través de los ojos de Nadie Owens.

INES MACPHERSON

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